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sábado, 4 de abril de 2009

En Manila se prohibe lo permitido en Roma

Primero, información tomada desde "Panorama Católico Internacional", luego respuesta de Mons. Castrillón Hoyos, desde "La Buharilla de Jerónimo":

El Cardenal Arzobispo de Manila pone limitaciones ilegales a la Misa Tradicional

El Cardenal Gaudencio Rosales, Arzobispo de Manila, Filipinas, ha publicado, por el momento solo en la web oficial de la Arquiciócesis, una resolución limitando de un modo arbitrario el ilegal el rezo de la Misa Tridentina en su jurisdicción. Reproducimos a continuación el texto de la medida.

PAUTAS de ARQUIDIOCESIS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA MISA SEGÚN EL RITO DEL MISAL ROMANO PUBLICADO EN 1962 (MISA TRIDENTINA)

De acuerdo con las normas establecidas por la Carta Apostólica, publicada como motu propio, de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, Summorum Pontificum, por este medio establecemos las pautas y condiciones siguientes para la celebración de la misa según el rito del Misal romano publicado en 1962 (misa Tridentina) en la Arquidiócesis de Manila:

La regulación de la celebración de esta forma extraordinaria de la misa pertenece al Arzobispo de Manila, a través del Ministro del Ministerio de Asuntos Litúrgicos de la Arquidiócesis de Manila.

Esta forma de la misa debe ser celebrada sólo en la Capilla de Cristo Rey de la Catedral Metropolitana de Manila, una vez al mes, pero no los domingos ni solemnidades.

La persona a cargo de presidir en esta forma de celebración deberá ser un sacerdote debidamente designado por el Arzobispo de Manila.

Para asegurar la solemnidad y el orden de la celebración de esta forma de la misa, la participación de otros ministros (es decir, lectores, Maestro de ceremonias, acólitos, coro, etc.) en la liturgia debe ser determinada y regulada por el Ministerio de Asuntos Litúrgicos de la Arquidiócesis de Manila.

La celebración de la forma extraordinaria de la misa en esta Capilla está abierta a cualquier individuo o grupo en la Archidiócesis de Manila que pueda tener el deseo de participar en dichas celebraciones.

Otras peticiones de individuos o grupos de las parroquias o de quienes pertenecen a la Arquidiócesis de Manila para la celebración de, esta forma de la misa, deberán adherirse a la celebración mensual en la Catedral de Manila.

Es muy recomendable que un misal / folleto del rito en latín e inglés sea preparado para ayudar al fiel sigue la celebración. Asimismo, es recomendable que aquellos que participarán en esta misa se sometan a una orientación catequética antes de la celebración.

El Arzobispo de Manila tiene la jurisdicción sobre esta celebración y, por lo tanto, puede decidir limitar o discontinuar esta celebración mensual en cualquier momento que él lo juzgue no en consonancia con la dirección pastoral de toda la Iglesia Local.

Dado en Manila, este 8º día de diciembre de 2008.
+ GAUDENCIO B. ROSALES, CARDENAL
Arzobispo de Manila

Comentario Druídico(De Panorama Católico Internacional): A nuestro entender, lo subrayado en negrita en la disposición cardenalicia es ilegal. Una cosa hay que agradecer al Cardenal Rosales: ha sido franco. No puede decirse lo mismo del Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, que finge cumplir con la Summorum Pontificum y bajo cuerda presiona y obstaculiza, amenaza discretamente y paraliza.

El Cardenal Castrillón corrige al Arzobispo de Manila

Hace algunos meses, se hizo pública una normativa del cardenal Rosales, Arzobispo de Manila, en la que limitaba en gran medida y de forma arbitraria la celebración de la Misa Gregoriana, en contra de lo establecido por el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI. Ofrecemos ahora la siguiente noticia en la que se informa que el Cardenal Castrillón, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha corregido al cardenal Rosales y le ha pedido que reconsidere su posición.

El titular de la comisión vaticana Ecclesia Dei ha reprendido al Arzobispo de Manila, cardenal Gaudencio Rosales, por establecer condiciones “excesivamente restrictivas” sobre el uso de la Misa Tridentina, diciendo que éstas están “en directa contradicción” con los deseos del Papa Benedicto XVI.

“Sus ‘Normativas Arquidiocesanas’ simplemente no son aceptables tal como están, y le pido que las reconsidere”, dijo el presidente de Ecclesia Dei, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, en una carta del 6 de marzo, vista por The Tablet esta semana. Dice: “las normativas que permiten sólo una Misa mensual en una capilla de la Catedral Metropolitana” están en violación de las normas establecidas en el Motu Proprio Summorum Pontificum para el uso extendido de la Misa Tridentina, publicado por el Papa en el 2007. El cardenal Castrillón dijo que el decreto papal es “parte de la ley universal de la Iglesia” y no puede ser limitado por la “ley particular” de un obispo diocesano. La arquidiócesis de Manila asiste a más de 2,8 millones de católicos.

“No hay ninguna razón legítima por la que esta Misa [Tridentina] no pueda y no deba ser celebrada en cualquier iglesia o capilla de su arquidiócesis”, dice el cardenal Castrillón en su carta al Arzobispo de Manila.

Insiste en que el Cardenal Rosales promueva activamente la implementación del Motu Proprio “ayudando a los sacerdotes que deseen aprender cómo celebrar” la Misa del antiguo rito, para la que dice que sólo se requiere que el sacerdote sea “razonablemente competente en latín” y que haya fieles que deseen asistir a su celebración. La arquidiócesis de Manila publicó las normativas para la Misa Tridentina en su página web el año pasado. Pero fueron rápidamente quitadas cuando los adherentes al antiguo rito protestaron a Roma.
  1. http://panodigital.com/el-card-arzobispo-de-manila-pone-limitaciones-ilegales-a-la-misa-tradicional
  2. http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2009/04/el-cardenal-castrillon-corrige-al.html

martes, 10 de marzo de 2009

La "aceptación del Concilio", ¿pólvora mojada en una batalla que se está dando ante nuestros ojos?

Desde "La cigueña de la torre"

Me envían de Roma, para evitar susceptibilidades digamos que el cardenal Ottaviani, un escrito que en estos momentos circula por la Curia, redactado por el abbé Claude Barthe, sacerdote francés de reconocido renombre y en plena comunión con la Iglesia. La batalla está siendo encarnizada entre distintos organismos de la Curia y entre relevantes personajes de la misma. Creo que las tesis del sacerdote francés son muy dignas de consideración y pienso también que Su Eminencia, al trasladármelas, desea que las haga públicas.

La “no aceptación del Concilio” por la Fraternidad San Pío X : una cortina de humo
Nota del Padre Claude Barthe

Después de la instrumentalización del deplorable affaire Williamson, los que se oponen a una reconciliación de la comunidad de Monseñor Lefebvre instrumentalizan ciertas torpezas para re-excomulgarla in aeternum. Ahora bien, su tema es un montaje de falacias.

1° La cuestión fundamental : rechazar o aceptar ¿Cuál Vaticano II?

Quiérase o no, “la aceptación del Concilio” se ha vuelto un tema ideológico bajo el cual se han hecho pasar gravísimos abusos durante 40 años. El discurso del Papa a la Curia del 22 de diciembre 2005 recordó oportunamente que desde el comienzo existen dos hermenéuticas excluyentes acerca de Vaticano II, una de “ruptura”, otra de “continuidad”. Para ser breves, la primera es aquella de Rahner y Congar, la segunda aquella de la Nota previa agregada por Paulo VI a Lumen Gentium. Los actos del pontificado actual (Summorum Pontificum, decreto del 21 de enero 2009) dan cuenta de una tercera hermenéutica, la de la minoría conciliar, continuada por la oposición lefebrista, transformada y revitalizada hoy alrededor del Papa por una “nueva escuela romana”. De suerte que -y tomando un solo ejemplo, el número 3 de Unitatis redintegratio que parece decir que las comunidades cristianas separadas pueden ser medios de salvación en cuanto tales-, sería injusto (y paradójico) transformar en crimen contra la unidad de la Iglesia :

a)Sea el hecho de estimar en consciencia que, prout sonant, las expresiones de UR 3 no pueden ser aceptadas como magisterio de la Iglesia;
b)Sea el hecho de releerlas diciendo que son elementos católicos contenidos en comunidades separadas que pueden ser instrumentos de integración in voto a la Iglesia de Pedro.

Más generalmente, ¿se puede pretender congelar para siempre la tradición viviente de la Iglesia en expresiones manifiestamente corregibles, enunciadas hace 40 años? ¿Se puede tener miedo a priori de hacer una teología (y mañana un magisterio) actualizada, teniendo en cuenta no sólo los aportes de Vaticano II, sino también las respuestas a las “cuestiones abiertas” por este Concilio?

2° Ya hubo “coloquios” teológicos con la Fraternidad San Pío X sobre estas cuestiones

Además, cuando el decreto del 21 de enero abre el camino para los “coloquios” sobre de las “cuestiones todavía abiertas”, no innova de ninguna manera. Las discusiones acerca de las dificultades señaladas, entre otros por la Fraternidad San Pío X, tuvieron lugar varias veces, bajo la égida del “Groupe de Rencontre entre Catholiques”, GREC. Al fin, una sesión pública, el 21 de febrero 2008, sobre el tema : “¿Revisar y/o interpretar ciertos pasajes de Vaticano II?” mostró una convergencia que no es otra que la del sentido común : el representante de la FSSPX postulaba la pertinencia de una crítica sana y positiva de los puntos doctrinales nuevos de Vaticano II para ofrecer elementos a una futura elaboración de textos más claros, el teólogo romano estimaba que una recepción de Vaticano II fundada vigorosamente sobre el estado del magisterio anterior tenía su lugar en la Iglesia.
Sería irrealista hacer del resultado de este tipo de coloquios (cuyo resultado es evidente que reside, para comenzar, en la manera de abordar los problemas, y esto no sólo para la FSSPX), una condición previa a una reintegración canónica. El sentido común –que se acerca del sentire cum Ecclesia- quiere al contrario que sea la reintegración canónica previa de la FSSPX la que permita hacer éstos y otros coloquios, los cuales podrán aportar su piedra a la reflexión teológica, en la medida que permitirán útilmente ad intra la expresión de un pensamiento decididamente tradicional.

3° ¿Por qué pedir a la FSSPX más de lo que ya aceptó?

