sábado, 4 de julio de 2009
El Motu Proprio de Benedicto XVI tiene una vía de agua.
El Motu Proprio de Benedicto XVI tiene una vía de agua.
Seguramente quien lo redactó confiaba en la filial sumisión de la gran mayoría de los obispòs a los deseos del Papa. Y se equivocó. Muchos de ellos parece que han adoptado una postura de resistencia en el convencimiento de que el Papa durará poco y ya volverán las aguas a su cauce.
De esa errada suposición del redactor del Motu surgió aquello que parecía la gran concesión y que se ha revelado absolutamente inoperante. Dejar la posibilidad de la misa en la voluntad del sacerdote y de los fieles sin necesidad de la autorización episcopal. Lo que es desconocer, y con desconocimiento grave, la realidad diocesana.
Me ha venido a la memoria algo análogo de mis lejanos tiempos de la Milicia Universitaria. Era yo alférez en un Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) y con muchísima frecuencia desfilábamos ante el coronel. Las secciones pasaban ante la plana mayor cantando para mejor marcar el paso y los alféreces y tenientes teníamos absoluta libertad para elegir la canción con la que desfilaría nuestra respectiva sección. Que previamente consultábamos con los reclutas. Como el Motu Proprio.
Pero como supiéramos que al coronel le irritara por ejemplo el Banderita tu eres roja estaba clarísimo que eso no se cantaba. Y no por si acaso sino porque era seguro que te la cargabas. Pues igual. Y es que ni siquiera te atrevías a consultarlo. ¿Da Usía autorización para cantar el Banderita? Ni te contestaría. Pero sólo con la mirada te había pulverizado.
¿Mera coincidencia? A mí me parece que es lo mismo. El sacerdote que se decidiera a celebrar la misa contra la voluntad del obispo o éste es un calzonazos o deja a los fieles sin misa porque se encuentra trasladado a la parroquia más perdida de la diócesis. Y además con bronca. Como para secundar el Motu Proprio.
Si el Papa quiere que la misa tradicional se extienda algo más tendría que disponer que en todas las catedrales del mundo se celebrara todos los domingos una misa según el modo extraordinario. Y a unas horas de recibo. Porque si lo deja a voluntad del obispo habría más de uno que abriría la catedral a las seis de la mañana para celebrarla. Y luego diría que no acudía nadie. Y además exigir que la celebrara un sacerdote que lo hiciera dignamente. Porque también más de un obispo designaría como celebrante al cura más opuesto a esa misa para que ahuyentara a los fieles.
Hoy, además, cesa en sus funciones el cardenal Castrillón con lo que me temo que la acogida en Roma de las protestas va a quedar muy aguada si no es que desaparece.
No veo yo, por tanto, con optimismo el futuro de la misa tradicional en España. Aunque por supuesto siempre quede el derecho al pataleo. Triste alternativa que además no suele dar resultado. Aunque, gracias a internet las cosas pueden cambiar.
lunes, 20 de abril de 2009
Otra mujer reclama a Lugo la paternidad de su hijo
Imagen: Telefuturo http://www.ultimahora.com/home/index.php?p=uhtv
Por Andrés Colmán Gutiérrez CIUDAD DEL ESTE
Se esperaba que sucediera... y sucedió. Otra mujer aparece en escena y reclama al presidente Fernando Lugo que asuma la paternidad de un presunto hijo suyo. Está decidida a realizar una demanda por reconocimiento de filiación ante la Justicia, siempre que obtenga el apoyo de abogados y de organizaciones de mujeres, ya que vive en la pobreza y carece de recursos.
Benigna Leguizamón, de 27 años de edad, asegura que desde el año 2001 mantuvo relaciones con el entonces obispo de San Pedro, cuando ella tenía 17 años de edad, pero ya era madre soltera de una nena.
"Acudí a pedir ayuda a monseñor Fernando Lugo, porque el papá de mi primera hija, Francisco Luján Correa, quien trabajaba de anestesista del Hospital de San Pedro, me negaba la asistencia a la criatura", comenta Benigna.
"En ese momento, monseñor me dio su apoyo, pero se aprovechó de mi gran necesidad y me indujo a que tengamos relaciones. A los un año, quedé embarazada de él. Tuve a mi hijo con una partera empírica, en la misma casita en que vivía, cuyo alquiler él pagaba", sostiene la mujer.
Periodistas de Última Hora y Centro Informativo Multimedios (CIM) la encontramos ayer, en su humilde vivienda, en un barrio popular alejado de Ciudad del Este, donde ella vive con sus 4 hijos y su actual concubino, quien permanece postrado debido a una enfermedad.
"Me ofrecieron dinero para que le denuncie en la campaña electoral, pero me negué, porque no quiero que el caso de mi hijo sea manipulado", indica.
Agrega: "El me pasó dinero hasta que mi hijo cumplió dos años, después ya fue cortando. Hoy no responde ni mis llamadas. Yo lo único que le pido es que le reconozca también, como a su otro hijo", reclama.
PÚBLICO. El niño L. F. L. nació el 9 de setiembre de 2002 y fue inscripto con el apellido de su madre el 29 de noviembre del mismo año.
Lleva uno de los nombres del actual presidente. "Él mismo me pidió que le ponga su nombre, pero no su apellido", asegura.
Dice que su relación con el obispo era ya "un secreto a voces" en todo el departamento de San Pedro, pero ella no le contó a nadie que su hijo era de Lugo, hasta luego de conocerse el caso Viviana, en que se animó a confesarle la verdad a su madre y a su hermana, quienes le dijeron que siempre lo habían sospechado.
"A mi hijo nunca le oculté quién es su papá, solo que como era obispo, y ahora es presidente, tenía miedo de hacer cualquier denuncia; pero cuando vi el caso de esta chica, Viviana Carrillo, me animé. Yo le conozco a ella, con Lugo nos fuimos varias veces por su casa, en Choré, pero no sabía que había algo entre ellos", refiere.
"TENGO TEMOR POR NUESTRA SEGURIDAD"
Benigna Leguizamón dice tener miedo de alguna represalia por hacer pública su denuncia y pide a las autoridades del Ministerio Público y el Poder Judicial que la amparen.
"Me pongo en manos de la Justicia, voy a pedir que se haga el examen de ADN, estoy cien por ciento segura de que el papá de mi hijo es Fernando Lugo Méndez. Espero que él lo reconozca, o que no tema someterse al examen", sostiene.
"Soy de origen humilde y no me da vergüenza. Trabajo vendiendo detergentes para dar de comer a mis hijos, ahora que mi actual marido está enfermo. Daría mi vida por mis hijos. No es justo que un hijo del actual presidente viva con tantas necesidades. Solo le pido que asuma su responsabilidad", demanda.
sábado, 4 de abril de 2009
En Manila se prohibe lo permitido en Roma
El Cardenal Arzobispo de Manila pone limitaciones ilegales a la Misa Tradicional
El Cardenal Gaudencio Rosales, Arzobispo de Manila, Filipinas, ha publicado, por el momento solo en la web oficial de la Arquiciócesis, una resolución limitando de un modo arbitrario el ilegal el rezo de la Misa Tridentina en su jurisdicción. Reproducimos a continuación el texto de la medida.PAUTAS de ARQUIDIOCESIS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA MISA SEGÚN EL RITO DEL MISAL ROMANO PUBLICADO EN 1962 (MISA TRIDENTINA)
De acuerdo con las normas establecidas por la Carta Apostólica, publicada como motu propio, de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, Summorum Pontificum, por este medio establecemos las pautas y condiciones siguientes para la celebración de la misa según el rito del Misal romano publicado en 1962 (misa Tridentina) en la Arquidiócesis de Manila:
La regulación de la celebración de esta forma extraordinaria de la misa pertenece al Arzobispo de Manila, a través del Ministro del Ministerio de Asuntos Litúrgicos de la Arquidiócesis de Manila.
Esta forma de la misa debe ser celebrada sólo en la Capilla de Cristo Rey de la Catedral Metropolitana de Manila, una vez al mes, pero no los domingos ni solemnidades.
La persona a cargo de presidir en esta forma de celebración deberá ser un sacerdote debidamente designado por el Arzobispo de Manila.
Para asegurar la solemnidad y el orden de la celebración de esta forma de la misa, la participación de otros ministros (es decir, lectores, Maestro de ceremonias, acólitos, coro, etc.) en la liturgia debe ser determinada y regulada por el Ministerio de Asuntos Litúrgicos de la Arquidiócesis de Manila.
La celebración de la forma extraordinaria de la misa en esta Capilla está abierta a cualquier individuo o grupo en la Archidiócesis de Manila que pueda tener el deseo de participar en dichas celebraciones.
Otras peticiones de individuos o grupos de las parroquias o de quienes pertenecen a la Arquidiócesis de Manila para la celebración de, esta forma de la misa, deberán adherirse a la celebración mensual en la Catedral de Manila.
Es muy recomendable que un misal / folleto del rito en latín e inglés sea preparado para ayudar al fiel sigue la celebración. Asimismo, es recomendable que aquellos que participarán en esta misa se sometan a una orientación catequética antes de la celebración.
El Arzobispo de Manila tiene la jurisdicción sobre esta celebración y, por lo tanto, puede decidir limitar o discontinuar esta celebración mensual en cualquier momento que él lo juzgue no en consonancia con la dirección pastoral de toda la Iglesia Local.
Dado en Manila, este 8º día de diciembre de 2008.
+ GAUDENCIO B. ROSALES, CARDENAL
Arzobispo de Manila
Comentario Druídico(De Panorama Católico Internacional): A nuestro entender, lo subrayado en negrita en la disposición cardenalicia es ilegal. Una cosa hay que agradecer al Cardenal Rosales: ha sido franco. No puede decirse lo mismo del Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, que finge cumplir con la Summorum Pontificum y bajo cuerda presiona y obstaculiza, amenaza discretamente y paraliza.
El Cardenal Castrillón corrige al Arzobispo de Manila
Hace algunos meses, se hizo pública una normativa del cardenal Rosales, Arzobispo de Manila, en la que limitaba en gran medida y de forma arbitraria la celebración de la Misa Gregoriana, en contra de lo establecido por el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI. Ofrecemos ahora la siguiente noticia en la que se informa que el Cardenal Castrillón, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha corregido al cardenal Rosales y le ha pedido que reconsidere su posición.El titular de la comisión vaticana Ecclesia Dei ha reprendido al Arzobispo de Manila, cardenal Gaudencio Rosales, por establecer condiciones “excesivamente restrictivas” sobre el uso de la Misa Tridentina, diciendo que éstas están “en directa contradicción” con los deseos del Papa Benedicto XVI.
“Sus ‘Normativas Arquidiocesanas’ simplemente no son aceptables tal como están, y le pido que las reconsidere”, dijo el presidente de Ecclesia Dei, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, en una carta del 6 de marzo, vista por The Tablet esta semana. Dice: “las normativas que permiten sólo una Misa mensual en una capilla de la Catedral Metropolitana” están en violación de las normas establecidas en el Motu Proprio Summorum Pontificum para el uso extendido de la Misa Tridentina, publicado por el Papa en el 2007. El cardenal Castrillón dijo que el decreto papal es “parte de la ley universal de la Iglesia” y no puede ser limitado por la “ley particular” de un obispo diocesano. La arquidiócesis de Manila asiste a más de 2,8 millones de católicos.
