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sábado, 25 de abril de 2009

El Cardenal Cañizares y la Comunión de Rodillas

Desde "Hoc Signo"

En declaraciones al diario ABC el cardenal español Antonio María Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, que, siguiendo el ejemplo papal, ha invitado recientemente a los fieles de la archidiócesis primada de Toledo (de la que continúa siendo Administrador apostólico) a recibir la sagrada comunión de rodillas, señala que “La comunión de rodillas significa respeto a Dios, es el corazón del hombre que se postra ante quien le ama hasta el extremo. Esto son signos, no es cambiar por cambiar, es buscar todo el sentido y superar la secularización de nuestro mundo. Uno de los objetivos de nuestras congregaciones es llevar a cabo en estos años una grandísima campaña de formación litúrgica”. Sólo cabe desear que su ejemplo y magisterio cunda entre sus compañeros del episcopado, y entre los sacerdotes que están al cargo de nuestros templos y parroquias.

  1. http://hocsigno.wordpress.com/2009/04/20/el-cardenal-canizares-y-la-comunion-de-rodillas/

Comprender la liturgia

Desde "Pontifex" traducido por "La Buardilla de Jerónimo:

Entrevista realizada por Bruno Volpe a Monseñor Nicola Bux.
“Pero… ¿qué fiesta? La Liturgia es un drama”: lo afirma Monseñor Nicola Bux, teólogo y liturgista de reconocida fama. Con él, hemos afrontado el tema del sentido de lo sagrado en la Liturgia.

Creo que este sentido de lo sagrado se podrá recuperar cuando comprendamos que la Misa no es nunca un espectáculo, un entretenimiento o una propiedad de cada sacerdote, sino un verdadero y propio drama. A menudo nos llenamos la boca con la palabra “fiesta”, pero… ¿qué fiesta? En la Misa recordamos el sacrificio de Cristo, ésta es la verdad. Cristo se ha inmolado por nosotros y luego se usa la palabra fiesta… Es correcto hablar de fiesta sólo después de haber comprendido y aceptado el concepto de que Cristo ha dado la vida por nosotros. Sólo entonces es lícito hablar de fiesta, pero nunca antes.

Luego añade:
Una buena Liturgia debe tener en su centro la cruz pero, al ser colocada frecuentemente a un lado o en lugares poco visibles, ésta ha perdido su significado verdadero y auténtico. Parece mucho más un objeto accesorio que un centro de adoración. A veces tengo la sensación de que una cruz en el centro del altar produce fastidio, casi incomodidad. Para ser duros: la mayoría de las veces, no la mira nadie.

Monseñor Bux habla del concepto de devoción:

Para volver a dar a la Liturgia el sentido de lo sagrado, es necesaria la devoción. Basta de Misas celebradas como acontecimientos mundanos y entretenimiento. Es necesaria la devoción, el encuentro con el rostro de Dios. Pero desgraciadamente esto ocurre muy pero muy raramente. Sin un encuentro con el verdadero rostro de Dios, sin devoción, la Misa se convierte en un ritual, en una auto-celebración del sacerdote que no tiene ningún sentido.

Provocadoramente, monseñor Bux plantea una pregunta:

¿Cuántos actualmente, celebrando la Misa, dirigen la mirada a Dios y a la cruz? Pocos. Y por eso el sentido de lo sagrado va disminuyendo en nuestras Misas.

Y entonces, ¿qué se puede hacer?

Pienso que una buena idea podría la ser siguiente: en la segunda parte de la Misa, desde el ofertorio en adelante, el sacerdote podría celebrar dirigido hacia la cruz, ad orientem.

¿Por qué razón ad orientem?

De este modo, los fieles no verían ya la figura del sacerdote, que no es el protagonista, sino que junto con él contemplarían la cruz, el misterio.

Por lo tanto, una posición ad orientem en la segunda parte de la Misa…

Me parece conveniente. De esta manera, la Liturgia adquiriría un valor mucho más escatológico, de misterio y adoración; la gente misma comenzaría a comprender y apreciar el valor escatológico, por usar una palabra difícil, de la Liturgia. Mirar a oriente equivale a contemplar al Señor que viene. Pienso que esta posición, que por otro lado es la que usan los orientales, puede ayudar a encontrar mayor recogimiento. He aquí mi modesta propuesta para una reforma gradual y sensata: mirar a oriente en la segunda parte de la Santa Misa.

