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miércoles, 11 de marzo de 2009

Un infierno light, por Rev. P. Carlos Miguel Buela i.v.e V

Quinta entrega de "un infierno light" del Rev. P. Carlos Miguel Buela i.v.e., las partes I, II, III y IV de este texto pueden consultarse utilizando los enlaces finales.

2da. parte
I. La pastoral acerca del infierno.

Vemos tres posturas principales en este tema:

1º Hay no-progresistas que predican un infierno en el cual pareciera que lo más importante son las penas de sentido -lo cual es un error-; o 'envían' al infierno a los que les resultan antipáticos; o que se alegran de predicar, por modo de hábito, acerca del castigo eterno al que inexorablemente irán sus oyentes.

2º Los progresistas que escamotean o niegan la realidad del infierno, se avergüenzan de predicarlo y lo ocultan con subterfugios. No sólo por pseudo razones misericordiosistas, sino, sobre todo, por estar inmersos en lo temporal y genuflexos frente a lo que opina el mundo. De este modo, rebajan la dignidad de Cristo al quitarle valor a sus palabras. La verdad terrible del hecho real de hombres que se condenaron y que se condenarán, les produce el efecto del "vinagre en los dientes, [y del ] humo en los ojos" (cfr. Prov. 10, 26).

3º Hay una forma evangélica de predicar sobre la realidad del infierno y es hacerlo a la manera de Dios.

a) Hay que predicar sobre el infierno:
Enseñaba Pío XII: "No hay, pues, tiempo que perder en contrarrestar con todas las fuerzas este resbalar de nuestras propias filas en la irreligiosidad y para despertar el espíritu de oración y de penitencia. La predicación de las primeras verdades de la fe y de los fines últimos no sólo no ha perdido su oportunidad en nuestros tiempos, sino que ha venido a ser más necesaria y urgente que nunca. Incluso la predicación sobre el infierno. Sin duda alguna hay que tratar de esa verdad, la Iglesia tiene, ante Dios y ante los hombres, el sagrado deber de anunciarla, de enseñarla sin ninguna atenuación, como Cristo la ha revelado, y no existe ninguna condición de tiempos que pueda hacer disminuir el rigor de esta obligación. Esto obliga en conciencia a todo sacerdote a quien, en el ministerio ordinario o extraordinario, se ha confiado el cuidado de amaestrar, avisar y guiar a los fieles. Es verdad que el deseo del cielo es un motivo en sí un motivo en sí mismo más perfecto que el temor de la pena eterna; pero de esto no se sigue que sea también para todos los hombres el motivo más eficaz para tenerlos lejos del pecado y convertirlos a Dios”[85].

Al respeto sostenía Garrigou-Lagrange: “Hoy se predica poco sobre este asunto y se deja caer en el olvido una verdad tan saludable; no se reflexiona bastante que el temor del infierno es el principio de la prudencia y conduce a la conversión. En este sentido, se puede decir que le infierno ha salvado muchas almas. Además circulan muchas objeciones demasiado superficiales contra la existencia del infierno, que a algunos creyentes les parece que responden a la verdad con mejores títulos que las respuestas tradicionales. ¿Por qué? Porque no han profundizado ni han querido desentrañar esas respuestas”[86].

Y Juan Pablo II en la Exhortación apostólica post-sinodal "Reconciliatio et paenitencia": “La Iglesia tampoco puede omitir, sin grave mutilación de su mensaje esencial, una constante catequesis sobre lo que el lenguaje cristiano tradicional designa como los cuatro novísimos del hombre: muerte, juicio (particular y universal), infierno y gloria. En una cultura, que tiende a encerrar al hombre en su vicisitud terrena más o menos lograda, se pide a los pastores de la Iglesia una catequesis que abra e ilumine con la certeza de la fe en el más allá de la vida presente; más allá de las misteriosas puertas de la muerte se perfila una eternidad de gozo en la comunión con Dios o de pena lejos de él. Solamente en esta visión exacta del pecado y sentirse impulsados decididamente a la penitencia y a la reconciliación”[87].

b) Hay que predicar convencidos de la verdad revelada:
Al predicar sobre estos temas decía San Agustín: "¿Os aterro, hermanos? Es porque estoy aterrado"[88]. De San Pablo de la Cruz se afirma que cuando predicaba sobre el infierno daba la impresión de estar contando lo que él mismo había visto -como había sucedido-: "Temblaba a veces de pies a cabeza, haciendo que temblaran también cuántos le escuchaban"[89].

c) Hay que predicar de modo que los oyentes perciban que el predicador no quiere que vayan al infierno, que lo hace como forzado por deber de oficio y por razón de su amor sacerdotal:
Como hace Dios. Dios no nos amenaza con el infierno porque quiera condenarnos, sino para que nos libremos de él, como enseñaba San Juan Crisóstomo[90].

