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miércoles, 21 de mayo de 2008

Discurso de S.S. Benedicto XVI del Angelus del 18 de Mayo en su visita pastoral a Génova, Italia

¡Queridos hermanos y hermanas!

En el corazón de mi visita pastoral a Génova, hemos llegado a la hora de la habitual cita dominical del Ángelus, y mi pensamiento vuelve naturalmente al Santuario de Nuestra Señora de la Guardia, donde esta mañana he estado en oración. Peregrino en ese oasis montano, allí se acercó muchas veces el Papa Benedicto XV, vuestro ilustre conciudadano, quien pidió que se colocara una reproducción de la querida imagen de la Virgen de la Guardia en los Jardines Vaticanos. Y como hizo mi venerado predecesor Juan Pablo II, en su primer viaje apostólico a Génova, también he querido iniciar mi visita pastoral con el homenaje a la celeste Madre de Dios, que desde lo alto del monte Figogna vela por la ciudad y por todos sus habitantes.

La tradición relata que a Benedetto Pareto, inquieto porque no sabía cómo responder a la invitación de construir una iglesia en aquel lugar tan distante de la ciudad, la Virgen, en su primera aparición, dijo: «¡Confía en mi! Los medios no te faltarán. Con mi ayuda todo se resultará fácil. Mantén sólo firme tu voluntad». «¡Confía en mí!». Esto nos repite hoy María. Una antigua oración, muy querida a la tradición popular, nos permite dirigirle estas confiadas palabras, que hoy hacemos nuestras: «Acuérdate, oh Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a tu protección, implorado tu auxilio, reclamado tu socorro, ha sido abandonado». Es con esta certeza con la que invocamos la materna asistencia de la Virgen de la Guardia sobre vuestra comunidad diocesana, sobre sus Pastores, las personas consagradas, los fieles laicos: los jóvenes, las familias, los ancianos. A Ella le pedimos que vele, de manera especial, por los enfermos y todos los que sufren, y que haga fructíferas las iniciativas misioneras que están en marcha para llevar a todos el anuncio del Evangelio. A María confiamos juntos toda la ciudad, con su variada población, sus actividades culturales, socales y económicas; los problemas y los desafíos de nuestro tiempo, y el empeño de cuantos cooperan por el bien común.

Amplio ahora mi mirada a toda Liguria, constelada de iglesias y santuarios marianos, puestos como una corona entre el mar y las montañas. Junto a vosotros doy gracias a Dios por la fe robusta y tenaz de las generaciones anteriores que, en el curso de los siglos, han escrito páginas memorables de santidad y de civilización humana. Liguria, y en particular Génova, es desde siempre una tierra abierta al Mediterráneo y al mundo entero: ¡cuántos misioneros partieron de este puerto hacia América y otras lejanas tierras! ¡Cuánta gente de aquí ha emigrado a otros países, pobre tal vez de recursos materiales, pero rica en fe y en valores humanos y espirituales que después ha trasplantado en los lugares de arribo! Que María, Estrella del mar, siga brillando sobre Génova; que continúe María, Estrella de la esperanza, guiando el camino de los genoveses, especialmente de las nuevas generaciones, a fin de que sigan, con su ayuda, la ruta justa en el mar frecuentemente tempestuoso de la vida.

[Traducción del original italiano realizada por Marta Lago.

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
  1. http://www.zenit.org/article-27330?l=spanish

lunes, 12 de mayo de 2008

Discurso de S.S. Benedicto XVI del Regina Coeli del Domingo de Pentecostés

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos hoy la solemnidad de Pentecostés, antigua fiesta judía en la que se recordaba la Alianza de Dios con su pueblo en el monte Sinaí (Cf. Éxodo 19). Se convirtió también en fiesta cristiana precisamente por lo que sucedió en esa ocasión, 50 días después de la Pascua de Jesús. Leemos en los Hechos de los Apóstoles que los discípulos estaban reunidos en oración en el Cenáculo cuando sobre ellos descendió con potencia el Espíritu Santo, como viento y fuego. Salieron entonces a anunciar en muchos idiomas la buena noticia de la resurrección de Cristo (Cf. 2,1-4). Aquel fue el «bautismo en el Espíritu Santo», que había sido anunciado por Juan Bautista: «Yo os bautizo en agua para conversión --decía a la muchedumbre--; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo... Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» (Mateo 3, 11).