“No hay ninguna razón legítima por la que esta Misa [Tridentina] no pueda y no deba ser celebrada en cualquier iglesia o capilla de su arquidiócesis”, dice el cardenal Castrillón en su carta al Arzobispo de Manila.
Insiste en que el Cardenal Rosales promueva activamente la implementación del Motu Proprio “ayudando a los sacerdotes que deseen aprender cómo celebrar” la Misa del antiguo rito, para la que dice que sólo se requiere que el sacerdote sea “razonablemente competente en latín” y que haya fieles que deseen asistir a su celebración. La arquidiócesis de Manila publicó las normativas para la Misa Tridentina en su página web el año pasado. Pero fueron rápidamente quitadas cuando los adherentes al antiguo rito protestaron a Roma.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Crónicas del Congreso sobre Summorum Pontificum
Compartimos la actualización de hoy de "la Buardilla de Jerónimo" del Congreso sobre el Motu Proprio.
El esperado congreso sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI ha comenzado ayer, en Roma. Pero su tema central, el documento que permitió a todo sacerdote celebrar la Santa Misa según los libros litúrgicos de 1962, fue “reabierto” por el mismo Santo Padre durante su viaje apostólico a Francia. En primer lugar, con las palabras que pronunció en la conferencia de prensa durante el vuelo. Y con renovada fuerza en su encuentro con el episcopado francés cuando afirmó: “Tengo en cuenta las dificultades que encontráis, pero no me cabe la menor duda de que podéis llegar, en un tiempo razonable, a soluciones satisfactorias para todos, para que la túnica inconsútil de Cristo no se desgarre todavía más. Nadie está de más en la Iglesia. Todos, sin excepción, han de poder sentirse en ella “como en su casa”, y nunca rechazados… Por tanto, esforcémonos por ser siempre servidores de la unidad”.
Esta importante iniciativa comenzó con una inesperada presencia: la del Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, de quien publicamos recientemente una interesante entrevista realizada por Bruno Volpe. En sus palabras iniciales, el purpurado confirmó que la instrucción que la Comisión preparó para la correcta aplicación del Motu Proprio había sido entregada al Santo Padre y que de él dependía la decisión final sobre su publicación.
La primera exposición estuvo a cargo de la segunda autoridad en Ecclesia Dei, Monseñor Camille Perl. A la espera de tener acceso al texto completo de su intervención, ofrecemos las palabras de las que se han hecho eco los medios italianos: “Un año es poco en la vida de la Iglesia. Por el momento, no hay balances buenos ni malos, y es necesario esperar”. “En Italia, la mayoría de los obispos, con pocas admirables excepciones, ha puesto obstáculos a la aplicación del Motu Proprio. Lo mismo hay que decir de muchos superiores generales que prohíben a sus sacerdotes celebrar la Misa según el Rito antiguo”. “En Alemania, la conferencia episcopal ha publicado una directiva muy burocrática que hace difícil su aplicación”. También habló acerca de la realidad de la escasez de sacerdotes que hace muy difícil la celebración de una nueva Misa en el Rito gregoriano. Del mismo modo, recordó que muchos sacerdotes formados en los últimos años no saben celebrar según la forma extraordinaria y que, en muchos casos, “fueron adoctrinados con una visión precisa: que la antigua liturgia estaba superada”.
La segunda intervención fue realizada por Monseñor Nicola Bux, consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, acerca de “la reforma paciente de Benedicto XVI”. En los micrófonos de Radio Vaticana, Bux afirmó que “la Liturgia es expresión de la comunión con los siglos pasados, con las generaciones de quienes nos han precedido, así como transmitimos esta misma comunión a aquellos que vendrán. Creo que este es, también, el fundamento del Motu Proprio”. “Todos hablamos de pluralismo, ésta es una de las palabras mágicas. Es cierto, nosotros no profesamos en el Credo la Iglesia pluralista sino la Iglesia una pero también católica, y esta palabra significa una inclusión global de las diversas formas de expresión de la fe. Sabemos que la fe no se expresa en un único modo. Todos hemos aprendido que existe Oriente y que expresa su fe en su manera particular. Entonces, ¿de qué nos asombramos?”. El teólogo agregó: “No creo que haya oposición entre las dos formas sino, como dice el Santo Padre, un enriquecimiento. Hay que probar para creer”. Por último, Bux afirmó: “El punto es entender que no hay verdadera innovación quitando la Tradición. Creo que esto lo comprendemos todos. Es necesario eliminar los miedos de que, por ejemplo, se niegue el Concilio Vaticano II, que está absolutamente fuera de discusión. Necesitamos la apertura tanto de quienes tienen esta preocupación como de quienes aman más la tradición, y no podrá sino convertirse en una gran ventaja saludable para los unos y los otros, y principalmente para la Iglesia”.
Por la tarde, fue el turno del Padre Joseph Kramer, de la Fraternidad de San Pedro, párroco de la parroquia personal de Roma para la Misa gregoriana. Su intervención fue acerca de los “elementos y perspectivas pastorales del Motu Proprio”. Para terminar el día, el Profesor Roberto de Mattei habló sobre el documento de Benedicto XVI como respuesta al proceso de secularización de la sociedad contemporánea. Durante su exposición, cuya traducción publicaremos en los próximos días, afirmó: “Esta liturgia gregoriana, expresada por el Rito romano antiguo, nos recuerda, a través de su silencio, sus genuflexiones y su reverencia, la infinita distancia que separa el cielo de la tierra; nos recuerda que nuestro horizonte no es el terreno sino el celeste; nos recuerda que nada es posible sin sacrificio y que el don de la vida natural y sobrenatural es un misterio. No se trata de poner en competición el Rito antiguo con la nueva Misa, promulgada y autorizada por los últimos Pontífices. Se trata de comprender cómo la restitución de la libertad al antiguo Rito pone una nueva barrera al secularismo que avanza”.
Cardenal Castrillón: "Respeto, caridad y abandonar el orgullo"
En el día en que ha comenzado en Roma el Congreso sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum (16 de septiembre), presentamos la traducción de la entrevista que Bruno Volpe realizó al Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Ampliaremos.Eminencia, ¿qué es la Santa Liturgia?
Respondo así: la Liturgia es la presencia viva de Dios, tal como han dicho también los Padres de la Iglesia, y la búsqueda de lo sagrado. Una Liturgia que no pone a Dios en el centro, no es católica. Quisiera precisar para ser claros que, en la Liturgia, el sacerdote nunca debe ser protagonista, ponerse en evidencia. Quisiera citar, por ejemplo, lo que ha sucedido en Lourdes durante el reciente viaje del Papa.
¿Qué ha ocurrido?
Un sacerdote ha considerado oportuno, según su gusto, cambiar las palabras del Ave María. ¿Se da cuenta? Se pretende cambiar una oración nacida de la fe y por manías de protagonismo.
Eminencia, ¿qué es lo que sufre hoy la Liturgia?
Creo que ha disminuido, al menos en parte, el sentido de lo sagrado. El sentido místico y el valor de la Cruz. No comprendo a ciertos celebrantes que se sienten grandes haciéndose señores y dueños de la Misa, que es el símbolo más grande del amor de Dios por el hombre.
¿Por qué algunas veces, en nombre de una extraña idea de creatividad litúrgica, ocurren tantos abusos?
Cuando el celebrante se enorgullece, inventando o creando cosas, hace desaparecer a Cristo de su mente y corazón. Lo cancela. Recuerde que Cristo está siempre en el primer lugar. A veces, en las Misas, falta el sentido de Dios, el Verbo Encarnado que, en la Liturgia de la Iglesia, encuentra su gloria. Una persona humilde y simple llega a la iglesia y se arrodilla. Hoy arrodillarse causa extrañeza, parece estar fuera de tiempo y de lugar.
¿Qué puede decir del Rito Romano antiguo?
Que es bello. Que el latín debe ser valorizado en las escuelas y los seminarios. Pero el centro sigue siendo la Cruz y Cristo. ¿Usted piensa que Mozart escribió ciertas bellezas mirando el mar? No. Tenía a Cristo y a un trozo de pan que la Sagrada Eucaristía en la cima de sus inspiraciones.
¿Qué piensa de la Comunión en la mano?
La Liturgia se basa también en la Tradición. Es necesario volver a valorar el silencio, la genuflexión, y comprender y hacer comprender también a los niños que no es bello tomar en la mano el Cuerpo de Cristo, especialmente después de tomar un juguete. Debemos respetarlo, reverenciarlo, con respeto, de rodillas, y sin tocarlo.
Hoy, a menudo, se pelea por la Liturgia…
Esto está mal. La Liturgia no debe convertirse nunca en objeto de discusiones. Es el colmo pelearnos precisamente por el supremo acto de amor. Todos deben ser respetuosos de las ideas de los otros. Por ejemplo, si el Papa está administrando la Comunión a los fieles de rodillas, aquellos que quieren que el sacramento se administre así, cantan victoria. Si ocurre lo contrario, exultan los otros. De este modo, no se va hacia adelante…
¿Qué se necesita?
Respeto, caridad y abandonar el orgullo. Con moderación, y lo digo a los mismos tradicionalistas. Son insaciables. Lo repito: insaciables. Y así nos hacen mal a nosotros y a sí mismos. Te inundan de cartas, escriben en internet. Están quienes quieren que la Basílica de Santa María la Mayor sea dedicada exclusivamente a la Misa antigua. Lo repito: moderación y mesura. Soberbia y orgullo son lo contrario del actor de Amor contenido en la Eucaristía.
viernes, 5 de septiembre de 2008
La resistencia pasiva de los obispos españoles al motu proprio SVMMORVM PONTIFICVM
Acercándose el primer aniversario de la entrada en vigor del motu proprio Summorum Pontificum y al hilo de una interesante entrada que hizo hace algunas semanas en su muy seguida bitácora nuestro querido amigo don Francisco José Fernández de la Cigoña a propósito de su prácticamente nula implementación en España, nos ha parecido oportuno ocuparnos hoy de la actitud de nuestros obispos frente a tan trascendental documento papal, la cual bien puede caracterizarse como de resistencia pasiva.
Sin llegar al extremo del hoy dimisionario obispo de Gerona Mons. Carles Soler Perdigó, que, asesorado por Mn Joan Baburés (su factótum en materia litúrgica), puso una barrera infranqueable en su diócesis a la liberalización –querida expresamente por Benedicto XVI– del uso de la liturgia precedente a la revolución postconciliar, hay que decir que la tónica general del episcopado español es de una suerte de resistencia pasiva. No se oponen frontalmente a la voluntad del Papa, pero tampoco hacen nada para que se cumpla. Quizás peor: disimuladamente le ponen cortapisas, refugiándose en subterfugios tales como: sutiles –y no tan sutiles– presiones sobre el clero favorable a la forma extraordinaria del rito romano, exigencias abusivas que el motu proprio no contempla y fiscalización de las concesiones mediante la imposición de condiciones de tiempo y lugar poco cómodas y hasta inverosímiles. Cierto es que todo esto no es privativo de España, pues en otros países ocurre algo semejante, pero aquí adquiere tintes dramáticos.
