miércoles, 28 de mayo de 2008

Un gran Corazón, por el Rev. P. Luis de Moya

Un gran Corazón

Con ocasión de la gran solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús me venía a la cabeza la primera meditación que prediqué después del accidente, a consecuencia del cual quedé tetrapléjico. Todavía estaba ingresado en la Clínica Universitaria de Navarra. Partía entonces en mi oración –ante muy pocas personas– de unas palabras de san Josemaría Escrivá, en su homilía "El Corazón de Cristo, Paz de los Cristianos". También ahora nos pueden servir:

Jesús en la Cruz, con el corazón traspasado de amor por los hombres, es una respuesta elocuente –sobran las palabras– a la pregunta por el valor de las cosas y de las personas. Valen tanto los hombres: su vida y su felicidad, que el mismo Hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarlos, para elevarlos.

Es san Juan quien, en su Evangelio, nos cuenta la escena, lo sucedido en el Calvario poco después de la muerte del Señor:

Como era la Parasceve, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, pues aquel sábado era un día grande, los judíos rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitasen. Vinieron los soldados y quebraron las piernas al primero y al otro que había sido crucificado con él. Pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante brotó sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le quebrantarán ni un hueso. Y también otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

Dios nos ama con un gran amor, con un amor evidente, pues, hecho hombre, no consideró excesivo morir crucificado y despreciado con tal de salvarnos. Vino a nuestro mundo, se hizo hombre poniéndose a nuestra altura y estuvo dispuesto a toda aquella Pasión. Esa es la medida de su amor, ese su interés por cada uno. De ese divino amor se deduce el valor nuestro, nuestra dignidad. También cuando somos indignos, cuando nadie haría nada por nosotros, a no ser imponernos un castigo y despreciarnos. El corazón de Cristo, sin embargo, siempre estará a nuestro favor, en toda circunstancia. Padre, perdónales porque no saben lo que hacen, suplicaba pensando en quienes le producían aquel tormento y se reían de él. Pero ¿en qué quedaríamos los hombres sin Cristo?

Además, esa valoración que el Creador hace de su criatura humana, de toda criatura humana –es importante insistir en esto–, podría contrastar, en una primera apreciación, con la opinión de algunos acerca de quién no puede hacer físicamente casi nada por sí mismo. Contrasta Incluso ... (volviendo de nuevo por un momento a aquella meditación, todavía en la Clínica), con mi propia impresión sobre mí. Me sentía –como ahora, aunque más adaptado– verdaderamente muy poca cosa. No sólo por presentar ante los ojos de la gente un estado físico bastante penoso, sino, sobre todo, por mi forma de ser, por las deficiencias de mi carácter y por tanta triste y lamentable experiencia.

Pero, por otra parte, sabía entonces y sé ahora –y cada día con más reconocido agradecimiento– que mi vida, como la de cualquiera, no es valorable con criterios simplemente humanos, no es comparable con nada de lo que se ve y se aprecia por su atractivo material o físico. Y esto –mi condición personal– no es de mi invención, ni decisión mía ser lo que soy o haber alcanzado el amor que Dios nos tiene. Me aplico habitualmente a mí mismo el convencimiento que irónicamente explicaba a mis alumnos de Ética en la Escuela de Arquitectura: "tenemos tanto mérito de ser lo que somos, de ser personas, como las lechugas de ser lo que son: ellas han hecho lo mismo que nosotros para lograr la condición vegetal que poseen".

Es decisivo considerar nuestra existencia a la luz de la fe en Jesucristo Redentor del hombre; valorar así la propia condición personal y reconocer que algo grandioso, muy por encima de otros modos de vivir, se nos ha otorgado gratuitamente y con un destino en Dios, en función de la libertad. Somos, pues, con independencia de cualquier circunstancia que pueda matizar nuestra existencia, algo inimaginablemente fantástico.

De hecho, Dios, en su infinita sabiduría, me valora tanto, que pensó que valía la pena dar su vida por mí: valen tanto los hombres: su vida y su felicidad, que el mismo Hijo de Dios se entrega… Dar su vida por cada uno de los seres humanos que han existido y por los que van a existir: mujeres y hombres, blancos y negros, ricos y pobres, listos y tontos, jóvenes y viejos, amigos y enemigos, sanos y enfermos…, pecadores... –he aquí la medida de su corazón y de nuestro valor–, pues vino a llamar a los pecadores, a los flojos, a los inconstantes… Ninguna desgracia del cuerpo o del espíritu nos hace perder interés o categoría ante sus ojos.

¿Qué pienso, entonces, de mí mismo? ¿Cómo veo y miro a los demás? ¿Considero lo que valen, en todo caso, porque valen para Él? ¿Qué distingos hago entre unos y otros, y por qué? ¿Qué derecho tengo al despreciar? ¿Miro a veces a los otros como por encima del hombro? Habría que pensar también en las deficiencias de carácter de los demás, que posiblemente es lo que con más frecuencia nos echa para atrás en el trato con la gente, lo que nos lleva a "seleccionar". Jesús, en cambio, vino al mundo porque los hombres somos indignos. En su corazón no hay acepción de personas. Le interesamos todos y por los peores parece que se desvela más. Y pensó que valía la pena ayudarnos –siendo malos–, pues debíamos mejorar bastante para ganar la felicidad inigualable según el proyecto divino.

A pesar de nuestros defectos y pecados, tenemos todas las posibilidades intactas para ser felices, para llevar a cabo empresas grandes según Dios. Todos podemos hacer mucho bien por los demás y ante Dios. En ello está nuestra plenitud. Vale la pena, pues, por mucha que sea la pena, el dolor, el trabajo. Él estuvo dispuesto a gastarse por los hombres, ¿nosotros no? ¿Queremos también emplear nuestro tiempo, nuestro talento, nuestros medios, nuestro esfuerzo, nuestras capacidades, para ayudar a otros?

Se piensa que el sacrificio y el esfuerzo –que son la Cruz– no pueden ser compatibles con la felicidad y la alegría, por eso se evitan, y se fomenta, en cambio, lo fácil y lo placentero. Se trata, sin duda, de la más engañosa de las mentiras. Invitemos a todos a imitar a Cristo en la Cruz y a ser verdaderamente felices. Si alguno quiere venir en pos de Mí, coja su Cruz de cada día y sígame. Pero, ¿acaso Dios nos quiere tristes y desgraciados?

María, junto a la Cruz de su Hijo –no hay dolor como su dolor, afirmaba san Josemaría– es la bendita entre todas las mujeres, la que se alegra en Dios su Salvador. Ella es Nuestra Madre y está también a nuestro lado siempre, aunque la olvidemos.
  1. http://www.fluvium.org/textos/pedicacion/080530.htm

16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte V, Cristo es verdadero hombre

Parte I: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte I, Introducción
Parte II: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte II, Cristo es Verdadero Dios
Parte III: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte III, Propiedades del cuerpo glorificado
Parte IV: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte IV, Cristo es verdadero Dios Segunda Parte

CRISTO ES VERDADERO HOMBRE

En la clase pasada dije que Renán había escrito una pentalogía en realidad una heptalogía: son siete obras, siete tomos.

Yo encontré en la Historia de la Literatura Francesa de Tribaudet un capitulo entero sobre Renán y allí nombré cinco obras componentes de la principal obra de Renán. Pero después, una amable señora me mandó las obras de Renán traducidas al castellano y editadas acá en la Argentina por una Editorial Anauta hace unos 40 años. Un libro todo amarillo ya.

