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lunes, 16 de marzo de 2009

Salir al encuentro del hermano que tiene quejas contra ti: Carta a los obispos perplejos.


Desde "Panoráma Católico Internacional", reproducimos la opinión de su editor, don Marcelo González, comentando la carta de S.S. Benedicto XVI en que explica a los obispos del mundo su decisión de levantar las excomuniones de los 4 obispos consagrados por Mons. Marcel Lefevbre.

¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que "tiene quejas contra ti" (cf. Mt 5,23s) y buscar la reconciliación?
(Benedicto XVI, Carta sobre la Remisión de la Excomunión a los Obispos de la FSSPX)

La carta de Benedicto XVI a los obispos sobre la remisión de la excomunión a los obispos de la FSSPX es un interesantísimo documento que conviene analizar con cierta fineza, a riesgo de caer en una aceptación o un rechazo meramente emocional, tanto de parte de los sectores progresistas (quienes han manifestado ya abiertamente su prescindencia del instituto Petrino, como de parte de los defensores de la Tradición, quienes no suelen ver los progresos graduales ciertamente obsesionados por el reclamo de una definición al estilo Syllabus. Esta definición, por deseable que sea, no parece viable bajo las actuales circunstancias eclesiásticas y por la forma mentis del Santo Padre, un hombre que en muchos aspectos sostiene opiniones divergentes de la concepción tradicional.

El primer punto de análisis, sin duda, es el hecho mismo de la carta. Se puede justificar fácilmente por la envergadura del escándalo mediático vivido en las últimas semanas. Pero no es tan simple la cosa. En otro tiempo, no habría habido remisión de las excomuniones, y en caso de habérlasela intentado, se habría dado marcha atrás. Es fundamental estar ciertos de este punto: fue un acto bien pensado y deliberado del papa y su entorno de confianza. Lo sostuvo contra todo, a pesar de la concurrencia del escándalo suscitado por las declaraciones de Mons. Williamson, hecho no deseado por nadie -tampoco por Mons. Williamson- salvo por los enemigos de la Iglesia.
Escribe Marcelo González

Ahora el Papa justifica su decisión. Los papas habitualmente no dan explicaciones sobre sus decisiones de gobierno, inclusive sobre las erróneas. Pero la mentalidad democratista de las últimas décadas ha hecho transitar caminos impensados. Más allá de esto, el papa ha puesto a la FSSPX como protagonista absoluta de los hechos, reconociéndole una importancia como a pocas congregaciones católicas se le ha reconocido en mucho tiempo.

Naturalmente, no es una carta apologética. ¿Cabría esperar esto? Pero no es una carta condenatoria, sino más bien diríamos paternal y "en defensa", más allá de las necesidades y convicciones del Santo Padre sobre puntos prudenciales que trataremos de analizar a continuación.

¿Aceptación acrítica del Concilio?
"A la luz de esta situación, tengo la intención de asociar próximamente la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", institución competente desde 1988 para esas comunidades y personas que, proviniendo de la Fraternidad San Pío X o de agrupaciones similares, quieren regresar a la plena comunión con el Papa, con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas. (...) No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1962, lo cual debe quedar bien claro a la Fraternidad. Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive".

Recordemos la jerarquía de este documento: es una carta apostólica. El estilo es el característico del magisterio conciliar y posconciliar: más sugerente que definitorio. El hecho mismo del uso de la primera persona singular (yo) parece indicar el deseo de poner estas consideraciones en el plano de una opinión calificada, y no bajo la protección de la infalibilidad magisterial, que requiere otras formalidades. En este contexto, veamos un punto esencial: se reconoce que el problema es doctrinal y no disciplinario. Con lo cual cae la teoría del acuerdo práctico como solución. Esta ha sido siempre la posición de la FSSPX. En el documento del 21 de enero el Papa preveía incluir una regularización canónica. Para lo cual ofreció a la FSSPX diversas alternativas, llegando a último momento, el viernes 23 por la noche, a pedir un compromiso mínimo. La FSSPX no aceptó. Según sus autoridades, este compromiso prácticamente sin exigencias hubiera impuesto una dinámica más orientada a los acuerdos que a las definiciones doctrinales.