En una entrevista que nos ha concedido algunos días atrás, el historiador Franco Cardini ha hablado de crisis del sentido de lo sagrado…

Es necesario ver en qué sentido ha dicho esta afirmación. Pero el sentido de lo sagrado es Dios. Aparentemente, este sentido de lo sagrado, es decir, de cercanía y de búsqueda de Dios, hoy parece ofuscado, es cierto. Pero yo no sería tan pesimista. En el fondo, el hombre busca siempre, por naturaleza, a Dios. Muchas veces también por comodidad personal o con formas corrompidas y equivocadas como la superstición o la magia, pero a fin de cuentas ese contacto es buscado. La alianza con Dios, incluso egoístamente, es conveniente para el hombre.
  1. http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2009/04/comprender-la-liturgia.html

sábado, 4 de abril de 2009

Domingo de Ramos

"Semana Santa" y "Semana Mayor" llama la Liturgia a la última semana de Cuaresma, porque en ella se conmemoran los misterios más santos y más augustos de nuestra Religión. Son días de luto, pero de un luto reconfortador, pues recuerdan la muerte afrentosísima del Hombre-Dios, y por ella nuestra redención. ¡Cuán al vivo nos pintan los Oficios de estos días la perversidad y la ingratitud de los hombres para con Dios, y la mansedumbre y el amor entrañable de Jesús para con la humanidad!

Hay ceremonias en esta Semana como para conmoverse y llorar, ora de alegría, ora de conmiseración. Recorrámoslas rápidamente, aunque sólo sea para formárnos una idea general del bello panorama que la Iglesia va a ofrecer a la vista de sus hijos.

1. Domingo de Ramos.

Antes de prestarse a ser crucificado, Jesucristo desea ser proclamado Rey por el mismo pueblo deicida, y por eso entra hoy triunfante en Jerusalén.

La Liturgia de este día: es una mezcla de alegría y de tristeza. Hay que notar en ella tres particularidades:

a) la Bendición de los Ramos;
b) la ProcesIón,
c) la Misa.

a) La Bendición de los Ramos.
Precede a la Misa, con la que, a primera vista, se confunde; pues tiene como ella: Intróito, Colecta, Epístola, Gradual, Evangelio, Prefacio y Sanctus, a continuación del cual vienen, en lugar del Canon, las oraciones de la Bendición. Una vez benditos los ramos, el celebrante los rocía con agua bendita y los inciensa, y al compás del canto de las antífonas "Pueri hebraeorum", que recuerdan los vítores de los niños hebreos, se hace la distribución. Al recibirlo, los fieles han de besar el ramo y la mano del sacerdote.

El rito de la Bendición de los Ramos responde fielmente al tipo antiguo de las synaxis alitúrgicas, tenidas, a imitación de las celebrarlas por los judíos en sus sinagogas, para la recitación del Oficio Divino, para la edificación e instrucción de los fieles, etc., pero sin la ofrenda del Santo Sacrificio.

b) La Procesión.
Acabada la distribución, se forma y desfila la procesión, que semeja un paseo triunfal. Es de origen muy antiguo y una como continuación de la que, ya en el siglo IV, se realizaba en Jerusalén, con asistencia de toda la ciudad y de los mismos monjes de la Laura de Pharan, y presidida por el obispo, quien, para mejor representar a Nuestro Señor, cabalgaba montado en un jumento. Todos los que toman parte en la procesión, llevan en sus manos las palmas o ramos benditos, y los cantores entonan cánticos alusivos al triunfo de Jesucristo. Al llegar, de regreso, a las puertas del templo, la comitiva las encuentra cerradas. Detiénese ante ellas, y oye que en el interior voces infantiles entonan un himno, cuyo estribillo repiten los de afuera, como entrelazándose en un porfiado diálogo en alabanza de Cristo Rey.

Es el célebre himno "Gloria, laus..." compuesto, en el siglo IX, según se cree, por Teodulfo, obispo de Orleans estando prisionero en Angers por orden del rey Luis el Bueno, y cantado por él, o por un coro de niños por él preparados, en el preciso momento de pasar el rey por delante de la cárcel acompañando a la Procesión de Ramos.

Terminado el himno, el subdiácono pide la entrada en el templo para él y para toda la comitiva golpeando la puerta con la Cruz procesional, y los de adentro los reciben al son de nuevos cánticos.

Este rito representa la entrada de Jesucristo en el cielo cuyas puertas, cerradas por el pecado, tuvo Él que abrirlas por virtud de la Santa Cruz, siendo recibido por los Ángeles al son de músicas y cánticos.

c) La Misa
Con la procesión se extingue nota alegre y triunfante de este día, y se apodera del templo y de los Oficios litúrgicos un sentimiento de profundo dolor. Este llega a su colmo en el canto de la historia de la Pasión según San Mateo, que reemplaza al pasaje acostumbrado del Evangelio.