Era la época del auge, de la fama de Renán acá. Después se apagó, como les dije el otro día. Entonces, hay dos obras más que yo no sabía y que las voy a leer poco a poco, cuando tenga tiempo. Empecé a leer la vida de Jesús. Es la historia de la persecución de Nerón en los primeros tiempos del cristianismo. La Vida de Jesús la leí durante mis estudios pero no entera porque llegó un momento en que me di cuenta qué era la Vida de Jesús de Renán.

Era una novela histórica, con los datos del Evangelio que él escogió, porque lo que no le convenía él no lo tomaba; y una gran imaginación é información de todo. De literatura antigua, de geografía de la Palestina, de todo. E hizo una novela histórica que se tiene en pie firmemente; de manera que es muy fácil que un hombre que no tenga versación en estas materias (de la exégesis del Evangelio) o bien no tenga mucha fe y lee eso, quede atrapado.

Hay que leer esto como obra de astucia, de insidia. Y ahora lo he vuelto a leer y veo que no me equivoqué. Es una novela histórica como la de "Doña Blanca de Navarra" de Navarro Villoslada, que tiene poquísimos datos acerca de la historia de Blanca de Navarra y hace sin embargo una novela en que uno la ve en vida a la desdichada princesa. Pero no era historia. Y así hay muchas novelas históricas que con pocos o muchos datos históricos del protagonista hacen obras que tienen una fuerza grandísima de persuasión porque parecen vivos los personajes.

Hemos visto la mitad del enjambre de herejías cristológicas que empiezan casi inmediatamente después de la muerte de Cristo, con los Ebionitas que eran judíos, y cuyo nombre significa "pobres", quienes negaban la divinidad de Cristo. Estos Ebionitas llegan —sin proponérselo— a un resultado excelente porque logran que —para combatirlos— San Juan escribiera su Evangelio que es el mejor de todos, tendiendo todo él a mostrar que Cristo era Dios.

Después de las herejías cristológicas que ya hemos visto, vienen las herejías trinitarias, puesto que la afirmación de que Cristo era Dios trae la pregunta: Bueno, ¿entonces Dios bajo del cielo y se hizo hombre? Resulta que una de estas corrientes heréticas que se llamó de los Petripasíanos afirmaba que quien murió en la cruz fue el mismo Padre. Que el mismo Dios que se llamaba Padre bajó y se llamó Hijo, padeciendo en la cruz en la figura de Simón Cireneo.

Las cosas más extrañas inventaron estos herejes. Hubo tantas herejías que ni los historiadores de la Iglesia las saben todas. No quedaron escritos de los herejes, salvo una que otra obra. Conocemos lo que decían por los escritos de los Santos Padres y por las refutaciones que en ellos les hacían.

De las herejías cristológicas, la mitad niega que haya sido verdadero Dios y la otra mitad niega que haya sido hombre. Existieron herejes que negaron la humanidad de Cristo. Unos decían que había tenido un cuerpo fantástico, ficticio, solo aparente. Se llamaron "doquetas" que significa aparentadores y había otros que se llamaban "apolinaristas" porque Apolinar, un obispo de Calcedonia, decía que Cristo no había tenido alma y que Dios, para unir al Verbo de Dios con el cuerpo de Cristo le quitó el alma y la sustituyó.

Esas son las dos maneras como negaban la humanidad de Cristo. Yo les dije en la primera clase que la razón humana no quiere aceptar cosas que no entiende, que le repugnan a su entendimiento, a su razonamiento.

Solamente la fe puede superar, vencer esa repulsión. Y en los primeros siglos que se hicieron cristianos a montones, sin mayor formación, cayeron fácilmente en la herejía, suprimiendo uno de los dos términos de la naturaleza de Cristo: o la divina o la humana y con esto suprimían el misterio. Porque que lo infinito se haya unido a lo finito esto ya es difícil de creer, aunque no es contradictorio. Pero decir en abstracto que lo infinito se hizo lo finito, no puede ser, es contradictorio. Lo infinito y lo finito son contradictorios entre sí. Los cristianos dicen que Dios se hizo hombre y eso no quiere decir que lo infinito se haya reducido a un hombre, se haya achicado, por decir así, sino que la Divinidad, sin ningún perjuicio ni menoscabo asumió a un hombre, a Jesús de Nazareth y la unió a la Divinidad, porque Dios puede todo; para Dios no hay nada imposible y eso no es imposible.

De manera que los "doquetas" se llamaron también "fantasistas" porque decían que el cuerpo de Cristo era fantástico o fantasmal. Los "apolinaristas" que siguieron a Apolinar, no se redujeron a la obediencia de la Iglesia, aunque éste sí se retractó. Aquellos siguieron diciendo que Cristo no tenía alma.

Apolinar el joven, escribió varios libros que se han perdido y juntó muchos prosélitos. Fue condenada su doctrina en el Concilio de Calcedonia (año 451) y en otros muchos concilios y él, repito, se sometió. La negación del alma de Cristo era muy tentadora porque resuelve enseguida la dificultad de la unión. No era un hombre, era un cuerpo humano. La dificultad mayor viene ahora y esta dificultad ha ocupado a los teólogos hasta nuestros días.

Los que negaron el cuerpo de Cristo se pueden dividir en tres herejías: los gnósticos, los doquetas y los maniqueos, que algunos estiman que son una misma, pero en rigor no lo son.

Los gnósticos tienen una cantidad de herejías bajo un solo nombre provenientes del paganismo, algunas de las cuales negaban la realidad del cuerpo de Cristo. Los "doquetas" negaban la humanidad y los "maniqueos" daban las razones por las cuales consideraban que había que negar esa humanidad. Fueron la causa, la raíz de esta negación y la causa era que creían que el cuerpo humano era malo. Por lo tanto Cristo no podía tener cuerpo humano.

La maniquea es una herejía sumamente curiosa que pone dos principios creadores de todo; uno bueno y otro malo. Viene de la Persia, donde creían en el dios del mal y el dios del bien. Un persa, Manes, hijo de reyes, entró en el cristianismo e introdujo esa idea del doble principio. Ellos constataban el mal en la tierra y no podían aceptar que ese mal viniera de Dios.

Ello resuelve el problema del mal en el mundo; aceptamos el mal pero no se lo atribuimos a Dios. Esta es la dificultad que pretenden superar. Piensan, pues, los maniqueos, que toda la parte visible del universo la creó el diablo y toda la parte invisible, o sea las almas, las creó Dios (y también los ángeles). Por eso en el Credo de Nicea, para combatirlo, se pone al referirse a Dios: "creador de todo lo visible e invisible".

Los doquetas tienen muchas variaciones, muchas escuelas diferentes, porque seguían el capricho de su imaginación, de manera que Basílides decía que Cristo no padeció; que el que fue azotado, coronado de espinas, crucificado fue Simón Cireneo con el aspecto de Cristo. Así como los patripasianos decían que el que sufrió y murió en la cruz fue el Padre Celestial, con el aspecto de Cristo.

La maniquea es una herejía singular porque ha llegado hasta nuestros días, como dando saltos en la Historia de la Iglesia. Primero, los maniqueos pelearon mucho tiempo, a –

los cuales perteneció San Agustín, quien después de convertido escribió nada menos que siete obras dedicadas a refutar a los maniqueos.

La más importante es "Contra Pautam maniqueum", que fue jefe en Roma cuando él era joven; un hombre de grandísima elocuencia que había propagado el maniqueísmo en Roma. Después saltamos a los albigenses en la Edad Media, que fueron exterminados por el Rey de Francia. Eran maniqueos también. Eran biprincipiantes. Y después esta herejía (la maniquea) saltó al calvinismo.