De toda la jerarquía española, sólo los cardenales Cañizares de Toledo, Rouco de Madrid y Amigo de Sevilla y, si acaso, el Sr. Arzobispo de Santiago, Mons. Barrio, puede decirse que se han mostrado receptivos a las demandas de sus fieles diocesanos. El blogger cita también al Cardenal Martínez Sistach de Barcelona en el número de los “acogedores”, pero en esto –y lamentamos tener que enmendarle la plana– se equivoca. Nuestro prelado barcinonense es cierto que acudió hace un año al Oasis de Jesús Sacerdote para recibir los votos perpetuos de algunas de las monjas de dicho monasterio sui iuris. Recordemos, sin embargo, que el Oasis nada le debe al hoy cardenal-arzobispo, habiendo sido declarado de derecho pontificio sin su concurso, por una decisión de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. La misa que regularmente se oficia allí no es, por tanto, ninguna muestra de un supuesto espíritu acogedor del purpurado.
Lo mismo dígase de las misas que se celebran en la Capilla de la Virgen de la Merced y de San Pedro Apóstol de la calle Laforja, que fue una concesión del cardenal Carles a través de su obispo auxiliar Mons. Carrera (de todos modos, se trata de un oratorio de propiedad privada, en el que los sacerdotes tienen ahora plena libertad de celebrar la misa siguiendo el Misal del beato Juan XXIII y los fieles que quieran espontáneamente unirse a esa celebración pueden ser admitidos). Otra misa, la de la parroquia de San Juan María Vianney (producto de la buena voluntad del párroco), está programada en horario poco cómodo para los fieles. No nos consta que hayan prosperado otras iniciativas en la archidiócesis.
Barcelona, no lo olvidemos, es aún –litúrgicamente hablando– un feudo de los bugninianos, con Mons. Pere Tena a la cabeza, secundado por el inefable diácono Urdeix, los cuales no han acabado de digerir el motu proprio Summorum Pontificum o, mejor dicho, se les debe haber atragantado. Sin embargo, más inteligentes que Mons. Soler y Mn Baburés, no han manifestado una oposición frontal a aquél, sino que sibilinamente lo pretenden neutralizar, restándole importancia, tergiversando sus alcances y, sobre todo, ganando tiempo (ya que piensan que si logran evitar una implementación oficial en la arquidiócesis, dentro de tres años podrán decir muy sueltos de huesos que aquí no ha pasado nada). Léase, si no, atentamente lo que escriben en el número 280 de la revista Phase, publicada por el Centro Pastoral de Liturgia de Barcelona (CPL). Pero esto es asunto de otro artículo que publicaremos próximamente. Mientras tanto, estamos a la expectativa de lo que se va a decir en el Congreso Internacional de Liturgia, que se celebra estos días en Barcelona coincidiendo con los 50 años del CPL. Intervendrá, por supuesto, la plana mayor de los bugninianos (infaltable), que contará con la presencia de nada menos que el arzobispo Piero Marini, responsable durante muchos años de la degradación de las ceremonias papales (a lo que su sucesor y colombroño, monseñor Guido, se está encargando de poner saludable remedio). Promete ser interesante… y revelador.
Tanto en Barcelona como en la gran mayoría de diócesis españolas los Sres. Obispos no se han enterado que el Papa no les ha dado a ellos el poder de decisión en cuanto a retomar el usus antiquior de la liturgia romana. Es asunto privativo:
- de cada sacerdote (sea de clero secular como regular) por lo que toca a las misas rezadas (llamadas hoy sine populo, aunque admiten la asistencia espontánea de fieles);
- de los párrocos y rectores de iglesias en lo que se refiere a las celebraciones públicas dentro de sus respectivos horarios, y, en fin,
- de las comunidades pertenecientes a sociedades de vida apostólica e institutos de vida consagrada que quieran acogerse puntual, frecuente o permanentemente a los libros litúrgicos antiguos.
Los Obispos sólo tienen funciones:
- de vigilancia de que todo se lleve a cabo de la mejor manera,
- de segunda instancia para los casos en los que los párrocos no puedan o no quieran resolver y
- de información a la Santa Sede al cabo de un trienio de vigencia del motu proprio.
Cualquier pretensión de salirse de esto va ultra vires de lo que el Papa ha establecido. Sin embargo, se presupone lo contrario y se actúa, de hecho, como si los Ordinarios tuvieran el poder de decisión.
Desgraciadamente, aun en los casos en los que los Obispos no se muestran claramente renuentes a dejar que se implemente el motu proprio, dejan ver con sus palabras y actos que si por ellos fuera, éste no se aplicaría. Tales son los casos del presidente y secretario de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española , Mons. Julián López Martín y el claretiano Josep María Canals, que no disimulan bien su antipatía a la disposición pontificia, con el agravante de ser los responsables máximos de la vida litúrgica de la Iglesia Española , como se deduce por sus antedichos cargos. No se puede, de otro lado, dejar de considerar que los Obispos tienen el poder efectivo de neutralizar la posible decisión de los párrocos, mediante el chantaje: en sus manos está, en efecto, cortar en seco una carrera prometedora, trasladar de su oficio al imprudente, quitarle la prebenda y mil maneras que tiene el poderoso para disuadir eficazmente a sus subordinados y quitarles de la cabeza las veleidades que no son de su agrado.
Los demás prelados de nuestra patria callan o hacen como si la cosa no fuera con ellos. En algunos, los más veteranos que están a punto de jubilarse (como el cardenal-arzobispo de Valencia), es quizás una actitud que obedece tal vez a la desidia propia de la edad o al interés de no comprometerse al final de su cursus honorum: dejan la patata caliente a su sucesor. Por otra parte, en no pocos de esos ancianos mitrados, de la generación católico-existencialista montiniana, se tratará de una personal aversión a la liturgia tradicional: están todavía muy marcados por los años salvajes del postconcilio. Los obispos de menos edad no son lo suficientemente jóvenes como para tener esa saludable falta de prejuicios que caracteriza a las modernas generaciones de clérigos (formados bajo Juan Pablo II y Benedicto XVI); están, por tanto hipotecados por la pesada herencia de los decanos. Pero tampoco hay que excluir el factor representado por la mediocridad, que afecta a no pocos de nuestros actuales pastores y que les impide “mojarse” porque ni entienden nada ni desean entender.
Así, pues, en España la resistencia pasiva de la mayor parte de los Obispos a Summorum Pontificum está provocando que una vez más estemos a la cola de Europa y de Occidente en cuanto a la cuestión -esencial– de la Liturgia. Mientras por todas partes florecen y se multiplican las celebraciones según los libros litúrgicos previos a la revolución postconciliar (véase, por ejemplo, la crónica diaria y documentada del excelente sitio de UNA VOCE MÁLAGA sobre la aplicación del motu proprio alrededor del mundo), mientras desde la mismísima Roma el Santo Padre da espléndidas catequesis visuales de lo que debe ser el culto tributado a Dios, aquí languidecemos en un páramo de espiritualidad y encima nuestros dirigentes religiosos se creen leibnizianamente que todo va bien en el mejor de los mundos posibles. ¡Que venga Dios y lo vea!
Reforma de la reforma ¿nuevos pasos?
Bruno Volpe, en Pontifex, presenta una interesante entrevista cuya traducción publicamos. Ha sido realizada al Padre Joseph Luzuy, sacerdote del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote y participante en el Congreso que se realizará en Roma sobre el Motu Proprio Summorum Pontificum. En ella, el Padre Luzuy confirma que están siendo estudiados algunos cambios que serían nuevos pasos en la reforma de la reforma.
ROMA- El rumor, si bien aún no confirmado, circula desde hace tiempo en los Sagrados Palacios. Estaría en estudio una revisión de la Liturgia actual y la reforma incluiría estos tres cambios: Canon recitado en latín, signo de la paz antes del ofertorio, Comunión de rodillas o, al menos, no más en las manos.
Como manda la prudencia, en las congregaciones nada se dice, pero nos llega una confirmación, aunque indirecta. “No conozco los tiempos de estas modificaciones pero también a mí me consta que el tema se está estudiando”, admite sin decir demasiado el Padre Joseph Luzuy, sacerdote francés del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote. El Padre Luzuy dará una conferencia sobre el tema “Aprender a celebrar con el Misal de San Pío V” en el Congreso que se realizará en Roma desde el 16 de septiembre.
- Padre Luzuy, ¿cómo se celebra con el Misal de San Pío V?
- Partimos de la idea de que Dios es el centro del misterio. La Misa de San Pío V, aunque sería mejor llamarla gregoriana, se celebra con una actitud de adoración, acentuando que la Eucaristía es un don de Dios, misterio y trascendencia.
- A menudo, pero con argumentaciones poco convincentes, se critica el Rito antiguo sosteniendo que se comprende poco…
- No comparto esta afirmación. En primer lugar, el latín es siempre el lenguaje universal de la Iglesia. Cristo, muriendo sobre la Cruz, no fue entendido. Expiró en el misterio y no tuvo necesidad de traductores o divulgadores para explicar ese misterio. Entonces, si Cristo muerto en la Cruz es el misterio por excelencia, ¿por qué razón la Misa debería ser inteligible racionalmente y en su conjunto?
- ¿Qué debe hacer la Misa en nosotros?
- Llevarnos al Cielo, a Dios. La Misa es cantar con los ángeles la gloria de Dios.
- El celebrante hacia Oriente: en ninguna parte está escrito…
- Ciertamente. Pero se trata de una tradición que se remonta a los tiempos de Constantino. Desde que los cristianos dejaron la clandestinidad, todas las basílicas han sido creadas y erigidas hacia oriente. El oriente representa el Sol que surge, es decir, Dios. Es por esta razón que celebrar dirigido hacia oriente me parece litúrgicamente más correcto e incluso coherente. La posición que mejor respeta la Tradición es ad Orientem.
- ¿Le gusta la palabra “asamblea”?
- Basta con esta idea de “asamblea”... Además, quisiera recordar que la voluntad de traducir la Misa en vernáculo también la tuvo Lutero, protestante. Creo que se está dando, sobre todo después del Vaticano II pero no por culpa de él, un proceso de protestantización de la cultura religiosa, de la liturgia y de los mismos estudiosos. En cuanto al ecumenismo, no protesto… pero es preciso ser cautos. El diálogo está bien pero es necesario no desvalorizar nunca la propia identidad haciendo concesiones a los hermanos separados. Esperamos vivamente su conversión y rezamos por ellos. Pero creo que existe una sola verdadera Iglesia y es la Iglesia Católica, en comunión con el Papa y los Obispos.
- ¿Qué se puede hacer, entonces, para detener esta peligrosa ola de modernismo que, con todo tipo de abusos, atenta contra la sacralidad de la Misa?
- Hacer respetar las reglas. Los abusos litúrgicos han existido siempre pero después del Vaticano II han crecido en gran medida por la voluntad de racionalizar la Misa que, lo repito una vez más, no tiene necesidad de ser comprendida en su totalidad.
- Circulan voces acerca de que estaría en estudio una reforma de la Liturgia, con el signo de la paz antes del ofertorio, la Comunión de rodillas, el Canon en latín. ¿Puede confirmarlo?