Así, canónicamente, la FSSPX y la Santa Sede quedan en la paradójica situación de que sus obispos están libres de toda pena canónica (remitida la excomunión cae la suspensión) pero sus sacerdotes siguen suspendidos... por seguir a sus superiores no suspendidos... Volveremos sobre el tema al hablar de la ilicitud del ejercicio del ministerio.

Cerrando este punto: el papa mismo lleva las cosas al terreno doctrinal, exigiendo a la FSSPX reconozca que no hay un "congelamiento del Magisterio" (cosa que no tiene objeción en ser reconocida, con matices sobre algunos puntos del Concilio y de la praxis posconciliar que son los que se propone discutir). En cambio se exige a los progresistas que acepten que el Concilio no puede entenderse excluyendo la historia doctrinal de la Iglesia. Esto último es inaceptable para muchos. ¿Quién queda en la situación más incómoda?

Los progresistas en estado de cisma tácito.
Otra parte notable de la carta es el señalamiento del cisma tácito (por momentos expreso) que plantean los episcopados más progresistas, y que quedó en evidencia patentemente por medio de las declaraciones contrarias al papa en oportunidad de la remisión de las penas de excomunión. Afirma el papa:"Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento". Nótese: cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá del momento... más claro imposible.

Y más adelante: "Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque". No se refiere a los lefebvristas, como es evidente.

Negación del ejercicio lícito del ministerio
"El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Por tanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia".

Ahora bien, si sus ministros han sido liberados de la sanción eclesiástica ¿qué dificultades se oponen al ejercicio lícito del ministerio? La respuesta es paradójica. Podemos adivinar el pensamiento del papa: He remitido las penas, pero esta gente no quiere que se los legalice sin antes poner en claro ciertos puntos del Concilio, etc. Les ofrezco todo por nada y lo rechazan... Ahora tienen a su jerarquía libre de toda pena y a sus subordinados bajo suspensión a divinis... contra toda lógica disciplinaria. Es evidente que no negocian para obtener ventajas, quieren ir al terreno doctrinal. Al menos así pensaría yo en lugar del papa.

Al contrario de los institutos tradicionales que llegaron a acuerdos canónicos con la Santa Sede, la FSSPX quiere una aclaración doctrinal. En eso no transige, ni aún cuando haya quedado bajo las iras de las potestades civiles amenazando sus obras apostólicas, lo cual se sanaría fácilmente con el reconocimiento de la Iglesia. Reconocimiento que ya está redactado en varias versiones, una más benigna que la otra. Evidentemente la FSSPX plantea su lucha en el plano doctrinal y solo doctrinal.

En esta perspectiva, se hace muy difícil establecer la ilicitud del ejercicio del ministerio apostólico, porque es evidente que subsiste un estado de necesidad. ¿Qué hace la FSSPX con sus miles de sacerdotes, religiosos, y fieles, con los miembros de institutos asociados mientras se procede a la discusión doctrinal? ¿Dejarlos en el desamparo espiritual? Nada sería más contrario a la ley suprema de la Iglesia: la salvación de las almas, que es la que inspira toda disposición canónica lícita. Esto el papa lo sabe, porque es esencial a su oficio de Pastor Universal.

La cuestión es doctrinal, por lo tanto se toman medidas
A lo dicho se puede sumar la decisión del papa de incorporar Ecclesia Dei bajo la órbita de Doctrina de la Fe. No sabemos exactamente como, aunque lo lógico sería que Ecclesia Dei pasara a formar parte de la Congregación del Clero o de los Obispos. Así lo anuncia el papa:

"A la luz de esta situación, tengo la intención de asociar próximamente la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", institución competente desde 1988 para esas comunidades y personas que, proviniendo de la Fraternidad San Pío X o de agrupaciones similares, quieren regresar a la plena comunión con el Papa, con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas".

Doble lectura: les impondremos el Concilio. Segunda, discutiremos sus objeciones sobre el Concilio. En la más alta instancia: Doctrina de la Fe, cuyo titular nato es el propio Sumo Pontífice. Los hechos dirán...

Afirmación de que el concilio tiene toda la historia de la Iglesia en sí.
"Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive".