Entre otras cosas, porque todo esto ya fue virtualmente adquirido. En efecto, el 5 de mayo 1988, al comienzo de un “protocolo de acuerdo”, Monseñor Lefebvre había firmado una “declaración doctrinal” que nunca contestó. En ella declaraba aceptar la doctrina del n° 25 de Lumen Gentium sobre la adhesión proporcional al magisterio según sus diversos grados (en ningún momento se le pedía decir, cosa que nunca fue precisada por la Santa Sede, que tal o cual pasaje determinado de Vaticano II relevaba de la infalibilidad solemne u ordinaria). Reconocía también la validez de la liturgia en su nueva forma, cuando era celebrada según los libros aprobados por la Santa Sede. Finalmente, se comprometía (en el 3° de los 5 puntos de la declaración) “a propósito de ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II o concerniendo las reformas posteriores de la liturgia y del derecho, y que [le] parecían difícilmente conciliables con la Tradición, a tener una actitud positiva de estudio y de comunicación con la Sede Apostólica, evitando toda polémica”. El compromiso se basaba en “la ausencia de polémica” y de ninguna manera sobre un absurdo “nivel cero de crítica”, que después de todo no se pediría más que a los tradicionalistas.
Si se lee bien el reciente reportaje concedido por Monseñor Fellay, el 25 de febrero 2009 a Rachad Armanios, lecourrier.ch, no es un reconocimiento del Concilio lo que Monseñor Fellay rechaza; lo que niega es que este inasible “reconocimiento” le sea pedido por la Santa Sede. Todo el mundo puede verificar que, desde hace 20 años, el acto de adhesión pedido a los miembros de la FSSPX que quieren recibir una regularización canónica, individual o colectivamente (como el grupo de Campos) reproduce la declaración de Monseñor Lefebvre de 1998. Dicho de otro modo, la Santa Sede no pidió nunca al conjunto de las comunidades más tradicionales de la Iglesia, en lo concerniente a Vaticano II, más que esta declaración de sentido común.

El problema que perduraba con la FSSPX, hasta la decisión generosa del Papa, era el resultado de la decisión de su fundador, tomada en razón de motivos que había calificado “de estado de necesidad”, de anticipar la consagración de obispos para su instituto y de realizarla sin mandato pontifical. Pero es de una manera falaz, de parte de opositores externos, haciéndose “aliados objetivos” tanto de ciertos elementos como de ciertas malas o desmañadas costumbres en el interior de esta comunidad, que fue fabricado el nuevo obstáculo de una “prerrequisito” doctrinal.
¿Porqué pretender que la tradición viviente de la Iglesia se haya detenido, no tan sólo en el Vaticano II, lo que sería ya absurdo, sino en un cierto Vaticano II?
  1. http://blogs.periodistadigital.com/laciguena.php/2009/03/07/la-aceptacion-del-concilio-ipolvora-moja

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Crónicas del Congreso sobre Summorum Pontificum

Compartimos la actualización de hoy de "la Buardilla de Jerónimo" del Congreso sobre el Motu Proprio.

El esperado congreso sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI ha comenzado ayer, en Roma. Pero su tema central, el documento que permitió a todo sacerdote celebrar la Santa Misa según los libros litúrgicos de 1962, fue “reabierto” por el mismo Santo Padre durante su viaje apostólico a Francia. En primer lugar, con las palabras que pronunció en la conferencia de prensa durante el vuelo. Y con renovada fuerza en su encuentro con el episcopado francés cuando afirmó: “Tengo en cuenta las dificultades que encontráis, pero no me cabe la menor duda de que podéis llegar, en un tiempo razonable, a soluciones satisfactorias para todos, para que la túnica inconsútil de Cristo no se desgarre todavía más. Nadie está de más en la Iglesia. Todos, sin excepción, han de poder sentirse en ella “como en su casa”, y nunca rechazados… Por tanto, esforcémonos por ser siempre servidores de la unidad”.

Esta importante iniciativa comenzó con una inesperada presencia: la del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de quien publicamos recientemente una interesante entrevista realizada por Bruno Volpe. En sus palabras iniciales, el purpurado confirmó que la instrucción que la Comisión preparó para la correcta aplicación del Motu Proprio había sido entregada al Santo Padre y que de él dependía la decisión final sobre su publicación.

La primera exposición estuvo a cargo de la segunda autoridad en Ecclesia Dei, Monseñor Camille Perl. A la espera de tener acceso al texto completo de su intervención, ofrecemos las palabras de las que se han hecho eco los medios italianos: “Un año es poco en la vida de la Iglesia. Por el momento, no hay balances buenos ni malos, y es necesario esperar”. “En Italia, la mayoría de los obispos, con pocas admirables excepciones, ha puesto obstáculos a la aplicación del Motu Proprio. Lo mismo hay que decir de muchos superiores generales que prohíben a sus sacerdotes celebrar la Misa según el Rito antiguo”. “En Alemania, la conferencia episcopal ha publicado una directiva muy burocrática que hace difícil su aplicación”. También habló acerca de la realidad de la escasez de sacerdotes que hace muy difícil la celebración de una nueva Misa en el Rito gregoriano. Del mismo modo, recordó que muchos sacerdotes formados en los últimos años no saben celebrar según la forma extraordinaria y que, en muchos casos, “fueron adoctrinados con una visión precisa: que la antigua liturgia estaba superada”.

La segunda intervención fue realizada por Monseñor Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, acerca de “la reforma paciente de Benedicto XVI”. En los micrófonos de Radio Vaticana, Bux afirmó que “la Liturgia es expresión de la comunión con los siglos pasados, con las generaciones de quienes nos han precedido, así como transmitimos esta misma comunión a aquellos que vendrán. Creo que este es, también, el fundamento del Motu Proprio”. “Todos hablamos de pluralismo, ésta es una de las palabras mágicas. Es cierto, nosotros no profesamos en el Credo la Iglesia pluralista sino la Iglesia una pero también católica, y esta palabra significa una inclusión global de las diversas formas de expresión de la fe. Sabemos que la fe no se expresa en un único modo. Todos hemos aprendido que existe Oriente y que expresa su fe en su manera particular. Entonces, ¿de qué nos asombramos?”. El teólogo agregó: “No creo que haya oposición entre las dos formas sino, como dice el Santo Padre, un enriquecimiento. Hay que probar para creer”. Por último, Bux afirmó: “El punto es entender que no hay verdadera innovación quitando la Tradición. Creo que esto lo comprendemos todos. Es necesario eliminar los miedos de que, por ejemplo, se niegue el Concilio Vaticano II, que está absolutamente fuera de discusión. Necesitamos la apertura tanto de quienes tienen esta preocupación como de quienes aman más la tradición, y no podrá sino convertirse en una gran ventaja saludable para los unos y los otros, y principalmente para la Iglesia”.

Por la tarde, fue el turno del Padre Joseph Kramer, de la Fraternidad de San Pedro, párroco de la parroquia personal de Roma para la Misa gregoriana. Su intervención fue acerca de los “elementos y perspectivas pastorales del Motu Proprio”. Para terminar el día, el Profesor Roberto de Mattei habló sobre el documento de Benedicto XVI como respuesta al proceso de secularización de la sociedad contemporánea. Durante su exposición, cuya traducción publicaremos en los próximos días, afirmó: “Esta liturgia gregoriana, expresada por el Rito romano antiguo, nos recuerda, a través de su silencio, sus genuflexiones y su reverencia, la infinita distancia que separa el cielo de la tierra; nos recuerda que nuestro horizonte no es el terreno sino el celeste; nos recuerda que nada es posible sin sacrificio y que el don de la vida natural y sobrenatural es un misterio. No se trata de poner en competición el Rito antiguo con la nueva Misa, promulgada y autorizada por los últimos Pontífices. Se trata de comprender cómo la restitución de la libertad al antiguo Rito pone una nueva barrera al secularismo que avanza”.

  1. http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2008/09/crnicas-del-congreso-sobre-summorum.html

Cardenal Castrillón: "Respeto, caridad y abandonar el orgullo"

La Buardilla de Jerónimo traduce una entrevista a Mons. Castrillón Hoyos originalmente publicada e Pontifex

En el día en que ha comenzado en Roma el Congreso sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum (16 de septiembre), presentamos la traducción de la entrevista que Bruno Volpe realizó al Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Ampliaremos.

Eminencia, ¿qué es la Santa Liturgia?
Respondo así: la Liturgia es la presencia viva de Dios, tal como han dicho también los Padres de la Iglesia, y la búsqueda de lo sagrado. Una Liturgia que no pone a Dios en el centro, no es católica. Quisiera precisar para ser claros que, en la Liturgia, el sacerdote nunca debe ser protagonista, ponerse en evidencia. Quisiera citar, por ejemplo, lo que ha sucedido en Lourdes durante el reciente viaje del Papa.

¿Qué ha ocurrido?
Un sacerdote ha considerado oportuno, según su gusto, cambiar las palabras del Ave María. ¿Se da cuenta? Se pretende cambiar una oración nacida de la fe y por manías de protagonismo.

Eminencia, ¿qué es lo que sufre hoy la Liturgia?
Creo que ha disminuido, al menos en parte, el sentido de lo sagrado. El sentido místico y el valor de la Cruz. No comprendo a ciertos celebrantes que se sienten grandes haciéndose señores y dueños de la Misa, que es el símbolo más grande del amor de Dios por el hombre.

¿Por qué algunas veces, en nombre de una extraña idea de creatividad litúrgica, ocurren tantos abusos?
Cuando el celebrante se enorgullece, inventando o creando cosas, hace desaparecer a Cristo de su mente y corazón. Lo cancela. Recuerde que Cristo está siempre en el primer lugar. A veces, en las Misas, falta el sentido de Dios, el Verbo Encarnado que, en la Liturgia de la Iglesia, encuentra su gloria. Una persona humilde y simple llega a la iglesia y se arrodilla. Hoy arrodillarse causa extrañeza, parece estar fuera de tiempo y de lugar.

¿Qué puede decir del Rito Romano antiguo?
Que es bello. Que el latín debe ser valorizado en las escuelas y los seminarios. Pero el centro sigue siendo la Cruz y Cristo. ¿Usted piensa que Mozart escribió ciertas bellezas mirando el mar? No. Tenía a Cristo y a un trozo de pan que la Sagrada Eucaristía en la cima de sus inspiraciones.

¿Qué piensa de la Comunión en la mano?
La Liturgia se basa también en la Tradición. Es necesario volver a valorar el silencio, la genuflexión, y comprender y hacer comprender también a los niños que no es bello tomar en la mano el Cuerpo de Cristo, especialmente después de tomar un juguete. Debemos respetarlo, reverenciarlo, con respeto, de rodillas, y sin tocarlo.

Hoy, a menudo, se pelea por la Liturgia…
Esto está mal. La Liturgia no debe convertirse nunca en objeto de discusiones. Es el colmo pelearnos precisamente por el supremo acto de amor. Todos deben ser respetuosos de las ideas de los otros. Por ejemplo, si el Papa está administrando la Comunión a los fieles de rodillas, aquellos que quieren que el sacramento se administre así, cantan victoria. Si ocurre lo contrario, exultan los otros. De este modo, no se va hacia adelante…

¿Qué se necesita?
Respeto, caridad y abandonar el orgullo. Con moderación, y lo digo a los mismos tradicionalistas. Son insaciables. Lo repito: insaciables. Y así nos hacen mal a nosotros y a sí mismos. Te inundan de cartas, escriben en internet. Están quienes quieren que la Basílica de Santa María la Mayor sea dedicada exclusivamente a la Misa antigua. Lo repito: moderación y mesura. Soberbia y orgullo son lo contrario del actor de Amor contenido en la Eucaristía.
  1. http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2008/09/card-castrilln-caridad-y-abandonar-el.html

viernes, 5 de septiembre de 2008

La resistencia pasiva de los obispos españoles al motu proprio SVMMORVM PONTIFICVM

Desde "semper idem" en "germinans germinabit":

Acercándose el primer aniversario de la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum y al hilo de una interesante entrada que hizo hace algunas semanas en su muy seguida bitácora nuestro querido amigo don Francisco José Fernández de la Cigoña a propósito de su prácticamente nula implementación en España, nos ha parecido oportuno ocuparnos hoy de la actitud de nuestros obispos frente a tan trascendental documento papal, la cual bien puede caracterizarse como de resistencia pasiva.