- No sé cuándo sucederá. Pero también yo he escuchado las mismas voces y lo deseo. Puedo confirmarle que está analizándose pero no sé nada acerca de su aplicación concreta ni de los tiempos. Pero el proyecto existe.
Sólo podemos rezar para que sea llevado a buen término, y agradecer la tenacidad y la sensibilidad de un gran Papa como Benedicto XVI. Con él renacerá la verdadera, grande y decorosa Liturgia de siempre. Introibo ad altare Dei…
viernes, 15 de agosto de 2008
Let us pray in Latin: priests take on Catholics’ magic circle
For a moment it looks as if a fire has broken out in the chapel. A cloud of smoke is billowing from the back and rolling down the aisle – and it is fiercely pungent. This is grade A incense, pure enough to guarantee an instantaneous spiritual high.
A young man walks through the door swinging a thurible on a gold chain. He passes it to a priest, deacon and subdeacon – all in gold vestments – who take turns wafting it at each other. Finally, the subdeacon turns round and, bowing low, shoots plumes of smoke diagonally across the choir stalls with the accuracy of a mid-fielder taking a difficult corner.
We are witnessing an unusual sight: a Roman Catholic solemn mass, celebrated according to an ancient Latin rite effectively outlawed 40 years ago. And it’s taking place in the 13th-century chapel of Merton college, Oxford, which has been Anglican for 400 years.
Just for a week, however, it has gone back to being Catholic – but this is not Catholicism as most people know it. I’m at the summer school of the Latin Mass Society which – to the delight of the conservative Pope Benedict XVI and the dismay of trendy British bishops – is teaching priests how to say the Tridentine mass.
The last time Merton chapel regularly witnessed this sort of complex liturgy was in the 1540s, before the Protestant reformers pulled out much of the stained glass and toppled the statues of saints. The organi-sers of the summer school are reformers, too, but their aim is precisely the opposite: to restore Latin services and rich furnishings to their own Catholic parish churches, many of which were stripped bare by modernisers after the Second Vatican Council in the 1960s.
What makes this summer school rather controversial is that most of the bishops of England and Wales disapprove of the return of the Latin mass, regarding its sonorous Latin prayers and intricate gestures as a relic of the Middle Ages. Until recently, the Tridentine mass could be celebrated only with a bishop’s permission, usually granted grudgingly for special occasions. Then, in July last year, Pope Benedict XVI swept away the right of bishops to ban the old services. Most of them were horrified.
So these are tense times. But the 60 priests who have gathered at Merton college – to brush up their skills or to learn the Tridentine mass from scratch – are careful to avoid talk of civil war in the church. All are aware that this autumn, Pope Benedict is expected to announce a successor to Cardinal Cormac Murphy-O’Connor, the Archbishop of Westminster, who presides over a liberal “magic circle” of bishops unsympathetic to the Pope’s reforms. Will Benedict break the circle that has run the English church for 40 years?
Whoever gets the job, however, nobody expects a sudden return to the Tridentine mass in parishes all over the country. The seminaries do not teach priests how to say it and teaching yourself is difficult. A glance at the manual explains why: “Bring the thumb of each hand over the upper front edge of the paten [communion plate], tilting it to let the host slide off onto the crease of the front-centre fold of the corporal [linen cloth]. Place your left hand on the altar and with your right hand set the paten halfway under the right edge of the corporal.” And all the while saying: “. . . pro innumerabilibus peccatis, et offensionibus, et negligentiis meis, et pro omnibus circumstantibus . . .”
Interestingly, the most traditionalist priests here are also the youngest – and I spot four in the choir stalls who are popular bloggers on the internet. Walking down the high street later, I encounter two clergy wearing the old-fashioned soup-plate hats beloved of Italian village padres. One of them has long knotted tassels dangling from the brim, “so I can tie them round my neck when I ride my horse through the parish”.
A priest who looks barely out of his teens explains what he does when unsolicited copies of The Tablet – a liberal Catholic magazine that opposes the Latin revival – arrive at his church: “I painstakingly remove the staples and feed it into the shredder. It’s time-consuming, but God’s work.”
Most of the other priests at the summer school are less extreme: they have come because they are curious about the Latin mass and they can scent change in the air. “We’re not trying to turn them into traditionalists,” says Father Andrew Wadsworth, an authority on the old rite who is conducting classes. “We want to show priests how the underlying principles of the traditional liturgy can deepen their understanding of their priesthood.”
Father John Boyle, a parish priest in Ashford, Kent, recently taught himself to say the Tridentine mass by watching a DVD. “It’s made a profound difference to the way I celebrate the new mass in English,” he says. “There’s greater reverence now. I’m more of a celebrant and less of a compere.”
I sense a huge contrast with the atmosphere at the first Merton summer school in August 2007. Then, I was allowed to poke my head round the door of a training session. Now, Wadsworth lets me watch him take a priest right through the opening sequence of a Latin mass in a student’s room, using a reversed bookcase as an altar.
The priest, Canon Michael McCreadie, is in his fifties – yet today is the first time in his life that he has acted out the ancient gestures. He removes an invisible biretta (it’s a pretend mass). “Now, father, keep your hands joined,” Wadsworth reminds him. “Go to the centre of the altar, not touching it . . . left hand flat on the page. No, you should be over here,” and he gently turns his pupil towards the window.
After half an hour, we are still only five minutes into the order of service, but McCreadie is elated: “I wasn’t looking forward to saying the old mass, but after today I most certainly am.”
It’s only now I discover that he is dean of Leeds Cathedral. A year ago there were no senior main-stream clerics at the summer school. Later in the day, even more significantly, the Rev Malcolm McMahon, the Bishop of Nottingham, celebrates old rite pontifical vespers wearing a jewelled mitre and an embroidered cope that even Cardinal Wolsey might have considered over the top.
McMahon, a Dominican, is left-wing in his politics and certainly not part of a traditionalist faction – but nor does he belong to the politically correct, back-slapping magic circle. At dinner later, he effectively breaks ranks with his fellow bishops by unambiguously endorsing Pope Benedict’s vision of a church in which the old and new rites coexist. The traditionalists give him a standing ovation and a verse of God Bless our Pope.
He also tells Father Tim Finigan, author of the Hermeneutic of Continuity, the most influential of all the conservative blogs, to keep writing. Which is interesting, given that the Bishops’ Conference would dearly like to stop that particular blog.
Afterwards, Finigan writes: “Bishop McMahon has certainly won the hearts of the priests . . . All of a sudden, there is someone that many priests loyal to Pope Benedict will be watching closely . . . ecce sacerdos magnus!”
That’s Latin for “behold the great priest”. Those words will be read carefully in the Vatican, where Pope Benedict has been informed that the magic circle is desperate to install one of its own as the next cardinal. He isn’t pleased. Watch this space.
Damian Thompson is editor-in-chief of the Catholic Herald
martes, 5 de agosto de 2008
Los obispos españoles ante el modo extraordinario de la misa.
La acogida de nuestro episcopado al Motu proprio de Benedicto XVI se puede resumir en una palabra: nula.No es que no se haya detectado el menor entusiasmo por parte de nuestros obispos, más bien desprecio absoluto cuando no incluso oposición.
Excepto el cardenal de Toledo que se ha mostrado abierto y acogedor según las noticias que me han llegado, los demás obispos o no existen o apenas han dado muestras de su existencia.
Cierto que también es sumamente descriptible el interés de los fieles por el rito antiguo. Inexistente en muchos lugares y ultraminoritario en otros. Pero entiendo que nuestros obispos, que se dicen tan del Papa, deberían animar el rescoldo donde exista en lugar de hacer todo lo posible por apagarlo.
Una Voce Málaga nos está dando espléndida información de la buena acogida de la decisión del Papa en numerosos lugares del mundo con participación de bastantes obispos. Lo de España resulta penoso.
Creo que sólo un obispo español ha celebrado, por lo menos en una ocasión, según el modo extraordinario. Aunque fuera de España: el cardenal Cañizares. Los demás, al menos que yo sepa, ninguno. E incluso el presidente de la Comisión de Liturgia, el obispo de León, se expresó en contra. Aunque luego tuviera que desdecirse.
Parece que los cardenales de Madrid, Sevilla y Barcelona, este último en esto fue Sistach, han acogido, por supuesto que sin echar cohetes, los deseos de algunos fieles y el ofrecimiento de algún sacerdote. Creo que en Madrid con aceptable asistencia de fieles que solicitan, hasta el momento sin resultado, otra iglesia más donde se pueda celebrar el rito extraordinario.
El arzobispo de Santiago también consiente que de cuando en cuando, no sé si todos los domingos, se celebre así la misa en una parroquia perdida de Galicia. Creo que con muy escasa concurrencia. Y seguro que los lectores nos darán cuenta de algún caso más. Me parece recordar que en Málaga y Murcia se han celebrado alguna vez aunque no sé si con continuidad.
El obispo de Santander parece que negó la autorización a unos fieles que la solicitaban. Y el arzobispo de Oviedo no contesta a una petición análoga.
Todo ello en lo que parece abierta oposición al texto pontificio que no requiere ninguna autorización episcopal. Si bien ello es un error del Motu pues, dada la estructura eclesial, no cabe una actitud sacerdotal enfrentada al obispo. Que puede mandar al cura, al día siguiente, al pueblo más perdido de la sierra.
Yo no soy ningún apasionado de la forma extraordinaria. La mejor prueba de ello es que no acudo a esa misa. Pero creo que es una riqueza de la Iglesia que no se debería obstaculizar sino más bien animar. Con conciencia de que no va a ser el modo generalizado de celebrar la misa. Y eso es lo que no veo en nuestros obispos. Que parecen empeñados en que la planta que sembró el Papa no crezca. Al menos esa impresión dan.
Posiblemente después de este artículo, con los comentarios que se aporten, todos lleguemos a conocer mejor la situación española. De vosotros dependerá.
sábado, 28 de junio de 2008
El Papa no viste Prada sino Cristo
Lo escribe "L'Osservatore Romano", y explica por qué. El maestro de las ceremonias papales Guido Marini replica las objeciones contra las últimas decisiones de Benedicto XVI en materia de liturgia, desde el motu proprio hasta la cruz al centro del altar
por Sandro Magister

Pero hay más en el mismo número de "L'Osservatore". Hay también una entrevista al maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, monseñor Guido Marini, el cual – a propósito de una nueva configuración del palio usado por el Papa – responde a las reiteradas objeciones contra algunas recientes decisiones de Benedicto XVI en materia litúrgica:
– el motu proprio "Summorum Pontificum" que ha liberalizado el rito antiguo de la misa;
– la cruz colocada al centro del altar en las celebraciones papales;
– la misa celebrada en la Capilla Sixtina, sobre el antiguo altar vuelto hacia el fresco del Juicio (ver foto);
– el retorno al uso del báculo pastoral en forma de cruz;
– la comunión dada en la boca a los fieles de rodillas.