En efecto, toda la misión de Jesús estuvo orientada a entregar a los hombres el Espíritu de Dios y a bautizarles en su «lavatorio» de regeneración. Esto se realizó con su glorificación (Cf. Juan 7,39), es decir, mediante su muerte y resurrección: entonces el Espíritu de Dios fue difundido de manera sobreabundante, como una cascada capaz de purificar todo corazón, de apagar el incendio del mal y de encender en el mundo el fuego del amor divino.

Los Hechos de los Apóstoles presentan Pentecostés como cumplimiento de esta promesa y, por tanto, como coronación de toda la misión de Jesús. Él mismo, tras su resurrección, ordenó a los discípulos que permanecieran en Jerusalén, pues, como les dijo, «seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hechos 1, 5); y añadió: «recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hechos 1, 8).

Pentecostés es, por tanto, de manera especial, el bautismo de la Iglesia que emprende su misión universal, comenzando por las calles de Jerusalén, con la prodigiosa predicación en los diferentes idiomas de la humanidad. En este bautismo de Espíritu Santo son inseparables la dimensión personal y la comunitaria, el «yo» del discípulo y el «nosotros» de la Iglesia. El Espíritu consagra a la persona y hace de ella, al mismo tiempo, miembro vivo del Cuerpo místico de Cristo, partícipe de la misión de testimoniar su amor. Y esto tiene lugar mediante los sacramentos de la iniciación cristiana: el Bautismo y la Confirmación.

En mi mensaje con motivo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud 2008, he propuesto a los jóvenes que redescubran la presencia del Espíritu Santo en su vida y, por tanto, la importancia de estos sacramentos. Hoy quisiera ampliar la invitación a todos: redescubramos, queridos hermanos y hermanas, la belleza de ser bautizados en el Espíritu Santo; retomemos conciencia de nuestro Bautismo y de nuestra Confirmación, manantiales de gracia siempre actual.
Pidamos a la Virgen María que alcance también hoy a la Iglesia un nuevo Pentecostés, que infunda en todos, en especial en los jóvenes, la alegría de vivir y testimoniar el Evangelio.

[Al final de la oración del Regina Caeli, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En italiano dijo:]

He seguido con profunda preocupación, en los días pasados, la situación en el Líbano, donde al estancamiento de la iniciativa política le ha seguido en un primer momento la violencia verbal y después los enfrentamientos armados, con numerosos muertos y heridos. Si bien en las últimas horas la tensión se ha calmado, considero hoy un deber exhortar a los libaneses a abandonar toda lógica de contraposición agresiva que llevaría a su querido país hacia lo irreparable.

El diálogo, la comprensión mutua y la búsqueda del compromiso razonable son el único camino que puede restituir al Líbano sus instituciones y a la población la seguridad necesaria para una vida cotidiana digna y llena de esperanza en el mañana.

Que el Líbano, por la intercesión de Nuestra Señora del Líbano, sepa responder con valentía a su vocación de ser para Oriente Medio y para todo el mundo signo de la real posibilidad de pacifica y constructiva convivencia entre los hombres. Las diferentes comunidades que lo componen, como recuerda la exhortación apostólica postsinodal Una nueva esperanza para el Líbano (Cf n. 1), son al mismo tiempo «una riqueza, una originalidad y una dificultad. Pero hacer vivir el Líbano es una tarea común de todos sus habitantes». Con María, Virgen en oración en Pentecostés, pidamos al Omnipotente una abundante efusión del Espíritu Santo, el Espíritu de la unidad y de la concordia, que inspire en todos pensamientos de paz y de reconciliación.