Sin llegar al extremo del hoy dimisionario obispo de Gerona Mons. Carles Soler Perdigó, que, asesorado por Mn Joan Baburés (su factótum en materia litúrgica), puso una barrera infranqueable en su diócesis a la liberalización –querida expresamente por Benedicto XVI– del uso de la liturgia precedente a la revolución postconciliar, hay que decir que la tónica general del episcopado español es de una suerte de resistencia pasiva. No se oponen frontalmente a la voluntad del Papa, pero tampoco hacen nada para que se cumpla. Quizás peor: disimuladamente le ponen cortapisas, refugiándose en subterfugios tales como: sutiles –y no tan sutiles– presiones sobre el clero favorable a la forma extraordinaria del rito romano, exigencias abusivas que el motu proprio no contempla y fiscalización de las concesiones mediante la imposición de condiciones de tiempo y lugar poco cómodas y hasta inverosímiles. Cierto es que todo esto no es privativo de España, pues en otros países ocurre algo semejante, pero aquí adquiere tintes dramáticos.

De toda la jerarquía española, sólo los cardenales Cañizares de Toledo, Rouco de Madrid y Amigo de Sevilla y, si acaso, el Sr. Arzobispo de Santiago, Mons. Barrio, puede decirse que se han mostrado receptivos a las demandas de sus fieles diocesanos. El blogger cita también al Cardenal Martínez Sistach de Barcelona en el número de los “acogedores”, pero en esto –y lamentamos tener que enmendarle la plana– se equivoca. Nuestro prelado barcinonense es cierto que acudió hace un año al Oasis de Jesús Sacerdote para recibir los votos perpetuos de algunas de las monjas de dicho monasterio sui iuris. Recordemos, sin embargo, que el Oasis nada le debe al hoy cardenal-arzobispo, habiendo sido declarado de derecho pontificio sin su concurso, por una decisión de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. La misa que regularmente se oficia allí no es, por tanto, ninguna muestra de un supuesto espíritu acogedor del purpurado.

Lo mismo dígase de las misas que se celebran en la Capilla de la Virgen de la Merced y de San Pedro Apóstol de la calle Laforja, que fue una concesión del cardenal Carles a través de su obispo auxiliar Mons. Carrera (de todos modos, se trata de un oratorio de propiedad privada, en el que los sacerdotes tienen ahora plena libertad de celebrar la misa siguiendo el Misal del beato Juan XXIII y los fieles que quieran espontáneamente unirse a esa celebración pueden ser admitidos). Otra misa, la de la parroquia de San Juan María Vianney (producto de la buena voluntad del párroco), está programada en horario poco cómodo para los fieles. No nos consta que hayan prosperado otras iniciativas en la archidiócesis.

Barcelona, no lo olvidemos, es aún –litúrgicamente hablando– un feudo de los bugninianos, con Mons. Pere Tena a la cabeza, secundado por el inefable diácono Urdeix, los cuales no han acabado de digerir el motu proprio Summorum Pontificum o, mejor dicho, se les debe haber atragantado. Sin embargo, más inteligentes que Mons. Soler y Mn Baburés, no han manifestado una oposición frontal a aquél, sino que sibilinamente lo pretenden neutralizar, restándole importancia, tergiversando sus alcances y, sobre todo, ganando tiempo (ya que piensan que si logran evitar una implementación oficial en la arquidiócesis, dentro de tres años podrán decir muy sueltos de huesos que aquí no ha pasado nada). Léase, si no, atentamente lo que escriben en el número 280 de la revista Phase, publicada por el Centro Pastoral de Liturgia de Barcelona (CPL). Pero esto es asunto de otro artículo que publicaremos próximamente. Mientras tanto, estamos a la expectativa de lo que se va a decir en el Congreso Internacional de Liturgia, que se celebra estos días en Barcelona coincidiendo con los 50 años del CPL. Intervendrá, por supuesto, la plana mayor de los bugninianos (infaltable), que contará con la presencia de nada menos que el arzobispo Piero Marini, responsable durante muchos años de la degradación de las ceremonias papales (a lo que su sucesor y colombroño, monseñor Guido, se está encargando de poner saludable remedio). Promete ser interesante… y revelador.

Tanto en Barcelona como en la gran mayoría de diócesis españolas los Sres. Obispos no se han enterado que el Papa no les ha dado a ellos el poder de decisión en cuanto a retomar el usus antiquior de la liturgia romana. Es asunto privativo:

- de cada sacerdote (sea de clero secular como regular) por lo que toca a las misas rezadas (llamadas hoy sine populo, aunque admiten la asistencia espontánea de fieles);

- de los párrocos y rectores de iglesias en lo que se refiere a las celebraciones públicas dentro de sus respectivos horarios, y, en fin,

- de las comunidades pertenecientes a sociedades de vida apostólica e institutos de vida consagrada que quieran acogerse puntual, frecuente o permanentemente a los libros litúrgicos antiguos.

Los Obispos sólo tienen funciones:

- de vigilancia de que todo se lleve a cabo de la mejor manera,

- de segunda instancia para los casos en los que los párrocos no puedan o no quieran resolver y

- de información a la Santa Sede al cabo de un trienio de vigencia del motu proprio.

Cualquier pretensión de salirse de esto va ultra vires de lo que el Papa ha establecido. Sin embargo, se presupone lo contrario y se actúa, de hecho, como si los Ordinarios tuvieran el poder de decisión.

Desgraciadamente, aun en los casos en los que los Obispos no se muestran claramente renuentes a dejar que se implemente el motu proprio, dejan ver con sus palabras y actos que si por ellos fuera, éste no se aplicaría. Tales son los casos del presidente y secretario de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española , Mons. Julián López Martín y el claretiano Josep María Canals, que no disimulan bien su antipatía a la disposición pontificia, con el agravante de ser los responsables máximos de la vida litúrgica de la Iglesia Española , como se deduce por sus antedichos cargos. No se puede, de otro lado, dejar de considerar que los Obispos tienen el poder efectivo de neutralizar la posible decisión de los párrocos, mediante el chantaje: en sus manos está, en efecto, cortar en seco una carrera prometedora, trasladar de su oficio al imprudente, quitarle la prebenda y mil maneras que tiene el poderoso para disuadir eficazmente a sus subordinados y quitarles de la cabeza las veleidades que no son de su agrado.

Los demás prelados de nuestra patria callan o hacen como si la cosa no fuera con ellos. En algunos, los más veteranos que están a punto de jubilarse (como el cardenal-arzobispo de Valencia), es quizás una actitud que obedece tal vez a la desidia propia de la edad o al interés de no comprometerse al final de su cursus honorum: dejan la patata caliente a su sucesor. Por otra parte, en no pocos de esos ancianos mitrados, de la generación católico-existencialista montiniana, se tratará de una personal aversión a la liturgia tradicional: están todavía muy marcados por los años salvajes del postconcilio. Los obispos de menos edad no son lo suficientemente jóvenes como para tener esa saludable falta de prejuicios que caracteriza a las modernas generaciones de clérigos (formados bajo Juan Pablo II y Benedicto XVI); están, por tanto hipotecados por la pesada herencia de los decanos. Pero tampoco hay que excluir el factor representado por la mediocridad, que afecta a no pocos de nuestros actuales pastores y que les impide “mojarse” porque ni entienden nada ni desean entender.

Así, pues, en España la resistencia pasiva de la mayor parte de los Obispos a Summorum Pontificum está provocando que una vez más estemos a la cola de Europa y de Occidente en cuanto a la cuestión -esencial– de la Liturgia. Mientras por todas partes florecen y se multiplican las celebraciones según los libros litúrgicos previos a la revolución postconciliar (véase, por ejemplo, la crónica diaria y documentada del excelente sitio de UNA VOCE MÁLAGA sobre la aplicación del motu proprio alrededor del mundo), mientras desde la mismísima Roma el Santo Padre da espléndidas catequesis visuales de lo que debe ser el culto tributado a Dios, aquí languidecemos en un páramo de espiritualidad y encima nuestros dirigentes religiosos se creen leibnizianamente que todo va bien en el mejor de los mundos posibles. ¡Que venga Dios y lo vea!
  1. http://www.germinansgerminabit.org/semper_idem/semper.html

viernes, 15 de agosto de 2008

Let us pray in Latin: priests take on Catholics’ magic circle

Damian Thompson sniffs the incense of a revolution among Britain’s parish priests
For a moment it looks as if a fire has broken out in the chapel. A cloud of smoke is billowing from the back and rolling down the aisle – and it is fiercely pungent. This is grade A incense, pure enough to guarantee an instantaneous spiritual high.

A young man walks through the door swinging a thurible on a gold chain. He passes it to a priest, deacon and subdeacon – all in gold vestments – who take turns wafting it at each other. Finally, the subdeacon turns round and, bowing low, shoots plumes of smoke diagonally across the choir stalls with the accuracy of a mid-fielder taking a difficult corner.

We are witnessing an unusual sight: a Roman Catholic solemn mass, celebrated according to an ancient Latin rite effectively outlawed 40 years ago. And it’s taking place in the 13th-century chapel of Merton college, Oxford, which has been Anglican for 400 years.

Just for a week, however, it has gone back to being Catholic – but this is not Catholicism as most people know it. I’m at the summer school of the Latin Mass Society which – to the delight of the conservative Pope Benedict XVI and the dismay of trendy British bishops – is teaching priests how to say the Tridentine mass.

The last time Merton chapel regularly witnessed this sort of complex liturgy was in the 1540s, before the Protestant reformers pulled out much of the stained glass and toppled the statues of saints. The organi-sers of the summer school are reformers, too, but their aim is precisely the opposite: to restore Latin services and rich furnishings to their own Catholic parish churches, many of which were stripped bare by modernisers after the Second Vatican Council in the 1960s.

What makes this summer school rather controversial is that most of the bishops of England and Wales disapprove of the return of the Latin mass, regarding its sonorous Latin prayers and intricate gestures as a relic of the Middle Ages. Until recently, the Tridentine mass could be celebrated only with a bishop’s permission, usually granted grudgingly for special occasions. Then, in July last year, Pope Benedict XVI swept away the right of bishops to ban the old services. Most of them were horrified.

So these are tense times. But the 60 priests who have gathered at Merton college – to brush up their skills or to learn the Tridentine mass from scratch – are careful to avoid talk of civil war in the church. All are aware that this autumn, Pope Benedict is expected to announce a successor to Cardinal Cormac Murphy-O’Connor, the Archbishop of Westminster, who presides over a liberal “magic circle” of bishops unsympathetic to the Pope’s reforms. Will Benedict break the circle that has run the English church for 40 years?

Whoever gets the job, however, nobody expects a sudden return to the Tridentine mass in parishes all over the country. The seminaries do not teach priests how to say it and teaching yourself is difficult. A glance at the manual explains why: “Bring the thumb of each hand over the upper front edge of the paten [communion plate], tilting it to let the host slide off onto the crease of the front-centre fold of the corporal [linen cloth]. Place your left hand on the altar and with your right hand set the paten halfway under the right edge of the corporal.” And all the while saying: “. . . pro innumerabilibus peccatis, et offensionibus, et negligentiis meis, et pro omnibus circumstantibus . . .”