Sobre el motu proprio "Summorum Pontificum", Marini dice que no sabe si Benedicto XVI celebrará él mismo en público una misa según el rito antiguo. Y continúa:
«En cuanto al motu proprio citado, considerándolo con serena atención y sin visiones ideológicas, junto a la carta dirigida por el Papa a los obispos de todo el mundo para presentarlo, resalta una precisa doble intención. Ante todo, el de agilizar el logro de “una reconciliación en el seno de la Iglesia”; y en este sentido, como ha sido dicho, el motu proprio es un bellísimo acto de amor hacia la unidad de la Iglesia. En segundo lugar – y esto es un dato que no debe olvidarse – su objetivo es del de favorecer un recíproco enriquecimiento entre las dos formas del rito romano: de tal modo que, por ejemplo, en la celebración según el misal de Pablo VI (que es la forma ordinaria del rito romano) “podrá manifestarse de modo más fuerte de cuanto no lo es frecuentemente hasta ahora, la sacralidad que atrae a muchos a la usanza antigua” ».
Sobre la cruz puesta al centro del altar Marini dice:
«Ella indica la centralidad del Crucificado en la celebración eucarística y la orientación exacta que toda la asamblea está llamada a tener durante la liturgia eucarística: no se ve el objeto, sino a Aquel que ha nacido, muerto y resucitado por nosotros, el Salvador. Del Señor viene la salvación, Él es el Oriente, el Sol que nace al que todos debemos dirigir la mirada, del que todos debemos acoger el don de la gracia. La cuestión de la orientación litúrgica en la celebración eucarística, y el modo también práctico en que esta toma forma, tiene gran importancia, porque con ello es introducido un fundamental dato que es a la vez teológico y antropológico, eclesiológico e inherente a la espiritualidad personal».
Sobre la celebración en el antiguo altar dirigido hacia el Juicio, en la Capilla Sixtina, Marini explica:
«En las circunstancias en las que la celebración ocurre según esta modalidad, no se trata tanto de dirigir la espalda a los fieles, sino más bien de orientarse junto a los fieles hacia el Señor. Desde este punto de vista “no se cierra la puerta a la asamblea”, sino “se abre la puerta a la asamblea” conduciéndola al Señor. Se pueden verificar particulares circunstancias en las cuales, por motivo de las condiciones artísticas del lugar sagrado y de la singular belleza y armonía, sea recomendable celebrar en el altar antiguo, donde por lo demás se conserva la exacta orientación de la celebración litúrgica. No se nos debería sorprender: basta con ir a la basílica de San Pedro en la mañana y ver cuantos sacerdotes celebran según el rito ordinario que emanado de la reforma litúrgica, pero sobre altares tradicionales y por lo mismo orientados como el de la Capilla Sixtina ».
Sobre el uso del báculo pastoral en forma de cruz, Marini dice:
«El báculo pastoral dorado en forma de cruz griega — que perteneció al beato Pío IX y usado por vez primera por Benedicto XVI en la celebración del Domingo de Ramos de este año — ahora es usado constantemente por el pontífice, que ha considerado sustituir el de plata con el crucifijo encima, introducido por Pablo VI y utilizado también por Juan Pablo I, Juan Pablo II y por él mismo. Tal decisión no significa simplemente un retorno a lo antiguo, sino que testimonia un desarrollo en la continuidad, un enraizarse en la tradición que permite proceder ordenadamente en el camino de la historia. Este báculo pastoral, denominado “férula”, responde efectivamente en modo más fiel a la forma del báculo papal típico de la tradición romana, que siempre ha sido en forma de cruz y sin crucifijo, por lo menos desde cuando el báculo comenzó a usarse por los romanos pontífices ».
En relación a la comunión dada por el Papa en la boca a los fieles arrodillados – en la reciente visita a Santa Maria de Leuca y Brindisi – Marini afirma que se hará "práctica habitual en las celebraciones papales". Y continúa:
«Al respecto es necesario no olvidar que la distribución de la comunión en la mano sigue siendo aún hoy, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal, concedido por la Santa Sede a aquellas conferencias episcopales que lo hayan solicitado. La modalidad adoptada por Benedicto XVI tiende a subrayar la vigencia de la norma válida para toda la Iglesia. Adicionalmente se podría quizá ver también una preferencia por el uso de tal modalidad de distribución que, sin quitar nada a la otra, evidencia mejor la verdad de la presencia real en la Eucaristía, ayuda a la devoción de los fieles, introduce con más facilidad al sentido de misterio. Aspectos que, en nuestro tiempo, pastoralmente hablando, es urgente subrayar y recuperar».
En resumen, a quien acusa a Benedicto XVI de querer “imponer así modelos preconciliares” Marini replica:
«En lo que respecta a términos como “preconciliar” y “postconciliar” utilizados por algunos, me parece que pertenecen a un lenguaje ya superado y, si son usado con la intención de indicar una discontinuidad en el camino de la Iglesia, considero que están equivocados y típicos de visiones ideológicas muy reductivas. Hay “cosas antiguas y cosas nuevas” que pertenecen al tesoro de la Iglesia de siempre y que como tales se deben considerar. El sabio sabe encontrar unas y otras en su tesoro, sin valerse de otros criterios que no sean los evangélicos y eclesiales. No todo lo que es nuevo es verdad, como por otra parte tampoco lo es todo lo que es antiguo. La verdad atraviesa lo antiguo y lo nuevo y es a ella a la que debemos tender sin preconcepciones. La Iglesia vive según la ley de la continuidad en virtud de la cual sabe de un desarrollo radicado en la tradición. Lo que más importa es que todo concurra para que la celebración litúrgica sea de verdad la celebración del misterio sagrado, del Señor crucificado y resucitado que se hace presente en su Iglesia actualizando nuevamente el misterio de la salvación y llamándonos, en la lógica de una auténtica y activa participación, a compartir hasta las extremas consecuencias su misma vida, que es vida de donación de amor al Padre y a los hermanos, vida de santidad».
Está fuera de dudas que las posturas expresadas por el actual maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias reflejan fielmente el pensamiento de Benedicto XVI. Para darse cuenta de ello basta volver a leer, por ejemplo, un libro publicado por Joseph Ratzinger en el 2001: “Introducción al espíritu de la liturgia”
En aquel libro Ratzinger escribía que la solución a tantos actuales “absurdos” litúrgicos no está en cambiar nuevamente todo, porque “nada es más dañino para la liturgia que poner continuamente todo de cabeza”
Pero a propósito de la orientación de la liturgia y de la cruz al centro del altar mostraba tener ideas muy claras:
«Antiguamente la dirección hacia oriente se encontraba en estrecha relación con el “signo del Hijo del hombre, con la cruz, que anuncia el regreso del Señor. El oriente fue por tanto puesto muy pronto en relación con el signo de la cruz. Donde no es posible dirigirse todos juntos hacia oriente en manera evidente, la cruz puede servir como el oriente interior de la fe. Ella debería encontrarse al centro del altar y ser el punto al que dirigen la mirada tanto el sacerdote como la comunidad orante. En tal modo seguimos la antigua exhortación pronunciada al inicio de la Eucaristía. “Conversi ad Dominum”, volveros al Señor. Miramos juntos a Aquel cuya muerte ha roto el velo del templo, a Aquel que esta ante el Padre a favor nuestro y nos estrecha entre sus brazos, a Aquel que hace de nosotros templos vivos. Entre los fenómenos verdaderamente absurdos de nuestro tiempo yo cuento el hecho de que la cruz sea colocada a un lado del altar para dejar que los fieles puedan mirar libremente al sacerdote. ¿Pero la cruz, durante la Eucaristía, representa una molestia? ¿El sacerdote es más importante que el Señor? Este error debería ser corregido lo antes posible, y esto puede ocurrir sin nuevas intervenciones arquitectónicas. El Señor es el punto de referencia. Es Él el sol naciente de la historia. Puede tratarse tanto de la cruz de la pasión, que representa a Jesús sufriente que deja atravesar su costado por nosotros, del que brotan sangre y agua – la Eucaristía y el Bautismo – como también de una cruz triunfal, que expresa la idea del retorno de Jesús y llama la atención sobre ello. Porque es Él, de todos modos, el único Señor: Cristo ayer, hoy y eternamente».
Desde entonces Ratzinger no ha modificado ni una letra de estos juicios suyos. Ni los calla.
En efecto, el pasado 22 de marzo, en la misa de la vigilia de Pascua en la basílica de San Pedro, Benedicto XVI concluyó su homilía volviendo a proponer precisamente la exhortación "Conversi ad Dominum". Así:
«En la Iglesia antigua existía la costumbre de que el obispo o el sacerdote después de la homilía exhortara a los creyentes exclamando: "Conversi ad Dominum" – volveos ahora hacia el Señor. Eso significaba ante todo que ellos se volvían hacia el Este – en la dirección del sol naciente como señal del retorno de Cristo, a cuyo encuentro vamos en la celebración de la Eucaristía. Donde, por alguna razón, eso no era posible, dirigían su mirada a la imagen de Cristo en el ábside o a la Cruz, para orientarse interiormente hacia el Señor. Porque, en definitiva, se trataba de este hecho interior: de la "conversio", de dirigir nuestra alma hacia Jesucristo y, de ese modo, hacia el Dios viviente, hacia la luz verdadera. A esto se unía también otra exclamación que aún hoy, antes del Canon, se dirige a la comunidad creyente: "Sursum corda" – levantemos el corazón, fuera de la maraña de todas nuestras preocupaciones, de nuestros deseos, de nuestras angustias, de nuestra distracción – levantad vuestros corazones, vuestra interioridad. Con ambas exclamaciones se nos exhorta de alguna manera a renovar nuestro Bautismo: "Conversi ad Dominum" – siempre debemos apartarnos de los caminos equivocados, en los que tan a menudo nos movemos con nuestro pensamiento y obras. Siempre tenemos que dirigirnos a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Siempre hemos de ser "convertidos", dirigir toda la vida a Dios. Y siempre tenemos que dejar que nuestro corazón sea sustraído de la fuerza de gravedad, que lo atrae hacia abajo, y levantarlo interiormente hacia lo alto: en la verdad y el amor. En esta hora damos gracias al Señor, porque en virtud de la fuerza de su palabra y de los santos Sacramentos nos indica el itinerario justo y atrae hacia lo alto nuestro corazón»
viernes, 27 de junio de 2008
IBP en Chile y ¿la desobediencia del obediente Cardenal?
Pues bien, lo que sigue sería un resumen de la “carta de despedida” del cardenal publicado en el sitio Ecclesia Dei Adflicta:
Hasta allí el texto que hemos recogido desde Ecclesia Dei Adflicta, al parecer el obediente Cardenal no lo sería tanto y abiertamente se opondría a la voluntad del Santo Padre, uno mas entre muchos."El Instituto del Buen Pastor, creado en Septiembre del 2006 por decreto de S.S. Benedicto XVI para regularizar a diferentes sacerdotes que en alguna ocasión pertenecieron a la FSSPX, sigue enfrentando incomprensiones y oposición incluso de algunos Príncipes de la Iglesia.
Con fecha del 22 de Febrero del 2008, el Arzobispado de Santiago de Chile en una carta de 5 hojas, notifica lo siguiente al IBP entre otras cosas:
1.- Su Eminencia informa no haber llegado a "la seguridad moral" que necesita para dar el consentimiento para que el IBP se establezca en la diócesis.
2..- A su Eminencia le parece altamente inconveniente que en su diócesis se de lugar a una discusión sobre el Concilio Vaticano II, misma que se desprende del compromiso que cada sacerdote del IBP adquiere al incardinarse en el instituto.3.- Su Eminencia no está de acuerdo en que se declare que se necesita una interpretación auténtica del CVII, ya que se pueden ver los buenos frutos del concilio y por ende estas declaraciones no contribuirían al bien de esa Iglesia particular.