San Bernardo decía: "Descendamos al infierno en vida [se entiende por la meditación] para no descender después de muertos"[91].

El que predica el infierno debe tener las intenciones que tenía, en iguales circunstancias, San Alfonso: " Convenceos, pues, amadísimos hermanos, de que Dios os va a hacer oír en este día el sermón sobre el infierno con el fin de libraros de él; os lo va a hacer oír para que abandonéis el pecado, que es lo único que os puede condenar al infierno"[92].

Es la actitud espiritual de tantos santos, por ejemplo, Santa Catalina, San Antonio María Claret, el beato Don Luis Orione. En su "Autobiografía" dice San Claret[93]: "La caridad me urge, me impele, me hace correr de una población a otra, me obliga a gritar: ¡Hijo mío, pecador, mira que te vas a caer en los infiernos! ¡Alto, no pases más adelante! ¡Ay!, cuántas veces pido a Dios lo que pedía Santa Catalina de Siena: Dadme, Señor, el ponerme por puertas del infierno y poder detener a cuantos van a entrar allá y decir a cada uno: ¿Adónde vas infeliz? ¡Atrás, anda, haz una buena confesión y salva tu alma y no vengas aquí a perderte por toda la eternidad![94]. Y Don Orione clama: "¡Ponme, oh Señor, en la boca del infierno para que yo, con tu misericordia, lo cierre!"[95].

Por si a alguien lo dicho le pareciese poco, Juan Pablo II en su libro "Cruzando el umbral de la esperanza"[96] se refiere a este tema en el capítulo 28: Vida Eterna: ¿todavía existe?. Lo citaremos extensamente.

"Pregunta. [...]algunos consideran que esta Iglesia tan locuaz se calla sobre lo esencial: la vida eterna.[...]

Respuesta. [...] Su pregunta... se refiere... al nexo entre la escatología y la Iglesia sobre la tierra. A este respecto usted muestra que en la práctica pastoral este planteamiento en cierta manera se ha perdido, y tengo que reconocer que, en eso, tiene usted algo de razón.

Recordemos que, en tiempos aún no muy lejanos, en las prédicas de los retiros o de las misiones, los Novísimos -muerte, juicio, infierno, gloria y purgatorio- constituían siempre un tema fijo del programa de meditación, y los predicadores sabían hablar de eso de una manera eficaz y sugestiva. ¡Cuántas personas fueron llevadas a la conversión y a la confesión por estas prédicas y reflexiones sobre las cosas últimas!

Además, hay que reconocerlo, ese estilo pastoral era profundamente personal: «Acuérdate de que al fin te presentarás ante Dios con toda tu vida, que ante Su tribunal te harás responsable de todos tus actos, que serás juzgado no sólo por tus actos y palabras, sino también por tus pensamientos, incluso los más secretos.» Se puede decir que tales prédicas, perfectamente adecuadas al contenido de la Revelación del Antiguo y del Nuevo Testamento, penetraban profundamente en el mundo íntimo del hombre. Sacudían su conciencia, le hacían caer de rodillas, le llevaban al confesionario, producían en él una profunda acción salvífica.

El hombre es libre y, por eso, responsable. La suya es una responsabilidad personal y social, es una responsabilidad ante Dios. Responsabilidad en la que está su grandeza. Comprendo qué es lo que teme quien llama la atención sobre la importancia de eso de lo que usted se hace portavoz, teme que la pérdida de estos contenidos catequéticos, homiléticos, constituya un peligro para esa fundamental grandeza del hombre. Cabe efectivamente que nos preguntemos si, sin ese mensaje, la Iglesia sería capaz de despertar heroísmos, de generar santos. No hablo tanto de esos «grandes» santos «cotidianos», según la acepción del término en la primera literatura cristiana.

Es significativo que el Concilio nos recuerde también la llamada universal a la santidad en la Iglesia. Esta vocación universal, se refiere a todo bautizado, a todo cristiano. Y es siempre muy personal, está unida al trabajo, a la profesión. Es un rendir cuentas del uso de los propios talentos, de si el hombre ha hecho un buen o un mal uso de ellos. Y sabemos que las palabras del Señor Jesús, dirigidas al hombre que había enterrado el talento, son muy duras, amenazadoras (cfr. Mateo 25,25-30).