Saludo con afecto al gran grupo de «Muchachos por la unidad» del Movimiento de los Focolares, procedentes de muchos países de los cinco continentes. ¡Queridos chicos, sois un hermoso signo del hecho de que la Iglesia habla todos los idiomas! Siguiendo el carisma de Chiara Lubich, seguid con entusiasmo vuestra «carrera por la unidad».

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los fieles de lengua española en esta solemnidad de Pentecostés, exhortando a todos a invocar los dones del Espíritu Santo, que guía la Iglesia, para robustecer la fe, vivificar la esperanza e iluminar el camino que lleva a renovar la faz de la tierra con la fuerza del amor y el compromiso por la paz y la unidad. ¡Feliz Pentecostés!

Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
  1. http://www.zenit.org/article-27252?l=spanish

viernes, 14 de marzo de 2008

Angelus domingo 9 de marzo

Queridos hermanos y hermanas:

En nuestro itinerario cuaresmal hemos llegado al quinto domingo, caracterizado por el evangelio de la resurrección de Lázaro (cf. Jn 11, 1-45). Se trata del último gran "signo" realizado por Jesús, después del cual los sumos sacerdotes reunieron al sanedrín y deliberaron matarlo; y decidieron matar incluso a Lázaro, que era la prueba viva de la divinidad de Cristo, Señor de la vida y de la muerte.
En realidad, esta página evangélica muestra a Jesús como verdadero hombre y verdadero Dios. Ante todo, el evangelista insiste en su amistad con Lázaro y con sus hermanas Marta y María. Subraya que «Jesús los amaba» (Jn 11, 5), y por eso quiso realizar ese gran prodigio. «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo» (Jn 11, 11), así les habló a los discípulos, expresando con la metáfora del sueño el punto de vista de Dios sobre la muerte física: Dios la considera precisamente como un sueño, del que se puede despertar.
Jesús demostró un poder absoluto sobre esta muerte: se ve cuando devuelve la vida al joven hijo de la viuda de Naím (cf. Lc 7, 11-17) y a la niña de doce años (cf. Mc 5, 35-43). Precisamente de ella dijo: «La niña no ha muerto; está dormida» (Mc 5, 39), provocando la burla de los presentes. Pero, en verdad, es precisamente así: la muerte del cuerpo es un sueño del que Dios nos puede despertar en cualquier momento.
Este señorío sobre la muerte no impidió a Jesús experimentar una sincera compasión por el dolor de la separación. Al ver llorar a Marta y María y a cuantos habían acudido a consolarlas, también Jesús «se conmovió profundamente, se turbó» y, por último, «lloró» (Jn 11, 33. 35). El corazón de Cristo es divino-humano: en él Dios y hombre se encontraron perfectamente, sin separación y sin confusión. Él es la imagen, más aún, la encarnación de Dios, que es amor, misericordia, ternura paterna y materna, del Dios que es Vida.
Por eso declaró solemnemente a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». Y añadió: «¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Una pregunta que Jesús nos dirige a cada uno de nosotros; una pregunta que ciertamente nos supera, que supera nuestra capacidad de comprender, y nos pide abandonarnos a él, como él se abandonó al Padre.
La respuesta de Marta es ejemplar: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11, 27). ¡Sí, oh Señor! También nosotros creemos, a pesar de nuestras dudas y de nuestras oscuridades; creemos en ti, porque tú tienes palabras de vida eterna; queremos creer en ti, que nos das una esperanza fiable de vida más allá de la vida, de vida auténtica y plena en tu reino de luz y de paz.
Encomendemos esta oración a María santísima. Que su intercesión fortalezca nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús, especialmente en los momentos de mayor prueba y dificultad.