En señal de duelo, no se inciensa el Misal ni los acólitos llevan ciriales como de ordinario. Los fieles están de pie y con 1as palmas y ramos benditos en las manos, como para vitorear a Cristo, mientras los judíos lo escarnecen. La cantan en tono muy severo y con música del Maestro Victoria, contemporáneo de Palestrina, retocada últimamente por los monjes de Solesmes. Está distribuida en forma de diálogo, en el que intervienen como actores: Jesucristo (+), el Cronista (C), y la Sinagoga (S), por la que habla el tercer Diácono siempre que media en la conversación un personaje aislado, y el Coro o asamblea de fieles cuando son varios o todo el pueblo en tumulto. Al anunciar el Cronista la muerte del Señor, el clero y los fieles se prosternan en tierra, por breves instantes, para adorar al Redentor. Prosigue el relato de lo sucedido después de la muerte, reservando la última parte para el Diácono de oficio, a quien corresponde el canto del Evangelio en todas las misas solemnes.
  1. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/t_cuaresma/semana_santa.html

martes, 31 de marzo de 2009

Tiempo de Pasión

1. Vista general. -
Llámase Tiempo de Pasión a las dos últimas semanas de Cuaresma, en las cuales el tema de los padecimientos y persecuciones del Salvador es el principal en la Liturgia, mientras el de la instrucción de los Catecúmenos y preparación de los Penitentes públicos para su reconciliación, pasa ya a segunda línea. Es, pues, la misma Santa Cuaresma, pero más íntimamente vivida con Jesucristo, Varón de dolores, cuyas humillaciones y tormentos, a la par que excitan la compasión de los buenos cristianos, los predisponen a la compunción del corazón. Está todo él sombreado por el leño de la Cruz, ese "árbol esbelto y refulgente, ataviado con la púrpura real", como canta con aires de triunfo la Iglesia, repitiendo sin cesar, en estos días, las bellas estrofas del Vexilla Regis, de Venancio Fortunato.

En la primera de estas dos semanas, evoca la Liturgia los seis últimos meses de la vida pública de Jesús, época de las grandes polémicas con los Judíos y de las persecuciones, descaradas ya y agresivas, de sus enemigos. Jesús sólo se les aparece a intervalos; pues los ve tan enconados contra su persona, que tiene que huirlos, para dar tiempo a que llegue su hora. Son seis meses de humillaciones y de afrentas; seis meses de verdadera Pasión, pero toda vía incruenta.

Los textos litúrgicos van descubriéndonos, día tras día, nuevos aspectos de esta furibunda persecución. El Domingo, vemos a los Judíos arrojándole piedras; el Lunes, ingeniándose para prenderle; el Martes, a punto de matarle; el Miércoles, queriendo de nuevo apedrearle; el Jueves, acechándole, en casa del fariseo Simón, mientras perdona El a la Magdalena; el Viernes, tramando ya definitiva mente su muerte, y el Sábado, acorralándolo de tal forma, que le obligan a esconderse para no adelantar los acontecimientos.

En la segunda semana, la "Semana Santa" que nosotros llamamos, o la Semana "penosa " como la denominaban los antiguos, la Liturgia reproduce con los más vivos colores los últimos episodios de la vida de Jesús: los postreros destellos del Sol de Justicia, venido a alumbrar a este mundo entenebrecido por la culpa; las terribles peripecias que rodean la obra maestra de nuestra Redención.

El Domingo, Lunes y Miércoles Santo, son días de brillante aurora, pero de sombrío ocaso. El Divino Maestro parece glorioso por la mañana, enseña en público, discute, triunfa; pero al anochecer, se retira a casas amigas, como para ponerse al abrigo del espíritu de las tinieblas. El Jueves después de realizar, a los postres de la Cena legal, el milagro de amor de la Eucaristía, se entrega sin reservas en manos de sus enemigos; entre quienes muere, el Viernes. para salvarlos a ellos, y con ellos al mundo prevaricador.

2. La actitud de la Iglesia. -
En vista de tan tos tormentos y de ultrajes tan horribles como su Esposo padece, la Iglesia se cubre de luto riguroso, y cubre también con telas moradas las estatuas, los retablos y hasta el Crucifijo; pide a David y a Jeremías sus Salmos más lúgubres y sus más desoladoras Lamentaciones; y con su palabra de Madre cariñosa, con su actitud de Esposa desolada, con las predicaciones, con las lecturas, con los cantos, en todos los tonos y en todas las formas, háblale a Jerusalén, que es el alma pecadora, y le dice una y otra y muchas veces a modo de sonsonete: "¡Jerusalén, Jerusalén, arrepiéntete, conviértete al Señor, Dios tuyo!"

El rito litúrgico que hace más sensible a los ojos de los fieles esta actitud dolorosa de la Iglesia en Tiempo de Pasión, es el de la velación de las imágenes, que prescribe el Ceremonial y que se efectúa el Sábado anterior.

Los arqueólogos y liturgistas no andan de acuerdo en su interpretación. Quienes se acogen a la historia y a la arqueología; quienes al simbolismo. A nosotros nos parece, después de estudiar los documentos antiguos y modernos, que se trata de un hecho histórico antiquísimo, que, al perder con el tiempo la aplicación real originaria, adquirió un muy razonable simbolismo.