Calvino fue maniqueo de una manera especial. No dijo que existiera un dios del mal, pero puso el mal en la esencia del Dios cristiano, de manera que en el fondo incurría en el maniqueísmo porque dijo que Dios crea a algunos hombres con el fin de que se condenen y a otros con el fin de que se salven. Llaman a esto "la predestinación".

Y los que deben condenarse no tienen nada que hacer, es decir, pueden hacer lo que quieran, que de todos modos se condenarán. Están condenados antes de ser creados, de tal manera que esto es poner el mal en Dios. Esa doctrina es tremenda. Fue la que adoptaron los puritanos, los cuáqueros.

Una expedición de puritanos fue a Norteamérica y todavía hay muchos puritanos en Norteamérica, quizás más que en Inglaterra. Ahora bien esta herejía después saltó a los jansenistas. Y de éstos saltó a muchos escritores modernos, que los llaman pesimistas.

Creen más en el poder del diablo que en el poder de Dios. Hay un maniqueísmo más atenuado que el persa (que decía que hay un dios bueno que crea las cosas buenas y un dios malo que crea las malas) que dice que el mal es sustancial en la Creación. Hay otros más atenuados aún, que podrían llamarse semimaniqueístas, que simplemente dan demasiado valor a las cosas del mal en el mundo. De éstos hay una cantidad enorme, por ejemplo, muchísimos escritores ingleses.

Para los puritanos

􀂾 la materia es mala,

􀂾 el cuerpo del hombre es malo,

􀂾 el matrimonio es malo,

􀂾 el vino es malo,

􀂾 las diversiones son malas,

􀂾 la alegría es mala,

􀂾 la belleza es mala,

􀂾 las bellas artes son malas,

􀂾 la autoridad y el estado es malo.

􀂾 Incluso el viento es malo,

􀂾 el lenguaje humano es malo, pero como es una especie de aliento del alma en parte es bueno y en parte es malo.

Los dos grandes apologistas ingleses, Chesterton y Belloc, se pasaron la vida combatiendo la idea pesimista.

En Inglaterra hay tres grandes novelistas pesimistas: Thomas Hardy, Galworsty y Beresford que fue un novelista estupendo. Es al mismo tiempo que maniqueo o pesimista, modernista —que es otra herejía moderna—. En Francia se han anotado como semimaniqueos tres novelistas católicos; Bemanós, Mauriac y Julien Green.

Bernanós es sumamente pesimista en una obra maravillosa que se llama "Bajo el sol de Satanás". Pero después, en el curso de la vida, se fue moderando en sus ideas pesimistas. Su última obra "Diario de un cura de campaña" es equilibrada o por lo menos no es pesi

mista exagerada.

Hillaire Belloc y San Pío X

Cuando empezó a novelar tenía una idea tétrica de la Creación. En Alemania debe haber muchos; yo no conozco la literatura alemana.

Schopenhauer y Niestche parecen maniqueos, tienen una idea de la sustancialidad del mal, pero no son cristianos; los dos son ateos.

Schopenhauer Nietzsche Heidegger Martin

Hay un dibujante, Huekeí, que hizo una novela en historietas, en que muestra la vida de una mujer que ya estaba condenada de antemano. Era un calvinista. Va cayendo ella de desastre en desastre, hasta una muerte miserable, hasta el suicidio.

Julien Green es un pesimista al máximo. Yanqui o Irlandés, educado en Francia, su especialidad son los problemas teológicos en ambientes sombríos. En su novela "Moira" (esta es la mejor de sus novelas, según dicen) el tema está dado en una frase de Green: "la religión en estado salvaje". El protagonista de la novela tiene la religión en ese estado. El héroe es un estudiante yanqui, que no tiene una religiosidad primitiva sino una religiosidad alocada y destornillada. En la novela da el retrato de una universidad yanqui de provincia; esquemático, pero verdadero. Dibuja con precisión sus tres o cuatro caracteres y da el clima; da también la sensación de "lo maligno impalpable". Escribió un panfleto en contra de los católicos de Francia.

Esta ha sido la posición de los que sostienen que Cristo no fue verdadero hombre. En la Escritura hay una gran cantidad de textos que hablan de la carne de Cristo o simplemente del hombre de Cristo. Todos los Evangelios prueban esa tesis porque los Evangelios son la historia de un hombre.

Son crónicas de un hombre no ficticio o aparente, sino de un hombre como todos, que nació como un hombre, vivió como un hombre, tuvo todas las etapas de un hombre: infancia, adolescencia, vida pública, predicación, tuvo dolor, alegría, se enojó, se entusiasmó.

Todas las cosas del hombre las mostró Cristo en su vida. No vale la pena que lea un montón de textos cuando todos los Evangelios muestran este aspecto. Desde que comenzó la Iglesia ha sido tenido por hombre. El otro día les leí una de las cartas de San Ignacio de Antioquía, en las que se ve el entusiasmo casi delirante que tenía por Jesucristo y todos los santos han tenido un amor a Jesucristo hombre. Como Dios lo adoran, pero como hombre le tienen un amor enorme.

Conocemos ya dos textos en los cuales Cristo está afirmado como hombre. Cuando los Evangelios dicen que el Verbo se hizo carne. De esto, los "apolinaristas" dicen que se hizo carne, pero no dicen que haya tenido alma. San Pablo dice: "A semejanza de la carne de pecado se hizo y fue reconocido hombre". De manera que la conducta de, Cristo hacía ver que era un hombre. Cuando San Pablo dice que tomó "carne de pecado" no quiere decir qué Cristo haya cometido pecados.

El dijo: ¿"Quién de ustedes podrá en Mí mostrar algún pecado?".

Otra cosa, aparte del pecado: que Cristo no tuvo como hombre, es la enfermedad. El no se enfermó, a no ser las quince horas de su Pasión; pero allí no se enfermó; lo enfermaron, lo deshicieron. Parece que no se rió nunca. Los Evangelio no lo dicen. Seguramente se sonrió muchas veces; hay muchas frases del Evangelio que requieren una sonrisa.

Cuando el joven rico se le presentó y el dijo: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para salvarme?" y El le contesto —"¿Por qué me llamas bueno? No más bueno que Dios"

Ahí parece que Cristo negó que fuera Dios, pero lo que quiso decir fue: "Si crees que Yo soy un hombre no me debes llamar bueno, porque los hombres no son buenos. Sólo Dios es bueno. De esa manera enigmática le dijo que El era Dios. Entonces Cristo le dijo que cumpliera los mandamientos y se los puso a enumerar salteados, como le iban saliendo.

Y el chico dijo: "Todo eso lo he cumplido desde mi niñez". Entonces Cristo lo miró con amor, dice la Vulgata latina, pero el texto griego pone "Cristo le sonrió". Esta es la única vez que dice el Evangelio que Cristo sonrió. Y El añadió que si quería ser perfecto debía ir y vender todo y darlo a los pobres y así tendría un tesoro en el cielo. El joven no quiso porque tenía muchas posesiones, dice el Evangelista. Entonces Cristo se entristeció. Allí les dijo a los Apóstoles: "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos".

San Pedro dijo en seguida: "Entonces nadie se puede salvar". Pero nada hay imposible para Dios. Este es el episodio de la sonrisa de Cristo.