Después del Ángelus
Nuevo llamamiento en favor de la paz en Tierra Santa e Irak
En los días pasados la violencia y el horror han ensangrentado nuevamente la Tierra Santa, alimentando una espiral de destrucción y de muerte que no parece tener fin. A la vez que os invito a pedir con insistencia al Señor omnipotente el don de la paz para esa región, deseo encomendar a su misericordia a las numerosas víctimas inocentes y expresar solidaridad a las familias y a los heridos. Aliento, además, a las autoridades israelíes y palestinas en su propósito de seguir construyendo, mediante la negociación, un futuro pacífico y justo para sus pueblos, y pido a todos, en nombre de Dios, que abandonen las sendas tortuosas del odio y de la venganza y recorran responsablemente caminos de diálogo y de confianza.
Eso mismo deseo para Irak, mientras aún nos preocupa la suerte de su excelencia monseñor Rahho y de numerosos iraquíes que siguen sufriendo una violencia ciega y absurda, ciertamente contraria a la voluntad de Dios.

El próximo jueves, 13 de marzo, a las 17.30, presidiré en la basílica de San Pedro una liturgia penitencial para los jóvenes de la diócesis de Roma. Será un momento fuerte de preparación para la XXIII Jornada mundial de la juventud, que celebraremos el domingo de Ramos y que culminará en julio próximo con el gran encuentro de Sydney. Queridos jóvenes de Roma, os invito a todos a esta cita con la misericordia de Dios. A los sacerdotes y a los responsables les recomiendo que fomenten la participación de los jóvenes, haciendo suyas las palabras del apóstol san Pablo: «Somos embajadores de Cristo. (...) ¡Reconciliaos con Dios!» (2Co 5, 20).

(En castellano)Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los alumnos del instituto de enseñanza secundaria «La Poveda» de Arganda del Rey (Madrid). En este quinto domingo de Cuaresma, la Iglesia nos invita a contemplar a Cristo, siempre compasivo con los tristes y afligidos, y a vivir de aquel mismo amor que lo movió a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Muchas gracias.

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana
  1. http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/angelus/2008/documents/hf_ben-xvi_ang_20080309_sp.html

miércoles, 12 de marzo de 2008

Angelus del Domingo 2 de Marzo

Queridos hermanos y hermanas:



En estos domingos de Cuaresma, a través de los pasajes del evangelio de san Juan, la liturgia nos hace recorrer un verdadero itinerario bautismal: el domingo pasado, Jesús prometió a la samaritana el don del "agua viva"; hoy, curando al ciego de nacimiento, se revela como "la luz del mundo"; el domingo próximo, resucitando a su amigo Lázaro, se presentará como "la resurrección y la vida". Agua, luz y vida: son símbolos del bautismo, sacramento que "sumerge" a los creyentes en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, liberándolos de la esclavitud del pecado y dándoles la vida eterna.
Detengámonos brevemente en el relato del ciego de nacimiento (cf. Jn 9, 1-41). Los discípulos, según la mentalidad común de aquel tiempo, dan por descontado que su ceguera es consecuencia de un pecado suyo o de sus padres. Jesús, por el contrario, rechaza este prejuicio y afirma: "Ni este pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios" (Jn 9, 3). ¡Qué consuelo nos proporcionan estas palabras! Nos hacen escuchar la voz viva de Dios, que es Amor providencial y sabio. Ante el hombre marcado por su limitación y por el sufrimiento, Jesús no piensa en posibles culpas, sino en la voluntad de Dios que ha creado al hombre para la vida. Y por eso declara solemnemente: "Tengo que hacer las obras del que me ha enviado. (...) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo" (Jn 9, 4-5).
Inmediatamente pasa a la acción: con un poco de tierra y de saliva hace barro y lo unta en los ojos del ciego. Este gesto alude a la creación del hombre, que la Biblia narra con el símbolo de la tierra modelada y animada por el soplo de Dios (cf. Gn 2, 7). De hecho, "Adán" significa "suelo", y el cuerpo humano está efectivamente compuesto por elementos de la tierra. Al curar al hombre, Jesús realiza una nueva creación. Pero esa curación suscita una encendida discusión, porque Jesús la realiza en sábado, violando, según los fariseos, el precepto festivo. Así, al final del relato, Jesús y el ciego son "expulsados" por los fariseos: uno por haber violado la ley; el otro, porque, a pesar de la curación, sigue siendo considerado pecador desde su nacimiento.
Al ciego curado Jesús le revela que ha venido al mundo para realizar un juicio, para separar a los ciegos curables de aquellos que no se dejan curar, porque presumen de sanos. En efecto, en el hombre es fuerte la tentación de construirse un sistema de seguridad ideológico: incluso la religión puede convertirse en un elemento de este sistema, como el ateísmo o el laicismo, pero de este modo uno queda cegado por su propio egoísmo.
Queridos hermanos, dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios. Confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, lo que la Biblia llama el "gran pecado" (cf. Sal 19, 14): el orgullo. Que nos ayude en esto María santísima, la cual, al engendrar a Cristo en la carne, dio al mundo la verdadera luz.