Interestingly, the most traditionalist priests here are also the youngest – and I spot four in the choir stalls who are popular bloggers on the internet. Walking down the high street later, I encounter two clergy wearing the old-fashioned soup-plate hats beloved of Italian village padres. One of them has long knotted tassels dangling from the brim, “so I can tie them round my neck when I ride my horse through the parish”.

A priest who looks barely out of his teens explains what he does when unsolicited copies of The Tablet – a liberal Catholic magazine that opposes the Latin revival – arrive at his church: “I painstakingly remove the staples and feed it into the shredder. It’s time-consuming, but God’s work.”

Most of the other priests at the summer school are less extreme: they have come because they are curious about the Latin mass and they can scent change in the air. “We’re not trying to turn them into traditionalists,” says Father Andrew Wadsworth, an authority on the old rite who is conducting classes. “We want to show priests how the underlying principles of the traditional liturgy can deepen their understanding of their priesthood.”

Father John Boyle, a parish priest in Ashford, Kent, recently taught himself to say the Tridentine mass by watching a DVD. “It’s made a profound difference to the way I celebrate the new mass in English,” he says. “There’s greater reverence now. I’m more of a celebrant and less of a compere.”

I sense a huge contrast with the atmosphere at the first Merton summer school in August 2007. Then, I was allowed to poke my head round the door of a training session. Now, Wadsworth lets me watch him take a priest right through the opening sequence of a Latin mass in a student’s room, using a reversed bookcase as an altar.

The priest, Canon Michael McCreadie, is in his fifties – yet today is the first time in his life that he has acted out the ancient gestures. He removes an invisible biretta (it’s a pretend mass). “Now, father, keep your hands joined,” Wadsworth reminds him. “Go to the centre of the altar, not touching it . . . left hand flat on the page. No, you should be over here,” and he gently turns his pupil towards the window.

After half an hour, we are still only five minutes into the order of service, but McCreadie is elated: “I wasn’t looking forward to saying the old mass, but after today I most certainly am.”

It’s only now I discover that he is dean of Leeds Cathedral. A year ago there were no senior main-stream clerics at the summer school. Later in the day, even more significantly, the Rev Malcolm McMahon, the Bishop of Nottingham, celebrates old rite pontifical vespers wearing a jewelled mitre and an embroidered cope that even Cardinal Wolsey might have considered over the top.

McMahon, a Dominican, is left-wing in his politics and certainly not part of a traditionalist faction – but nor does he belong to the politically correct, back-slapping magic circle. At dinner later, he effectively breaks ranks with his fellow bishops by unambiguously endorsing Pope Benedict’s vision of a church in which the old and new rites coexist. The traditionalists give him a standing ovation and a verse of God Bless our Pope.

He also tells Father Tim Finigan, author of the Hermeneutic of Continuity, the most influential of all the conservative blogs, to keep writing. Which is interesting, given that the Bishops’ Conference would dearly like to stop that particular blog.

Afterwards, Finigan writes: “Bishop McMahon has certainly won the hearts of the priests . . . All of a sudden, there is someone that many priests loyal to Pope Benedict will be watching closely . . . ecce sacerdos magnus!”

That’s Latin for “behold the great priest”. Those words will be read carefully in the Vatican, where Pope Benedict has been informed that the magic circle is desperate to install one of its own as the next cardinal. He isn’t pleased. Watch this space.

Damian Thompson is editor-in-chief of the Catholic Herald
  1. http://www.timesonline.co.uk/tol/comment/faith/article4492221.ece

martes, 5 de agosto de 2008

Los obispos españoles ante el modo extraordinario de la misa.

Desde "la Cigüeña de la Torre", imagen desde "Periodista Digital":

La acogida de nuestro episcopado al Motu proprio de Benedicto XVI se puede resumir en una palabra: nula.

No es que no se haya detectado el menor entusiasmo por parte de nuestros obispos, más bien desprecio absoluto cuando no incluso oposición.

Excepto el cardenal de Toledo que se ha mostrado abierto y acogedor según las noticias que me han llegado, los demás obispos o no existen o apenas han dado muestras de su existencia.

Cierto que también es sumamente descriptible el interés de los fieles por el rito antiguo. Inexistente en muchos lugares y ultraminoritario en otros. Pero entiendo que nuestros obispos, que se dicen tan del Papa, deberían animar el rescoldo donde exista en lugar de hacer todo lo posible por apagarlo.

Una Voce Málaga nos está dando espléndida información de la buena acogida de la decisión del Papa en numerosos lugares del mundo con participación de bastantes obispos. Lo de España resulta penoso.

Creo que sólo un obispo español ha celebrado, por lo menos en una ocasión, según el modo extraordinario. Aunque fuera de España: el cardenal Cañizares. Los demás, al menos que yo sepa, ninguno. E incluso el presidente de la Comisión de Liturgia, el obispo de León, se expresó en contra. Aunque luego tuviera que desdecirse.

Parece que los cardenales de Madrid, Sevilla y Barcelona, este último en esto fue Sistach, han acogido, por supuesto que sin echar cohetes, los deseos de algunos fieles y el ofrecimiento de algún sacerdote. Creo que en Madrid con aceptable asistencia de fieles que solicitan, hasta el momento sin resultado, otra iglesia más donde se pueda celebrar el rito extraordinario.

El arzobispo de Santiago también consiente que de cuando en cuando, no sé si todos los domingos, se celebre así la misa en una parroquia perdida de Galicia. Creo que con muy escasa concurrencia. Y seguro que los lectores nos darán cuenta de algún caso más. Me parece recordar que en Málaga y Murcia se han celebrado alguna vez aunque no sé si con continuidad.

El obispo de Santander parece que negó la autorización a unos fieles que la solicitaban. Y el arzobispo de Oviedo no contesta a una petición análoga.

Todo ello en lo que parece abierta oposición al texto pontificio que no requiere ninguna autorización episcopal. Si bien ello es un error del Motu pues, dada la estructura eclesial, no cabe una actitud sacerdotal enfrentada al obispo. Que puede mandar al cura, al día siguiente, al pueblo más perdido de la sierra.

Yo no soy ningún apasionado de la forma extraordinaria. La mejor prueba de ello es que no acudo a esa misa. Pero creo que es una riqueza de la Iglesia que no se debería obstaculizar sino más bien animar. Con conciencia de que no va a ser el modo generalizado de celebrar la misa. Y eso es lo que no veo en nuestros obispos. Que parecen empeñados en que la planta que sembró el Papa no crezca. Al menos esa impresión dan.

Posiblemente después de este artículo, con los comentarios que se aporten, todos lleguemos a conocer mejor la situación española. De vosotros dependerá.
  1. http://blogs.periodistadigital.com/laciguena.php/2008/08/04/los-obispos-espanoles-ante-el-modo-extra

sábado, 28 de junio de 2008

El Papa no viste Prada sino Cristo

Desde Chiesa:

Lo escribe "L'Osservatore Romano", y explica por qué. El maestro de las ceremonias papales Guido Marini replica las objeciones contra las últimas decisiones de Benedicto XVI en materia de liturgia, desde el motu proprio hasta la cruz al centro del altar
por Sandro Magister


ROMA, 28 de junio del 2009 – "El Papa no viste Prada sino Cristo": esta es la perentoria conclusión de un artículo de "L'Osservatore Romano" de hace dos días, dirigido a defender las decisiones de Benedicto XVI en materia de vestuario litúrgico y no litúrgico. Un artículo curiosamente firmado por un casi homónimo de la celebre casa de moda, Juan Manuel de Prada.

Pero hay más en el mismo número de "L'Osservatore". Hay también una entrevista al maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, monseñor Guido Marini, el cual – a propósito de una nueva configuración del palio usado por el Papa – responde a las reiteradas objeciones contra algunas recientes decisiones de Benedicto XVI en materia litúrgica:

– el motu proprio "Summorum Pontificum" que ha liberalizado el rito antiguo de la misa;
– la cruz colocada al centro del altar en las celebraciones papales;
– la misa celebrada en la Capilla Sixtina, sobre el antiguo altar vuelto hacia el fresco del Juicio (ver foto);
– el retorno al uso del báculo pastoral en forma de cruz;
– la comunión dada en la boca a los fieles de rodillas.

Sobre el motu proprio "Summorum Pontificum", Marini dice que no sabe si Benedicto XVI celebrará él mismo en público una misa según el rito antiguo. Y continúa:
«En cuanto al motu proprio citado, considerándolo con serena atención y sin visiones ideológicas, junto a la carta dirigida por el Papa a los obispos de todo el mundo para presentarlo, resalta una precisa doble intención. Ante todo, el de agilizar el logro de “una reconciliación en el seno de la Iglesia”; y en este sentido, como ha sido dicho, el motu proprio es un bellísimo acto de amor hacia la unidad de la Iglesia. En segundo lugar – y esto es un dato que no debe olvidarse – su objetivo es del de favorecer un recíproco enriquecimiento entre las dos formas del rito romano: de tal modo que, por ejemplo, en la celebración según el misal de Pablo VI (que es la forma ordinaria del rito romano) “podrá manifestarse de modo más fuerte de cuanto no lo es frecuentemente hasta ahora, la sacralidad que atrae a muchos a la usanza antigua” ».

Sobre la cruz puesta al centro del altar Marini dice:
«Ella indica la centralidad del Crucificado en la celebración eucarística y la orientación exacta que toda la asamblea está llamada a tener durante la liturgia eucarística: no se ve el objeto, sino a Aquel que ha nacido, muerto y resucitado por nosotros, el Salvador. Del Señor viene la salvación, Él es el Oriente, el Sol que nace al que todos debemos dirigir la mirada, del que todos debemos acoger el don de la gracia. La cuestión de la orientación litúrgica en la celebración eucarística, y el modo también práctico en que esta toma forma, tiene gran importancia, porque con ello es introducido un fundamental dato que es a la vez teológico y antropológico, eclesiológico e inherente a la espiritualidad personal».

Sobre la celebración en el antiguo altar dirigido hacia el Juicio, en la Capilla Sixtina, Marini explica:
«En las circunstancias en las que la celebración ocurre según esta modalidad, no se trata tanto de dirigir la espalda a los fieles, sino más bien de orientarse junto a los fieles hacia el Señor. Desde este punto de vista “no se cierra la puerta a la asamblea”, sino “se abre la puerta a la asamblea” conduciéndola al Señor. Se pueden verificar particulares circunstancias en las cuales, por motivo de las condiciones artísticas del lugar sagrado y de la singular belleza y armonía, sea recomendable celebrar en el altar antiguo, donde por lo demás se conserva la exacta orientación de la celebración litúrgica. No se nos debería sorprender: basta con ir a la basílica de San Pedro en la mañana y ver cuantos sacerdotes celebran según el rito ordinario que emanado de la reforma litúrgica, pero sobre altares tradicionales y por lo mismo orientados como el de la Capilla Sixtina ».