4.- Para su eminencia, el compromiso de los sacerdotes del IBP de celebrar con exclusividad el Rito Gregoriano, se opone a la tradición arquidiocesana. Se plantea que el caso de que un fiel o una comunidad pida la administración de un sacramento o la celebración de la eucaristía en la lengua vernácula y los padres del IBP se negaran a hacerlo, representaría un hecho injustificable. [Como nota, nosotros nos preguntamos si lo mismo considera cuando una comunidad o fieles pedían el rito gregoriano. de hecho en su arquidiócesis hay una comunidad que está pidiendo el rito gregoriano diario y la administración de los sacramentos, una comunidad que pide ser atendida por el IBP. En los casos extremos, podría ser ocasión de escándalo.]
En resumen, su Eminencia no ve la necesidad de contar con un Instituto con las características para las cuales fue fundado el Instituto del Buen Pastor. Por otra parte, no ha logrado descubrir que este celo, a su parecer excesivo, que anima al Instituto en algunas de sus convicciones y de sus formas, sea un bien para su Iglesia particular. Por el contrario, está convencido que será causa de problemas innecesarios y dañinos.
La citada carta termina con las bendiciones del Cardenal Errázuriz."
martes, 24 de junio de 2008
Alocución del Cardenal Darío Castrillón Hoyos a la "Latin Mass Society of England and Wales".
Sábado 14 de junio de 2008Darío Cardinal Castrillón Hoyos
Londres – 14 de junio 2008
Sr. Presidente, Reverendos Monseñores y Padres, Damas y Caballeros:
Agradezco vuestra amable invitación y su cálida bienvenida. Es un placer estar presente con vosotros hoy en Londres y dirigirme a la reunión anual de la Sociedad de la Misa Latina de Inglaterra y Gales
Miro con expectativa la alegría de celebrar para vosotros esta tarde el Santo Sacrificio de la Misa en la grande, histórica y bella catedral deWestminster.
Hoy quisiera hablaros de tres temas relacionados
1. Lo primero que quiero decir es que aprecio la obra que la Sociedad para la Misa Latina de Inglaterra y Gales ha realizado durante las pasadas cuatro décadas. Vosotros habéis trabajado en conjunto y bajo la dirección de sus Obispos, a veces sin conseguir los resultados que deseaban. Y sin embargo, en todo lo que hicisteis os mantuvisteis fieles a la Santa Sede y al sucesor de San Pedro. Y habéís sido leales durante tiempos muy difíciles para la Iglesia; una época que ha sido especialmente difícil para los que aman y aprecian las riquezas de su antigua liturgia.
Evidentemente, durante estos años no han faltado muchos sufrimientos, pero nuestro Bendito Señor os conoce, y en su Divina Porvidencia, os brindará muchos bienes por vuestros sacrificios y los sacrificios de aquellos miembros de la Sociedad para la Misa Latina que no viven para estar presentes aquí hoy.
A todos ellos, en nombre de la Iglesia, les digo: “¡Gracias por permanecer fieles a la Iglesia y al Vicario de Cristo; gracias por no permitir que vuestro amor por la liturgia clásica Romana los aparte de la comunión con el Vicario de Cristo!"
También les digo, "tengan coraje!, porque es obvio, por los muchos jóvenes en Inglaterra y Gales que aman la antigua liturgia de la Iglesia, que ustedes han hecho muy bien en preservar y transmitir el amor a esta liturgia a vuestros hijos.
2. En segundo lugar, quisiera hablar acerca del Motu Propio "Summorum Pontificum" de nuestro amado Padre Santo, el Papa Benedicto XVI. Sé cuánta alegría os trajo la publicación de "Sumorum Pontificum" y por cierto a tantos fieles católicos alrededor del mundo. En respuesta a las oraciones y sufrimientos de tanta gente en estas pasadas cuatro décadas, el Dios todopoderoso nos ha enviado un Supremo Pontífice que es muy sensible a vuestras preocupaciones. El papa Benedicto XVI conoce y aprecia profundamente la importancia de los antiguos ritos litúrgicos de la Iglesia, tanto para la Iglesia de hoy como para la del mañana. Es por eso que ha producido un documento jurídico – un Motu Propio- que establece la libertad legal para los ritos antiguos a través de toda la Iglesia. Es importante entender que "Summorum Pontificum" establece una nueva realidad jurídica en la Iglesia.
Concede derechos a los fieles ordinarios y a los sacerdotes que deben ser respetados por aquellos que ejercen la autoridad. El Santo Padre es conciente que en diferentes lugares del mundo no han sido satisfechas muchos pedidos de sacerdotes y fieles laicos que deseaban celebrar de acuerdo a los ritos antiguos. Es por eso que él ahora ha establecido con fuerza de autoridad que celebrar de acuerdo a la más antigua forma de la liturgia – tanto el Santo Sacrificio de la Misa como los sacramentos y otros ritos litúrgicos- es un derecho jurídico acordado a todos y no simplemente un privilegio.
Ciertamente esto debe ser hecho en armonía con la ley eclesiástica y los superiores jerárquicos, pero los superiores deben también reconocer que esos derechos están ahora firmemente establecidos en la ley de la Iglesia por el mismo Vicario de Cristo. Es un tesoro que pertenece a toda la Iglesia Católica y que debe estar ampliamente al alcance de todos los fieles de Cristo. Esto quiere decir que los párrocos y obispos deben aceptar las peticiones y pedidos de los fieles que así lo hagan y que los sacerdotes y obispos deben hacer todo lo que esté a su alcance para proveer a los fieles este gran tesoro de la Tradición de la Iglesia.
En este período inmediatamente siguiente a la publicación del Motu Propio, nuestra tarea más inmediata es la de proveer a la celebración de la forma extraordinaria del Rito Romano donde sea más deseado por los fieles y donde sus “legítimas aspiraciones” todavía no han sido satisfechas. Por una parte, ningún sacerdote puede ser obligado a celebrar de acuerdo a la forma extraordinaria contra su voluntad. Por otra parte aquellos sacerdotes que no desean celebrar de acuerdo al Misal Romano de 1962, deben ser generosos en satisfacer los deseos de los fieles que así lo pidan.
Tan como yo lo veo, hay dos factores necesarios.
1.- En primer lugar es importante encontrar una iglesia ubicada céntricamente, adecuada al mayor número de los fieles que han solicitada esta misa. Obviamente, debe ser una iglesia donde el párroco se avenga a dar la bienvenida a estos fieles de su propia parroquia y las parroquias aledañas.
2. Es crucial que haya sacerdotes que deseen celebrar de acuerdo al Misal Romano de 1962, y puedan suministrar este importante servicio pastoral sobre la base de una Misa dominical semanal. A menudo pueden encontrarse uno o más sacerdotes en un decanato o sección de una Diócesis que se avengan e incluso estén deseosos de celebrar esta misa. Los obispos deben ser sensibles a estos servicios pastorales y deben facilitarlos. Ésta es una intención fundamental de "Summorum Pontificum". Es particularmente triste que existan lugares donde los sacerdotes tienen prohibido celebrar la firna extraordinaria de la Misa por medidas restrictivas legislativas que han sido tomadas en contra de las intenciones del Santo Padre, y por lo tanto, en contra de la ley universal de la Iglesia.
A este respecto, me siento satisfecho de felicitar a la Sociedad para la Misa Latina por su servicio de sesiones de entrenamiento para sacerdotes en el Merton College de Oxford el último verano, que permitió a muchos sacerdotes que no estaban familiarizados con el usus antiquior aprender a celebrarlo. Estoy muy complacido de darles mis bendiciones a esta iniciativa que se repetirá este verano.
Permítaseme decirlo claramente: el Santo Padre desea que el uso antiguo de la Misa se convierta en un hecho normal en la vida litúrgica de la Iglesia, de manera que todos los fieles de Cristo, -jóvenes y viejos- puedan familiarizarse con los ritos antiguos y aprender de su tangible belleza y trascendencia. El Santo Padre lo desea tanto por razones pastorales como teológicas. En su carta acompañando al Summorum Pontificum, el Papa Benedicto dijo que:
"En la historia de la Liturgia existe crecimiento y progreso, pero no ruptura. Lo que las anteriores generaciones consideraron sagrado, sigue siendo sagrado y grande para nosotros también, y no puede ser repentina y enteramente prohibido o aún considerado dañino. Nos corresponde a todos nosotros preservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y la oración de la Iglesia, y concederles su lugar adecuado".
3. Esto me lleva a mi tercer punto. Vosotros estáis justamente convencidos que el usus antiquior no es una pieza de museo sino una expresión viva de la adoración católica. Si es viva, debemos también esperar que se desarrolle. Nuestro Santo Padre participa de esta convicción. Como sabéis, él eligió motu propio –es decir por su propia iniciativa- alterar el texto de la plegraria pro Iudaeis para la liturgia del Viernes Santo. La intención de la plegaria no fue de ninguna manera debilitada, sino que se le dio una formulación que respetara otras sensibilidades.
Del mismo modo, como también lo sabéis, "Summorum Pontificum" también ha dispuesto que la Liturgia de la Palabra sea proclamada en la lengua vernácula sin ser primero leída por el celebrante en latín. La misa Pontifical de hoy, por supuesto, tendrá las lecturas solemnemente cantadas en latín, pero en celebraciones menos solemnes, la Liturgia de la Palabra podrá [énfasis nuestro, UVA] ser proclamada directamente en la lengua del pueblo. Esto es ya una concreta instancia de lo que nuestro Santo Padre escribió en su carta acompañando el Motu Propio "Summorum Pontificum":
"las dos formas del uso del Rito Romano pueden ser mutuamente enriquecedoras; nuevos santos, y algunos de los nuevos Prefacios pueden y deben ser insertados en el viejo Misal, La comisión “Ecclesia Dei”, en contacto con varios cuerpos dedicados al usus antiquior, estudiará las posibilidades prácticas al respecto”. Naturalmente nos agradaría recibir vuestras propuestas en esta materia tan importante. Yo simplemente os pido que no os opongáis en principio a la necesaria adaptación a que nos ha llamado nuestro Santo Padre.
Y esto me lleva a otro punto importante. Soy consciente de que la respuesta de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei” con respecto a la observancia de los días de precepto ha causado cierta inquietud en algunos círculos. Debe notarse que las fechas de esos días de precepto son las mismas en el Misal de 1962 y en el Misal de 1970. Cuando la Santa Sede le ha dado permiso a la conferencia episcopal de un determinado país para mover ciertos días de precepto al siguiente Domingo, esto deberá ser observado por todos los católicos de ese país. Por ejemplo, nada impide la celebración de la Fiesta de la Ascensión en el viernes anterior; pero debe quedar claro que ésta no es una misa de precepto, y que la Misa de la Ascensión deberá también ser celebrada en el siguiente Domingo. Este es un sacrificio que os pido que hagáis con alegría, como signo de vuestra unión con la Iglesia Católica en vuestro país.