Históricamente, creemos hallar la clave de este rito en el de la penitencia pública. Como ya hemos dicho, el primer día de Cuaresma se presentaban los penitentes en traje y en actitud humilde a la iglesia, de la que el obispo los despedía, después de imponerles la ceniza y vestirlos de saco y de cilicio -como Dios despidió a Adán y a Eva del paraíso-, enviándolos hasta el Jueves Santo a algún monasterio de las afueras de la ciudad. El rito de la expulsión perduró hasta el siglo XIV, en que, extendiéndose, por devoción, la penitencia pública y la recepción de la ceniza a la generalidad de los fieles, no fue ya posible expulsar del templo a todos los penitentes, que formaban mayoría. Para recordarles, no obstante, el suprimido rito y mantenerlos en la humildad, aislóseles, ya que no de la iglesia, del presbiterio, mediante una cortina roja suspendida de la bóveda. Poco a poco, sin duda por no hallar práctico este sistema que deslucía y embarazaba las ceremonias litúrgicas, dicha cortina se fue acortando y reduciendo al velo actual, que apenas cubre las imágenes y la cruz. He aquí, pues, el origen histórico y la razón de ser del cortinaje, de diversas hechuras y tamaños, según los países e iglesias, que se usa en la actualidad

Los liturgistas simbolistas han visto en este rito un recurso piadoso para representar materialmente el hecho de haber tenido que esconderse el Señor en el templo para escapar al furor de sus enemigos que intentaron apedrearlo.

Tal, en efecto, autoriza a suponerlo la costumbre medioeval de cubrir el Crucifijo, justamente en el momento preciso de cantarse en la Misa el texto mismo del Evangelio alusivo a ese hecho. Al propio tiempo le atribuyen la virtud de recordar a los fieles que, durante esta temporada, Nuestro Señor veló su Divinidad, dejándose prender y torturar como si sólo fuese hombre, y hombre criminal. Y conforme a esto, la razón de cubrir las imágenes de los Santos a la vez que la del Crucifijo, sería la de hacer ver que también los hijos participan de la confusión y oprobios del Padre, y que deben ellos también ocultar su gloria, cuando la del Señor se desvanece a los ojos de los hombres. Que es la misma razón por la cual también se omiten en el Oficio de Pasión los "Sufragios" de los Santos.

Además de vestirse de luto riguroso, la Iglesia suprime, en Tiempo de Pasión, el "Gloria Patri" en el Introito y en el Salmo del "Lavabo" de la Misa, así como en el Invitatorio y Responsorios del Oficio; y, además, todo el Salmo" Júdica " del principio de la Misa.

El "Gloria" es un grito de triunfo y de alegría, y como la Iglesia quiere ir poco a poco inspirando a los fieles sentimientos de tristeza por los acontecimientos dolorosos que se avecinan, suprímelo en esos momentos solemnes de la Misa y del Oficio, conservándolos solamente al final de los Salmos. En el último triduo de Pasión, días de completa desolación, ni en los Salmos se oirá ya esa doxología.

La omisión del Salmo "Júdica" al principio de la Misa, no es una práctica muy antigua, ni tiene un significado especial, ya que la oración que ahora reza el sacerdote al pie del altar, antes de comenzar el Introito, introdújose por primera vez en los países francos hacia el siglo VIII; como ese Salmo 42 cantábase en el Introito, por eso se suprimía antes de la confesión que precedía a la subida al ara del sacrificio. Sin embargo, suprimido y todo este Salmo, nada más que por evitar su repetición, es lo cierto que su omisión contribuye no poco a imprimir a las misas de esta temporada un sello de severidad.

3. El Triunfo de la Cruz. -
En medio de los acentos de dolor que con frecuencia exhala la liturgia de estos días, resuenan de vez en cuando en el templo notas verdaderamente triunfales, que nos hacen por momentos dudar si celebramos alborozados alguna victoria gloriosa, o plañimos tristes acontecimientos. Los lamentos de Jeremías contrastan notablemente, en Tiempo de Pasión, con los entusiasmos del Prefacio de la Misa, y los de los himnos del poeta Fortunato, cuyas estrofas a la Cruz hacen por un instante olvidar, en Vísperas, Maitines y Laudes, los textos melancólicos que les han precedido. Ninguna otra bandera ha inspirado jamás himnos más brillantes que ésta del cristianismo, con vertida, de instrumento infame que era, en insignia gloriosa, al contacto de los miembros de Cristo.

El Prefacio canta con aires de triunfo: "En verdad es digno y justo... darte gracias a Ti, Padre Todopoderoso... que pusiste la salvación del género humano en el Árbol de la Cruz, para que de donde salió la muerte de allí renaciese la vida, y el que en un árbol fue vencido, venciese en árbol, por Cristo, Señor nuestro..." Pocas palabras, pero significativas y concluyentes.