Se puede decir, que aun en la reciente tradición catequética y kerygmática de la Iglesia, dominaba una escatología, que podríamos calificar de individual, conforme a una dimensión, aunque profundamente enraizada en la divina Revelación. La perspectiva que el Concilio desea proponer es la de una escatología de la Iglesia y del mundo.

[...] Hay que admitir que esta visión de la escatología estaba sólo muy débilmente presente en las predicaciones tradicionales. Y se trata de una visión originaria, bíblica. Todo el pasaje conciliar, antes citado, está realmente compuesto de textos sacados del Evangelio, de las Cartas apostólicas y de los Hechos de los Apóstoles. La escatología tradicional, que giraba en torno a los llamados Novísimos, está inscrita por el Concilio en esta esencial visión bíblica. La escatología, como ya he mostrado, es profundamente antropológica, pero a la luz del Nuevo Testamento está sobre todo centrada en Cristo y en el Espíritu Santo, y es también, en cierto sentido, cósmica.

Nos podemos preguntar si el hombre con su vida individual, con su responsabilidad, su destino, con su personal futuro escatológico, su paraíso o su infierno o purgatorio, no acabará por perderse en esa dimensión cósmica. Reconociendo las buenas razones de su pregunta, hay que responder honestamente: el hombre en una cierta medida está perdido, se han perdido también los predicadores, los catequistas, los educadores, porque han perdido el coraje de «amenazar con el infierno». Y quizá hasta quien les escucha haya dejado de tenerle miedo.

De hecho, el hombre de la civilización actual se ha hecho poco sensible a las «cosas últimas». Por un lado, a favor de tal insensibilidad actúan la secularización y el secularismo, con la consiguiente actitud consumista, orientada hacia el disfrute de los bienes terrenos. Por el otro lado, han contribuido a ella en cierta medida los infiernos temporales, ocasionados en este siglo que está acabando. Después de las experiencias de los campos de concentración, los gulag, los bombardeos, sin hablar de las catástrofes naturales, ¿puede el hombre esperar algo peor que el mundo, un cúmulo aun mayor de humillaciones y de desprecios? ¿En una palabra, puede esperar un infierno?

Así pues, la escatología se ha convertido, en cierto modo, en algo extraño al hombre contemporáneo, especialmente en nuestra civilización. Esto, sin embargo, no significa que se haya convertido en completamente extraña la fe en Dios como Suprema Justicia; la espera de Alguien que, al fin, diga la verdad sobre el bien y sobre el mal de los actos humanos, y premie el bien y castigue el mal. Ningún otro, solamente Él, podrá hacerlo. Los hombres siguen teniendo esta convicción. Los horrores de nuestro siglo no han podido eliminarla: «Al hombre le es dado morir una sola vez, y luego el juicio» (cfr. Hebreos 9,27).

Esta convicción constituye además, en cierto sentido, un denominador común de todas las religiones monoteístas, junto a otras. Si el Concilio habla de la índole escatológica de la Iglesia peregrinante, se basa también en este conocimiento. Dios, que es justo Juez, el Juez que premia el bien y castiga el mal, es realmente el Dios de Abraham, de Isaac, de Moisés, y también de Cristo, que es Su Hijo. Este Dios es en primer lugar Amor. No solamente Misericordia, sino Amor. No solamente el padre del hijo pródigo; es también el Padre que «da a Su Hijo para que el hombre no muera sino que tenga la vida eterna» (cfr. Juan 3,16)".[97]

Continúa diciendo el Papa: [...] "En Cristo, Dios ha revelado al mundo que quiere que «todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2,4). Esta frase de la Primera Carta a Timoteo tiene una importancia fundamental para la visión y para el anuncio de las cosas últimas. Si Dios desea esto, si Dios por esta causa entrega a Su Hijo, el cual a su vez obra en la Iglesia mediante el Espíritu Santo, ¿puede el hombre ser condenado, puede ser rechazado por Dios?

