lunes, 19 de mayo de 2008

16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte II, Cristo es Verdadero Dios

CRISTO ES VERDADERO DIOS

La tesis que puse en primer lugar se llama "Cristo es verdadero Dios", pero previamente debe estudiarse un tratado que se llama "De Revelación" donde se sientan las bases de todo lo que se afirma después en la dogmática. En esta se prueba cada tesis con tres fuentes: la Escritura, la Tradición y la razón humana. La razón humana casi nunca tiene nada que decir más que no entiende las otras fuentes. La Escritura es divina porque Cristo mismo lo dijo: que es la palabra de Dios. La Tradición son los escritos de los Santos Padres, especialmente los más antiguos, que representan la tradición apostólica trasmitida de acuerdo con las definiciones de los Sumos Pontífices y los Concilios. ¿Quiere decir que todos los Santos Padres son infalibles y que todo lo que dijeron es absolutamente cierto? No. Y algunos se han equivocado; poco, pero lo han hecho.

Lo que es infalible es la unanimidad de los Santos Padres, cuando todos afirman una misma cosa. Será infalible lo que digan —según lo expresado por San Vicente de Lerins: "Lo que siempre, lo que en todas partes, lo que por todos fue creído". Así, hay cosas que no están en las Sagradas Escrituras y que han sido definidas como dogmas por los Papas, como, por ejemplo, la Asunción en cuerpo y alma a los cielos de la Santísima Virgen o su Inmaculada Concepción. Así tampoco el Reinado o Reyecía de Cristo definida por Pío XI, que no está explícitamente, aunque Cristo le dijo a Pilatos "Yo soy Rey", pero su Reyecía universal no está.

El dogma fundamental de nuestra fe es el desarrollado en el tratado "De Cristo", de esa verdad dependen todos los otros. De eso se desprende inmediatamente el de la Trinidad, por cuanto Cristo trató a su Padre como persona diferente; hablaba de El y de su Padre y luego habló también como persona diferente del Espíritu Santo.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia, surgió un verdadero enjambre de herejías sobre la divinidad de Cristo. Herejías son separación de la Iglesia en un dogma, no rechazo de todas las verdades de la Iglesia. Herejía suele ser negar un dogma, aferrándose a tal negación y aceptando, defendiendo o callando sobre los demás. Hereje quiere decir separado o desgarrado. Aquí, entre nosotros, la palabra "hereje" significa una cosa tremenda; una cosa atroz: un hombre cruel, feroz, peor que un ladrón o un asesino. Y tienen razón. Santo Tomás los compara a los monederos falsos y dice que se les puede dar muerte.

El fue el primero que justificó la muerte de los herejes, práctica que había comenzado mucho tiempo antes. El primer hereje que fue muerto por tal fue un tal Prisciliano y murió por orden de un rey de Francia: Augusto Máximo. Era un hereje español que justamente negaba la divinidad de Cristo y que había escapado de su país con dos mujeres bastante locas o locas del todo, que se decían profetisas. Santo Tomás fue el primero que razonó sobre la justicia de esa pena, pena que hoy naturalmente ha desaparecido. Pobres de nosotros si hoy estuviéramos amenazados por esa pena: la mitad de los argentinos se irían al cadalso.

Los herejes eran peor que los monederos falsos, ya que si éstos falsificaban moneda y no parecía mal que se los matase, los herejes falsificaban la verdadera doctrina. La cantidad de herejías cristológicas es inmensa y sería de nunca acabar el solo enumerarlas. Después vienen las herejías trinitarias, que son muchas también.

En la enseñanza actual de la Teología se comienza por explicar los "términos". A veces no necesitan explicación alguna sus palabras, como en la tesis de hoy "Cristo es verdadero Dios", no hay ninguna palabra desconocida en esto. Después viene la mención de los adversarios, luego viene la prueba de la Escritura y de la Tradición y después la respuesta a las objeciones, o sea la respuesta a los argumentos de los adversarios que se han mencionado al principio. Así, tenemos contra este misterio grandísimo una gran cantidad de herejías porque oprimía la razón humana, la cautivaba, como dice San Pablo: "Cautivos del intelecto en honor de Dios" y al mismo tiempo libertaba la razón humana porque le daba un campo vastísimo en qué moverse, que era el campo de las cosas divinas, reveladas por Dios. Muchísimos no se resignaron a creer lo que no entendían.

