lunes, 12 de mayo de 2008

Dos cardenales acusan al Gobierno (español) de intentar crear «una sociedad sin Dios»

«Quiere erradicar las raíces cristianas»
Por José Manuel Vidal
RDLunes, 12 de mayo 2008

Mientras la Conferencia Episcopal, con su presidente, el cardenal Rouco Varela, a la cabeza, guarda silencio, otros dos purpurados han decidido salir a la palestra y criticar la iniciativa de revisar la Ley de Libertad Religiosa que acaba de anunciar el Gobierno socialista. Los cardenales Cañizares y García Gasco acusan abierta y claramente a Zapatero de intentar «crear una sociedad sin Dios».

El pasado viernes, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, justificó la necesidad de reformar dicha ley, que se aprobó en 1980, para ajustarse a una sociedad más plural y diversa, al tiempo que insistió en que «hay que proteger las creencias de todos; las de los católicos, por supuesto, pero también las de los musulmanes, judíos o evangélicos, y también las de los que no creen».

Sin embargo, para el primado de Toledo, Antonio Cañizares, esta iniciativa gubernamental es parte de «una verdadera revolución cultural, gestada durante bastante tiempo antes». Una revolución «que se asienta en una manera de entender el hombre y el mundo, en la que Dios no cuenta». Más aún, «el olvido de Dios o el relegarlo a la esfera de lo privado es el acontecimiento fundamental de estos tiempos».

Cañizares sostiene que “esto es lo que está detrás del laicismo esencial y excluyente que se pretende imponer a nuestra sociedad”. A su juicio, “no se trata de la legítima laicidad, donde se afirma la autonomía del Estado y de la Iglesia o de las confesiones religiosas”, sino de “crear una sociedad en la que Dios no cuente”.

Es decir, se trata de “erradicar nuestras raíces cristianas más propias, nuestro patrimonio y nuestros principios morales”, sustituyéndolas “por un cientifismo, por una razón práctica instrumental o por un relativismo ético” que, “a corto o medio plazo se convierte, en expresión de Benedicto XVI, en la dictadura del relativismo”.

En la misma línea, el cardenal arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, aprovechó la festividad de la Virgen de los Desamparados para pedir al Estado “un mejor cuidado de la libertad religiosa”. Porque los católicos no quieren “privilegios” y “sólo piden libertad y respeto”.

El purpurado levantino argumentó que “el hombre es un ser social y la fe tiene una dimensión comunitaria, por lo que es inconcebible que el creyente tenga que renunciar a su fe para ser ciudadano activo”.

A su juicio, “de ahí dimanan tanto los deberes y derechos de los ciudadanos, como la libertad efectiva de los padres para elegir la educación que desean para sus hijos”. Por eso, “el Estado no debe sustituir a los padres” y “ante todo intento del Estado de invadir los ámbitos soberanos de la familia sólo encontrará la legítima resistencia de las familias”, a las que “la Iglesia debe prestar todo su apoyo”.
  1. http://www.periodistadigital.com/religion/object.php?o=901617