Sobre el uso del báculo pastoral en forma de cruz, Marini dice:
«El báculo pastoral dorado en forma de cruz griega — que perteneció al beato Pío IX y usado por vez primera por Benedicto XVI en la celebración del Domingo de Ramos de este año — ahora es usado constantemente por el pontífice, que ha considerado sustituir el de plata con el crucifijo encima, introducido por Pablo VI y utilizado también por Juan Pablo I, Juan Pablo II y por él mismo. Tal decisión no significa simplemente un retorno a lo antiguo, sino que testimonia un desarrollo en la continuidad, un enraizarse en la tradición que permite proceder ordenadamente en el camino de la historia. Este báculo pastoral, denominado “férula”, responde efectivamente en modo más fiel a la forma del báculo papal típico de la tradición romana, que siempre ha sido en forma de cruz y sin crucifijo, por lo menos desde cuando el báculo comenzó a usarse por los romanos pontífices ».

En relación a la comunión dada por el Papa en la boca a los fieles arrodillados – en la reciente visita a Santa Maria de Leuca y Brindisi – Marini afirma que se hará "práctica habitual en las celebraciones papales". Y continúa:
«Al respecto es necesario no olvidar que la distribución de la comunión en la mano sigue siendo aún hoy, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal, concedido por la Santa Sede a aquellas conferencias episcopales que lo hayan solicitado. La modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma válida para toda la Iglesia. Adicionalmente se podría quizá ver también una preferencia por el uso de tal modalidad de distribución que, sin quitar nada a la otra, evidencia mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, ayuda a la devoción de los fieles, introduce con más facilidad al sentido de misterio. Aspectos que, en nuestro tiempo, pastoralmente hablando, es urgente subrayar y recuperar».

En resumen, a quien acusa a Benedicto XVI de querer “imponer así modelos preconciliares” Marini replica:
«En lo que respecta a términos como “preconciliar” y “postconciliar” utilizados por algunos, me parece que pertenecen a un lenguaje ya superado y, si son usado con la intención de indicar una discontinuidad en el camino de la Iglesia, considero que están equivocados y típicos de visiones ideológicas muy reductivas. Hay “cosas antiguas y cosas nuevas” que pertenecen al tesoro de la Iglesia de siempre y que como tales se deben considerar. El sabio sabe encontrar unas y otras en su tesoro, sin valerse de otros criterios que no sean los evangélicos y eclesiales. No todo lo que es nuevo es verdad, como por otra parte tampoco lo es todo lo que es antiguo. La verdad atraviesa lo antiguo y lo nuevo y es a ella a la que debemos tender sin preconcepciones. La Iglesia vive según la ley de la continuidad en virtud de la cual sabe de un desarrollo radicado en la tradición. Lo que más importa es que todo concurra para que la celebración litúrgica sea de verdad la celebración del misterio sagrado, del Señor crucificado y resucitado que se hace presente en su Iglesia actualizando nuevamente el misterio de la salvación y llamándonos, en la lógica de una auténtica y activa participación, a compartir hasta las extremas consecuencias su misma vida, que es vida de donación de amor al Padre y a los hermanos, vida de santidad».

Está fuera de dudas que las posturas expresadas por el actual maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias reflejan fielmente el pensamiento de Benedicto XVI. Para darse cuenta de ello basta volver a leer, por ejemplo, un libro publicado por Joseph Ratzinger en el 2001: “Introducción al espíritu de la liturgia”

En aquel libro Ratzinger escribía que la solución a tantos actuales “absurdos” litúrgicos no está en cambiar nuevamente todo, porque “nada es más dañino para la liturgia que poner continuamente todo de cabeza”

Pero a propósito de la orientación de la liturgia y de la cruz al centro del altar mostraba tener ideas muy claras:

«Antiguamente la dirección hacia oriente se encontraba en estrecha relación con el “signo del Hijo del hombre, con la cruz, que anuncia el regreso del Señor. El oriente fue por tanto puesto muy pronto en relación con el signo de la cruz. Donde no es posible dirigirse todos juntos hacia oriente en manera evidente, la cruz puede servir como el oriente interior de la fe. Ella debería encontrarse al centro del altar y ser el punto al que dirigen la mirada tanto el sacerdote como la comunidad orante. En tal modo seguimos la antigua exhortación pronunciada al inicio de la Eucaristía. “Conversi ad Dominum”, volveros al Señor. Miramos juntos a Aquel cuya muerte ha roto el velo del templo, a Aquel que esta ante el Padre a favor nuestro y nos estrecha entre sus brazos, a Aquel que hace de nosotros templos vivos. Entre los fenómenos verdaderamente absurdos de nuestro tiempo yo cuento el hecho de que la cruz sea colocada a un lado del altar para dejar que los fieles puedan mirar libremente al sacerdote. ¿Pero la cruz, durante la Eucaristía, representa una molestia? ¿El sacerdote es más importante que el Señor? Este error debería ser corregido lo antes posible, y esto puede ocurrir sin nuevas intervenciones arquitectónicas. El Señor es el punto de referencia. Es Él el sol naciente de la historia. Puede tratarse tanto de la cruz de la pasión, que representa a Jesús sufriente que deja atravesar su costado por nosotros, del que brotan sangre y agua – la Eucaristía y el Bautismo – como también de una cruz triunfal, que expresa la idea del retorno de Jesús y llama la atención sobre ello. Porque es Él, de todos modos, el único Señor: Cristo ayer, hoy y eternamente».

Desde entonces Ratzinger no ha modificado ni una letra de estos juicios suyos. Ni los calla.

En efecto, el pasado 22 de marzo, en la misa de la vigilia de Pascua en la basílica de San Pedro, Benedicto XVI concluyó su homilía volviendo a proponer precisamente la exhortación "Conversi ad Dominum". Así:

«En la Iglesia antigua existía la costumbre de que el obispo o el sacerdote después de la homilía exhortara a los creyentes exclamando: "Conversi ad Dominum" – volveos ahora hacia el Señor. Eso significaba ante todo que ellos se volvían hacia el Este – en la dirección del sol naciente como señal del retorno de Cristo, a cuyo encuentro vamos en la celebración de la Eucaristía. Donde, por alguna razón, eso no era posible, dirigían su mirada a la imagen de Cristo en el ábside o a la Cruz, para orientarse interiormente hacia el Señor. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la "conversio", de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera. A esto se unía también otra exclamación que aún hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: "Sursum corda" – levantemos el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción – levantad vuestros corazones, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro Bautismo: "Conversi ad Dominum" – siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser "convertidos", dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor. En esta hora damos gracias al Señor, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro corazón»
  1. http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/205488?sp=y

viernes, 27 de junio de 2008

IBP en Chile y ¿la desobediencia del obediente Cardenal?

Con anterioridad ya habíamos comentado, dando públicamente nuestra solidaridad, la situación del Instituto del Buen Pastor en Chile, en específico, en la Arquidiócesis de Santiago de Chile, de donde el titular, el Cardenal schoenstattiano Francisco Javier Errázuriz, les había cordialmente invitado a salir.
Pues bien, lo que sigue sería un resumen de la “carta de despedida” del cardenal publicado en el sitio Ecclesia Dei Adflicta:



"El Instituto del Buen Pastor, creado en Septiembre del 2006 por decreto de S.S. Benedicto XVI para regularizar a diferentes sacerdotes que en alguna ocasión pertenecieron a la FSSPX, sigue enfrentando incomprensiones y oposición incluso de algunos Príncipes de la Iglesia.

Con fecha del 22 de Febrero del 2008, el Arzobispado de Santiago de Chile en una carta de 5 hojas, notifica lo siguiente al IBP entre otras cosas:

1.- Su Eminencia informa no haber llegado a "la seguridad moral" que necesita para dar el consentimiento para que el IBP se establezca en la diócesis.

2..- A su Eminencia le parece altamente inconveniente que en su diócesis se de lugar a una discusión sobre el Concilio Vaticano II, misma que se desprende del compromiso que cada sacerdote del IBP adquiere al incardinarse en el instituto.

3.- Su Eminencia no está de acuerdo en que se declare que se necesita una interpretación auténtica del CVII, ya que se pueden ver los buenos frutos del concilio y por ende estas declaraciones no contribuirían al bien de esa Iglesia particular.

4.- Para su eminencia, el compromiso de los sacerdotes del IBP de celebrar con exclusividad el Rito Gregoriano, se opone a la tradición arquidiocesana. Se plantea que el caso de que un fiel o una comunidad pida la administración de un sacramento o la celebración de la eucaristía en la lengua vernácula y los padres del IBP se negaran a hacerlo, representaría un hecho injustificable. [Como nota, nosotros nos preguntamos si lo mismo considera cuando una comunidad o fieles pedían el rito gregoriano. de hecho en su arquidiócesis hay una comunidad que está pidiendo el rito gregoriano diario y la administración de los sacramentos, una comunidad que pide ser atendida por el IBP. En los casos extremos, podría ser ocasión de escándalo.]

En resumen, su Eminencia no ve la necesidad de contar con un Instituto con las características para las cuales fue fundado el Instituto del Buen Pastor. Por otra parte, no ha logrado descubrir que este celo, a su parecer excesivo, que anima al Instituto en algunas de sus convicciones y de sus formas, sea un bien para su Iglesia particular. Por el contrario, está convencido que será causa de problemas innecesarios y dañinos.

La citada carta termina con las bendiciones del Cardenal Errázuriz."

Hasta allí el texto que hemos recogido desde Ecclesia Dei Adflicta, al parecer el obediente Cardenal no lo sería tanto y abiertamente se opondría a la voluntad del Santo Padre, uno mas entre muchos.
  1. http://eccda.org/esp/showthread.php?tid=2

martes, 24 de junio de 2008

Alocución del Cardenal Darío Castrillón Hoyos a la "Latin Mass Society of England and Wales".

Sábado 14 de junio de 2008
Darío Cardinal Castrillón Hoyos
Londres – 14 de junio 2008

Sr. Presidente, Reverendos Monseñores y Padres, Damas y Caballeros:

Agradezco vuestra amable invitación y su cálida bienvenida. Es un placer estar presente con vosotros hoy en Londres y dirigirme a la reunión anual de la Sociedad de la Misa Latina de Inglaterra y Gales

Miro con expectativa la alegría de celebrar para vosotros esta tarde el Santo Sacrificio de la Misa en la grande, histórica y bella catedral deWestminster.

Hoy quisiera hablaros de tres temas relacionados

1. Lo primero que quiero decir es que aprecio la obra que la Sociedad para la Misa Latina de Inglaterra y Gales ha realizado durante las pasadas cuatro décadas. Vosotros habéis trabajado en conjunto y bajo la dirección de sus Obispos, a veces sin conseguir los resultados que deseaban. Y sin embargo, en todo lo que hicisteis os mantuvisteis fieles a la Santa Sede y al sucesor de San Pedro. Y habéís sido leales durante tiempos muy difíciles para la Iglesia; una época que ha sido especialmente difícil para los que aman y aprecian las riquezas de su antigua liturgia.
Evidentemente, durante estos años no han faltado muchos sufrimientos, pero nuestro Bendito Señor os conoce, y en su Divina Porvidencia, os brindará muchos bienes por vuestros sacrificios y los sacrificios de aquellos miembros de la Sociedad para la Misa Latina que no viven para estar presentes aquí hoy.
A todos ellos, en nombre de la Iglesia, les digo: “¡Gracias por permanecer fieles a la Iglesia y al Vicario de Cristo; gracias por no permitir que vuestro amor por la liturgia clásica Romana los aparte de la comunión con el Vicario de Cristo!"