La primera herejía fue la de los nicolaítas, que no negaban la divinidad de Cristo, pero introducían prácticas paganas en el culto divino y se atribuyó al diácono Nicolás o Nicolao, elegido por San Pedro para ayudar a las viudas. "Nosotros no podemos estar en esto —dijo San Pedro— sino en predicar y bautizar" y nombró siete hombres llamados diáconos, de donde viene el diácono actual, que ha pasado a ser una orden mayor de la Iglesia. Las viudas judías se peleaban con las viudas gentiles. "Yo soy cristiana" —decía cada una de ellas— "pero soy cristiana especial" agregaban. Entonces los diáconos se encargaron de repartirles los socorros y estas viudas se peleaban por ellos.

A los viudos no se les daba nada. Era una especie de caridad hecha con el tesoro común de la Iglesia, en el que se acumularon, desde entonces, muchos bienes, y se los administraba haciendo caridad. Este Nicolao no se sabe bien lo que enseñó, pero es nombrado tres veces en la Escritura —en el Apokalypsis— como una herejía funesta que se había propinado por tres de las iglesias y menciona a los nicolaítas como hombres de mala moral y de mala doctrina también, pero no se dice en qué. Probablemente, lo que hacían era vaciar todos los dogmas, rebajándolos a un plano terreno. Es decir, falsificar en el espíritu todos los dogmas sin negar la letra de ninguno, que es precisamente la herejía que hay hoy día: el modernismo.

Los modernistas no niegan la letra de ninguno de los dogmas; dicen que Cristo es Dios, que la Iglesia es verdadera, que creen en la Gracia y que los Sacramentos son válidos, pero lo vacían todo dándoles un significado humano; son como signos de la grandeza del hombre, de la divinidad del hombre, es decir, una tentación de humanizarlo todo, que fue la tentación más grande en toda la vida de la Iglesia y que será también la gran herejía del Anticristo, que va a implantar la adoración del hombre, de las obras del hombre y se va a hacer adorar él mismo como Dios, según está revelado por San Pablo.

Después de ella vienen las herejías propiamente cristológicas: los Hebionitas, que fueron herejes judaicos que negaban la divinidad de Cristo de la misma manera que los judíos, que decían fue un impostor. Porque la manera de negar la divinidad de Cristo es de dos formas: unos dicen que simplemente mintió, que hizo comedias, y otros dicen que fue un gran hombre, el mejor y el mayor de todos ellos, mayor que los Ángeles inclusive, pero que fue una criatura creada por Dios. Esto es lo que dice Arrio y también muchísimos otros, como en nuestros días el apóstata Renán, quien hizo una vida de El, donde le prodiga toda clase de alabanzas con tal de negar que es Dios. Los hebionitas decían que Cristo era un impostor y preocupó muchísimo a la primitiva Iglesia.

San Juan escribió su Evangelio, precisamente para combatir a los Hebionistas. Hebionistas significa "los pobres" en hebreo. Por lo tanto, esta herejía trajo un gran bien, pues gracias a ella tenemos el Evangelio de San Juan, que es el mejor de todos los Evangelios y dicen que es el mejor de todos los libros que se han escrito en este mundo: hermosísimo por el estilo, la elocuencia, la gracia, el dramatismo con que cuenta la vida de Cristo. El principal de los hebionistas fue un judío llamado Cerintos o Kerintos, de origen griego, y después vienen otros muchos negadores de la divinidad de Cristo, de pequeño vuelo, diríamos, que son los precursores de Arrio, quien es el negador grande.