Entre los varios himnos que el gran poeta galo Fortunato compuso en honor de la santa Cruz con ocasión de la llegada al monasterio benedictino de Poitiers, fundado por Santa Radegundis, de las insignes Reliquias del " Lignum Crucis " se han hecho los más célebres: el Pange lingua, gloriosi praelium certáininis (canta, oh lengua, la victoria del más glorioso combate), que está dividido en el Breviario en dos partes, una para Maitines y otra para Laudes, conservándolo completo el Misal en la ceremonia de la Adoración de la Cruz del Viernes Santo: y el Vexilla Regis, el más conocido y celebrado, y que se emplea en Vísperas y en la procesión del Viernes Santo al "monumento".

En la Edad Media, el culto de la Cruz sólo despertaba sentimientos de júbilo y de triunfo; sentimientos que los artistas plásticamente representaban en los Crucifijos de la época, ciñendo a Cristo de una corona de gloria, y trocando la sangre de sus heridas por perlas de oro y piedras preciosas. En realidad, son los mismos sentimientos que ha patrocinado la Liturgia a través de los siglos, no obstante las representaciones dolo rosas de los artistas modernos, repitiendo sin cesar en las diversas festividades de la Cruz los himnos triunfales de Venancio Fortunato, y acoplando al lado de ellos otros textos igualmente brillantes.
  1. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/t_cuaresma/tiempo_pasion.html

lunes, 9 de marzo de 2009

El Vaticano publica música "santa" para Cuaresma en Internet

Nota publicada por Zenit:

De la Capilla Musical "Sixtina" y del Pontificio Instituto de Música Sacra

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 6 marzo 2009 (ZENIT.org).- Con el objetivo de ayudar a personas de todo el mundo a vivir el espíritu de recogimiento propio de la Cuaresma, la Santa Sede ha publicado en Internet composiciones sacras propias de este período litúrgico.

En una sección cuaresmal especial, por una parte es posible escuchar himnos litúrgicos interpretados por la Capilla Musical "Sixtina", el coro más antiguo en este género, que desde hace siglos interpreta todas las partes musicales en las celebraciones litúrgicas del obispo de Roma.

La página ofrece cinco himnos cuaresmales, con la letra y la música, entre los que se encuentran "Me invocará y le escucharé", o "Señor, muéstrame tu rostro".

Monseñor Giuseppe Liberto, director de la Capilla Musical "Sixtina", en una reciente conversación mantenida con Renzo Allegri y publicada por ZENIT, explicaba que esta música no ha sido compuesta "para un concierto o para un espectáculo. Esta música nace para la liturgia". Por eso, explica, él no califica a esta música como "música sacra", sino que prefiere la expresión "música santa" (CF. ZENIT 1 de marzo y 2 de marzo de 2009).

La página web cuaresmal del Vaticano también ofrece pasajes interpretados por el Instituto Pontificia de Música Sacra de Roma, institución académica y científica erigida por la Santa Sede, cuyo preside es monseñor Valentín Miserachs Grau.

Más información en: http://www.vatican.va/liturgical_year/lent/2009/index_lent2009_sp.html

  1. http://www.zenit.org/article-30431?l=spanish
  2. http://www.vatican.va/news_services/liturgy/cap-mus-sistina/documents/index_inni_sp.htm#Cuaresma
  3. http://www.vatican.va/roman_curia/institutions_connected/sacmus/documents/rc_ic_sacmus_sound-lent_it.html

viernes, 6 de marzo de 2009

Un misterio de Misericordia

Compartimos la entrada del blog "La buardilla de Jerónimo" a su vez tomada y traducida desde el sitio "The Divine Mercy":

Ofrecemos el testimonio de un seminarista norteamericano que ha participado, por primera vez, en la celebración de la Santa Misa según la forma extraordinaria del Rito romano. Se trata del Hermano Thaddeus Lancton MIC, un seminarista residente en Steubenville, Ohio.

Recuerdo la voz de mi padre cuando conversando, varios años atrás, me dijo: “Et cum spiritu tuo le decíamos a los sacerdotes en latín”. Es decir: “Y con tu espíritu”.

Él usaría estas palabras en su rol de acólito. Hoy soy, como él, un acólito. Pero a diferencia de mi padre, nunca había acolitado en una Misa Tridentina, la Misa que fue codificada en el Concilio de Trento y que tuvo muy pocos cambios en la forma en que fue celebrada hasta el Vaticano II, cuando fue introducida una nueva forma del Rito Latino.

Gracias al Papa Benedicto XVI, sin embargo, la forma extraordinaria del Rito Latino está ahora al alcance de todos.

