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viernes, 15 de agosto de 2008

La importancia de las palabras de Kasper a los anglicanos

Publicado en el blog conservador "Cor ad cor loquitur" el 31 de Julio de 2.008:

"Ahora parece que la plena comunión visible como fin de nuestro diálogo ha dado un paso atrás, que nuestro diálogo tendrá objetivos menos definitivos y que, por lo tanto, su carácter resultará alterado. Si bien este diálogo puede aún conducir a buenos resultados, no estará sostenido por el dinamismo que deriva de la posibilidad realista de la unidad que Cristo exige de nosotros o de la participación común en la mesa del único Señor, que anhelamos con tanto ardor".

Esa son las palabras finales del discurso que el Cardenal Kasper ha pronunciado ante la Conferencia anglicana de Lambeth que se está celebrando en Gran Bretaña. Desde el Concilio Vaticano II nunca antes se había producido una declaración tan tajante por parte de un cardenal de la curia romana. En otras ocasiones y en referencia a otras iglesias o comunidades eclesiales, se han reconocido dificultades e incluso pasos atrás, pero nunca como ahora Roma afirma tajantemente que no hay posibilidad real de “participación común en la mesa del único Señor"; en otras palabras: la unidad real y efectiva con la iglesia anglicana no tendrá lugar. A menos claro, que dicha comunión eclesial vuelva sobre sus pasos y tome el camino opuesto al que han emprendido. Cosa harto difícil, ciertamente.

El hecho de que el cardenal Kasper sea el Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos da mucho más calado al asunto. No estamos ante un cardenal curial poco dado al diálogo ecuménico y poco abierto a la idea de una reunificación real y efectiva entre todos los cristianos. De hecho, no estamos ante un cardenal de los considerados como conservadores. No, el hombre de Roma para el ecumenismo en las últimas décadas está entre los más “aperturistas” del colegio cardenalicio, siempre entendido que ese “aperturismo” no es para nada la disposición a renunciar a la esencia de la fe católica, sino más bien la disposición a no hacer de todos y cada uno de los aspectos de dicha fe un “casus belli” contra los cristianos no católicos.

En el diálogo ecuménico la Iglesia Católica siempre ha hecho énfasis en buscar lo que nos une, sin por ello negarse a abordar lo que nos diferencia. Pero claro, cuando una comunión eclesial como la anglicana, con la que se suponía que nos unían bastantes más cosas de las que nos unen con el resto de denominaciones protestantes, toma la decisión de alejarse radicalmente de la Iglesia Católica y las iglesias ortodoxas y orientales en algo tan esencial como el sacramento del orden y la moral sexual, no queda otro remedio que dejar constancia de que el camino hacia la reunificación queda cerrado. Los anglicanos son muy libres de suicidarse eclesialmente como les venga en gana, pero tanto Roma como los ortodoxos ya les han dicho que para ese viaje no cuenten con ellos.

El anglicanismo está en proceso de autodestrucción aunque es posible que pretendan guardar las formas y dar una imagen de unidad que ellos saben falsa. Rowan Williams, druida en sus ratos libres, va a pasar a la historia como el Enterrador del Cisma que inauguró un rey adúltero. A pesar de la poca simpatía que tengo hacia ese cisma, es justo reconocer que en sus cinco siglos de existencia han sido muchos los anglicanos que han dado un buen testimonio cristiano. Ahí tenemos el ejemplo de CS Lewis por no ir más atrás en el tiempo. Y algunos de los mejores conversos al catolicismo proceden de las filas anglicanas, siendo Henry Cardinal Newman el más destacado de ellos. Su mención por parte del cardenal Kasper ha debido de poner de los nervios a todos los anglicanos que temen que se produzca otro gran éxodo hacia el catolicismo de anglo-católicos. No me cabe la menor duda que el propio Newman, aun habiendo entendido que la Via media es una quimera, vería con tristeza lo que está pasando en la comunión eclesial donde se bautizó. Pero también diría que lo que nuestros ojos contemplan es el resultado lógico de la naturaleza íntima del protestantismo en general y del anglicanismo en particular. Y eso debemos tenerlo muy en cuenta los católicos a la hora de hacernos ilusiones sobre el futuro del ecumenismo con los hermanos separados herederos de la mal llamada Reforma.

Luis Fernando Pérez Bustamante.
  1. http://religionenlibertad.com/blog/index.php?blog=16&p=909&more=1&c=1&tb=1&pb=1#more909

viernes, 30 de mayo de 2008

Cismáticos y Católicos comulgan a la par

Desde "Sector Católico" nos enteramos primero de la noticia y luego de la opinión editorial de su director, ambas compartimos:

Un obispo ortodoxo comulga en una Misa católica

La polémica está servida. Parece ser que un obispo ortodoxo rumano, el metropolita Nicolae Corneanu de Banat ha compartido la Sagrada Comunión con otros obispos católicos durante la consagración de la iglesia parroquial Reina de la Paz, en Timisoara, el pasado domingo 25 de mayo, un hecho que viene a tensar aun más las relaciones entre ambas confesiones que se vio agravada por la presencia del nuncio de Su Santidad en la celebración, moneñor Francisco Javier Lozano.