También les digo, "tengan coraje!, porque es obvio, por los muchos jóvenes en Inglaterra y Gales que aman la antigua liturgia de la Iglesia, que ustedes han hecho muy bien en preservar y transmitir el amor a esta liturgia a vuestros hijos.

2. En segundo lugar, quisiera hablar acerca del Motu Propio "Summorum Pontificum" de nuestro amado Padre Santo, el Papa Benedicto XVI. Sé cuánta alegría os trajo la publicación de "Sumorum Pontificum" y por cierto a tantos fieles católicos alrededor del mundo. En respuesta a las oraciones y sufrimientos de tanta gente en estas pasadas cuatro décadas, el Dios todopoderoso nos ha enviado un Supremo Pontífice que es muy sensible a vuestras preocupaciones. El papa Benedicto XVI conoce y aprecia profundamente la importancia de los antiguos ritos litúrgicos de la Iglesia, tanto para la Iglesia de hoy como para la del mañana. Es por eso que ha producido un documento jurídico – un Motu Propio- que establece la libertad legal para los ritos antiguos a través de toda la Iglesia. Es importante entender que "Summorum Pontificum" establece una nueva realidad jurídica en la Iglesia.

Concede derechos a los fieles ordinarios y a los sacerdotes que deben ser respetados por aquellos que ejercen la autoridad. El Santo Padre es conciente que en diferentes lugares del mundo no han sido satisfechas muchos pedidos de sacerdotes y fieles laicos que deseaban celebrar de acuerdo a los ritos antiguos. Es por eso que él ahora ha establecido con fuerza de autoridad que celebrar de acuerdo a la más antigua forma de la liturgia – tanto el Santo Sacrificio de la Misa como los sacramentos y otros ritos litúrgicos- es un derecho jurídico acordado a todos y no simplemente un privilegio.

Ciertamente esto debe ser hecho en armonía con la ley eclesiástica y los superiores jerárquicos, pero los superiores deben también reconocer que esos derechos están ahora firmemente establecidos en la ley de la Iglesia por el mismo Vicario de Cristo. Es un tesoro que pertenece a toda la Iglesia Católica y que debe estar ampliamente al alcance de todos los fieles de Cristo. Esto quiere decir que los párrocos y obispos deben aceptar las peticiones y pedidos de los fieles que así lo hagan y que los sacerdotes y obispos deben hacer todo lo que esté a su alcance para proveer a los fieles este gran tesoro de la Tradición de la Iglesia.

En este período inmediatamente siguiente a la publicación del Motu Propio, nuestra tarea más inmediata es la de proveer a la celebración de la forma extraordinaria del Rito Romano donde sea más deseado por los fieles y donde sus “legítimas aspiraciones” todavía no han sido satisfechas. Por una parte, ningún sacerdote puede ser obligado a celebrar de acuerdo a la forma extraordinaria contra su voluntad. Por otra parte aquellos sacerdotes que no desean celebrar de acuerdo al Misal Romano de 1962, deben ser generosos en satisfacer los deseos de los fieles que así lo pidan.

Tan como yo lo veo, hay dos factores necesarios.
1.- En primer lugar es importante encontrar una iglesia ubicada céntricamente, adecuada al mayor número de los fieles que han solicitada esta misa. Obviamente, debe ser una iglesia donde el párroco se avenga a dar la bienvenida a estos fieles de su propia parroquia y las parroquias aledañas.

2. Es crucial que haya sacerdotes que deseen celebrar de acuerdo al Misal Romano de 1962, y puedan suministrar este importante servicio pastoral sobre la base de una Misa dominical semanal. A menudo pueden encontrarse uno o más sacerdotes en un decanato o sección de una Diócesis que se avengan e incluso estén deseosos de celebrar esta misa. Los obispos deben ser sensibles a estos servicios pastorales y deben facilitarlos. Ésta es una intención fundamental de "Summorum Pontificum". Es particularmente triste que existan lugares donde los sacerdotes tienen prohibido celebrar la firna extraordinaria de la Misa por medidas restrictivas legislativas que han sido tomadas en contra de las intenciones del Santo Padre, y por lo tanto, en contra de la ley universal de la Iglesia.

A este respecto, me siento satisfecho de felicitar a la Sociedad para la Misa Latina por su servicio de sesiones de entrenamiento para sacerdotes en el Merton College de Oxford el último verano, que permitió a muchos sacerdotes que no estaban familiarizados con el usus antiquior aprender a celebrarlo. Estoy muy complacido de darles mis bendiciones a esta iniciativa que se repetirá este verano.

Permítaseme decirlo claramente: el Santo Padre desea que el uso antiguo de la Misa se convierta en un hecho normal en la vida litúrgica de la Iglesia, de manera que todos los fieles de Cristo, -jóvenes y viejos- puedan familiarizarse con los ritos antiguos y aprender de su tangible belleza y trascendencia. El Santo Padre lo desea tanto por razones pastorales como teológicas. En su carta acompañando al Summorum Pontificum, el Papa Benedicto dijo que:

"En la historia de la Liturgia existe crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que las anteriores generaciones consideraron sagrado, sigue siendo sagrado y grande para nosotros también, y no puede ser repentina y enteramente prohibido o aún considerado dañino. Nos corresponde a todos nosotros preservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia, y concederles su lugar adecuado".

3. Esto me lleva a mi tercer punto. Vosotros estáis justamente convencidos que el usus antiquior no es una pieza de museo sino una expresión viva de la adoración católica. Si es viva, debemos también esperar que se desarrolle. Nuestro Santo Padre participa de esta convicción. Como sabéis, él eligió motu propio –es decir por su propia iniciativa- alterar el texto de la plegraria pro Iudaeis para la liturgia del Viernes Santo. La intención de la plegaria no fue de ninguna manera debilitada, sino que se le dio una formulación que respetara otras sensibilidades.

Del mismo modo, como también lo sabéis, "Summorum Pontificum" también ha dispuesto que la Liturgia de la Palabra sea proclamada en la lengua vernácula sin ser primero leída por el celebrante en latín. La misa Pontifical de hoy, por supuesto, tendrá las lecturas solemnemente cantadas en latín, pero en celebraciones menos solemnes, la Liturgia de la Palabra podrá [énfasis nuestro, UVA] ser proclamada directamente en la lengua del pueblo. Esto es ya una concreta instancia de lo que nuestro Santo Padre escribió en su carta acompañando el Motu Propio "Summorum Pontificum":

"las dos formas del uso del Rito Romano pueden ser mutuamente enriquecedoras; nuevos santos, y algunos de los nuevos Prefacios pueden y deben ser insertados en el viejo Misal, La comisión “Ecclesia Dei”, en contacto con varios cuerpos dedicados al usus antiquior, estudiará las posibilidades prácticas al respecto”. Naturalmente nos agradaría recibir vuestras propuestas en esta materia tan importante. Yo simplemente os pido que no os opongáis en principio a la necesaria adaptación a que nos ha llamado nuestro Santo Padre.

Y esto me lleva a otro punto importante. Soy consciente de que la respuesta de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei” con respecto a la observancia de los días de precepto ha causado cierta inquietud en algunos círculos. Debe notarse que las fechas de esos días de precepto son las mismas en el Misal de 1962 y en el Misal de 1970. Cuando la Santa Sede le ha dado permiso a la conferencia episcopal de un determinado país para mover ciertos días de precepto al siguiente Domingo, esto deberá ser observado por todos los católicos de ese país. Por ejemplo, nada impide la celebración de la Fiesta de la Ascensión en el viernes anterior; pero debe quedar claro que ésta no es una misa de precepto, y que la Misa de la Ascensión deberá también ser celebrada en el siguiente Domingo. Este es un sacrificio que os pido que hagáis con alegría, como signo de vuestra unión con la Iglesia Católica en vuestro país.

Finalmente, os pido oraciones para aquellos de nosotros llamados a asistir al Santo Padre en Roma en esta delicada tarea de facilitar la antigua tradición litúrgica de la Iglesia. Os rogamos que seáis pacientes con nosotros; somos muy pocos y hay mucho trabajo que hacer. ¡Y hay tantos problemas que estudiar, que a veces cometemos errores!.

Quiera la Bendita Virgen María, Madre de Dios, interceder por todos los de esta tierra que es tan bellamente llamada “el legado de Nuestra Señora”, y a través de sus oraciones, puedan todos los fieles de Cristo aprender aún más profundamente de las grandes riquezas de la Sagrada Liturgia de la Iglesia en todas sus formas.

Darío Cardenal Castrillón Hoyos.
Presidente – Potificia Comisión Ecclesia Dei
  1. http://www.unavoce.com.ar/front.php?id=102

viernes, 9 de mayo de 2008

¿Cordura?