Finalmente, os pido oraciones para aquellos de nosotros llamados a asistir al Santo Padre en Roma en esta delicada tarea de facilitar la antigua tradición litúrgica de la Iglesia. Os rogamos que seáis pacientes con nosotros; somos muy pocos y hay mucho trabajo que hacer. ¡Y hay tantos problemas que estudiar, que a veces cometemos errores!.
Quiera la Bendita Virgen María, Madre de Dios, interceder por todos los de esta tierra que es tan bellamente llamada “el legado de Nuestra Señora”, y a través de sus oraciones, puedan todos los fieles de Cristo aprender aún más profundamente de las grandes riquezas de la Sagrada Liturgia de la Iglesia en todas sus formas.
Darío Cardenal Castrillón Hoyos.
viernes, 16 de mayo de 2008
Debería ofrecerse una Misa dominical por el Rito Extraordinario en cada Parroquia
IMPORTANTES DECLARACIONES DEL CARDENAL CASTRILLÓN HOYOS:
DEBERÍA OFRECERSE UNA MISA DOMINICAL POR EL RITO EXTRAORDINARIO EN CADA PARROQUIA
Dario Castrillon Hoyos Tradición sin contestación
Por Vittoria Prisciandaro, en “Iesus”, revista mensual oficial para disidentes infraeclesiales
Mayo de 2008
El cardenal que preside la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei” explica por qué el Motu proprio de Benedicto XVI es una gran riqueza espiritual para toda la Iglesia. Y el modo en que vendrán resueltos los problemas que han surgido hasta hoy.Su Eminencia muestra satisfacción. El teléfono de su oficina, en la planta baja del palacio del Ex – Santo Oficio, vive una nueva vida. Sobre las escribanías se acumula correspondencia de todo el mundo. Después de la promulgación del Motu proprio, la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, se ha convertido de hecho en una parte importante del organigrama vaticano. “Ahora tengo el doble de trabajo que tenía en la Congregación del Clero”, confiesa el cardenal Darío Castrillón Hoyos, colombiano, 79 años, caluroso defensor del retorno a casa de los lefebvianos, y desde el año 2000 presidente de la Comisión. Nacida para gestionar las relaciones con la Fraternidad San Pío X y los grupos que gravitan en la galaxia tradicionalista, hoy “Ecclesia Dei” se ha convertido en un interlocutor inevitable de diócesis y parroquias para las controversias relativas a la aplicación del rito extraordinario.
- Eminencia, a pocos meses de la promulgación del Motu proprio, ¿qué balance puede hacerse?
«Con el Motu proprio el Papa ha querido dar a todos una renovada oportunidad de disfrutar de la enorme riqueza espiritual, religiosa y cultural presente en la liturgia del rito gregoriano. El Motu proprio nace como un tesoro ofrecido a todos, y no como respuesta a las protestas y peticiones de algunos. No pocos de aquéllos que antes no estaban integrados en esta forma extraordinaria del rito romano manifiestan ahora una gran estima hacia él. Entre los fieles distinguiría tres grupos: los que están vinculados en forma casi orgánica a la Fraternidad San Pío X, los de la Fraternidad de San Pedro, y, finalmente, el grupo más importante y numeroso, formado por personas aficionadas a la cultura religiosa de todos los tiempos, que hoy descubren la intensidad espiritual del rito antiguo, y entre éstos, numerosos jóvenes. En estos meses han nacido nuevas asociaciones de personas pertenecientes a este último grupo”.
- A propósito de riqueza, algunos liturgistas subrayan el hecho de que el rito extraordinario no ofrece la riqueza bíblica introducida por el novus ordo ...
«Ésos no han leído el Motu proprio, porque el Papa afirma que las dos formas se deben enriquecer mutuamente. Y es evidente que tal riqueza litúrgica no se desprecia: en el novus ordo en unos años se lee prácticamente toda la Biblia, y esta es una riqueza que no se opone, sino que se integra en el rito extraordinario”.
- Otra objeción se basa sobre el peligro de que las celebraciones separadas puedan crear comunidades separadas.
«Es una multiplicidad que enriquece, es una mayor libertad cultural, la que el Papa introduce de forma audaz. Además, en las parroquias existen muchas diferencias entre las celebraciones, y no quiero hablar de los abusos, porque no son los abusos la razón principal del Motu proprio”
- Su secretario, monseñor Camille Perl, ha anunciado que en breve saldrá un documento de clarificación del Motu proprio ¿Cuándo va a ser?
«Ha sido el cardenal Bertone quien lo ha anunciado, y tiene derecho a hacerlo. Pero yo, que soy un servidor del Papa, lo anunciaré sólo cuando lo diga el Papa. Nuestra Comisión ha referido al Pontífice que de todas partes del mundo llegan muchas preguntas, muchas justificadas, otras debidas a falta de conocimiento. El Santo Padre, y sólo él, dirá si conviene hacer tal documento, y cuándo”
- ¿Cuáles son las preguntas que han llegado y que merecerían una respuesta?
«La primera se refiere al latín, porque – dicen- no es conveniente celebrar en una lengua que no se conoce. Desgraciadamente los seminaristas, pero también algunos sacerdotes, no lo han estudiado y por lo tanto les resulta difícil celebrar en la forma extraordinaria. Para hacerlo deberían al menos conocer el canon de la Misa, la parte de la consagración. Nosotros, en “Ecclesia Dei”, nos estamos preparando y estamos organizando encuentros, cursos y comunicaciones informáticas para un profundo conocimiento de la liturgia anterior. Algunos cursos están ya activos en Francia, Alemania, en Brasil, en América Central y en los Estados Unidos. En Toledo, en España, por ejemplo, se está valorando si conviene hacer un seminario extra para la preparación al rito extraordinario, o dar cursos especiales en el seminario de la diócesis. En general, se nota un interés en retornar al latín en el mundo académico. Ha sido triste en estos años constatar el abandono no sólo de la lengua, sino también de ciertos contenidos teológicos ligados a la precisión semántica de la lengua latina”
- Otro problema es la falta de curas ...
«Si en una diócesis faltan sacerdotes y sólo tres o cuatro fieles piden el rito extraordinario, resulta de buen sentido pensar que sería difícil satisfacer la petición. Pero, puesto que la intención, la mens, del Papa es conceder este tesoro para el bien de la Iglesia, allí donde no haya sacerdotes, lo mejor sería ofrecer una celebración según el rito extraordinario en una de las Misas dominicales parroquiales. Sería una Misa para todos, y todos, también las nuevas generaciones, se aprovecharían de la riqueza del rito extraordinario, por ejemplo de aquellos momentos de contemplación que en el novus ordo han desaparecido”.
- Entonces ¿Vd. sostiene que, aunque no haya un grupo consistente y estable, en un futuro se piensa ofrecer una de las Misas dominicales en el rito extraordinario?
«Diría que sí. Por otra parte esta posibilidad había sido ya aprobada por unanimidad en 1986, por una comisión cardenalicia en la cuál estaba presente el cardenal Ratzinger, pero entonces no llegó a ser operativa. Ahora mismo estaría seguro de que podría llevarse a cabo”.
- Otro punto a aclarar es la definición de “grupo estable y consistente”. ¿Qué se entiende exactamente?
«Es una cuestión de buen sentido: ¿por qué hacer un problema si las personas que piden el rito proceden de parroquias diversas? Si se reúnen y juntos piden una Misa, se convierten en grupo estable, aunque antes no se conocieran. También el número es una cuestión de buena voluntad. En algunas parroquias, especialmente en el campo, en los días laborables las personas que participan en la Misa ordinaria son tres o cuatro, y lo mismo ocurre en no pocas casas religiosas. ¿Por qué si esas mismas tres personas piden la Misa antigua sería pastoralmente necesario rechazarla?”.
- ¿Por tanto el futuro documento debería ser más proclive con las peticiones de pocos?
«Sí, pero hay que entenderlo no como algo que vaya en detrimento de los otros, contra la mayoría, sino para su enriquecimiento y siempre evitando hasta la más mínima forma de contraposición”.
- Está también el problema de los sacramentos: pienso en el los ritos del Orden o en el de la Confirmación, que hacen referencia a un código de derecho canónico distinto, y usan fórmulas distintas...
«Ciertamente a primera vista hay algunos problemas en relación con el Orden Sacerdotal, con la Confirmación, y también concernientes a la diversidad de calendario. En cuanto al Orden Sacerdotal, en la forma antigua existía la tonsura, los órdenes menores y el subdiaconado. Esta forma está aún en uso y continuará estándolo en los institutos vinculados establemente al rito antiguo, como la Fraternidad de San Pedro, la Fraternidad de San Pío X y otros institutos. Sobre la Confirmación, antes aún del Motu proprio, la Congregación para la Doctrina de la Fe había aclarado que no existe conflicto entre las dos fórmulas, dado que tanto la nueva como la antigua gozan de validez, y lo mismo se puede decir para los otros sacramentos donde la fórmula es distinta. En relación a los calendarios, que no siempre coinciden, se presentan efectivamente problemas como en el caso de las fiestas de los patronos de una parroquia, de los santuarios, de congregaciones e institutos religiosos, etc. Con prudencia y buen sentido se harán las adaptaciones necesarias, de lo que también se ocupa la Pontificia comisión “Ecclesia Dei”.
- ¿Cuánto tiempo prevé para la reconciliación con la Fraternidad San Pío X?
«Hay señales positivas, hay un diálogo ininterrumpido. Hace sólo algunos días he escrito una nueva carta a monseñor Fellay, superior de la Fraternidad, como respuesta a una suya. Además de los encuentros y de la correspondencia, hablamos también por teléfono. Considero viable la reconciliación con la Fraternidad San Pío X porque, como a menudo hemos dicho en “Ecclesia Dei”, no se trata de un verdadero cisma, sino de una situación anómala surgida después de la “acción cismática” de monseñor Lefebvre al conferir el episcopado sin mandato pontificio, incluso contra la expresa voluntad del Papa. En mi corazón tengo una gran confianza en que el Santo Padre conseguirá restañar el tejido de la Iglesia con la venida de estos hermanos a la plena comunión. Quedarán siempre algunas diferencias, como siempre hemos tenido en la historia de la Iglesia”.
- Pero con los lefebvrianos hay también un problema de aceptación del diálogo ecuménico...
«Sí, en efecto hay dificultades con la interpretación de textos del Concilio en relación con algunas prácticas ecuménicas, pero ningún obispo de la Fraternidad de San Pío X dirá que no es necesario buscar la unidad de los cristianos”.
- ¿Ha vuelto alguien de la Fraternidad de San Pío X a la comunión con la Iglesia de Roma, después de la promulgación del Motu proprio?
«Sí, y otros han mostrado voluntad de hacerlo. Pero yo mantengo la esperanza de que vuelva el grupo entero, no querría que se dividieran. No obstante, si viene uno sólo y dice que quiere inmediatamente la unidad con el Papa, debe ser aceptado. El Motu proprio ha conseguido también el acercamiento de otras personas. Por ejemplo, el 28 de marzo pasado, he recibido la carta de un obispo no católico que ha decidido entrar en la Iglesia Católica con otros obispos y curas que celebran la Misa tridentina”.
- Los nuevos poderes de “Ecclesia Dei” ¿no entran en conflicto con el ministerio de los obispos?