Este enunciado es un eco de la "hermenéutica de la continuidad". El papa hoy (tal vez no Ratzinger hace algunos años) no concibe que el Concilio Vaticano II pueda contradecir la historia doctrinal de la Iglesia, la fe profesada en el curso de los siglos. Esto puede tener una resolución no satisfactoria si se siguen los criterios neomodernistas que ignoran el principio de no contradicción. Pero es evidente que plantea un desafío muy claro a las desviaciones del llamado "espíritu del Concilio" y a la letra de varios de los documentos conciliares. El mayor problema del CVII es su ambigüedad. Definidos los puntos imposibles de leer de un modo tradicional, el resto es tan farragoso como desconocido. Además de que en la práctica ha caído en desuetudo. Todos lo citan, nadie lo lee, nadie lo aplica. Lo importante es la praxis de aquí en más, sobre la base clara de este saneamiento doctrinal absolutamente necesario.

Paraguas protector a la FSSPX
"Que el humilde gesto de una mano tendida haya dado lugar a un revuelo tan grande, convirtiéndose precisamente así en lo contrario de una reconciliación, es un hecho del que debemos tomar nota. Pero ahora me pregunto: ¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que "tiene quejas contra ti" (cf. Mt 5,23s) y buscar la reconciliación? ¿Acaso la sociedad civil no debe intentar también prevenir las radicalizaciones y reintegrar a sus eventuales partidarios –en la medida de lo posible- en las grandes fuerzas que plasman la vida social, para evitar su segregación con todas sus consecuencias?"

El hermano que tiene quejas contra ti... La frase es fuerte. Hay una admisión implícita de la legitimidad de esas quejas. Y también esta otra que aparece más adelante:

"A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa- también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas".

¿No es esto un paraguas protector del Santo Padre a la FSSPX?

Reconocimiento del valor de la FSSPX
"¿Puede dejarnos totalmente indiferentes una comunidad en la cual hay 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles? ¿Debemos realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia? Pienso por ejemplo en los 491 sacerdotes. No podemos conocer la trama de sus motivaciones. Sin embargo, creo que no se hubieran decidido por el sacerdocio si, junto a varios elementos distorsionados y enfermos, no existiera el amor por Cristo y la voluntad de anunciarlo y, con Él, al Dios vivo. ¿Podemos simplemente excluirlos, como representantes de un grupo marginal radical, de la búsqueda de la reconciliación y de la unidad? ¿Qué será de ellos luego?"

Además de una solicitud paternal desconocida hasta ahora en la relación FSSPX - Santa Sede, el papa pone en evidencia el valor de esos sacerdotes que han dado el paso de aceptar sanciones canónicas y una exclusión, una suerte de "muerte eclesiástica" como miembros de la Iglesia en razón de sus convicciones. Puede haber elementos distorsionados o enfermos, de hecho los hay en algunos pocos. Pero el resto es válido y valioso.

Críticas al tono de algunos miembros de la FSSPX y a los progres.
El Papa se queja de haber sido maltratado algunos miembros de la FSSPX. Pero agradece también testimonios de gratitud.

"Ciertamente, desde hace mucho tiempo y después una y otra vez, en esta ocasión concreta hemos escuchado de representantes de esa comunidad muchas cosas fuera de tono: soberbia y presunción, obcecaciones sobre unilateralismos, etc. Por amor a la verdad, debo añadir que he recibido también una serie de impresionantes testimonios de gratitud, en los cuales se percibía una apertura de los corazones. ¿Acaso no debe la gran Iglesia permitirse ser también generosa, siendo consciente de la envergadura que posee; en la certeza de la promesa que le ha sido confiada? ¿No debemos como buenos educadores ser capaces también de dejar de fijarnos en diversas cosas no buenas y apresurarnos a salir fuera de las estrecheces?

Pero no todo viene por el lado de los tradicionalistas:
¿Y acaso no debemos admitir que también en el ámbito eclesial se ha dado alguna salida de tono?
Más que alguna, por cierto. La mesura es el tono del lenguaje romano.

Concluyendo: si se lee esta carta con buen espíritu, no se puede menos que concluir que el papa actúa con recta intención, según su leal saber y comprometiendo su autoridad y su prestigio en bien de la FSSPX. Ahora bien, algunos pueden disentir sobre cuál sea el "bien" práctico. En este terreno corremos el riesgo de quedar eternamente empantanados. Oración, sacrificios y confianza en las autoridades es el único camino. Lo demás es vía muerta...