Es verdad que, hasta ahora, los obispos ortodoxos y católicos se reunían a menudo en servicios ecuménicos, y de vez en cuando participaban en las ceremonias litúrgicas de la otra parte, pero sin compartir la Comunión. Por su parte, el Patriarcado Ortodoxo de Rumania ya ha emitido una declaración en la que afirma que el asunto será tratado en la próxima reunión del Sínodo Ortodoxo, el próximo mes de julio, momento en el que se le pedirán explicaciones formales por esta acción.

El hecho, desgraciadamente no llama la atención en el seno de la Iglesia Católica, después de los distintos desvaríos que en materia ecuménica se vienen produciendo después de la celebración del Vaticano II. Sin embargo, el Código de Derecho Canónico prohíbe este tipo de actuaciones, ya que no reflejan la realidad de lo que allí se significa. Al no existir la plena comunión entre católicos y ortodoxos es una grave incongruencia admitir a estos fieles no católicos a la Sagrada Comunión y al revés.

El pseudo- ecumenismo
Carta del Director de "Sector Católico"

Por ecumenismo, la Iglesia Católica entiende “un movimiento dirigido a restaurar la unidad de todos los cristianos”, impulsado por el Espíritu Santo; aunque el Concilio Vaticano II también aclara que “única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo”.

Es difícil calificar la acción que el pasado domingo 25 de mayo protagonizó el metropolita rumano Nicolae Corneanu de Banat, y de la que hoy mismo nos hemos enterado. Corneanu fue admitido a recibir la Sagrada Comunión en una celebración católica en la que estaba presente el nuncio de Su Santidad en Rumanía junto con otros obispos católicos.

En apariencia el hecho puede parecer intrascendente o, incluso, valorarse de manera positiva en el camino hacia la consecución de la unidad de la Iglesia por aquellos que están mal informados. Sin embargo, se trata de un hecho extremadamente grave si tenemos en cuenta que lo que allí ocurrió no refleja la realidad y, por tanto, estamos más bien ante una simulación.

El hecho es que la Iglesia Ortodoxa, formada por sus distintos patriarcados, no se encuentra en plena comunión con la Iglesia Católica, al no aceptar el Primado de Pedro, tal y como Jesucristo lo confió a su Iglesia. Por tanto, aunque la Iglesia Ortodoxa en su conjunto conserve el depósito de la Fe íntegro hasta el momento del cisma, allá por el siglo XI, es verdad que, desde entonces, su caminar se ha apartado no sólo de la obediencia al Romano Pontífice, sino también del depósito íntegro de la Fe.

Por tanto, lo que este metropolita ha realizado, con la aprobación de esos obispos católicos presentes en la celebración, es un gesto que simplemente no concuerda con la realidad que manifiesta, que es la plena comunión con Cristo y con el conjunto de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia.

Por tanto, podemos concluir que estas acciones, no son más que pura propaganda, pero en el fondo son un fraude. Un fraude a unos y a otros. Son pseudo-ecumenismo. Y como tal, merecen la desaprobación del conjunto de los fieles.

Juan Miguel Comas
  1. http://www.sectorcatolico.com/2008/05/un-obispo-ortodoxo-comulga-en-una-misa.html
  2. http://www.sectorcatolico.com/

lunes, 12 de mayo de 2008

El Ecumenismo

Desde Panorama Católico Internacional.



Lo más grave de todo este galimatías indigesto, es que Kant cree que está expresando el pensamiento de Jesús de Nazaret. La verdad es que está, como teólogo que es, sacando las conclusiones implícitas en el libre examen de Lutero y en su fe sin obras. Unidas estas tesis a la formación puritana, “avant la lêtre” de su autor, llegamos a la concepción que estamos discutiendo, tan ajena, tan contraria a la Revelación que nos legó Jesús.
Escribe Juan Carlos Ossandón Valdéz


Su Santidad Benedicto XVI nos ha recordado, en su última encíclica, cuánto influye el pensamiento filosófico en la teología. Ha mostrado cómo, a partir de Bacon, fue cambiando el clima intelectual de Europa, que ahora llamamos la modernidad, y que ha llevado a una ruptura entre éste y la teología católica. Lo grave es que este clima ha inspirado muchas desviaciones que han alterado la pureza de la teología, engendrando confusión en los católicos. Quien más mal ha hecho en esta labor de confusión ha sido M. Kant, a juicio del Pontífice, coincidiendo en esto con la apreciación de san Pío X. De hecho, hace poco, declaró que la obra fundamental del filósofo teutón: “La religión en los límites de la mera razón”, publicada en 1793, constituye uno de los momentos de la ruptura fundamental del pensamiento moderno con la religión.