Mientras me preparaba con mis hermanos Marianos para la celebración de la forma extraordinaria el día de los Fieles Difuntos en nuestra capilla de Steubenville, Ohio, recuerdo que presté atención a las muchas pinturas en las paredes de la capilla. Estaban el Beato Estanislao Papczynski (1631-1701), fundador de la Congregación de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. El Beato Jorge Matulaitis-Matulewicz (1871-1927), renovador Mariano. Y los mártires marianos de Rosica, Bielorrusia, el Beato Jorge Kaszyra (1904-1943) y el Beato Antonio Leszczewicz (1890-1943).

“Ésta es la forma de la Misa que todos ellos celebraron”, destacó el Padre John Larson, MIC.

En nuestra casa en Steubenville he tenido el privilegio de acolitar en algunas misas “no solemnes”. Pero el 1º de febrero, tuve el don de ser el acólito “del lado de la epístola” para una Misa solemne. La Universidad Franciscana de Steubenville pide a un sacerdote que celebre la forma extraordinaria una vez al mes en la Misa de las 4:00 de la tarde de domingo.

Mientras acolitaba, me sentí paralizado ante la Cruz de San Damián y la imagen de María, nuestra Madre. Me di cuenta de la dignidad del sacerdote: el mismo Padre John, con quien como, rezo, y juego al Uno y al Scrabble. Allí estaba, ofreciendo el Sagrado Cuerpo y la Preciosa Sangre de Jesús. Me sentí tocado por la reverencia, la atención y la devoción de aquellos que participaban. Todos tuvieron paciencia para aguardar al Padre John que distribuía la Santa Comunión a alrededor de 200 estudiantes.

Durante la Misa, hay oportunidad para el silencio. Aunque amo el Novus Ordo – la Misa regular –, este silencio me ha enseñado cómo rezar verdaderamente en la Misa. Me ha enseñado cómo experimentó la Misa Santa Faustina, y cómo comenzó originalmente [el mensaje de] la Divina Misericordia. He buscado la palabra Misa en el glosario del Diario de Santa Faustina, y me he dado cuenta que muchas de sus visiones de Jesús ocurrieron durante la Sagrada Liturgia:

4 de junio de 1937: Hoy es la Fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús. Durante la Santa Misa, me fue dado el conocimiento del Corazón de Jesús y de la naturaleza del fuego de amor en el que Él arde por nosotros, y cómo Él es un océano de Misericordia.

22 de marzo de 1937: Durante la Santa Misa, vi al Señor Jesús clavado en la Cruz, en medio de grandes tormentos. Un suave gemido brotaba de Su Corazón. Después de un tiempo, Él dijo: “Tengo sed. Tengo sed de la salvación de las almas. Ayúdame, hija Mía, a salvar almas. Une tus sufrimientos a Mi Pasión, y ofrécelos al Padre Celestial por los pecadores”.

El lenguaje de esta forma extraordinaria habla de un misterio, de un misterio de misericordia. Mientras hay menos “participación” de los laicos, hay mucho más silencio. En Is 30, 15, leemos: “Porque así habla el Señor, el Santo de Israel: en la conversión y en la calma está la salvación de ustedes, en la serenidad y la confianza está su fuerza”.

Estoy aprendiendo que durante esos momentos de calma, debo rezar con el Espíritu Santo, uniendo mi oración a la oración del sacerdote. Rom 8, 26: “Igualmente el mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables…”.

De esta forma he aprendido a suplicar verdaderamente al amoroso Salvador por la salvación del mundo. Cuando veo al Jesús escondido, elevado por el P. John, contemplo lo que está sucediendo realmente: el Calvario se está haciendo presente. El amor de Cristo, Su Sagrado Corazón, está siendo ofrecido por el P. John a Dios Padre por mi propia salvación, y por la salvación del mundo entero.

El cambio del Novus Ordo a la forma extraordinaria es bastante difícil, pero estoy aprendiendo a combinar esta calma con los gemidos del Espíritu Santo, para experimentar verdaderamente la salvación ganada para mí en el Calvario. Estoy agradecido de que el P. John esté tan interesado en aprender esta forma de la Misa, porque estoy aprendiendo a apreciar la Misa en una forma nueva – como un Sacrificio. Ciertamente es un Sacrificio por parte de Cristo, pero es también un sacrificio por mi parte. Cuando asisto a la forma extraordinaria, aprendo a dejar de lado mi propio tiempo y mis propias preocupaciones. Verdaderamente aprendo a hacer una pausa mientras el sacerdote reza sus oraciones en silencio, y soy capaz de contemplar a Jesús en la Cruz. No es un tiempo para la prisa sino un tiempo para rezar, para suplicar a Dios que tenga Misericordia de nosotros, pecadores.