Esta herejía se extendió muchísimo durante cinco siglos y aún ahora hay arrianos, porque la mayor parte de los protestantes son arrianos o nestorianos, ya que niegan la divinidad de Cristo diciendo que fue un gran hombre y que llegó un momento en que el Espíritu Santo descendió y se aposentó sobre él y entonces fue un hombre asistido o consagrado o investido por Dios y eso es lo que dijo Nestorio, un arriano importante, que fue Arzobispo de Constantinopla, el cual renovó la herejía arriana cuando Arrio fue condenado por el Concilio de Nicea y cuya condenación rezamos nosotros en el Credo de Nicea: "Dios de Dios, luz verdadera de luz verdadera".

Arrio, lo mismo que Nestorio, era un cura de Alejandría que tenía una parroquia importante, que tenían una vida regular, austera, por lo menos en lo exterior, en lo que se veía, porque muchos herejes, la mayoría de ellos, fueron disolutos. Citan a Arrio Nestorio y Calvino como los tres herejes que tuvieron una vida sin escándalos —que sepamos— pero de Calvino no se puede decir que haya tenido una vida honrada porque fue tremendamente cruel; quería implantar un régimen implacable. Arrio dijo que Jesús era una criatura creada por Dios, superior a todos los hombres y a todos los Santos y a todo lo creado, pero criatura al fin y no una misma cosa con el Padre. Entonces propagó muchísimo su doctrina, hasta que los mahometanos la acabaron en el Africa y Asia, sufriendo muchas modificaciones a través de los siglos: los semiarrianos, que inventaron una palabra: homoiusius, que significa "semejante a Dios" Decían que Jesucristo era homoiusius y no homoisius, que significa de la misma naturaleza o substancia (usia = substancia) y estos herejes no dijeron de la misma substancia, sino de substancia semejante. También fueron condenados por diversos Concilios, hasta que el de Efeso condenó definitivamente a Nestorio, quien propagaba su error diciendo: "Jesucristo fue hijo de María pero no hijo de Dios".

María no era Madre de Dios, sino de Jesús. Eso era separar en Cristo las dos naturalezas, la humana y la divina, de manera que cayó en el arrianismo, lo mismo que los otros.

Esusebio de Nicomedia, escribió una gran Historia de la Iglesia (la primera), que es enteramente correcta, pero él era particularmente arriano y participó de varias reuniones o congresos arríanos. Arrio vivió 80 años y murió porque una vieja le tiró una teja desde una azotea y lo mató. Han contado diversas cosas degradantes sobre su muerte, pero la verdadera causa, que está en el martirologio romano, fue esa. Las vicisitudes de la herejía arriana están resumidas en un libro de Belloc "Las grandes herejías", donde estudia cinco herejías importantes, siendo la primera la arriana, que es la que duró más después del protestantismo que dura hasta ahora, o sea seis siglos, aunque no sé si ahora realmente existe porque está tremendamente dividido en sectas.

El hijo de Constantino, Constancio, protegió la herejía nombrando obispos arríanos y persiguiendo y martirizando a los católicos. Era un hombre débil y vanidoso, dicen las historias, y la propagó sobre todo en el ejército romano y este ejército la propagaba, a su vez, en las nuevas tierras conquistadas y era fácilmente aceptada por los bárbaros porque preferían el cristianismo a los disparates mitológicos de los celtas.

Es decir, que se convirtieron al catolicismo pero mal; eran cristianos nuevos, como dicen los españoles de los judíos recién convertidos al cristianismo. De manera que como el arrianismo era más fácil de creer (que Cristo era un hombre excelso pero no Dios) se convirtieron a él, como el rey de España Leovigilio, que tuvo un hijo católico a quien hizo decapitar: San Hermenegildo.