«El Papa, que tiene autoridad sobre toda la Iglesia, sobre cada uno de los fieles y de los obispos, ha establecido nuevas normas en el Motu proprio, y la Pontificia comisión es sólo un instrumento al servicio del Vicario de Cristo para que venga cumplida su decisión. “Ecclesia Dei” está atenta a la aplicación del Motu proprio en fraterna armonía, comprensión y colaboración con los obispos. Son de evitar actitudes de oposición hacia los pastores, por parte de personas, grupos o instituciones por cuenta del Motu proprio. Ciertamente, los pastores, en obediencia al Papa, tendrán comprensión por aquellos fieles que tienen un amor especial por la tradición litúrgica. Con los obispos que se han puesto en contacto con nosotros hemos encontrado siempre comprensión”.
- En la introducción a la reedición del Compendio di Liturgia pratica de Trimeloni, Vd. escribe que el Papa se vale de la Pontificia comisión “Ecclesia Dei” para que en la diversidad de las formas culturales pueda resplandecer la riqueza de los tesoros de fe y espiritualidad de la Esposa de Cristo. ¿En qué consiste la diferencia entre la liturgia de Juan XXIII y la reformada de Pablo VI?
«El Papa Juan incorporó también la liturgia en su deseo de diálogo de la Iglesia con la cultura contemporánea. Pablo VI ha dado organicidad a las reformas nacidas de este deseo. El Espíritu Santo, que siempre acompaña a la Iglesia, inspira los cambios necesarios en cada momento de la historia, sin ruptura violenta del proceso de perfeccionamiento que Él mismo ha inspirado en el devenir histórico. Benedicto XVI, con este Motu proprio, pone en común las riquezas de los dos momentos del proceso, resanando también así el disgusto de cuantos han creído que en el campo litúrgico se había producido una ruptura inaceptable”.
- Después de la reformulación de la oración del Viernes Santo, se ha dicho que se volvía 40 años atrás en el diálogo judío – cristiano. ¿Se esperaba estas críticas?
«¿No es bueno orar por nuestros hermanos hijos de Abraham? Abraham es padre en la fe, pero en una cadena salvífica en la que se espera al Mesías. Y el Mesías ha llegado. En los Hechos de los Apóstoles leemos que, en un día, se convirtieron cinco mil judíos. No hago confrontación con la oración del novus ordo , pero considero perfecta la actual del rito extraordinario. Y rezo gustoso por la conversión de mis muchos amigos judíos, porque creo verdaderamente que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de todos”.
Vittoria Prisciandaro
viernes, 9 de mayo de 2008
Palabras de Mons. Fellay
Muchas personas, sea en los medios conservadores e incluso en Roma, han dicho que habiendo hecho el Sumo Pontífice un acto de tanta generosidad, y habiendo dado —por eso mismo— un signo manifiesto de buena voluntad a nuestro respecto, a la Fraternidad ya no le queda sino hacer una sola cosa: “firmar un acuerdo con Roma”.Algunos de nuestros amigos, por desgracia, se han prestado a este juego de ilusiones.
Queremos aprovechar la ocasión de esta carta, publicada durante el tiempo pascual, para recordar una vez más los principios que presiden nuestra acción en estos tiempos problemáticos y señalar algunos acontecimientos recientes, que indican muy claramente que, en el fondo, fuera de la apertura litúrgica advenida con el Motu Proprio, verdaderamente nada ha cambiado, extrayendo así las conclusiones que se siguen.
El principio fundamental que dirige nuestra acción es la conservación de la fe, sin la cual —como dice el Concilio Vaticano I— nadie puede salvarse, nadie puede recibir la gracia, nadie puede ser agradable a Dios. La cuestión litúrgica no está en primer plano; no aparece sino como consecuencia de una alteración de la fe y, correlativamente, del culto debido a Dios.
En el Concilio Vaticano II tuvo lugar un notable cambio de orientación respecto a la visión de la Iglesia, sobre todo en relación al mundo, a las otras religiones, a los estados, pero también en cuanto a sí misma. Todos reconocen estos cambios; sin embargo, no son justipreciados de la misma manera por todos.
Fueron presentados hasta ahora como muy profundos, revolucionarios; uno de los Cardenales del Concilio pudo decir: “la revolución de 1789 en la Iglesia”.
Cuando aún era Cardenal, Benedicto XVI presentaba la cuestión de la siguiente manera: “El problema de los años ‘60 consistía en incorporar los mejores valores de dos siglos de cultura «liberal». De hecho, son valores que, aún si han nacido fuera de la Iglesia, pueden encontrar un lugar —purificados y corregidos— en su visión del mundo. Esto es lo que ha sido hecho” (mensual “Jesús”, noviembre de 1984, pág. 72).
Se impuso una nueva visión del mundo y de sus elementos en nombre de esta asimilación: una visión fundamentalmente positiva, que decretó no sólo un nuevo rito litúrgico sino también un nuevo modo de presencia de la Iglesia en el mundo, mucho más horizontal, más presente ante los problemas y humanos que sobrenaturales y eternos.
Contemporáneamente se transformaba la relación con las otras religiones. Desde el Vaticano II, Roma evita todo juicio negativo o depreciador de las otras religiones. Por ejemplo, la denominación clásica de “religiones falsas” desapareció completamente del vocabulario eclesiástico. También han desaparecido los términos “herejes” y “cismáticos”, que calificaban las religiones más cercanas a la religión católica; son eventualmente utilizados —sobre todo el de “cismáticos”— con referencia a nosotros. Y lo mismo sucede con la voz “excomunión”. El nuevo enfoque se califica como ecumenismo, y contrariamente a lo que todos creían, no se trata de un retorno a la unidad católica sino de la creación de un tipo de unidad que ya no requiere la conversión.
Respecto a las confesiones cristianas se estableció una nueva perspectiva, y ella es tanto más clara en relación a los ortodoxos: en el acuerdo de Balamand, la Iglesia Católica se compromete oficialmente a no convertir a los ortodoxos y a colaborar con ellos. El dogma “fuera de la Iglesia no hay salvación” al que alude el documento “Dominus Iesus” fue objeto de una necesaria reinterpretación a la luz de la nueva visión de las cosas: no pudo mantenerse este dogma sin expandir los límites de la Iglesia, lo cual tuvo lugar con la nueva definición de la Iglesia dada en “Lumen Gentium”. La Iglesia de Cristo ya no es la Iglesia Católica; ésta subsiste en aquélla. Podrá decirse que una subsiste en la otra; sin embargo, se alega también una acción del Espíritu Santo y de esta “Iglesia de Cristo” fuera de la Iglesia Católica… Las otras religiones no están destituidas de elementos de salvación… Las “iglesias ortodoxas” se convierten en verdaderas iglesias particulares sobre las cuales se edifica la “Iglesia de Cristo”.
Estas nuevas perspectivas han revolucionado evidentemente las relaciones con las demás religiones. No se puede hablar de un cambio superficial; es claramente una nueva y profunda alteración que se pretende imponer a la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, y lo que permitió que Juan Pablo II haya podido hablar de una “nueva eclesiología”, reconociendo un cambio esencial en esta esfera de la teología que se refiere a la Iglesia. No entendemos en modo alguno —según podría pretenderse— que esta nueva comprensión de la Iglesia estaría aún en armonía con la definición tradicional de la Iglesia: es nueva, es radicalmente otra, y obliga al católico a un comportamiento totalmente diferente con los herejes y cismáticos que, desgraciadamente, han abandonado la Iglesia y traicionado la fe de su bautismo. En lo sucesivo ya no son “hermanos separados” sino hermanos que “no están en plena comunión”… y están “profundamente unidos” a nosotros por el bautismo en Cristo, y gracias a una unión indestructible… El último documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el subsistit in es muy esclarecedor a este propósito. Afirmando netamente que la Iglesia no puede enseñar novedades confirma la novedad introducida durante el Concilio…
Otro tanto sucede en la evangelización: se afirma en principio el sagrado deber de todo cristiano de responder al llamado de Nuestro Señor Jesucristo, “Id por el mundo, predicad el evangelio a toda creatura. Aquel que crea y se bautice, se salvará; el que no crea, se condenará” (San Marcos, 16, 15-16). Pero acto seguido se afirma que esta evangelización no concierne sino a los paganos, y por ende, no apunta ni a los cristianos ni a los judíos… Recientemente, a propósito de la controversia acerca de la nueva oración por los judíos, los Cardenales Kasper y Bertone señalaron que la Iglesia no los convertiría.
Agreguemos a todo ello las declaraciones papales en punto a la libertad religiosa; podemos concluir claramente que el combate de la fe no ha cambiado en nada en los últimos años. El Motu Proprio, que importaba una esperanza de cambio en el buen sentido a nivel litúrgico, no es acompañado de las medidas lógicamente correlativas en otros campos de la vida de la Iglesia. Todos los cambios introducidos durante el Concilio y en las reformas post-conciliares, los cuales denunciamos porque la Iglesia los ha condenado ya precisamente, son confirmados; aunque con esta diferencia: de ahora en más se afirma al mismo tiempo que la Iglesia no cambia… lo que implica decir que estos cambios se situarían perfectamente en la línea de la Tradición católica.
El enredo a nivel de las palabras unido a la afirmación de que la Iglesia debe permanecer fiel a su Tradición pueden confundir a más de uno. Pero mientras los hechos no corroboren las afirmaciones hechas, hay que concluir que nada ha cambiado en la voluntad de Roma en cuanto a proseguir con las orientaciones conciliares, sea lo que fuese de los cuarenta años de crisis, de conventos despoblados, de iglesias abandonadas, de templos vacíos. Las universidades católicas persisten en sus divagaciones, la enseñanza del catecismo sigue siendo algo desconocido, al tiempo que la escuela católica ya no existe como específicamente católica: se ha convertido en una especie extinguida…
He aquí por qué la Fraternidad San Pío X no puede “firmar un acuerdo”. Nos alegramos francamente de la voluntad papal de reintroducir el antiguo y venerable rito de la Santa Misa, pero observa también la resistencia —feroz en ocasiones— de episcopados enteros. Sin desesperar, sin impaciencia, comprobamos que el momento de un acuerdo no ha llegado. Esto no nos impide seguir esperando, continuar con el camino fijado desde el año 2000. Seguimos pidiendo al Santo Padre la anulación del decreto de excomunión de 1988, persuadidos como estamos que hará un grandísimo bien a la Iglesia; los alentamos a rezar para que se produzca. Con todo, sería muy imprudente y precipitado embarcarse precipitadamente en la concreción de un acuerdo práctico que no se fundaría sobre los principios fundamentales de la Iglesia, especialmente sobre la fe.
La nueva cruzada del Rosario a la cual los llamamos para que la Iglesia vuelva a encontrar y retomar su Tradición bimilenaria exige también algunas precisiones. La concebimos de esta manera: que cada uno se comprometa a rezar el rosario a una hora bastante precisa del día. Teniendo presente el número de fieles y su distribución en el mundo entero, podemos estar seguros de que a todas las horas del día y de la noche habrán voces orantes y vigilantes, voces que desean el triunfo de su celestial Madre, el advenimiento del reino de Nuestro Señor “así en la tierra como en los cielos”.
+ Bernard Fellay
Menzingen, 14 de abril de 2008