La principal objeción contra la idea de que Cristo fue humano es el problema del mal, como he dicho. Los maniqueos y todos los que de ellos derivaron hasta hoy día. Santo Tomás resolvió el problema. San Agustín ya había dado la solución en una fórmula un poco obscura. Dijo: "Si Dios no fuera tan poderoso y tan bueno qué puede convertir el mal en bien, no lo hubiera dejado existir": Santo Tomás, con mucho trabajo, dio la solución completa a la teoría del mal, que es muy larga, pero voy a decir tres conceptos principales.

Estaba comiendo en la mesa del Rey de Francia (San Luis de Francia); estaba muy pensativo en la mesa; hasta que de pronto dio un puñetazo y dijo: "esto es decisivo contra los maniqueos".

Las proposiciones de Sto. Tomás son las siguientes:


1. el mal no es una sustancia, sino una privación. Es la privación de algo debido en alguna cosa. Por ejemplo un ciego no tiene una cosa que debe tener, que es la vista. Una piedra, por ejemplo, no tiene una privación sino una negación de la vista. Hay tres cosas diferentes que son: la sustancia, la privación y la negación.

2. La segunda proposición es: por lo tanto, el mal no tiene causa eficiente, sino causa deficiente. Es decir, que si Dios no causa el mal ¿quién lo causa? Lo causa la deficiencia de los ángeles y de los hombres. Igualmente el pecado es deficiencia del recto orden de la Creación. El desencaminamiento recto de las acciones es el pecado. El mal no lo puede causar Dios. Ha permitido que el hombre fuera libre. Y así vino el pecado de los ángeles que desviaron el camino para el cual habían sido creados y se desviaron de la razón misma y quisieron ser lo que nunca podían ser. Así cayeron. De manera que no tiene causa el mal; es una deficiencia en una acción de una criatura. También es una deficiencia en las cosas, como la enfermedad, que es una deficiencia de la salud.

3. El mal está en el ser como en un sujeto. El mal no puede existir solo; debe existir algo que lo soporte, que lo sostenga. Es decir que el mal está siempre en alguna naturaleza o en alguna sustancia, inerte o viviente. Esa es la solución del problema del mal de Sto. Tomás, de manera que no se puede achacarle a Dios el origen del mal.

Parte I: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte I, Introducción
Parte II: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte II, Cristo es Verdadero Dios
Parte III: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte III, Propiedades del cuerpo glorificado
Parte IV: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte IV, Cristo es verdadero Dios Segunda Parte
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sábado, 24 de mayo de 2008

16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte IV, Cristo es verdadero Dios Segunda Parte

Parte I: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte I, Introducción
Parte II: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte II, Cristo es Verdadero Dios
Parte III: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte III, Propiedades del cuerpo glorificado

CRISTO ES VERDADERO DIOS SEGUNDA PARTE

En esta clase voy a completar la anterior porque dejé dos cosas por decir: una es la tradición a favor de la divinidad de Cristo; es decir, yo nombré a unos cuantos de los Santos Padres; todos los Santos Padres han escrito sobre la divinidad de Cristo. Cómo no van a hablar si es el dogma central del cristianismo. También enumeré los adversarios de aquel tiempo: Arrio y Nestorio, pero no estamos en esos tiempos sino en los de Bernard Shaw, Renán y Albert Schwaitzer, que son los que vamos a encontrar en la vida, como yo los he encontrado. Estos modernos no hacen más que repetir las herejías antiguas, no dicen nada nuevo porque no puede decirse nada nuevo.

Los herejes fueron tantos que ni siquiera los historiadores conocen a todos.

En seguida que once rústicos pescadores se desparramaron por el mundo a decir lo mismo que estamos diciendo acá: Jesucristo es verdadero Dios, comenzaron a surgir las herejías, no tenían otra novedad para el mundo, contaban lo que habían visto. Entonces, como un incendio hubo en el mundo porque la gente no creía lo mismo que ellos, que era un misterio dificilísimo de creer, con predicadores a granel, se había extendido muchísimo y todo el Imperio Romano, que en ese entonces era todo el mundo conocido o por lo menos civilizado, había escuchado la palabra de algún Apóstol y se habían hecho muchísimos cristianos, de tal manera que Tertuliano decía: "Somos de ayer y ya llenamos el mundo". San Pablo dice a los romanos: "Nuestra fe ha sido anunciada al universo mundo". Para ellos, todo el mundo era el Imperio Romano, comprendiendo la España y la Inglaterra, hasta donde habían llegado también los Apóstoles.

De la prueba por la Escritura ya he leído varios textos. Los principales son: el texto de San Pablo y el prólogo de San Juan, donde tres veces dice que Cristo es el Hijo de Dios Encarnado.

Y San Pablo dice: "El cual siendo de condición divina no estimó ser fraude decir que era igual a Dios". Se anonadó a Sí mismo, tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, apareciendo en su porte como hombre se humilló a Sí mismo. San Pablo dice que Jesucristo "se vació". Utilizó la palabra "kenosis" que ahora utilizan los teólogos; "vació la divinidad".

Porque como les dije en la otra clase no aparece el poder de Dios en Jesucristo, aparecen las propiedades de un taumaturgo, que habían aparecido antes en Elias y después en San Pedro y otros. Hubo varios taumaturgos que tuvieron el poder de hacer milagros. Pero el poder de Dios no lo mostró, la divinidad de Dios se esconde, dice San Ignacio de Loyola en los Ejercicios.

Y San Pablo dice más: que se vació de la divinidad, siendo hijo de Dios, que creyeran en las obras que El hacía, realizando milagros, pero no mostró el poder de Dios mientras fue hombre. Hasta después de su muerte no apareció el poder de Dios. Después de muerto, sí, en la Resurrección.

Todos los Santos Padres atestiguan la divinidad de Cristo.

Los santos que ha habido en los veinte siglos de la Cristiandad, que son innumerables, también lo atestiguan. Y todos nosotros lo atestiguamos; cerca de 1.200 millones de hombres, porque el que cree atestigua a Cristo; El que cree en la divinidad de Cristo atestigua de ello.

Fíjense que El dijo que era lo principal que tenía que hacer el hombre sobre la tierra: reconocerlo a El. "El que me reconozca delante de los hombres Yo lo reconoceré delante del Padre Celestial".

Es decir que la salvación del hombre está ligada a que reconozca a Cristo como Hijo de Dios. Aquella cifra es contando a los protestantes, los católicos solos somos 900 millones. Pero no hay que fiarse mucho de los números, porque sabemos que esos 900 millones de hombres llegará un día en que serán solamente un puñado de hombres, porque cuando vuelva el Hijo del Hombre ¿Creéis que encontrará fe sobre la tierra?", porque fe habrá, aunque sean pocos y perseguidos, en los últimos tiempos.

Pero la fe en este sentido, significa la fe organizada, es decir, la Iglesia. La Iglesia —dice el teólogo Domingo Sotó— "será quitada del medio". Ese tiempo no se si está cerca o lejos.

El más interesante testigo de la tradición fue San Ignacio, Obispo de Antioquía y Mártir, que lo llevaron desde Antioquía, a Roma en un viaje a pie durante muchísimos días, parándose en las principales ciudades del camino y ahí lo llevaban diez leopardos —dice él en una carta— es decir, atado a las muñecas de un soldado romano diferente cada día, como hacen hoy día con los presos.
Lo martirizó el "pío" Emperador Trajano, que dirigió la tercera persecución a los cristianos. "Aquí nació aquel rayo de la guerra, gran padre de la patria, honor de España, pío felice triunfador Trajano. Ante quien muda se postró la tierra que ve del sol la cuna y la que baña el mar también vencido lusitano . . .", etc. El poeta es un adulador, le llama pío a Trajano que fue uno de los emperadores más crueles que ha habido. Después de Nerón, creo que ha sido el emperador romano más cruel.