Las últimas declaraciones públicas de Monseñor Fellay me parecen no desafortunadas, sino desafortunadísimas. No quiere decir esto que un servidor se “enfrente” ahora a la Hermandad Sacerdotal de San Pío X (HSPX), porque ya hay –incluído en el círculo próximo a Monseñor- quien le dirá semejante estupidez, cualesquiera que sean las voces críticas –sensatas o insensatas, fundamentadas o no, cabales o enloquecidas- que puedan surgir alrededor. De mi defensa de la HSPX ya di cuenta desde esta misma atalaya, así que no voy a insistir.
Como no soy ningún religioso, ni miembro de ninguna Orden Tercera, ni estoy inscrito en ninguna tenida, ni soy cliente de tugurios y antros de mal vivir, ni tengo sarpullidos aparicionistas ni sarampiones modernistas, ni nada ... y encima soy algo anticlerical, me voy a permitir llamar ciertas cosas por su nombre. Y como quiero a la HSPX, no voy a permanecer callado.
De hecho mi crítica es más por forma que por fondo.
Cierto, en materia de fondo la Hermandad de San Pío X ha mantenido una postura tan sólida doctrinalmente como aburrida y falta de originalidad. La Tradición de siempre, sin virajes ni adulteraciones, ha sido el bastión sobre el que descansa la postura de la HSPX. A Dios gracias. Y que así sea muchos años. Y no menos cierto ha sido que la Jerarquía, Roma misma, ha actuado de una manera tan injusta como cruel en ocasiones contra la Tradición. De esto último las pruebas son contundentes porque la travesía en el desierto durante los Pontificados de esos dos tahúres eclesiásticos de Pablo VI y de Juan Pablo II ha sido durísima.
Sin embargo decir, o insinuar, que en Roma no han cambiado las cosas es no darse cuenta de lo obvio. Si hasta en las formas ha habido cambios. Ahora en los alrededores de Roma se puede entrar en tiendas de objetos religiosos y ver una orfebrería y unas ropas litúrgicas dignas de dicho nombre, por decir algo de menor calibre; cuando estos mismos sitios durante el Pontificado de Juan Pablo II eran antros lóbregos de feísmo. Negar por otro lado que el Motu Proprio no cambia el status quo, no es ya negar: es ser refractario a la realidad.
¿Dónde está el cambio? Pues pura, lisa y llanamente en el Papa. Que Su Santidad Benedicto XVI no es perfecto, ya lo sabemos. Que no es el Papa que en puridad se podría soñar, no lo es menos. Pero es el Papa. Es el Vicario de Cristo y la Piedra sobre la que se edifica la Iglesia. ¿Cree acaso Fellay que el próximo Papa estando como está el mundo va a ser como Benedicto XVI? Que no lo sueñe. Benedicto XVI es lo mejor que le ha podido pasar a la Tradición en los tiempos que corren y sólo pertenece a los arcanos del Espíritu Santo la fortaleza que tuvo que insuflar al Santo Padre para que pudiera acometer el Motu Proprio con la pléyade de enemigos tan formidables que tiene la Tradición dentro de la Iglesia. ¿Cree honestamente Monseñor Fellay que una crisis de 40 años, como poco, se va a resolver en un abrir y cerrar de ojos?
¿Qué pasa con el Santo Padre? ¿Qué sería mejor que optase por una filosofía más escolástica y se dejase de monsergas fenomenológicas? Sin duda. ¿Qué sería mejor –si es que puede y está de su mano, pues Roma está desbocada- que hubiera hecho otros nombramientos de los que ha hecho? Sin duda. ¿Qué sería mejor que fuera más alto, más guapo, más joven, más fornido y con menos problemas de corazón? También; sin duda. Etcétera.
Pero el quicio de esta cuestión no radica es querer un Santo Padre hecho a nuestra medida. El hecho es analizar con realismo, objetividad y un mínimo de frialdad lo que el Santo Padre ha hecho. Para empezar del Ratzinger de 1965 tiene, a Dios gracias, muy poco que ver con Benedicto XVI. Ha habido un camino de Damasco del Santo Padre y él lleva clavadas dos espinas en su haber, espinas de las que tardando no mucho habrá de responderle a Dios: su dudoso comportamiento en Fátima en relación al Tercer Secreto y su participación en la inicua “excomunión” de Lefebvre. Añádase su terca voluntad, como buen teutón. Fellay no puede negar que el Papa mira con simpatía la Tradición. No es sólo el Motu Proprio. Son montones de hechos. Sus libros, queriendo volver a los esquemas de la Liturgia de siempre (p. ej., su insistencia en decir la Misa mirando hacia el Sagrario, lo cual lo ha materializado). Su empeño en mantener un diálogo abierto con la Tradición. Sus Encíclicas, que revelan una fundamentación tradicional y ya no son aquellos tochos infumables escritos por algún plumífero chikilicuatre cuyas únicas referencias eran al Vaticano II (¡malditos tautólogos!). Etc.
Con todo ese bagaje la peregrina idea de Monseñor Fellay de insinuar que las puertas están cerradas con Roma resulta en una afrenta a la razón y una temeridad culpable. Parece participar Fellay de ese sentimiento tan frecuente en la Tradición de que la solución a todo este problema es divina, cuasi-mística. En todo caso, es una solución súbita. Pues no. En primer lugar ayudémonos nosotros mismos, que Dios nos ayudará. La crisis de la Iglesia, mejor comprendida por la HSPX que por ningún otro sector de la Tradición, tiene ya 40 años como poco y pensar que la solución a la misma va a ser fulminante es pueril.
No sé si todo esto obedece a una especie de táctica ad hoc, quizás estrategia, por parte de Monseñor Fellay. Si así fuera, está tensando la cuerda con Roma en exceso. Peligrosamente diría. Tengo para mí que si esto es un juego táctico Fellay está sobreestimando sus cartas. Como los clérigos cuando dicen “caramba” en realidad quieren decir “coño” dar la callada por respuesta equivale a mandar a tomar por saco. Y eso, mi querido Monseñor Fellay, equivale en diplomacia a una declaración de guerra. Estoy seguro que la siempre admirable nación suiza está contentísima de que Monseñor Fellay no decidiera hacer carrera diplomática. A juzgar por los hechos uno acaba por inferir que si Fellay decidiera secularizarse -¡líbrenos Dios!- su status en la diplomacia sería no sólo el de desempleado, sino el de desempleable. Desempleable vitalicio, debiera añadir.
Que nadie se engañe. El Papa es muy listo. Tiene una mente académica privilegiada y penetrante. Y tiene no sólo conciencia de autoridad sino que sabe cómo ejercerla, con autoritarismo incluso. No va a tolerar en asuntos de su jurisdicción directa, y la situación de la Tradición es uno de ellos, que la gente haga lo que le dé la gana, como le dé la gana y cuando le dé la gana. Para eso es Papa y para eso es bávaro.
Han de darse situaciones muy graves, gravísimas, para que uno tenga que optar por desafiar al Papa. A San Marcel Lefebvre (sí, Santo, aunque no lo quieran canonizar por el momento) no le quedó más remedio. Y bien a su pesar. Porque Monseñor Lefebvre, formado como estaba en un Seminario de Roma, y no en un tugurio jansenista de esos que proliferan en Francia, sí tenía absolutamente clara la necesidad de la Romanitas, virtud que en mayor o menor medida debe adornar a todo católico. Sin excepción.
A muchos tradicionalistas nos gustaría que nos explicaran los prebostes de la HSPX cómo es posible seguir con una posición frente a Roma idéntica a la que –muy a su pesar- tuvo que ejercer Monseñor Lefebvre cuando es posible que las peticiones del Santo Obispo de entonces puedan ser atendidas hoy día. ¿Por qué no se hace el saludable ejercicio de ver qué quería concreta y específicamente Monseñor Lefebvre en 1988 –cuando le negaron todo, hasta el aire- y qué se ofrece por parte de Roma a la Tradición hoy día? A ver si va a resultar que lo que el Fundador de la Hermandad de San Pío X quería en 1988 sí es plausible conseguirlo hoy.
¿O es que Monseñor Fellay quiere montar la fiesta por su cuenta? Ya sé que la HSPX no es herética. Ni cismática. Pero maldita la gracia que nos hace a algunos una actitud, una forma, más en concordancia con lo cismático que con lo verdaderamente católico.
Algunos de nosotros estamos ya hartos (y, ¡vive Dios!, que el cuerpo me pide expresar esta idea de un modo mucho más castizo) de que aquí se dé por zanjada la cuestión. ¿No es también tradición de la Iglesia el solucionar mediante el diálogo esta cuestión? ¿Puede decir Monseñor Fellay con el corazón en la mano si ha encontrado acaso una recepción y una disposición por parte de Roma mejor que las actuales no ya sólo durante sus mandatos como Superior de la HSPX, sino durante toda la historia de la HSPX?
De los Obispos de la HSPX no sabe uno ya qué pensar. Monseñor de Galarreta, un hombre de oración y garra contemplativa como pocos, desaparecido en combate. Monseñor Tissier de Mallerais, profundo y con una gravitas que ya quisiéramos para todo el Episcopado, subido en el ficus, como de costumbre. Y Monseñor Williamson (me disculparán si tengo una debilidad especial por éste por lo listo, lo listísimo que es) haciendo de las suyas, de enfant terrible, últimamente más de enfant que de terrible, para orgullo suyo, vergüenza de muchos y desgracia de todos.
Y todos ellos haciendo mutis por el foro.
Y yo sigo preguntándome: ¿Cómo se explica que un hombre de naturaleza afable y que rezuma amabilidad como Fellay se nos haya vuelto autista? ¿Por ventura es mudo? ¿O simplemente su última Carta es un ejercicio de gilipollez sublime? ¿O acaso un farol de póker de poca monta?
¡Señores Obispos de la Tradición! ¡Despierten! ¿Nos oyen? Hello! Estamos aquí. Somos fieles de a pie que estamos en la Tradición porque queremos ser romanos, cien mil veces -infinitamente- más romanos que los modernistas, no porque queramos permanecer en el limbo del no man’s land por toda la Eternidad. Si somos católicos, Roma es nuestro sitio. Queremos estar bajo la férula de Roma porque como católicos tradicionales que somos queremos joder desde dentro, no obligados a estar jodidos y fuera.
Me temo que uno no puede dar la callada por respuesta a Roma. Quizás en circunstancias excepcionalísimas. Y ahora no se dan. Por tanto, con el debido respeto (pero si hace falta sin ningún respeto también), me atrevo a invitar a Monseñor Fellay a que hable con quien sea menester y a que se llegue –con todas las seguridades y garantías, que eso es el oficio de Fellay- a una solución para que la Tradición esté regularizada dentro de la Iglesia oficial (pues de la Iglesia Mística algunos se tendrían que preguntar quién está dentro y quién fuera). Y que no sobrestime sus bazas ni minusvalore el poder del Vicario de Cristo.
No habrá muchas posibilidades en el futuro de poder regularizar la situación con Roma. Vienen tiempos duros, de hierro.
Ni Monseñor Fellay ni ningún Obispo ni clérigo de la Tradición puede dejar a los simples fieles tirados. Por culpa de esta circunstancia algunos llevamos padeciendo lo indecible. Lo natural para un católico es estar bajo el manto protector de Roma. Lo contranatural es estar a la intemperie, particularmente si no hay necesidad grave de estarlo.
¡Viva la Hermandad de San Pío X! ¡Viva el Papa!

Rafael Castela Santos
  1. http://casadesarto.blogspot.com/2008/05/cordura-las-ltimas-declaraciones.html

Palabras de Mons. Fellay

El Motu Proprio “Summorum Pontificum”, que reconoció que la Misa tridentina jamás había sido abolida, presenta ciertas cuestiones en lo que concierne al futuro de las relaciones de la Fraternidad San Pío X con Roma.

Muchas personas, sea en los medios conservadores e incluso en Roma, han dicho que habiendo hecho el Sumo Pontífice un acto de tanta generosidad, y habiendo dado —por eso mismo— un signo manifiesto de buena voluntad a nuestro respecto, a la Fraternidad ya no le queda sino hacer una sola cosa: “firmar un acuerdo con Roma”.
Algunos de nuestros amigos, por desgracia, se han prestado a este juego de ilusiones.

Queremos aprovechar la ocasión de esta carta, publicada durante el tiempo pascual, para recordar una vez más los principios que presiden nuestra acción en estos tiempos problemáticos y señalar algunos acontecimientos recientes, que indican muy claramente que, en el fondo, fuera de la apertura litúrgica advenida con el Motu Proprio, verdaderamente nada ha cambiado, extrayendo así las conclusiones que se siguen.

El principio fundamental que dirige nuestra acción es la conservación de la fe, sin la cual —como dice el Concilio Vaticano I— nadie puede salvarse, nadie puede recibir la gracia, nadie puede ser agradable a Dios. La cuestión litúrgica no está en primer plano; no aparece sino como consecuencia de una alteración de la fe y, correlativamente, del culto debido a Dios.

En el Concilio Vaticano II tuvo lugar un notable cambio de orientación respecto a la visión de la Iglesia, sobre todo en relación al mundo, a las otras religiones, a los estados, pero también en cuanto a sí misma. Todos reconocen estos cambios; sin embargo, no son justipreciados de la misma manera por todos.

Fueron presentados hasta ahora como muy profundos, revolucionarios; uno de los Cardenales del Concilio pudo decir: “la revolución de 1789 en la Iglesia”.
Cuando aún era Cardenal, Benedicto XVI presentaba la cuestión de la siguiente manera: “El problema de los años ‘60 consistía en incorporar los mejores valores de dos siglos de cultura «liberal». De hecho, son valores que, aún si han nacido fuera de la Iglesia, pueden encontrar un lugar —purificados y corregidos— en su visión del mundo. Esto es lo que ha sido hecho” (mensual “Jesús”, noviembre de 1984, pág. 72).