Desde siempre el problema del infierno ha turbado a los grandes pensadores de la Iglesia desde los comienzos, desde Orígenes, hasta nuestros días, hasta Michail Bulgakov y Hans Urs von Balthasar. En verdad que los antiguos concilios rechazaron la teoría de la llamada apocatástasis final, según la cual el mundo sería regenerado después de la destrucción, y toda criatura se salvaría; una teoría que indirectamente abolía el infierno. Pero el problema permanece. ¿Puede Dios, que ha amado tanto al hombre, permitir que éste lo rechace hasta el punto de querer ser condenado a perennes tormentos? Y, sin embargo, las palabras de Cristo son unívocas. En Mateo habla claramente de los que irán al suplicio eterno (cfr. 25,46). ¿Quienes serán éstos? La Iglesia nunca se ha pronunciado al respecto. Es un misterio verdaderamente inescrutable entre la santidad de Dios y la conciencia del hombre. El silencio de la Iglesia es, pues, la única posición oportuna del cristiano. También cuando Jesús dice de Judas, el traidor, que «sería mejor para ese hombre no haber nacido» (Mateo 26,24), la afirmación no puede ser entendida con seguridad de una eterna condenación.

Al mismo tiempo, sin embargo, hay algo en la misma conciencia moral del hombre que reacciona ante la pérdida de una tal perspectiva: ¿El Dios que es Amor no es también Justicia definitiva? ¿Puede Él admitir estos terribles crímenes, pueden quedar impunes? ¿La pena definitiva no es en cierto modo necesaria para obtener el equilibrio moral en la tan intrincada historia de la humanidad? ¿Un infierno no es en cierto sentido «la última tabla de salvación» para la conciencia moral del hombre? [...]

Quizá esto baste. Muchos teólogos, en Oriente y en Occidente, también teólogos contemporáneos, han dedicado sus estudios a la escatología, a los Novísimos. La Iglesia no ha cesado de mantener su conciencia escatológica. Si cesara de ser escatológica, dejaría de ser fiel a la propia vocación, a la Nueva Alianza, sellada con ella por Dios en Jesucristo[98]".
Notas:
[85] Pío XII, Exhortación a los párrocos y a los predicadores en la Cuaresma de 1949, AAS 41,5 (25 de abril 1949), pág. 185.
[86] Garrigou-Lagrange, La vida eterna y la profundidad del alma (Madrid), p.3ª introd. P. 133.
[87] Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia, 26.
[88] ..............................
[89] Almeras, pág. 135.
[90] "Minatur Deus gehennam, ut a gehenna liberet, et ut firmi ac stabiles evitemus minas" ( De poenit., hom. 3).
[91] .......................
[92] O. c., pág. 660.
[93] Escritos autobiográficos y espirituales, BAC, Madrid, 1959, nº 212, pág.251.
[94] B. Raimondo di Capua, La vita di S. Caterina da Siena, Volgarizzata da Bernardino Pecci, Roma, 1866, Prólogo primo XV, pág. 10: "Se, salva l'unione della tua caritá, io fosse posta sopra la bocca dell'inferno, per chiuderlo, talmente che niuno mai piú v'entrasse, mi sarebbe gratissimo, affinché in tal maniera tutti i mei prossimi si salvassero".
[95] Cartas selectas, Ed. Pío XII, Mar del Plata, 1952, pág.189 (Texto citado en nuestra primeras Constituciones [356]).
[96] Editado por Vittorio Messori, Ed. Plaza & Janes, Barcelona, 1994, págs. 181 y ss.
[97] págs. 181-186.
[98] Idem, pág. 188.


  1. http://www.padrebuela.com.ar/pag_res.asp?id=170
  2. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/02/un-infierno-light-por-rev-p-carlos_25.html
  3. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/02/un-infierno-light-por-rev-p-carlos_03.html
  4. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/02/un-infierno-light-por-rev-p-carlos.html
  5. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/03/un-infierno-light-por-rev-p-carlos.html

viernes, 6 de marzo de 2009

Un infierno light, por Rev. P. Carlos Miguel Buela i.v.e IV

Cuarta entrega de "un infierno light" del Rev. P. Carlos Miguel Buela i.v.e., las partes I, II y III de este texto pueden consultarse utilizando los enlaces finales.

IV. El infierno "vacío".

Hoy día algunos pretenden que el infierno está deshabitado. Piensan que no hay condenados de hecho. Los textos que hablan del infierno no serían más que amenazas que nunca se realizarán. Orígenes admitía condenados temporales, ahora se niega la existencia misma de condenados.

En el Concilio Vaticano II un Padre pidió que se declarase que había, de hecho, condenados en el infierno, porque si no, el infierno sería una mera hipótesis[65]. La Comisión teológica juzgó que no esa necesario introducir esa declaración porque los textos neotestamentarios citados en el documento conciliar tienen forma gramatical futura[66]; no son verbos en forma hipotética o condicional, sino en forma futura. "Irán" supone, como cae de maduro, que alguien irá[67].