¿Por qué?, me pregunto a mí mismo durante la Misa. El cambio es enorme a nivel exterior, pero en un nivel interior, Cristo es el Mismo “ayer, hoy y siempre”. Al experimentar la forma extraordinaria, aprendo acerca de la forma ordinaria, y el cambio de una a otra me ayuda a nunca dar por sentado el maravilloso don de cada Misa: la Misericordia Divina misma, para nosotros pecadores.
  1. http://la-buhardilla-de-jeronimo.blogspot.com/2009/03/un-misterio-de-misericordia.html
  2. http://thedivinemercy.org/news/story.php?NID=3559&PLID=70

sábado, 25 de octubre de 2008

Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey

"Sí, Yo soy Rey -dijo Jesús a Pilatos-, para eso precisamente he nacido y venido a este mundo: para dar testimonio de la Verdad". Su reino no es de este mundo, es decir, no es un reino temporal; "es el reino de la Verdad y de la vida, el reino de la gracia y de la santidad, el reino de la justicia, del amor y de la paz". (Prefacio). Es el reino divino de la Santa Iglesia, en el que se proporciona la salud a los enfermos, la luz a los ciegos, la libertad a los cautivos. Sus habitantes tienen poder para hacerse hijos de Dios, para vivir una vida divina, para gozar de la libertad; aparta del yugo de Satanás y nos comunica los bienes divinos. Todo ello, en virtud de nuestra unión vital, de nuestra unidad de ser con Cristo, que es nuestra Cabeza, el Fundador de este reino, el que lo constituyó con sus enseñanzas, con sus ejemplos y, sobre todo, con su muerte de cruz. "Adquirió la Iglesia con su sangre". "Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir poder y riqueza, y sabiduría y fortaleza, y honor. A Él la gloria y el imperio por todos los siglos de los siglos amén."
Este debe ser un día de acción de gracia al Padre, por haber constituido Rey y Señor de todo a su divino Hijo; un día de homenaje y acatamiento y de acción de gracias al Hombre-Dios, que se dignó trasladarnos a su reino. Y, con la Redención, con la liberación del dominio del pecado, poseemos también la vida de la gracia, la filiación divina, el poderío sobre el mundo, sobre la carne, y sobre el poder de las malas pasiones y, con todo esto, la esperanza de ser admitidos un día en el futuro reino de la bienaventuranza eterna. Debemos, por tanto, decir con San Pablo: "Damos gracias a Dios Padre, que nos hizo dignos de participar de la herencia de los santos en la luz. Él nos arrancó de la potestad de las tinieblas, y nos trasladó el reino de su amado Hijo".

Epístola:
Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Colosenses. (Col. I, 12-20) : Hermanos: Gracias damos a Dios Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la suerte de los Santos, iluminándonos con la luz (del Evangelio); que nos ha arrebatado del poder de las tinieblas, trasladándonos al reino de su Hijo muy amado; por cuya sangre hemos sido nosotros rescatados y recibido la remisión de los pecados; el cual es imagen (perfecta) del Dos invisible, engendrado ante toda criatura; pues por Él fueron criadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, sean Tronos, o Dominaciones, o Principados, o Potestades: todas las cosas fueron criadas por Él y en atención a Él. Y así tiene ser ante todas las cosas, y todas subsisten en Él. Y Él es la Cabeza del Cuerpo (místico) de la Iglesia y el principio de la resurrección, el primero que renació de entre los muertos, para que en todo tenga Él la primacía; pues plugo al Padre poner en Él la plenitud de todo ser y reconciliar por Él todas las cosas consigo, restableciendo la paz entre el cielo y la tierra, por medio de la sangre que derramó en la cruz, en Jesucristo, nuestro Señor.

Evangelio:
Continuación del Santo Evangelio según San Marcos ( Mc VII, 31-37): En aquel tiempo: Dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres Tú el Rey de los Judíos? Respondió Jesús: ¿Dices esto tú por cuenta propia, o te lo han dicho otros de Mí? Replicó Pilatos: ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los Pontífices te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo(1); si de este mundo fuese mi reino, mis vasallos me defenderían para que no cayese en manos de los judíos; mi reino, pues, no es de aquí. Díjole, pues, Pilatos: ¿Luego Tú eres Rey? Respondió Jesús: Así es: Yo soy Rey. Yo para esto nací, y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la Verdad; todo aquel que es amigo d la Verdad, escucha mi voz.
  1. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/misas_octubre/cristo_rey.html