Se impuso una nueva visión del mundo y de sus elementos en nombre de esta asimilación: una visión fundamentalmente positiva, que decretó no sólo un nuevo rito litúrgico sino también un nuevo modo de presencia de la Iglesia en el mundo, mucho más horizontal, más presente ante los problemas y humanos que sobrenaturales y eternos.

Contemporáneamente se transformaba la relación con las otras religiones. Desde el Vaticano II, Roma evita todo juicio negativo o depreciador de las otras religiones. Por ejemplo, la denominación clásica de “religiones falsas” desapareció completamente del vocabulario eclesiástico. También han desaparecido los términos “herejes” y “cismáticos”, que calificaban las religiones más cercanas a la religión católica; son eventualmente utilizados —sobre todo el de “cismáticos”— con referencia a nosotros. Y lo mismo sucede con la voz “excomunión”. El nuevo enfoque se califica como ecumenismo, y contrariamente a lo que todos creían, no se trata de un retorno a la unidad católica sino de la creación de un tipo de unidad que ya no requiere la conversión.

Respecto a las confesiones cristianas se estableció una nueva perspectiva, y ella es tanto más clara en relación a los ortodoxos: en el acuerdo de Balamand, la Iglesia Católica se compromete oficialmente a no convertir a los ortodoxos y a colaborar con ellos. El dogma “fuera de la Iglesia no hay salvación” al que alude el documento “Dominus Iesus” fue objeto de una necesaria reinterpretación a la luz de la nueva visión de las cosas: no pudo mantenerse este dogma sin expandir los límites de la Iglesia, lo cual tuvo lugar con la nueva definición de la Iglesia dada en “Lumen Gentium”. La Iglesia de Cristo ya no es la Iglesia Católica; ésta subsiste en aquélla. Podrá decirse que una subsiste en la otra; sin embargo, se alega también una acción del Espíritu Santo y de esta “Iglesia de Cristo” fuera de la Iglesia Católica… Las otras religiones no están destituidas de elementos de salvación… Las “iglesias ortodoxas” se convierten en verdaderas iglesias particulares sobre las cuales se edifica la “Iglesia de Cristo”.

Estas nuevas perspectivas han revolucionado evidentemente las relaciones con las demás religiones. No se puede hablar de un cambio superficial; es claramente una nueva y profunda alteración que se pretende imponer a la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, y lo que permitió que Juan Pablo II haya podido hablar de una “nueva eclesiología”, reconociendo un cambio esencial en esta esfera de la teología que se refiere a la Iglesia. No entendemos en modo alguno —según podría pretenderse— que esta nueva comprensión de la Iglesia estaría aún en armonía con la definición tradicional de la Iglesia: es nueva, es radicalmente otra, y obliga al católico a un comportamiento totalmente diferente con los herejes y cismáticos que, desgraciadamente, han abandonado la Iglesia y traicionado la fe de su bautismo. En lo sucesivo ya no son “hermanos separados” sino hermanos que “no están en plena comunión”… y están “profundamente unidos” a nosotros por el bautismo en Cristo, y gracias a una unión indestructible… El último documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el subsistit in es muy esclarecedor a este propósito. Afirmando netamente que la Iglesia no puede enseñar novedades confirma la novedad introducida durante el Concilio…

Otro tanto sucede en la evangelización: se afirma en principio el sagrado deber de todo cristiano de responder al llamado de Nuestro Señor Jesucristo, “Id por el mundo, predicad el evangelio a toda creatura. Aquel que crea y se bautice, se salvará; el que no crea, se condenará” (San Marcos, 16, 15-16). Pero acto seguido se afirma que esta evangelización no concierne sino a los paganos, y por ende, no apunta ni a los cristianos ni a los judíos… Recientemente, a propósito de la controversia acerca de la nueva oración por los judíos, los Cardenales Kasper y Bertone señalaron que la Iglesia no los convertiría.

Agreguemos a todo ello las declaraciones papales en punto a la libertad religiosa; podemos concluir claramente que el combate de la fe no ha cambiado en nada en los últimos años. El Motu Proprio, que importaba una esperanza de cambio en el buen sentido a nivel litúrgico, no es acompañado de las medidas lógicamente correlativas en otros campos de la vida de la Iglesia. Todos los cambios introducidos durante el Concilio y en las reformas post-conciliares, los cuales denunciamos porque la Iglesia los ha condenado ya precisamente, son confirmados; aunque con esta diferencia: de ahora en más se afirma al mismo tiempo que la Iglesia no cambia… lo que implica decir que estos cambios se situarían perfectamente en la línea de la Tradición católica.

El enredo a nivel de las palabras unido a la afirmación de que la Iglesia debe permanecer fiel a su Tradición pueden confundir a más de uno. Pero mientras los hechos no corroboren las afirmaciones hechas, hay que concluir que nada ha cambiado en la voluntad de Roma en cuanto a proseguir con las orientaciones conciliares, sea lo que fuese de los cuarenta años de crisis, de conventos despoblados, de iglesias abandonadas, de templos vacíos. Las universidades católicas persisten en sus divagaciones, la enseñanza del catecismo sigue siendo algo desconocido, al tiempo que la escuela católica ya no existe como específicamente católica: se ha convertido en una especie extinguida…

He aquí por qué la Fraternidad San Pío X no puede “firmar un acuerdo”. Nos alegramos francamente de la voluntad papal de reintroducir el antiguo y venerable rito de la Santa Misa, pero observa también la resistencia —feroz en ocasiones— de episcopados enteros. Sin desesperar, sin impaciencia, comprobamos que el momento de un acuerdo no ha llegado. Esto no nos impide seguir esperando, continuar con el camino fijado desde el año 2000. Seguimos pidiendo al Santo Padre la anulación del decreto de excomunión de 1988, persuadidos como estamos que hará un grandísimo bien a la Iglesia; los alentamos a rezar para que se produzca. Con todo, sería muy imprudente y precipitado embarcarse precipitadamente en la concreción de un acuerdo práctico que no se fundaría sobre los principios fundamentales de la Iglesia, especialmente sobre la fe.

La nueva cruzada del Rosario a la cual los llamamos para que la Iglesia vuelva a encontrar y retomar su Tradición bimilenaria exige también algunas precisiones. La concebimos de esta manera: que cada uno se comprometa a rezar el rosario a una hora bastante precisa del día. Teniendo presente el número de fieles y su distribución en el mundo entero, podemos estar seguros de que a todas las horas del día y de la noche habrán voces orantes y vigilantes, voces que desean el triunfo de su celestial Madre, el advenimiento del reino de Nuestro Señor “así en la tierra como en los cielos”.

+ Bernard Fellay
Menzingen, 14 de abril de 2008
  1. http://romanistaclandestino.blogspot.com/2008/04/palabras-de-mons-bernard-fellay-fsspx.html

jueves, 8 de mayo de 2008

Card. Darío Castrillón hace aclaraciones sobre Summorum Pontificum

Desde Secretum Meum Mihi:

Entrevista concedida por el presidente de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», Cardenal Darío Castrillón Hoyos, a Vittoria Prisciandaro para el mensual italiano Iesus en el número de Mayo de 2008 (ver entrevista completa en Totus Tuus Network). Traducción al español de un aparte provista por Secretum Meum Mihi. La parte que hemos escogido es muy esclarecedora sobre aspectos tales como: el futuro documento interpretativo, qué se entiende por grupo estable, qué se debería hacer si pocos o nadie solicita la forma extraordinaria del Rito Latino, etc. Presentamos disculpas por no poder ofrecer completa la traducción del artículo, el cual es interesante en su integridad, esperamos contar con que algún lector nos de una manito y complete el vacio.

- Su secretario, monseñor Camille Perl, ha anunciado que en breve habrá un documento aclaratorio del Motu Proprio. ¿Cuando se publicará?

- «Fue el Cardenal Bertone quien lo anunció, y tiene el derecho de hacerlo. Pero Yo, que soy un servidor del Papa, lo anunciaré sólo cuando lo diga el Papa. Nuestra Comisión ha referido al Pontífice que de todas partes del mundo llegan tantas preguntas, muchísimas justificadas, otras debido a falta de conocimiento. El Santo padre, y sólo Él, dirá si conviene hacer tal documento y cuando».

- ¿Cuales son las preguntas que han llegado y que merecen una respuesta?

- «La primera se relaciona con el latín —dicen— celebrar en una lengua que no se conoce no es conveniente. Infortunadamente los seminaristas, pero tambien algunos sacerdotes, no lo han estudiado y entonces es difícil para ellos celebrar en la forma extraordinaria. Para hacerlo deberían al menos conocer el canón de la Misa, la parte de la consagración. Nosotros en “Ecclesia Dei” nos estamos equipando y estamos preparando encuentros, cursos y comunicación informatica para un profundo conocimiento de la litutgias anterior. Algunos cursos ya estan activos en Francia, Alemania, en Brasil, en America Central y el los Estados Unidos. En toledo, en España, por ejemplo, se está evaluando si conviene hacer un seminario extra para la preparación al rito extraordinario o dar cursos especiales en el seminario de la diocesis. En general se nota un interés de regresar el latín en el mundo academico. Ha sido triste en estos años constatar el abandono no sólo de la lengua latina, sino tambien de ciertos contenidos teologicos coligados a la precisión semántica de la lengua latina».

- Otro problema es la carencia de sacerdotes...

- «Si en una diocesis faltan sacerdotes y sólo tres o cuatro fieles demandan el rito extraordinario, es una cosa de sentido común pensar que sea difícil satisfacer la demanda. Pero, porque la intención, la mens, del Papa es conceder este tesoro por el bien de la Iglesia, donde no hayan sacerdotes la mejor cosa sería oficiar una celebración según el rito extraordinario en una de las Misas dominicales parroquiales. Sería una Misa para todos, y todos, aún las generaciones jóvenes, usufructuarían la riqueza del rito extraordinario, por ejemplo, esos momentos de contemplación que en el Novus Ordo han desaparecido».

- ¿Entonces Ud. sostiene que, aunque no haya un grupo consistente y estable, en el futuro se piensa ofrecer una de las Misas dominicales en el rito extraordinario?

- «Pensaría que si. De otra parte, esta posibilidad ya había sido aprobada unanimemente en 1986 por una comisión cardenalicia en la cual estaba presente tambien el cardenal Ratzinger, pero en ese entonces no llegó a ser operativa. Ahora estaría seguro que podría realizarse».

- Otro punto para clarificar es la definición de “grupo estable y consistente”. ¿Qué se entiende exactamente?

- «Es una cuestión de sentido común: ¿por qué hacer un problema si las personas que piden el rito vienen de diferentes parroquias? Si se reunen y piden una Misa, se convierten en grupo estable, aunque no se conozcan de antes. Aunque [sobre] el número es una cuestión de buena voluntad. En algunas parroquias, especialmente en el campo, en los días de feria las personas que participan en la Misa ordinaria son tres o cuatro y lo mismo pasa en no pocas casas religiosas. ¿Por qué si aquellas mismas tres personas buscan la Misa antigua, sería pastoralmente necesario rehusarla?».

- ¿Entonces el futuro documento debería ser más acogedor a las peticiones de pocos?

- «Si, pero se necesita entenderlo no como una cosa que va en detrimento de otros, de la mayoría, sino por el enriquecimiento y siempre evitando toda forma de contraposición, por mínima que sea». "
  1. http://secretummeummihi.blogspot.com/2008/05/card.html