Las explicaciones de la Comisión teológica son el presupuesto de las votaciones y constituyen la interpretación oficial del texto. Si algún Padre no hubiese estado de acuerdo con la interpretación hubiese votado"non placet". De modo tal que estamos frente a la interpretación oficial de cómo entiende el Concilio esos pasajes bíblicos y lo entiende en el sentido de que hay y habrá condenados de hecho, excluyendo la interpretación meramente hipotética del infierno.

Una vez más comprobamos que algunos que se creen los adalides del Concilio Vaticano II son los que más ignoran sus textos y la interpretación correcta de los mismos.

La fe católica afirma sin ambagues, como enseña Mons. José Capmany Casamitjana, Obispo Director Nacional de las Obras Pontificias Misionales de España: "Lo cierto es que el infierno existe y que allí hay y habrá condenados"[68],y los que tienen un mínimo de sentido común deducen: "Y yo puedo ser uno de ellos. Pondré todos los medios para evitarlo".

Ciertamente que la Iglesia no tiene poder para declarar quienes son los que se han condenado. No existe una suerte de canonización al revés. Más aún, la incapacidad que tiene la Iglesia para señalar quien está en el infierno, es salvífica.

Se cuenta de San Vicente Pallotti que un día el santo sacerdote acompañaba al suplicio a un asesino del peor género, que rehusaba obstinadamente arrepentirse, se mofaba de Dios y blasfemaba hasta en el cadalso. El P. Palotti había agotado ya todos lo medios de conversión: estaba en el tablado al lado de aquel miserable; bañado de lágrimas el rostro, se había echado a sus pies, suplicándole que aceptase el perdón de sus crímenes, mostrándole el anchuroso abismo en que iba a caer. A todo esto, el monstruo había respondido con un insulto y una blasfemia, y su cabeza acababa de caer al golpe de la fatal cuchilla. En la exaltación de su fe, de su dolor e indignación, y también para que aquel horrible escándalo se trocase para la muchedumbre de los asistentes en saludable lección, el piadoso eclesiástico se levanta, coge por los cabellos la ensangrentada cabeza del ajusticiado y presentándola a la multitud: "¡Mirad!, exclamó con voz atronadora; ¡mirad bien!; ¡he aquí la cara de un condenado!" Se dice que este sólo hecho basto para retardar el proceso de beatificación. ¡Hasta tal punto la Iglesia es misericordiosa![69]

Del Santo Cura de Ars solamente se cita un caso en el cual pareció temer por la suerte eterna de un difunto. "Una persona recién llegada de París o de sus alrededores -refiere Hipólito Pagés- le preguntó donde estaba el alma de uno de sus parientes recientemente fallecido. Recibió esta respuesta, sin comentario alguno: 'No quiso confesarse a la hora de la muerte'. Desgraciadamente, era muy cierto: el moribundo había rechazado al sacerdote. El Cura de Ars no podía saberlo de antemano"[70].

Ni del mismo Judas se puede afirmar con seguridad, a pesar de que hay varios textos bíblicos que parecieran abonar la hipótesis de su condenación. De hecho, San Vicente Ferrer afirmaba que se había salvado[71].

En nombre de la misericordia divina.

Hacia el 420 San Agustín[72] indica distintas teorías sobre el infierno actuales en aquel entonces:
1- Algunos creían que todos los pecados eran expiados en vida o después de morir;
2- Otros sostenían que Dios no condenaría a nadie por la intercesión de los santos;
3- Otros sostenían que ningún bautizado, ni aún los herejes, se condenarían;
4- Había quienes limitaban la salvación a todos los bautizados en la Iglesia católica, que aunque cayesen en idolatría y ateísmo no se condenarían para siempre;
5- Otros decían que los que perseveraran en la fe, aunque cayesen en pecados graves, se salvarían;
6- Algunos afirmaban que sólo se condenarían los despiadados.

Ideas todas que fueron defendidas en nombre de la misericordia divina, como pasa ahora también. Todos los hombres y mujeres estarían confirmados en gracia.

San Agustín refutó todas esas teorías: "Después del juicio final unos no querrán y otros no podrán pecar... Los unos viven en la vida eterna una vida verdaderamente feliz, los otros seguirán siendo desventurados en la muerte eterna, sin poder morir: ni unos ni otros tendrán fin... La muerte eterna de los condennados no tendrá fin y el castigo común a todos consistirá en que no podrán pensar ni en el fin, ni en la tregua, ni en la disminución de sus penas"[73].