Y después Recaredo, su otro hijo, se convirtió a la fe verdadera y convirtió a toda España. Todavía se celebra en España con una fiesta la conversión de Recaredo. Incluso se dijo que un Papa, Liberio, había convenido con los arrianos, que se había hecho arriano, lo que fue falso; fue débil en reprimirlos y dijo palabras equívocas que lo comprometieron para la posteridad. Lo mismo se dijo del Papa Honorio, a quien se menciona tanto para negar la infalibilidad pontificia, de quien dicen que cayó en la herejía de los monoteletas, que es igualmente una herejía arriana. Monoteletas quiere decir: una sola voluntad; que en Cristo había una sola voluntad. Los monofisitas decían que en Cristo había una sola naturaleza, lo cual también era una manera oculta de negar su divinidad, para esquivar condenaciones de la Iglesia.

Los reinos arrianos tuvieron que ser convertidos uno por uno, con mucho trabajo.

San Jerónimo dice que en un momento dado el mundo se despertó y se espantó de verse arriano.

Fueron combatidos por el famoso obispo católico ortodoxo de Alejandría, San Atanasio, que pasó una vida notabilísima, llena de peripecias y de tretas para librarse de la persecución de los arrianos. El defendió la noción de Cristo como verdadero Dios durante muchísimo tiempo, hasta que vino el Concilio de Nicea y le dió la razón.

Después, el arrianismo muere en la Edad Media, manteniéndose oculto bajo otras denominaciones y resurge en el Renacimiento con el protestantismo, con los hermanos Socino, que negaban la divinidad de Cristo y tuvieron que huir de Italia y fueron a Suiza y Flandes y propagaron la herejía muy eficazmente, incluso en el sur de Alemania. Hoy día los racionalistas sostienen igual herejía, de los cuales el más conocido es Renán, pero que tuvo muchos precursores, sobre todo los racionalistas críticos en Alemania, que se apoyan especialmente en el Evangelio.

La mayoría de los protestantes, menos los anglicanos, son en realidad nestorianos, separando la persona de Cristo de la de Dios, diciendo que el primero fue un gran hombre, un hombre excelso, lleno del Espíritu Santo, pero no Dios.

Yo una vez entré en una iglesia del sur de Londres, que tenía confesionarios, imágenes de la Virgen y era igual que una iglesia católica e incluso vendían libros de Martindale, un jesuita inglés; pero luego me dijeron que era una iglesia anglicana. Un jefe anglicano, Lord Halifax, quiso unir el anglicanismo con la Iglesia Católica. Pero no pudo. Ellos tienen solamente dos cosas que los separan: una que no obedecen al Papa; un inglés no puede obedecer a un italiano. La otra es el celibato eclesiástico. De manera que el Cardenal Mercier se juntó con Lord Halifax y éste proponía que nombrase un patriarca inglés que fuese como un segundo Papa, como un VicePapa y que no estuviese muy sometido a Roma y segundo, que se suprimiese el celibato eclesiástico.

La Iglesia no quiso y supongo que no pudo acceder a ello. El anglicanismo es la iglesia oficial de Inglaterra cuyo papa es la Reina, porque es una iglesia nacional. Las dos cosas que pedía, Roma las podía hacer; de suyo son posibles. Nombrar un patriarca de Inglaterra es posible. Antes, todas las regiones de la cristiandad estaban gobernadas por patriarcas que podían casi tanto como el Papa. La Iglesia era federal entonces; ahora es unitaria o centralista, gobernada desde Roma. Todavía el patriarca de Toledo tiene el título de patriarca de las Indias, que si fuera de los indios sería patriarca nuestro. Y la otra petición también podía ser concedida, pero por ahora parece que no ha llegado el tiempo.

Se prueba que Jesucristo es Dios por la Escritura. Lo primero que hay que citar es el famoso prólogo del Evangelio de San Juan hecho contra los hebionitas, que proclama solemnemente la divinidad de Cristo de dos o tres maneras, en forma sublime. Esa prueba bastaría, pero hay muchísimos otros textos de la Escritura, tanto en los Evangelios como en San Pablo, donde se proclama la divinidad de Cristo.