La revista “Sì sì no no” (1) nos muestra que el padre del ecumenismo es M Kant. No porque él lo practicase, sino porque creó el mejor fundamento intelectual, superior a todo lo que ningún otro pensador posterior haya podido pergeñar. Es más, en su teología, tal paso es necesario para llegar a la verdadera religión. Demuestra su tesis la revista que consultamos citando el libro recién mencionado:

“No existe más que una sola religión, pero puede haber diversas especies de fe. Se puede añadir que es posible una misma y única religión en las diversas iglesias, a despecho de sus creencias particulares. En consecuencia, es más correcto decir (como, en realidad, sucede de ordinario) que un hombre es de esta fe o que aquella otra (judaica, mahometana, cristiana, católica, luterana), que decir que es de esta religión o de aquella otra. En rigor, esta última expresión no debería emplearse nunca al hablar a la gente no cultivada (es decir en los catecismos y en las predicaciones), porque es demasiado erudita y de comprensión harto difícil, como lo demuestra también el hecho de que en las lenguas modernas no existe una expresión equivalente. El hombre común entiende siempre por religión su fe eclesiástica, que cae bajo los sentidos, mientras que la religión sigue escondida en lo profundo del hombre y depende sólo de la intención moral. Se concede demasiado a la mayor parte de los hombres diciendo que profesan esta religión o aquélla, porque ellos no conocen ni desean ninguna, en cuanto que todo lo que entienden con esta expresión es la fe eclesiástica estatutaria. También las presuntas guerras de religión, que tan a menudo revolvieron el mundo y lo ensangrentaron, no fueron nunca sino contiendas relativas a las fe eclesiásticas”.(2)

Queda claro, pues, que existe una sola religión y que las “fe eclesiásticas” poco tienen que ver con ella. Por eso mismo, esas “fe” separan a los hombres, mientras la religión los une. Si separamos la una de la otra haremos imposible que vuelvan las “guerras de religión”. ¿No es éste el objetivo final del ecumenismo que hoy se practica? Todo se hace para alcanzar la paz. En vano, por supuesto, ya que la Virgen Santísima nos reveló en Fátima que Nuestro Señor nos la dará cuando el Sumo Pontífice, en unión con los obispos todos, consagre Rusia a su Inmaculado Corazón.

De tal manera que el catolicismo, el mahometismo, el luteranismo y un largo etcétera, son seudo-religiones; se limitan a ser “fe eclesiásticas” que dividen a los hombres. Están muy lejos de la “religión pura” cargadas con el lastre de sus historias, sus ceremonias, etc.

¿En qué consiste la “religión pura”? Consiste en un fruto de la razón pura, “única para todos”, como lo son las matemáticas, por ejemplo, y que debería proporcionarnos el criterio para juzgar a las “fe eclesiásticas”. En definitiva, esa “religión pura”, que está en el fondo de todo hombre, demasiado oculta, a menudo, para que los fieles la reconozcan, no es más que la pureza de intención, la decisión de seguir en todo el imperativo categórico de la razón práctica. Es decir, actuar siempre en virtud de un principio que pueda ser válido para todos. Además, ha de ser absoluto; es decir, no ha de buscar alcanzar nada exterior al mismo. Si hago algo porque me da felicidad, me conduce al Cielo, o cualquier otra razón diferente al principio mismo, no soy moralmente bueno. La única actitud buena es la de obedecer a este principio. A esta abstracción, Kant la llama “buena conducta”. Por eso nos dice:

“Todo lo que, excepción hecha de la buena conducta, cree el hombre que puede hacer para agradar a Dios, no es más que ilusión religiosa y falso culto a Dios”. “Fe de esclavos y mercenarios, fe no santificante porque no es una fe moral”.

Lo más grave de todo este galimatías indigesto, es que Kant cree que está expresando el pensamiento de Jesús de Nazaret. La verdad es que está, como teólogo que es, sacando las conclusiones implícitas en el libre examen de Lutero y en su fe sin obras. Unidas estas tesis a la formación puritana, “avant la lêtre” de su autor, llegamos a la concepción que estamos discutiendo, tan ajena, tan contraria a la Revelación que nos legó Jesús.

Terminemos con la guinda de la torta. Las “fe eclesiásticas” nos privan de la libertad. Por eso no santifican. El “santo” es libre. En Kant, la libertad se confunde con la autonomía. Como las “fe eclesiásticas” nos imponen muchas leyes como condición de “salvar el alma”, impiden la libertad que consiste en que actúo en virtud de un principio que yo mismo hallo en mi interior, cabalmente el imperativo categórico del que hablamos, que no depende de premio o castigo alguno exterior a mí. Solo entonces soy libre. ¿Qué será Jesús que sostiene que no dice nada de sí mismo sino que se limita a transmitirnos lo que ha recibido de su Padre? Obviamente, no era libre sino esclavo y mercenario del Padre, si hemos de creer a Kant.

Recemos para que Su Santidad siga profundizando en el legado de Kant y comprenda que su ecumenismo es contrario a la Revelación. No olvidemos que los Pontífices anteriores lo condenaron y hasta llegaron a excomulgar al sacerdote que participase en alguna reunión ecuménica. Hoy es el Santo Padre quien las organiza. ¡Quién lo diría!
Nota:
(1) Año XVII, Nº 184. Noviembre 2007.
(2) O.c. pág. 7-8. La extensa cita está tomada de diversas páginas de la obra kantiana mencionada.


  1. http://www.panodigital.com/el-ecumenismo