  1. http://panodigital.com/salir-al-encuentro-del-hermano-que-tiene-quejas-contra-ti-carta-a-los-obispos-perplejos

sábado, 14 de marzo de 2009

Carta de S.S. Benedicto XVI a los Obispos sobre la remisión de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefevbre

Queridos Hermanos en el ministerio episcopal:

La remisión de la excomunión a los cuatro Obispos consagrados en el año 1988 por el Arzobispo Lefebvre sin mandato de la Santa Sede, ha suscitado por múltiples razones dentro y fuera de la Iglesia católica una discusión de una vehemencia como no se había visto desde hace mucho tiempo. Muchos Obispos se han sentido perplejos ante un acontecimiento sucedido inesperadamente y difícil de encuadrar positivamente en las cuestiones y tareas de la Iglesia de hoy. A pesar de que muchos Obispos y fieles estaban dispuestos en principio a considerar favorablemente la disposición del Papa a la reconciliación, a ello se contraponía sin embargo la cuestión sobre la conveniencia de dicho gesto ante las verdaderas urgencias de una vida de fe en nuestro tiempo. Algunos grupos, en cambio, acusaban abiertamente al Papa de querer volver atrás, hasta antes del Concilio. Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento. Por eso, me siento impulsado a dirigiros a vosotros, queridos Hermanos, una palabra clarificadora, que debe ayudar a comprender las intenciones que me han guiado en esta iniciativa, a mí y a los organismos competentes de la Santa Sede. Espero contribuir de este modo a la paz en la Iglesia.

Una contrariedad para mí imprevisible fue el hecho de que el caso Williamson se sobrepusiera a la remisión de la excomunión. El gesto discreto de misericordia hacia los cuatro Obispos, ordenados válidamente pero no legítimamente, apareció de manera inesperada como algo totalmente diverso: como la negación de la reconciliación entre cristianos y judíos y, por tanto, como la revocación de lo que en esta materia el Concilio había aclarado para el camino de la Iglesia. Una invitación a la reconciliación con un grupo eclesial implicado en un proceso de separación, se transformó así en su contrario: un aparente volver atrás respecto a todos los pasos de reconciliación entre los cristianos y judíos que se han dado a partir del Concilio, pasos compartidos y promovidos desde el inicio como un objetivo de mi trabajo personal teológico. Que esta superposición de dos procesos contrapuestos haya sucedido y, durante un tiempo haya enturbiado la paz entre cristianos y judíos, así como también la paz dentro de la Iglesia, es algo que sólo puedo lamentar profundamente. Me han dicho que seguir con atención las noticias accesibles por Internet habría dado la posibilidad de conocer tempestivamente el problema. De ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sede deberemos prestar más atención a esta fuente de noticias. Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque. Justamente por esto doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza que, como en el tiempo del Papa Juan Pablo II, también ha habido durante todo el período de mi Pontificado y, gracias a Dios, sigue habiendo.

Otro desacierto, del cual me lamento sinceramente, consiste en el hecho de que el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación. La excomunión afecta a las personas, no a las instituciones. Una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa. Por esto, la Iglesia debe reaccionar con la sanción más dura, la excomunión, con el fin de llamar a las personas sancionadas de este modo al arrepentimiento y a la vuelta a la unidad. Por desgracia, veinte años después de la ordenación, este objetivo no se ha alcanzado todavía. La remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro Obispos al retorno. Este gesto era posible después de que los interesados reconocieran en línea de principio al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de las reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal y a la del Concilio.

Con esto vuelvo a la distinción entre persona e institución. La remisión de la excomunión ha sido un procedimiento en el ámbito de la disciplina eclesiástica: las personas venían liberadas del peso de conciencia provocado por la sanción eclesiástica más grave. Hay que distinguir este ámbito disciplinar del ámbito doctrinal. El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Por tanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.