La tercera persecución fue terrible. Cuando subió a Emperador, cuando se recibió de Emperador como diríamos nosotros; ellos decían cuando lo levantaron sobre sus escudos los legionarios. . . Porque los legionarios, en aquel tiempo, eran los que hacían los emperadores, no los caudillejos políticos como entre nosotros. Los votos no eran, eran las armas las que elegían los emperadores; era un imperio militar y no civil.

El "pío" Trajano, cuando se recibió de emperador, hizo matar diez mil cristianos traídos de Dalmacia; limpió la Dalmacia de cristianos.

En los dientes de once mil fieras que hizo traer de los confines del Imperio: tigres, leones, osos, hienas, lobos. Hoy día no se podría hacer eso de traer en jaulas once mil fieras; no lo podría hacer ni Onassis pues supone un gasto enorme, lo que da idea del tremendo poderío del Imperio Romano en ese tiempo. Ya habían comenzado el "pan y circo". Eso había que darle al pueblo y él les dió el circo y el espectáculo principal era el de ver a cristianos destrozados por las fieras.

Ignacio de Antioquía fue uno de los mártires a quien martirizaron a principios del siglo II (año 106). Predicó —era muy viejo cuando lo mataron— durante el siglo I en Antioquía. En el camino iban parando los soldados para hacer noche en las ciudades principales y se amontonaban los cristianos para verlo porque tenía gran fama, a pedirle la bendición, que les dijese algo, que les curase los enfermos. Escribió siete cartas maravillosas. Leeré un trozo de la carta II a los magnesios:

"Por consiguiente, del modo como el Señor nada hizo sin contar con su Padre, hecho como estaba una cosa con El, nada ni por Sí mismo ni por sus Apóstoles, así tampoco vosotros nada haréis sin contar con vuestro Obispo y los Ancianos (o sea los presbíteros). Corred todos a uno como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, como a un solo Jesucristo, que procede de un solo Padre." En todas las cartas da testimonio de la divinidad de Jesucristo. En la más larga (cuarta a los romanos) dice: "Digo a todas las Iglesias que yo estoy pronto a morir por Dios de buena gana. . ., yo os lo suplico, no muestren para conmigo una benevolencia malquista.

Permitidme ser pasto de las fieras para alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios y en los dientes de los leones he de ser molido a fin de ser presentado como limpio pan a Jesucristo". "Halagad más bien a las fieras para que sean sepulcro mío y no dejen ni rastros de mi cuerpo; con lo cual, después de mi muerte, no seré molesto a nadie. Desde Siria a Roma yo vengo luchando con las fieras atado a diez leopardos; hago votos para que los leones del anfiteatro sean veloces conmigo. Yo mismo los azuzaré. (No es lícito azuzarlos, pero es una manera de decir el ansia que tenía de martirio).

Y no como a algunos que no osaron tocar".

A algunos cristianos no los mataron las fieras. Continuaba: "Que ninguno se me oponga por envidia a que yo alcance a Jesucristo. Fuego y cruz, manada de fieras, quebrantamiento de mis huesos, descoyuntamiento de mis miembros, trituración de todo el cuerpo, tormentos atroces del diablo, vengan todos sobre mí a condición de que yo alcance a Jesucristo".

Como ven, está enloquecido de amor a Jesucristo al igual que su tocayo del siglo XVI, San Ignacio de Loyola, que fue muy devoto de San Ignacio Mártir. Así prosigue toda la carta que escribió a los romanos desde Esmirna. . .

En nuestros tiempos el desconocimiento de la divinidad de Cristo se ha hecho la atmósfera misma.

El gran inglés Belloc escribió un libro eximio "Las grandes herejías", del cual les diré unas palabras.

La primera herejía, el arrianismo, es un trabajo histórico maravilloso, el mejor que yo conozco. Empieza a indicar el origen de todo este enjambre de herejías que comenzaron ni bien los Apóstoles empezaron a predicar. Dice Belloc con razón que esto se debe a la tendencia de la razón humana a racionalizar todo, porque esa es la misión del intelecto del hombre, entender las cosas, descifrar los misterios. Sin embargo, desde que nacemos hasta que morimos estamos rodeados de misterios, Misterios naturales o sobrenaturales, estamos rodeados de ellos, porque el entendimiento del hombre no quiere ser limitado, sino que quiere ser como Dios, porque es una semejanza de Dios el intelecto del hombre.

De manera que fácilmente es presa de la soberbia y quiere ser como Dios, que fue lo que hicieron los primeros intelectos que existieron, los diablos. Los herejes no quieren resignarse a creer una cosa que no pueden entender. De manera que buscan explicaciones para rebajar a Jesucristo a la categoría de simple hombre.

Hay dos grandes clases de herejías cristológicas: unos dicen que Cristo no fue Dios pero fue un hombre grandísimo, más que un hombre. Arrio dijo que fue una especie de ángel, la primera criatura que Dios hizo, pero no Dios.

Otros, en cambio, dicen que fue un mal hombre, un gran impostor. Esa es la idea que tienen los judíos hasta hoy, los judíos impíos, porque hay algunos que son nada, son indiferentes; y hay otros muchos que se convierten en estos tiempos. Y se han de convertir, no todos, pero gran parte de ellos algún día, dice San Pablo. No sabemos cuándo. De los tres herejes que nombré, no son herejes puros, sino heresiarcas, jefes de herejías.

Uno dijo que Jesucristo era una gran cosa (Renán); casi tuvo la misma idea de El que Arrio. Otro dijo que era un loco (Bernard Shaw).

Schwaitzer dijo algo peor, todavía; que no había existido. Es decir que lo suprimió del todo.

Teilhard de Chardin no es un heresiarca, es apenas un herejito. Por eso no lo nombré con todos estos. Hay un francés, un inglés y un alemán. España no ha tenido heresiarcas.

Ha habido muchos herejes, porque estos vinieron de afuera, dice Menéndez y Pelayo en la enorme obra "Historia de los heterodoxos españoles". Cita un versículo de San Juan que dice: "Estaban entre nosotros, pero no eran de nosotros". El único fue Prisciliano, que no paró en España sino que se escapó a Francia y fue decapitado por el rey Máximo Augusto.

Ernesto Renán no fue apóstata del sacerdocio como creen algunos sino de la fe, porque lo iban a ordenar diácono o lo habían ordenado ya y entonces salió del Seminario de Sari Sulpicio, se puso a enseñar y renegó de la fe. Fue escritor de libros y más tarde profesor del Colegio de Francia y miembro de la Academia Francesa. Fue muy halagado por sus coetáneos, como dijo en su libro [Recuerdos de mi infancia y mi juventud". El otro que tengo es "El Anticristo", pero desgraciadamente traducido al inglés, porque lo que realmente tiene de encantador Renán es su estilo francés.

No tiene ciencia teológica. Escribió una pentalogía, cinco libros.: "Historia de los orígenes del cristianismo"; el cuarto libro es del Anticristo y el quinto es "La vida de Jesucristo", un libro malísimo, de los malos que ha habido. Algunos dicen que hizo tantos incrédulos como letras tiene. Es exagerado.

Lo mismo se ha dicho de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que hizo tantos cristianos como letras tiene. Pero "La Vida de Jesucristo" de Renán, ha hecho muchísimos incrédulos.