martes, 30 de septiembre de 2008

XXI Domingo después de Pentecostés

Síguese leyendo por ahora en los Maitines la historia de los esforzados Macabeos.
La vida cristiana es un combate en que están comprometidas la gloria de Dios y nuestra salvación. Esto respira en todas las piezas de la Misa de hoy y por eso nos recuerda todavía a Job (Ofert.) llagado y perseguido (Ofert.) y a Mardoqueo odiado por Amán (Int.),. por "aquel calumniador", figura del demonio y de sus ministros Infernales, contra los cuales hemos de luchar sin tregua, pues flotan por los aires, buscando alguno a quien dañar con sus maleficios (Ep.). No son seres de carne y sangre, dice el Apóstol, sino espíritus y espíritus malignos de tinieblas; y por eso mismo más temibles, si bien con una sola señal de la cruz podemos ahuyentar a todo el infierno junto.
Eso nos dice a las claras que nuestras armas contra ellos deben ser ante todo espirituales. Debe ser la oración perseverante y confiada. Armados con ella nos sentiremos todopoderosos contra el diablo, como se sentía Santa Teresa, como se sentían los Macabeos en la lucha contra los impíos perseguidores de su religión y de su pueblo. He aquí la armadura más sencilla. Pero la mística panoplia contra nuestros mortales enemigos es la rectitud, la justicia, la paz y la fe, como armas defensivas; y como ofensivas, las palabras divinamente inspiradas que la Iglesia recibió del Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Ahora bien, la palabra de Dios, que hoy se nos sirve en el Evangelio. comprendía toda la vida cristiana, haciéndola consistir en el ejercicio de la caridad, que nos impulsa a obrar con nuestro prójimo como Dios se porta con nosotros. Si Él nos perdona nuestras culpas, otro tanto debemos hacer con nuestros semejantes, y no lo de aquel siervo malo y despiadado que ahoga a su compañero, exigiéndole una suma insignificante, cuando su señor acaba de condonarle una fabulosa cantidad. ¡Qué contraste tan enorme entre la magnanimidad del amo y la ruindad de ese mal siervo!
Ese amo es Dios, y siervos somos todos los hombres. El Señor nos ha de exigir cuentas a todos (Ev.);.pero cábenos el consuelo de pensar que, si las deudas exceden a nuestra solvencia, Dios se portará con nosotros como nos hubiéremos portado con nuestros consiervos. No pudo, pues, sellar con sello más dulce ni más fuerte el precepto del amor fraterno, que todos nos debemos en Cristo, y de la tolerancia mutua. Si ajustamos nuestras cuentas con el prójimo conforme a justicia, conforme a ella las ajustará Dios con nosotros.
Conviénenos, pues, ajustarlas con mucha rebaja, porque entonces seguros estamos de que Dios, supremo Juez, a quien tanto debemos todos, usará con nosotros de esa misma consideración y miramiento, lejos de entregamos a los poderes infernales para que nos atormenten.
Estamos ya en vísperas de cerrar el Ciclo litúrgico, y este periodo postrero del mismo nos recuerda que los demonios andarán desatados al fin del mundo. Busquemos en Dios un castillo de refugio, pues contra su voluntad nada se resiste (Int.), y al fin saldremos vencedores y no habremos por qué temer el día del Juicio. Para eso vino Cristo, nos dice S. Juan, " para que tengamos confianza en el día del Juicio", "en ese día grande y por demás amargo" para los malos y enemigos de Cristo.

Epístola:
Lección de la Epístola del Apóstol S. Pablo a los Efesios. Ephésios 6, 10-17: - Hermanos: Fortaleceos en el Señor y en el poder de su virtud. Vestíos la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos que luchar tan sólo contra la carne y la sangre, sino también contra los principados y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus de maldad que andan por los aires. Por tanto, tomad la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y permanecer en todo perfectos. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros muslos con la verdad y vestidos de la coraza de la justicia y teniendo los pies calzados con el celo del Evangelio de paz; sobre todo abrazando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del malísimo enemigo; tomad también el casco de salvación, y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios.

Evangelio:
Continuación del Santo Evangelio según San Mateo. Matthæum 18, 23-35. En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos es comparable a un rey que quiso tomar cuentas a sus siervos. Y, para comenzar, le fue presentado uno, que le debía diez mil talentos. Mas, no teniendo con qué pagarlos, mandó su señor que fuese vendido él, su mujer, sus hijos y cuanto tenía, y que con su producto le pagase la deuda. Entonces el siervo, arrojándose a sus pies, rogóle diciéndole: ¡Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagaré! Compadecido el señor de aquel siervo, le dejó libre y le perdonó la deuda. Habiendo salido el siervo, halló a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios y, tomándole del cuello le ahogaba diciendo: ¡Paga lo que debes! Derribado a sus pies el consiervo, rogábale diciendo: ¡Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagaré! Mas él no quiso esperar, sino que se fue he hizo encarcelarlo, hasta que pagase lo que debía. Viendo los otros consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo ocurrido. Llamóle entonces su señor, y le dijo: Siervo malo, toda la deuda te condoné, porque me lo rogaste; pues ¿no debías tú también tener compasión de tu compañero, así como yo la tuve de ti? Y, enojado su señor, hizo entregarle a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda. Así hará también con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de corazón cada uno a su hermano.
  1. http://ar.geocities.com/misa_tridentina/t_pentecostes/dom_21.html