A la luz de esta situación, tengo la intención de asociar próximamente la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", institución competente desde 1988 para esas comunidades y personas que, proviniendo de la Fraternidad San Pío X o de agrupaciones similares, quieren regresar a la plena comunión con el Papa, con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas. Los organismos colegiales con los cuales la Congregación estudia las cuestiones que se presentan (especialmente la habitual reunión de los Cardenales el miércoles y la Plenaria anual o bienal) garantizan la implicación de los Prefectos de varias Congregaciones romanas y de los representantes del Episcopado mundial en las decisiones que se hayan de tomar. No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1962, lo cual debe quedar bien claro a la Fraternidad. Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive.

Espero, queridos Hermanos, que con esto quede claro el significado positivo, como también sus límites, de la iniciativa del 21 de enero de 2009. Sin embargo, queda ahora la cuestión: ¿Era necesaria tal iniciativa? ¿Constituía realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes? Ciertamente hay cosas más importantes y urgentes. Creo haber señalado las prioridades de mi Pontificado en los discursos que pronuncié en sus comienzos. Lo que dije entonces sigue siendo de manera inalterable mi línea directiva. La primera prioridad para el Sucesor de Pedro fue fijada por el Señor en el Cenáculo de manera inequívoca: "Tú… confirma a tus hermanos" (Lc 22,32). El mismo Pedro formuló de modo nuevo esta prioridad en su primera Carta: "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 Pe 3,15). En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (cf. Jn 13,1), en Jesucristo crucificado y resucitado. El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto.

Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo. De esto se deriva, como consecuencia lógica, que debemos tener muy presente la unidad de los creyentes. En efecto, su discordia, su contraposición interna, pone en duda la credibilidad de su hablar de Dios. Por eso, el esfuerzo con miras al testimonio común de fe de los cristianos –al ecumenismo– está incluido en la prioridad suprema. A esto se añade la necesidad de que todos los que creen en Dios busquen juntos la paz, intenten acercarse unos a otros, para caminar juntos, incluso en la diversidad de su imagen de Dios, hacia la fuente de la Luz. En esto consiste el diálogo interreligioso. Quien anuncia a Dios como Amor "hasta el extremo" debe dar testimonio del amor. Dedicarse con amor a los que sufren, rechazar el odio y la enemistad, es la dimensión social de la fe cristiana, de la que hablé en la Encíclica Deus caritas est.

Por tanto, si el compromiso laborioso por la fe, por la esperanza y el amor en el mundo es en estos momentos (y, de modos diversos, siempre) la auténtica prioridad para la Iglesia, entonces también forman parte de ella las reconciliaciones pequeñas y medianas. Que el humilde gesto de una mano tendida haya dado lugar a un revuelo tan grande, convirtiéndose precisamente así en lo contrario de una reconciliación, es un hecho del que debemos tomar nota. Pero ahora me pregunto: ¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que "tiene quejas contra ti" (cf. Mt 5,23s) y buscar la reconciliación? ¿Acaso la sociedad civil no debe intentar también prevenir las radicalizaciones y reintegrar a sus eventuales partidarios –en la medida de lo posible- en las grandes fuerzas que plasman la vida social, para evitar su segregación con todas sus consecuencias? ¿Puede ser totalmente desacertado el comprometerse en la disolución de las rigideces y restricciones, para dar espacio a lo que haya de positivo y recuperable para el conjunto? Yo mismo he visto en los años posteriores a 1988 cómo, mediante el regreso de comunidades separadas anteriormente de Roma, ha cambiado su clima interior; cómo el regreso a la gran y amplia Iglesia común ha hecho superar posiciones unilaterales y ablandado rigideces, de modo que luego han surgido fuerzas positivas para el conjunto. ¿Puede dejarnos totalmente indiferentes una comunidad en la cual hay 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles? ¿Debemos realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia? Pienso por ejemplo en los 491 sacerdotes. No podemos conocer la trama de sus motivaciones. Sin embargo, creo que no se hubieran decidido por el sacerdocio si, junto a varios elementos distorsionados y enfermos, no existiera el amor por Cristo y la voluntad de anunciarlo y, con Él, al Dios vivo. ¿Podemos simplemente excluirlos, como representantes de un grupo marginal radical, de la búsqueda de la reconciliación y de la unidad? ¿Qué será de ellos luego?