Sobre todo entre los bobos de esta América Latina que no es latina porque ni saben latín; es la América criolla. Cuando yo estaba en París en la agencia de La Nación (diario) que está en la Plaza de la Estrella, me encontraba con muchos argentinos que venían a leer La Nación. Me encontré con un gran jurista argentino, magistrado, que dijo que él se había convertido a la fe leyendo "La vida de Jesucristo" de Renán. Yo le dije, inspirado por el Ángel de la Guarda: "Entonces, ahora es mucho más ateo que antes".

El gran Claudel lo comparó a Judas, porque él quiere matar a Jesucristo con caricias:

"Il n'est pas le Christ, Il n'est pas le Fils de l´homme, Il n'est pas Dieu / Son Evangile est menteur et son Pére n'est pas aux Cieux / C'est un fou, c'est un imposteur / Qu ´il parle, qu' il se taise / Le valet de Caifas le soufléte et Renán le baise . . .".

Es lo que dicen hoy. Es un loco, es un impostor qué habla, que se calle. El sirviente de Caifas lo abofetea y Renán lo besa. Para Renán, Jesús fue una gran cosa. El más grande moralista del mundo, un gran poeta y la esperanza más grande que ha pasado sobre la tierra.

Y no ha pasado en realidad, sigue vigente la esperanza en Cristo. Le da todos los atributos de la divinidad para quitarle divinidad, como hizo Arrio.

"La vida de Jesús" fue parada en seco por la aparición de otra vida de Cristo, ortodoxa y mejor escrita (por lo menos igualmente bien escrita) que es "La vida de Cristo" de Giovanni Papini. Ahora, yo no creo que queden ni tres ejemplares en la Argentina del libro de Renán. Dicen que hubo muchos antes. Fui a la Biblioteca Nacional y a la Alianza Francesa y no están los libros principales de Renán.

La última posición apostática de Renán está en una novela llamada "Patrice", que dejó inacabada al morir y dice lo siguiente: él se reprocha haber sido cristiano y como tal haber despreciado a Apolo, Diana, Minerva y Venus, es decir, a la naturaleza sana y tranquila. "Yo le anteponía la magra imagen de un Dios estirado por cuatro clavos; esto es enfermizo; esto es la ascética cristiana, las ideas que nos han perdido. Al contrario, el paganismo antiguo era lo verdadero, lo limpio, lo natural. El cristianismo ha invertido completamente la naturaleza con su sobre naturalismo predicando sin cesar la renuncia, la lucha contra la naturaleza. Todas las ideas desviadas que hay en el campo moral provienen del cristianismo; la Grecia, con su pacto con la naturaleza, había captado la perfecta medida".

La última posición de Renán es odiar al cristianismo. No pertenece a los herejes pasivos, sino a los activos, que odian al cristianismo y lo combaten.

Bernard Shaw fue un gran dramaturgo comediógrafo. Fue también un gran bufón. El bufón irlandés de Inglaterra, a quien arañó cariñosamente durante 80 años. Y la que lo pagó llenándolo de gloria y haciéndolo muy rico. Fue amigo de Chesterton, el cual escribió un libro sobre Bernard Shaw, hasta que comenzó a blasfemar y lo dejó. Shaw parece que critica los defectos de los ingleses.

Todas sus comedias parecen ser caricaturas de ingleses ridículos. En el fondo halagaba a los ingleses, porque criticaba los defectos pequeños y sacaba a luz las cualidades grandes de Inglaterra. De manera que por eso lo han querido muchísimo los ingleses a pesar que parece que se burla de ellos. Es un bufón, como dijo el judío André Suárez en un estudio que tiene sobre Bernard Shaw, buenísimo. . . Es gracioso y tiene un talento y una técnica teatral inmensa, pero no es serio, en el fondo no sabe nada o sabe poco.

Yo voy a leer acá lo que escribí en 1956 a Monseñor Tavella. En un viaje que hice de Salta a Buenos Aires leí el drama que hizo Bernard Shaw contra el cristianismo, que fue cuando Chesterton se mandó a mudar. Se llama "Andrócles y el león". Es una bufonada en que se burla de lo más sagrado que tiene el cristianismo, que es el martirio. Y hace un larguísimo prólogo, como acostumbra en todos sus dramas, y ese prólogo, en la edición que yo leí, tiene 138 páginas nada menos y se desata contra Jesucristo en una forma tremenda.

Le escribí a Monseñor Travella: "Bernard Shaw anuncia que se va a poner él mismo a estudiar a Jesucristo. Hay que leer por lo menos dos veces el singular estudio tragando los crasos errores de hecho, para sacar en limpio el resultado que es el siguiente:

1°—Jesús fue sincero y no fue un impostor.

2°— Fue un loco en cuanto pretendió ser Dios.

3°— Dejó, sin embargo, una doctrina extraordinaria; fue el primer economista político del mundo (Sarmiento dijo lo contrario, dijo que Jesucristo no sabía economía política).

4°— Sin embargo esa doctrina ha sido inútil hasta que él, Bernard Shaw, la completó, "Jesucristo dijo lo que había que hacer, pero no conocía el medio de hacerlo".

5°— Ese medio es Shaw, el socialismo fabiano como lo entendía él.

6°— Los cuatro Evangelios mienten cuando relatan milagros y, sobre todo, cuando narran la Resurrección.

Por último: los Evangelios son creíbles cuando relatan otras cosas, aunque no deben creerse sino como las interpreta B. Shaw. (El resultado del estudio no es muy original pero no puede negarse que es pintoresco).

Esto está en el largo prólogo del drama "Andrócles y el león" llamado "Perspectivas del Cristianismo". Shaw escribió este delirio inconmensurable después que Chesterton su lisonjero "Bernard Shaw". Yo no sé si el crítico de Shaw, Suárez, se convirtió o no. Hay dos grandes escritores franceses que son judíos españoles y que se llaman Suárez. Uno Jorge y el otro Andrés.
El gran bufón escribió este enorme libro para dejar constancia de que fue un necio badulaque de una crasa ignorancia y de una presunción inaudita. Pero Dios permitió o dispuso que saliera esto como castigo de su soberbia. Uno lee el libro ese y le tiene lástima a Shaw de lo ignorante que es en lo que pretende escribir.

El otro gran hereje de nuestros tiempos y que sí está en la Biblioteca Nacional, en ediciones de Paidós, es Albert Schwaitzer, que tiene un nombre impronunciable para nosotros.

De manera que yo le voy a decir "el suizo", simplemente, porque eso quiere decir su apellido. Schwaitzer es el más extremoso de los heresiarcas, Renán se había contentado de hacer de Cristo un ángel, pero no Dios. Shaw dijo que estaba loco, pero que era un loco con talento. "El suizo" dijo que no existió o que por lo menos no sabemos si existió.

Fue un pastor protestante que llegó a Jefe de la Iglesia Luterana Alemana, de la cual lo echaron por impío. Había empezado a escribir libros de la escuela llamada esjatológica. Es una escuela protestante, que defiende que Cristo fue un campesino muy talentoso e iluso, que creyó que el fin del mundo venía ya y que en el fin del mundo lo iban a adorar a él como Dios. Y cuando vió que no venía el fin del mundo y que lo agarraban y lo clavaban en una cruz por andar predicando, entonces pronunció desde la cruz las palabras del gran desengaño diciendo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Cuando empezó la guerra del 14, El Suizo huyó a Lambarené, que es una región del África Ecuatorial Francesa. No hay que confundirle con el dulce Lambaré. . . Se escapó de la guerra, pues si no lo hubieran reclutado los alemanes de los cuales era la Alsacia entonces.