Ya hemos visto como en nombre de la misericordia divina Schillebeeckx niega el infierno. Pero hay otros teológos católicos, no "infernalistas" como dice uno de ellos, que pareciera que, de hecho, creen que el infierno está vacío, como Teilhard de Chardin, Rahner y von Balthasar, que consideran el infierno como una posibilidad real de desastre final pero, al mismo tiempo, insisten en el deber de "esperar para todos", según R. Gibelli[74]. A primera vista pareciera que la postura de Schillebeeckx es más grave, sin embargo, este último es más peligroso engaño.

Una eternidad sin nadie que, de hecho, se haya condenado ni se vaya a condenar, es una eternidad frívola, no seria, es un infierno "light". No vale la pena luchar por evitarlo, si de hecho se evita; por tanto tampoco vale la pena esforzarse por ganar la otra eternidad, que nos es dada sin esfuerzo. La propuesta del infierno progresista es una propuesta autoritaria y demagógica. Autoritaria, porque todos, aunque no quieran, se salvan; demagógica, porque como los políticos actuales hacen promesas fáciles de eterna salvación, que luego no cumplirán, muchos se enterarán cuando ya sea tarde, y ¿a quién reclamarán?

Un infierno vacío no es un infierno salvífico; por el contrario, un infierno habitado, sí, es salvífico. Por eso está revelado: "...irán...", y como toda revelación sobrenatural, es una revelación salvífica.

Negar el infierno -en alguno o en todos sus elementos- es una forma de univocar el ser, de homogeneizarlo, lo cual es típico de todo sistema gnóstico. El infierno "light"es, en el fondo, un infierno hegeliano, es decir, una ideadel infierno, no un infierno real, concreto, de hecho; es un "flatus vocis", no un acontecimiento. Digamos que a la pastoral del "flatus vocis", corresponde un infierno que es un "flatus vocis". Los que afirman que no hay condenados en el infierno, se inscriben en la misma línea ideológica de los que niegan la transmisión por generación del pecado original, o niegan la Encarnación verdadera y real de nuestro Señor, o su resurrección corporal[75], o la integridad biológica de la Virgen María, o la presencia física de Cristo en la Eucaristía. Algunos no niegan descaradamente el infierno, ni el pecado original, ni la Encarnación del Verbo, ni la resurrección, ni la virginidad de María, ni la Eucaristía; pero sí niegan aquello que verifica, sustenta, a modo de preambula fidei la realidad del infierno, del pecado original, de la Encarnación, de la resurrección, de la virginidad, de la presencia real en la Eucaristía. Es decir, imitan la actitud inconciente de quien serrucha la rama donde está sentado.Este infierno de ficción es una pamplinada más del progresismo. Es un infierno vano y nimio, como repulgo de empanada.

¡Qué diferencia! Antes se decía que había un cartel en la entrada del infierno: "Los que entrais aquí abandonad toda esperanza"; ahora cambiaron la leyenda del cartel por: "Prohibido entrar". Antes: "Aquí no hay salvación"; ahora: "Se alquila. Desocupado". Antes los malos iban al infierno; ahora si hay infierno Dios es malo.

Mucho tiempo atrás ya advertía San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, sobre los misericordiosistas: "Pero ¡Dios es tan misericordioso! Sí; es misericordioso, pero no es tan estúpido que vaya a obrar irracionalmente; ser misericordioso con quienes quieren continuar ofendiéndole no sería bondad, sino estupidez de Dios. Dice el Señor: ¿Ha de ser malo tu ojo porque yo soy bueno? (Mt 20,15) Y porque yo soy bueno, ¿tú quieres ser malo? Dios es bueno, pero también es justo, y, por tanto, nos exhorta a observar su santa ley si queremos salvarnos: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt 19,17). Si Dios fuera misericordioso con todos los hombres, buenos y malos; si concediera a todos la gracia de convertirse antes de morir, sería ocasión de pecado hasta para los buenos; pero no, que cuando llega el término de sus misericordias castiga y no perdona más. Y mis ojos no se compadecerán de ti ni me apiadaré (Ez 7,4); por lo que nos avisa: Rogad que vuestra fuga no sea en invierno ni en sábado (Mt 14,20). En el invierno no se puede actuar por el frío ni en el sábado por la ley; lo que significa que para los pecadores impenitentes vendrá tiempo en que quisieran darse a Dios y se verán impedidos de hacerlo por sus malos hábitos"[76].