"En el principio era el Verbo y el Verbo era cabe Dios y el Verbo era Dios. El estba en el principio en Dios y por El se han hecho todas las cosas y sin El no ha sido hecha cosa alguna de cuantas han sido hechas. En El estaba la Vida y la Vida era la luz de los hombres. Y esta luz resplandece en medio de las tinieblas y las tinieblas no la han recibido. Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan. Este vino como testigo para dar testimonio de la luz a fin de que por medio de él todos creyesen. No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba y el mundo fue por El hecho y con todo el mundo no lo conoció. Vino a su propia casa y no fue recibido. Los suyos no lo recibieron. Pero todos los que lo recibieron, que son los que creen en su nombre, pueden llegar a ser hijos de Dios, los cuales no nacen de la sangre ni de la voluntad de la carne ni del querer del hombre, sino que nacen del poder de Dios por la gracia. Y por eso el Verbo se hizo carne".

Otra afirmación: "El Verbo de Dios, que es Dios, se hizo hombre y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".

Es el prólogo del Evangelio de San Juan donde afirma solamente la divinidad de Cristo, contra los primeros herejes hebionitas.

En la Epístola a los Romanos (816) "El Evangelio —dice San Pablo— es virtud de Dios", San Marcos, (121) La parábola del hijo único. Los viñadores que mataban a los enviados del padre de familia, hasta que el padre dijo les enviaría a su hijo diciendo que a él no lo matarían y se los envió y lo mataron. Es una parábola que se refiere a la Encarnación de Cristo y a su Pasión. San Lucas: "¿Pero tú eres el hijo de Dios? —le preguntaban los judíos en el juicio que le hizo Caifás y El dijo: "Sí, soy el Hijo de Dios". En Mateo (11) "Nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo". De manera que se refiere a un conocimiento especial, a un conocimiento consustancial; son los dos la misma sustancia; la misma naturaleza.

Mateo (2) El milagro del paralítico: "Perdonados te son tus pecados". Y los judíos le dicen ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?". Y Cristo les respondió: "Para que veáis que Yo tengo en la tierra poder para perdonar los pecados: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Hizo el milagro para demostrar que tenía poder para perdonar pecados, sin negar que el único que tenía poder para perdonar pecados era Dios. San Juan: "Mi Padre obra y Yo obro juntamente con El". Es decir que la acción divina es común al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, cuando obran "adextra", como dicen los teólogos. Y San Juan (10): "Somos una misma cosa". Esa es la afirmación más rotunda que hay en el Evangelio. En latín significa "UNO", más que "LA MISMA COSA". Filipenses II: "Jesucristo, teniendo la naturaleza de Dios, tomó la figura de un siervo".

Y hay que notar que Jesucristo en su vida no manifestó el poder que tenía como Hijo de Dios sino que todo lo que hizo: resucitar muertos, curar enfermos, calmar una tempestad y todos los demás milagros, son obras que han hecho los taumaturgos antes de Cristo; y después de Cristo los Apóstoles y Santos de la Iglesia, Elías resucitó a un muerto, San Pedro resucitó a una muerta. De manera que Cristo no demostró por los milagros que era Dios, sino que era un taumaturgo.

Los taumaturgos son santos que tienen el poder de hacer milagros. Se podría decir que una vez usó el poder divino, cuando dió a los Apóstoles la comunión, multiplicado su cuerpo en doce pedazos de pan. Esto no lo hizo ningún taumaturgo ni lo podrá hacer. Los taumaturgos; a veces se bilocan, aparecen en dos partes diferentes, pero no en doce. Pero tampoco fue el poder divino el que usó Cristo allí porque resulta que Dios está fuera del espacio, los ángeles también y el alma misma nuestra tampoco está en el espacio. De modo que lo que hizo Cristo en la primera comunión de los Apóstoles no sobrepasa el poder de los espíritus, no es el poder de Dios.

Por lo tanto, Cristo tomó la figura de siervo y se mantuvo dentro de ella durante toda la vida, hasta la Resurrección. La Resurrección fue una muestra del poder de Dios. Ningún taumaturgo puede resucitarse a sí mismo. Allí se mostró a los Apóstoles con cualidades divinas.

Parte I: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte I, Introducción
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