Ciertamente, desde hace mucho tiempo y, después, de nuevo en esta ocasión concreta hemos escuchado de representantes de esa comunidad muchas cosas fuera de tono: soberbia y presunción, obcecaciones sobre unilateralismos, etc. Por amor a la verdad, debo añadir que he recibido también una serie de impresionantes testimonios de gratitud, en los cuales se percibía una apertura de los corazones. ¿Acaso no debe la gran Iglesia permitirse ser también generosa, siendo consciente de la envergadura que posee; en la certeza de la promesa que le ha sido confiada? ¿No debemos como buenos educadores ser capaces también de dejar de fijarnos en diversas cosas no buenas y apresurarnos a salir fuera de las estrecheces? ¿Y acaso no debemos admitir que también en el ámbito eclesial se ha dado alguna salida de tono? A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa– también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas.

Queridos Hermanos, por circunstancias fortuitas, en los días en que me vino a la mente escribir esta carta, tuve que interpretar y comentar en el Seminario Romano el texto de Ga 5,13-15. Percibí con sorpresa la inmediatez con que estas frases nos hablan del momento actual: «No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente». Siempre fui propenso a considerar esta frase como una de las exageraciones retóricas que a menudo se encuentran en San Pablo. Bajo ciertos aspectos puede ser también así. Pero desgraciadamente este "morder y devorar" existe también hoy en la Iglesia como expresión de una libertad mal interpretada. ¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor? El día en que hablé de esto en el Seminario Mayor, en Roma se celebraba la fiesta de la Virgen de la Confianza. En efecto, María nos enseña la confianza. Ella nos conduce al Hijo, del cual todos nosotros podemos fiarnos. Él nos guiará, incluso en tiempos turbulentos. De este modo, quisiera dar las gracias de corazón a todos los numerosos Obispos que en este tiempo me han dado pruebas conmovedoras de confianza y de afecto y, sobre todo, me han asegurado sus oraciones. Este agradecimiento sirve también para todos los fieles que en este tiempo me han dado prueba de su fidelidad intacta al Sucesor de San Pedro. El Señor nos proteja a todos nosotros y nos conduzca por la vía de la paz. Es un deseo que me brota espontáneo del corazón al comienzo de esta Cuaresma, que es un tiempo litúrgico particularmente favorable a la purificación interior y que nos invita a todos a mirar con esperanza renovada al horizonte luminoso de la Pascua.

Con una especial Bendición Apostólica me confirmo
Vuestro en el Señor

Benedictus PP. XVI

Vaticano, 10 de marzo de 2009.
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana
  1. http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2009/documents/hf_ben-xvi_let_20090310_remissione-scomunica_sp.html

jueves, 26 de febrero de 2009

El rabino Lefevbrista

Desde el Blog "El Sacristán Serrano"

Publicamos esta interesante nota de LifeSiteNews.Com, algo vieja ya, pero no por eso menos válida y fascinante. Mientras por ahí algunos intentaban defender lo que según su conciencia parecía indefendible e incomprensible (pero tanto aggiornamiento hasta les ha quitado la posibilidad de actuar según lo que creen o piensan) y explicaban "al mundo" que el levantamiento de las excomuniones de los obispos de la FSSPX era un acto de una generosidad casi quijotesca de un Papa que "buscaba la unidad" (según esta interpretación - considerando el aftermath de la decisión papal: destrucción de las relaciones del Papa con los "Rabinatos" de Israel e Italia, sublevación taimada de los obispos austriacos, acusaciones contra el Papa y la curia desde adentro, etc...- nuestro Santo Padre sería un incompetente y un ingenuo casi senil), el Rabino Levin sí comprende "The Big Picture": los tradicionalistas son NECESARIOS (oíd, monsieur Bermúdez) y tienen mucho qué aportar. Acá se cumple aquello de "las piedras gritarán...". Salud al Rabino Levin, que posee sabiduría muy rara en estos tiempos de slóganes y estupideces, incluso dentro de la Sponsa Christi.