Sabias palabras que hay que sopesar atentamente:

-Dios es misericordioso, pero no estúpido;
-Dios es misericordioso, pero su misericordia es regulada por su sabiduría[77];
-Dios es Amor, pero no obra irracionalmente;
-Dios es bueno, pero no para que nosotros seamos malos; si Dios fuese bueno para que nosotros seamos malos, Dios no sería bueno;
-Dios es bueno, pero es justo;
-Si Dios salvase a todos, si quisiese con voluntad eficaz la salvación de todos los hombres, sean buenos o sean malos, Dios sería ocasión de pecado aún para los buenos, o sea, que si no castigase a los malos induciría a los buenos a que se hiciesen malos, ya que sería lo mismo. Ese absurdo, ue en Dios no se da, sí se da en predicadores, catequistas o formadores que niegan el infierno por el motivo que fuese -niegan la pena de daño, o la de sentido, o la eternidad, o lo vacían-: ellos sí, de hecho, son ocasión de pecado aún para los buenos. Dios quiere con voluntad antecedente la salvación de todos los hombres, pero con voluntad consecuente, luego del pecado no retractado, quiere castigar a algunos. En nuestras Congregaciones religiosas invítese, tempestivamente, a quienes nieguen cualquier aspecto del infierno, a que salgan de nuestra familia religiosa. Que no nos pase, lo que ha pasado con tantos otros. Tápense los oídos cuando alguien hable negando la terrible realidad del infierno, esos son retoños del Maligno que trabajan para él. Son lobos con piel de oveja.

Si Dios quisiese con voluntad eficaz la salvación de todos los hombres, ¿para qué la Encarnación de su Hijo?, ¿para qué la muerte en cruz?, ¿para qué la Iglesia?, ¿para qué el Papa, los obispos, los sacerdotes y diáconos?, ¿para qué la nueva evangelización?, ¿para qué las Conferencias Episcopales, las Curias, el CELAM y todos los demás organismos?, ¿para qué los sacramentos?, ¿para qué la liturgia?, ¿para qué la Palabra de Dios, la Biblia?, ¿para que la predicación?, ¿para qué evangelizar la cultura?, ¿para qué la misión ad gentes?, ¿para qué tratar "sobre la Iglesia en el mundo actual"?, ¿para qué el diálogo, con los otros cristianos, con los que creen en Dios, con los que no creen en nada?, ¿para qué trabajar en el areópago de los medios de comunicación?, ¿para qué... ?

El infierno se puebla más con la "misericordia" que con la justicia. El progresismo es antifrástico -como al gordo que le dicen flaco-: quieren un infierno vacío y lo único que logran es poblarlo más. Son los colonizadores del infierno. Un infierno deshabitado es un infierno fatal para los hombres.

Es también San Alfonso el que enseña: "Cierto autor indicaba que el infierno se puebla más por la misericordia que no por la justicia divina; y así es, porque, contando temerariamente con la misericordia, prosiguen pecando y se condenan. Dios es misericordioso. ¿Pero, quién lo niega? Y, a pesar de ello, ¡a cuántos manda hoy día la misericordia al infierno! Dios es misericordioso, pero también justo, y por eso está obligado a castigar a quien lo ofende. Él usa de misericordia con los pecadores, pero sólo con quienes luego de ofenderle lo lamentan y temen ofenderlo otra vez: Su misericordia por generaciones y generaciones para con aquellos que le temen[78], cantó la Madre de Dios. Con los que abusan de su misericordia para despreciarlo, usa de justicia. El Señor perdona los pecados, pero no puede perdonar la voluntad de pecar. Escribe San Agustín que quien peca con esperanza de arrepentirse después de pecar, no es penitente, sino que se burla de Dios[79]. El Apóstol nos advierte que de Dios no se burla uno en vano: De Dios nadie se burla[80]. Sería burlarse de Dios ofenderlo como y cuanto uno quiere y después ir al cielo"[81].

Leí un artículo muy ambigüo: "Díme cómo es tu infierno y te diré quién es tu Dios"[82], lo cual vale también para saber cómo es la persona que opina sobre el infierno. Si tu infierno está vacío, tu dios es estúpido y vos lo mismo. Si tu infierno es "light", tu dios es "light", y vos sos un hombre "light".