Después salió de ahí y estuvo paseando por Europa juntando plata para su hospital y dando conciertos de violín y de órgano porque era muy buen músico; era un gran intérprete de la música de Bach, sobre el cual escribió un libro muy importante. En Norteamérica parece que sacó muchísimo dinero, pero él ya había escrito los libros impíos por los cuales lo habían echado de la Iglesia Luterana.

Los libros eran de la escuela esjatológica cuyos fundadores fueron Wrede y Weilhausen. Dice que todos los Evangelios son mentirosos menos el de San Marcos, quien dice la verdad pero no cuando narra milagros.

Esta es la doctrina de lo que también se llama la "alta crítica alemana". Recusan los Evangelios y hacen todo lo que pueden para probar que hay contradicciones, que hay cosas que no pueden ser. Pero respetan el de Marcos, por lo cual sabemos que ellos creían que Cristo había existido. Cuando fundó ese hospital, puso a su esposa como directora y a algún médico como subdirector, pero él no vendó un enfermo en su vida, según yo creo, porque no hacía más que ir por todas partes buscando dinero y mandarlo, aunque no todo. Visitó ocho veces su hospital y la tercera vez fue para librarse de la segunda guerra mundial.

En la séptima visita estuvo siete meses en el hospital pero no para curar los enfermos –

sino para estudiar la lepra. Todo el mundo se entusiasmó, especialmente los incrédulos y lo proclamaron "el ateo santo" o "el santo ateo", porque había fundado un hospital.

Lo comparan con el Padre Damián, el Apóstol de los leprosos, que fue a curar a sus enfermos a la Polinesia y murió víctima de la lepra. Pero éste no. No se asomaba a curar a los leprosos. Esto lo hacía la mujer, hasta que ésta se cansó y se volvió a Alemania. Este hospital ya no existe más, porque cuando la mujer de Schwaitzer lo dejó, él no lo continuó. Por eso le hicieron una propaganda tremenda que ahora se está acabando. Al lado de mi casa, a menos de media cuadra, hay una clínica que se llama Sanatorio Schwaitzer, que cada vez que paso por delante tengo ganas de agarrar una tiza y escribirle "Fulmine". Hay una obra de un amigo de él que se llama Feschotte, francés. La última obra de él y la más conocida se llama "Aportaciones al enigma histórico de Cristo".

Y es allí donde pierde la fe hasta en el Evangelio de San Marcos.

Antes había dicho que en San Marcos se podía creer, pero ahí dice que es algo falso también San Marcos. De manera que no tenemos ningún documento de la vida de Cristo, que no sabemos ni siquiera si existió. Pero tenemos que hacerla existir nosotros en nuestro corazón, practicando la moral de un hombre que no existió. Y cuando hayamos practicado esa moral la experiencia hará nacer a Cristo en nuestro corazón. Así termina la obra. Escribió muchas otras obras, entre ellas una sobre una religión que quiso él fundar: "La reverencia a la Vida". En ella dice que hay que empezar por amar a los animales y por ahí, amando a los animales, subir lentamente hasta llegar al amor de Dios. De manera que hay que empezar por el gato.

En 1948, después de su octava visita a Lambarené su fama se hizo inmensa. Sus libros se tradujeron en veinte lenguas. Le dieron el premio Nóbel y algunos premios más. Sus discípulos, desde EE.UU., le mandaron muchísimo dinero. La reina Isabel de Bélgica fue a visitarlo a Grünbach. Lo nombraron miembro de la Academia Francesa, etc., etc. Su panegirista lo llama en forma desaforada nada menos que "doctor, colonizador y apóstol". Es un hombre de gran poder, dice él, un soberano. Dice también que fue un santo y su mensaje fue más grande que el de Jesús.
Lo dicen en "La reverencia a la Vida", aunque sea la vida de un gato. Su fama de "santo ateo" se vino abajo cuando a un francés, Jean Madirán, se le ocurrió investigar su vida. Fue dos veces emboscado, en las dos guerras se emboscó. Los franceses creen que eso es un delito tremendo. Abominaban en la guerra de los que llamaban emboscados. Pero se olvidan que un gran santo de origen francés, se emboscó también: El cura de Ars.

El se escondió de los enroladores de Napoleón que estaban recorriendo Francia enrolando jóvenes por la fuerza, para mandarlos a Rusia a morirse de frío, porque en la quinta leva que hizo Napoleón ya no quedaba casi gente joven. El cura de Ars, que en ese entonces no era cura, ni seminarista, ni nada, se escondió en un granero, y yo hubiera hecho lo mismo. Hizo bien, aunque sea un "embusqué".

Volviendo a Schwaitzer, lo único que hizo fue fundar un hospital con plata ajena y fue un hombre avariento y orgulloso. Según él, el Evangelio de San Marcos fue el primero y nosotros lo tenemos por el segundo. Pero como ya dije, terminó negando la veracidad de este Evangelio también.

Los romanos le habían pedido a San Marcos que escribiera en griego lo que decía San Pedro en las misas. Iba contando el Evangelio, lo que él había visto y entonces San Marcos lo escribió en griego y después lo tradujeron al latín. A San Pedro no le gustó mucho que lo escribiera, pero no lo aprobó ni reprobó.

Parte I: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte I, Introducción
Parte II: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte II, Cristo es Verdadero Dios
Parte III: 16 lecciones sobre el Verbo Encarnado, Parte III, Propiedades del cuerpo glorificado
  1. http://www.cruxetlibris.blogspot.com/

viernes, 23 de mayo de 2008

Homilía de S.S. Benedicto XVI en Corpus Christi 2.008

Queridos hermanos y hermanas:

Tras el tiempo fuerte del año litúrgico, que centrándose en la Pascua se extiende durante tres meses --primero los cuarenta días de la Cuaresma, después los cincuenta días del Tiempo Pascual--, la liturgia nos permite celebrar tres fiestas que tienen un carácter "sintético": la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y por último el Sagrado Corazón de Jesús.

¿Cuál es el significado de la solemnidad de hoy, del Cuerpo y la Sangre de Cristo? Nos los explica la misma celebración que estamos realizando, con el desarrollo de sus gestos fundamentales: ante todo, nos hemos reunido alrededor del Señor para estar juntos en su presencia; en segundo lugar, tendrá lugar la procesión, es decir, caminar con el Señor; por último, vendrá el arrodillarse ante el Señor, la adoración que comienza ya en la misa y acompaña toda la procesión, pero que culmina en el momento final de la bendición eucarística, cuando todos nos postraremos ante Aquél que se ha agachado hasta nosotros y ha dado la vida por nosotros.

Analicemos brevemente estas tres actitudes para que sean realmente expresión de nuestra fe y de nuestra vida.

Reunirse en la presencia del Señor

El primer acto es el de reunirse en la presencia del Señor. Es lo que antiguamente se llamaba "statio". Imaginemos por un momento que en toda Roma sólo existiera este altar, y que se invitara a todos los cristianos de la ciudad a reunirse aquí, para celebrar al Salvador, muerto y resucitado. Esto nos permite hacernos una idea de cuáles fueron los orígenes de la celebración eucarística, en Roma y en otras muchas ciudades, a las que llegaba el mensaje evangélico: en cada Iglesia particular había un solo obispo y, a su alrededor, alrededor de la Eucaristía celebrada por él, se constituía la comunidad, única, pues uno era el Cáliz bendecido y uno era el Pan partido, como hemos escuchado en las palabras del apóstol Pablo en la segunda lectura (Cf. 1 Corintios 10,16-17).