La Izquierda en la Iglesia Católica está destruyendo la Fe, declara Rabino Ortodoxo
Por Hilary White, corresponsal en Roma

ROMA, 11 de febrero del 2009 (LifeSiteNews.com) El movimiento izquierdista disidente en la Iglesia Católica ha debilitado severamente las enseñanzas morales católicas sobre la vida y la familia durante los últimos cuarenta años, declaró a LifeSiteNews.com un prominente rabino ortodoxo de E.E.U.U.. El rabino Yehuda Levin, que encabeza un grupo de 800 rabinos ortodoxos, además restó importancia a las acusaciones de que la Santa Sede no se ha distanciado lo suficiente de los comentarios hechos sobre el Holocausto por Monseñor Richard Williamson, de la Sociedad de San Pío X (SSPX).

"Apoyo esta medida" para reconciliar a la facción tradicionalista en la Iglesia, dijo, "porque entiendo el panorama mayor, que es que la Iglesia Católica tiene un problema. Hay un ala izquierda poderosa en la Iglesia que está haciendo un daño inconmensurable a la fe".

El rabino Levin dijo que entiende "perfectamente" porqué esta reconciliación es vital para la lucha contra el aborto y el movimiento homosexualista.

"Me doy cuenta que es muy importante llenar los bancos de la Iglesia Católica no con católicos culturales o izquierdistas que contribuyen destruir a la Iglesia y corromper sus valores." Esta corrupción, declaró, "tiene un efecto contagioso en todas y cada una de las comunidades religiosas en el mundo."

"¿Qué está haciendo el Papa? Está intentando traer de regreso a los tradicionalistas porque tienen muchas cosas muy importantes para contribuir para el bien del catolicismo. Ahora, si en medio de este proceso, incluye inadvertidamente a alguien prominente en el movimiento tradicionalista que dice cosas muy extrañas sobre el Holocausto, ¿es esa una razón para tirar al bebé de la tina y condenar al Papa Benedicto? ¡Absolutamente no!".

Durante una visita a Roma a fines de enero, el Rabino Levin contó a LifeSiteNews.com que considera que el furor mediático sobre el levantamiento de las excomuniones de los cuatro obispos de la Sociedad de San Pío X es una "cortina de humo". Consideró como "ridículas" las acusaciones que tachan de "antisemitas" al Papa Benedicto XVI o a la Iglesia Católica, y describió como "muy fuertes" las declaraciones de distanciamiento de los comentarios de Williamson por parte de la Santa Sede y del Papa .

El Rabino Levin estuvo en Roma ocupado en diversas reuniones con funcionarios de alto nivel del Vaticano, proponiendo una "nueva corriente de pensamiento" para el diálogo interreligioso de la Iglesia, basada en las doctrinas morales compartidas, particularmente en el derecho a la vida y la santidad del matrimonio natural.

"El asunto más importante", reiteró, es el trabajo que la Iglesia realiza "para salvar bebés del aborto y proteger las mentes de los niños y jóvenes, ayudándolos a distinguir el bien del mal en asuntos de vida y familia."

"Hacia allí es donde debe apuntar el ecumenismo y el diálogo religioso." (....)

Cómo estamos hoy, ¿no? El buen rabino Levin -tenía que ser un rabino, no podría ser jamás un jerarca católico, porque le harían el "apanado"- nos enseña el camino del único diálogo interreligioso posible. Ojalá no lo espante Kasper...

  1. http://sacristanserrano.blogspot.com/2009/02/imperdible-el-rabino-lefebvrista.html
  2. http://www.lifesitenews.com/ldn/2009/feb/09021112.html

jueves, 29 de enero de 2009

Agradecimientos al Santo Padre

Estimados Hermanos:

No podemos menos que agradecer a S.S. Benedicto XVI, por el levantamiento de las excomuniones a Mons. Marcel Lefebvre y los 4 Obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, este gesto de generosidad llena de alegría a todo el mundo tradicionalista, a aquellos que se sienten ligados a la Fraternidad y a aquellos que han visto fortalecer o nacer su "tradicionalismo" en otras agrupaciones católicas.
Esperamos la pronta regularización del estatus canónico de la Fraternidad y oramos para que la voluntad de S.S. el Papa sea aceptada y obedecida en todas aquellas diócesis en que la Fraternidad tiene labor apostólica.

Estas ultimas semanas hemos tenido problemas para actualizar regularmente este blog, pronto daremos un nuevo impulso a este sitio, por ahora, y una vez mas, invito a nuestros amables lectores a unirse a nuestra nueva comunidad, esta vez alojada en MPgroups



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