Después del Ángelus
Llamamiento por la liberación de monseñor Paulos Fara Rahho, arzobispo de Mosul de los caldeos, secuestrado en Irak
Con profunda tristeza sigo el dramático secuestro de monseñor Paulos Faraj Rahho, arzobispo de Mosul de los caldeos, en Irak. Me uno al llamamiento del patriarca, el cardenal Emmanuel III Delly, y de sus colaboradores, para que el querido prelado, que por lo demás se encuentra en precarias condiciones de salud, sea liberado inmediatamente. Al mismo tiempo, elevo mi oración de sufragio por las almas de los tres jóvenes asesinados, que estaban con él en el momento del secuestro. Expreso, además, mi cercanía a toda la Iglesia en Irak, y en particular a la Iglesia caldea, una vez más golpeada duramente, a la vez que animo a los pastores y a los fieles a permanecer fuertes y firmes en la esperanza. Que se redoblen los esfuerzos de quienes depende el destino del querido pueblo iraquí para que, gracias al compromiso y a la sabiduría de todos, recupere la paz y la seguridad, y no se le niegue el futuro al que tiene derecho.

Llamamiento en favor de la paz en Oriente Próximo
Por desgracia, en estos días la tensión entre Israel y la franja de Gaza ha alcanzado niveles muy graves. Renuevo mi apremiante invitación a las autoridades, tanto israelíes como palestinas, para que se interrumpa esta espiral de violencia, unilateralmente, sin condiciones: sólo mostrando un respeto absoluto por la vida humana, incluida la del enemigo, se puede esperar dar un futuro de paz y de convivencia a las generaciones jóvenes de esos dos pueblos, que tienen sus raíces en Tierra Santa. Invito a toda la Iglesia a elevar súplicas al Omnipotente por la paz en la tierra de Jesús y a mostrar solidaridad atenta y efectiva a ambas poblaciones, israelí y palestina.

Durante la semana, la crónica italiana ha centrado su atención en la triste muerte de dos niños, conocidos como Ciccio y Tore. Un desenlace que me ha conmovido profundamente, como a numerosas familias y personas. Aprovecho la oportunidad para elevar mi voz en favor de la infancia: cuidemos a los niños. Es necesario amarlos y ayudarles a crecer. Lo digo a los padres, pero también a las instituciones. Al hacer este llamamiento, pienso en los niños de todas las partes del mundo, particularmente en los más indefensos, en los explotados o víctimas de abusos. Encomiendo a todos los niños al Corazón de Cristo, que dijo: "Dejad que los niños vengan a mí" (Lc 18, 16).

Saludo en castellano
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de las parroquias de la Sagrada Familia de Valladolid, Santa Marina de Palencia y San José Obrero de Ávila, así como a los miembros de las cofradías de Nuestra Señora de Linarejos y Virgen de la Capilla, de Jaén. Siguiendo el itinerario cuaresmal, invito a todos a dejarse iluminar por Cristo y hacer que, con el testimonio de vida y las buenas obras, resplandezca su luz ante los hombres. ¡Feliz domingo!

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

  1. http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/angelus/2008/documents/hf_ben-xvi_ang_20080302_sp.html
  2. http://www.h2onews.org/_page_videoview.php?id_news=434#