Pasa por la mente otra famosa expresión de Pablo: "ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3, 28). "¡Todos vosotros sois uno!". En estas palabras se percibe la verdad y la fuerza de la revolución cristiana, la revolución más profunda de la historia humana, que se experimenta precisamente alrededor de la Eucaristía: aquí se reúnen en la presencia del Señor personas de diferentes edades, sexo, condición social, ideas políticas. La Eucaristía no puede ser nunca un hecho privado, reservado a personas escogidas según afinidades o amistad. La Eucaristía es un culto público, que no tiene nada de esotérico, de exclusivo. En esta tarde, no hemos decidido con quién queríamos reunirnos, hemos venido y nos encontramos unos junto a otros, reunidos por la fe y llamados a convertirnos en un único cuerpo, compartiendo el único Pan que es Cristo. Estamos unidos más allá de nuestras diferencias de nacionalidad, de profesión, de clase social, de ideas políticas: nos abrimos los unos a los otros para convertirnos en una sola cosa a partir de Él. Esta ha sido desde los inicios la característica del cristianismo, realizada visiblemente alrededor de la Eucaristía, y es necesario velar siempre para que las tentaciones del particularismo, aunque sea de buena fe, no vayan en el sentido opuesto. Por tanto, el Corpus Christi nos recuerda ante todo esto: ser cristianos quiere decir reunirse desde todas las partes para estar en la presencia del único Señor y ser uno en Él y con Él.

Caminar con el Señor

El segundo aspecto constitutivo es caminar con el Señor. Es la realidad manifestada por la procesión, que viviremos juntos tras la santa misa, como una prolongación natural de la misma, avanzando tras Aquél que es el Camino. Con el don de sí mismo en la Eucaristía, el Señor Jesús nos libera de nuestras "parálisis", nos vuelve a levantar y nos hace "pro-ceder", nos hace dar un paso adelante, y luego otro, y de este modo nos pone en camino, con la fuerza de este Pan de la vida. Como le sucedió al profeta Elías, que se había refugiado en el desierto por miedo de sus enemigos, y había decidido dejarse morir (Cf. 1 Reyes 19,1-4). Pero Dios le despertó y le puso a su lado una torta recién cocida: "Levántate y come -le dijo--, porque el camino es demasiado largo para ti" (1 Reyes 19, 5.7). La procesión del Corpus Christi nos enseña que la Eucaristía nos quiere liberar de todo abatimiento y desconsuelo, quiere volver a levantarnos para que podamos retomar el camino con la fuerza que Dios nos da a través de Jesucristo. Es la experiencia del pueblo de Israel en el éxodo de Egipto, la larga peregrinación a través del desierto, de la que nos ha hablado la primera lectura. Una experiencia que para Israel es constitutiva, pero que para toda la humanidad resulta ejemplar. De hecho, la expresión "no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca del Señor" (Deuteronomio 8,3) es una afirmación universal, que se refiere a cada hombre en cuanto hombre. Cada uno puede encontrar su propio camino, si encuentra a Aquél que es Palabra y Pan de vida y se deja guiar por su amigable presencia. Sin el Dios-con-nosotros, el Dios cercano, ¿cómo podemos afrontar la peregrinación de la existencia, ya sea individualmente ya sea como sociedad y familia de los pueblos?

La Eucaristía es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que se pone a nuestro lado y nos indica la dirección. De hecho, ¡no es suficiente avanzar, es necesario ver hacia dónde se va! No basta el "progreso", sino no hay criterios de referencia. Es más, se sale del camino, se corre el riesgo de caer en un precipicio, o de alejarse de la meta. Dios nos ha creado libres, pero no nos ha dejado solos: se ha hecho él mismo "camino" y ha venido a caminar junto a nosotros para que nuestra libertad tenga el criterio para discernir el camino justo y recorrerlo.

Arrodillarse en adoración ante el Señor

Al llegar a este momento no es posible de dejar de pensar en el inicio del "decálogo", los diez mandamientos, en donde está escrito: "Yo, el Señor, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí" (Éxodo 20, 2-3). Encontramos aquí el tercer elemento constitutivo del Corpus Christi: arrodillarse en adoración ante el Señor. Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Nosotros, los cristianos, sólo nos arrodillamos ante el santísimo Sacramento, porque en él sabemos y creemos que está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su unigénito Hijo (Cf. Juan 3, 16).

Nos postramos ante un Dios que se ha abajado en primer lugar hacia el hombre, como el Buen Samaritano, para socorrerle y volverle a dar la vida, y se ha arrodillado ante nosotros para lavar nuestros pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo quiere decir creer que allí, en ese pedazo de pan, se encuentra realmente Cristo, quien da verdaderamente sentido a la vida, al inmenso universo y a la más pequeña criatura, a toda la historia humana y a la más breve existencia. La adoración es oración que prolonga la celebración y la comunión eucarística, en la que el alma sigue alimentándose: se alimenta de amor, de verdad, de paz; se alimenta de esperanza, pues Aquél ante el que nos postramos no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma.

Por este motivo, reunirnos, caminar, adorar, nos llena de alegría. Al hacer nuestra la actitud de adoración de María, a quien recordamos particularmente en este mes de mayo, rezamos por nosotros y por todos; rezamos por cada persona que vive en esta ciudad para que pueda conocerte e ti, Padre, y a Aquél que tú has enviado, Jesucristo. Y de este modo tener la vida en abundancia. Amén.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]
  1. http://www.zenit.org/article-27377?l=spanish

Cardenal de Letonia apoya campaña de Acción Familia

Desde Letonia vienen los apoyos y augurios de éxito, desde Chile, algunos balbuceos entre el ensordecedor silencio eclesial. Desde Acción Familia Chile:

El Cardenal de Letonia, Janis Pujats, ha enviado una carta con su bendición a Acción Familia y a todos sus amigos y simpatizantes, estimulándolos a continuar la lucha contra el proyecto de no discriminación que constituye un peligro para la libertad de la Iglesia.

"He tomado conocimiento de la campaña que la asociación Acción Familia está realizando en Chile contra el proyecto de ley de “no discriminación” (Bol. 3815-07), que pretende otorgar a las conductas homosexuales un reconocimiento legal de privilegio, al mismo tiempo que sanciona a quienes se opongan a ellas.

Tal iniciativa legal, que se tramita actualmente en su País, coincide con proyectos similares en la legislación de varias naciones europeas. Aquí en Letonia me ha correspondido advertir reiteradamente a los católicos a mí confiados por el Santo Padre Benedicto XVI, del peligro que representan esas nuevas leyes.

En efecto, bajo el nombre de la “no discriminación”, se esconde la amenaza de perseguir a la Iglesia Católica por repetir las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo en pro del matrimonio indisoluble. Igualmente con estos proyectos se pretende dar un reconocimiento a las conductas homosexuales que son “intrínsecamente desordenadas”, como afirmó la Congregación para la Doctrina de la Fe, por ser contrarias a la única moral objetiva.

Por lo anterior envío a Uds. Y a todos aquellos que están apoyando esta oportuna iniciativa de Acción Familia, mi bendición de Cardenal de la Santa Iglesia, ofreciendo mis oraciones por el éxito de la campaña en pro de la institución de la Familia en vuestra querida Nación.

En el Señor,

+ Cardenal Janis Pujats"
  1. http://www.accionfamilia.org/temas-polemicos/homosexualidad/cardenal-pujats-apoya-accion-familia/#more-521