Los infernovacantistas lo único que han dejado vacíos son los conventos, los seminarios y los noviciados. Muchos se quejan de que no tienen vocaciones, pero si no creen en la eternidad, ¿cómo podrán convencer a los jóvenes que vale la pena entregarlo todo por Cristo? En toda decisión vocacional a la vida consagrada está presente la dimensión escatológica. Cuando ésta falta, falta la motivación para hacer algo que valga la pena. Sin eternidad es imposible que haya vocaciones a la vida consagrada: "...es constante la doctrina que la presenta como anticipación del Reino futuro. El Concilio Vaticano II vuelve a proponer esta enseñanza cuando afirma que la consagración "anuncia ya la resurrección futura y la gloria del reino de los cielos"[83]. Esto lo realiza sobre todo la opción por la virginidad, entendida siempre por la tradición como una anticipación del mundo definitivo, que ya desde ahora actúa y transforma al hombre en su totalidad"[84].

Los infernovacantistas disminuyen la grandeza del misterio pascual y tranforman la necesidad y urgencia de la nueva evangelización en una suerte de nuevo proselitismo. Son los agoreros de "los cielos nuevos y la tierra nueva" profetizados y prometidos (Is. 65, 17 y cf. 66, 22; 2 Ped 3, 13).

NOTAS:

[64] IV Sent. d. 46, q. 4, sol 2; cfr.Supl. 99, 3.
[65] "Unus Pater vult aliquam sententiam introduci ex que appareat reprobos de facto haberi (ne damnatio ut mera hypotesis maneat". Schema Constitutionis dogmaticae de Ecclesia, Modi VI, cap. 7, n. 40, pág. 10.
[66] "Ceterum in n.48 Schematis citantur verba evangélica quibus Dominus ipse in forma grammaticaliter futura de reprobis loquitur". (Idem nota anterior).
[67] Prescindimos en este trabajo de la cuestión si son muchos o pocos los que se salvan. No entra dentro de nuestro intento ocuparnos de esa cuestión.
[68] Gran Enciclopedia GER, Tomo 12, pág.710.
[69] cfr. Mons. de Segur, El Infierno, Iction, Buenos Aires, 1980, pág.150-151.
[70] La declaración consta en el Proceso del Ordinario, pág. 449.
[71] Henri Gheón, Vicente Ferrer y su tiempo, ...... Ahora me desdigo de esta opinión gracias a la fina atención de corregirme que me hiciera la Srta. Rocío Ferrel: “El libro de Gheon 'San Vicente Ferrer', es en realidad un resumen muy pequeño, y con sólo cuatro referencias bibliográficas. Podría decirse que es un autor negligente, porque cita entre las cuatro referencias bilbliográficas al P. Fages O. P., y es precisamente este autor (en 'Histoire de Sant Vincent Ferrier') quien aclara que el hecho fue una calumnia y un rumor. Se inició un proceso para que San Vicente comparezca ante la Inquisición, pero finalmente, ante lo burdo de la acusación, el proceso fue quemado. Esto está en capítulo XII del Tomo I de su obra.
Cierto, la Iglesia no afirma nada sobre la condenación de alguien, pero algunos santos han recibido revelación sobre el destino en el más alla de ciertas personas. Sobre Judas, la venerable María de Jesús Agreda escribió, el la Mística Ciudad de Dios, que Judas no sólo fue lanzado en cuerpo y alma al infierno, sino que inauguró (en el infierno) un nuevo lugar de tormento, para los que han cometido grandes pecados como los de él”. (Agregado en mayo de 2004).
[72] La Ciudad de Dios, cap. 21, sec 17, 22.
[73] Enchiridion, cap. 29, sec. 111 y 113.
[74] La teología de XX secolo (Queriniana, Brescia 1992, 367-368).
[75] Cfr. mi artículo La resurrección, ¿Mito o realidad?,Mikael, año 2, nº 6.
[76]Obras Ascéticas, Sermón XXXIV, tomo II, B.A.C.,1954, pág. 749.
[77] Cfr. S. Th., Supl., 99, 2, ad 1.
[78] Lc. 1,50.
[79] "Irrisor est, non poenitens" (Ad. Fr. in er., s. 2).
[80] Gal 6,7.
[81] Sermón 32, Ilusiones del pecador, o.c., pág. 731-732.
[82] Boletín salesiano, Agosto 1993, nº 510, pág.10 y ss.
[83] Constitución dogmática Lumen gentium, 42.
[84] Exhortación apostólica post-sinodal Vita consecrata, nº 26.

  1. http://www.padrebuela.com.ar/pag_res.asp?id=170
  2. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/02/un-infierno-light-por-rev-p-carlos_25.html
  3. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/02/un-infierno-light-por-rev-p-carlos_03.html
  4. http://catolicosapostolicosyromanos.blogspot.com/2009/02/un-infierno-light-por-rev-p-carlos.html