viernes, 6 de junio de 2008
La revolución pacífica de los católicos de Vietnam
Como los monjes budistas en Birmania, en Hanoi y en otras ciudades vietnamitas salen a las calles obispos, sacerdotes, religiosas y fieles. Quieren que les sean devueltos los inmuebles y los terrenos confiscados por el estado. Sus armas son la cruz y el rosario. Las aprensiones del Vaticano
por Sandro Magister
ROMA, 28 de mayo del 2008 – Dentro de poco una delegación de la Santa Sede irá a Vietnam en visita oficial, por decimoquinta vez desde 1989. La anterior visita fue hace menos de un año. A su vez el primer ministro de Vietnam, Nguyên Tân Dung, ha estado de visita en el Vaticano el 25 de enero del 2007, reuniéndose con el Papa y los dirigentes de la secretaría de estado.
Junto a China, Corea del Norte, Myanmar y Arabia Saudita, Vietnam es uno de los poquísimos países que no mantiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
Sin embargo en Vietnam el catolicismo es particularmente floreciente. Los católicos son cerca de 6 millones, el 7 por ciento de la población, la práctica religiosa es alta, las vocaciones numerosas.
Como en todos los regímenes comunistas la libertad religiosa es fuertemente reprimida, pero desde hace algunos años se nota visos de deshielo. El 18 de junio del 2004 el gobierno emitió una ordenanza sobre las creencias y sobre las religiones que gira en torno a dos principios según los cuales los creyentes – y por tanto los católicos – son parte integrante de la nación y el estado se compromete a responder a sus legítimas exigencias.
La aplicación de estos principios está de todos modos lejos de satisfacer las expectativas de la Iglesia católica.
Por ejemplo, la Santa Sede no es libre de nombrar a los nuevos obispos. La actual práctica es que Roma presenta cada vez tres candidatos, entre los cuales las autoridades vietnamitas excluyen a quienes no son de su agrado.
El nombramiento de los obispos será ciertamente uno de los puntos que la delegación vaticana va a querer discutir en su próxima visita. Otro será el establecimiento de las relaciones diplomáticas. Otro más será el respeto de las minorías étnicas, en particular de los “montagnard”, en buen número cristianos.
Pero además han ocurrido en estos últimos meses nuevos hechos. Por primera vez en Vietnam, obispos, sacerdotes, religiosas y fieles han salido a las calles por miles, a reivindicar más libertad.
Lo han hecho de forma pacífica. Rezando, encendiendo velas, plantando cruces, llevando imágenes de la Virgen. Han salido a las calles en la capital Hanoi, en Hô Chi Minh Ville, la ex Saigón, y en otras ciudades. No una o pocas veces, sino durante días y semanas seguidas.
El motivo en todas estas ocasiones ha sido el pedido de devolución de terrenos e inmuebles confiscados por el régimen a la Iglesia.
Las confiscaciones se remontan en el norte del país a los años cincuenta, cuando los comunistas tomaron el poder, y en el sur a los años posteriores a 1975.
La primera y más importante reivindicación se refiere al inmueble que un tiempo alojaba a la delegación pontificia en Hanoi, adyacente al arzobispado y a la catedral de San José. Edificio confiscado el 1959 y hoy adaptado a restaurante.
El pasado 15 de diciembre el arzobispo de Hanoi, Joseph Ngô Quan Kiêt, ha pedido la restitución del edificio y ha invitado a los fieles a rezar para que se haga justicia.
Los fieles le han tomado la palabra. Desde el 18 de diciembre, cada noche se reúnen frente a la reja de la ex nunciatura, rezando y llevando flores y velas. La noche de Navidad fueron 5 mil.
El 30 de diciembre llegó entre ellos el jefe del gobierno, Nguyên Tân Dung. Atravesando la muchedumbre entró al arzobispado donde se reunió con monseñor Ngo Quan Kiet durante quince minutos. A la salida fue aplaudido.
Pero la protesta no se apagó. Más aún, se extendió a otras zonas y ciudades.
El 6 de enero, fiesta cristiana de la Epifanía, los fieles de la parroquia de Thai Ha, en Hanoi, comenzaron a manifestar para pedir la restitución de terrenos y edificios confiscados por el régimen y ahora ocupados por varias estructuras de gobierno y por una fabrica. Junto a la confiscación, en los años cincuenta, el régimen comunista arrestó e hizo morir en prisión a los sacerdotes redentoristas que tenían el cuidado de la parroquia.
El 12 de enero, en Hô Chi Minh Ville, los fieles salieron a las calles por miles a una vigilia de solidaridad con los de Hanoi. El superior de los redentoristas, el padre Joseph Cao Dinh Tri, en un mensaje, apeló a la directiva 379/TTG que impone a las autoridades restituir a los propietarios los bienes y terrenos confiscados en el tiempo, si estos ya no son necesarios al gobierno para fines prioritarios. Recordó además la ordenanza PL-UBTVQH11 del 2004, que dice: “La propiedad legal de los sitios de interés religioso está protegida por la ley: toda violación está prohibida”.
En los mismos días, también los fieles de la ciudad de Ha Dong, unos cuarenta kilómetros al sur de Hanoi, comenzaron manifestaciones pacíficamente para que les restituyan un edificio expropiado a una parroquia.
El 24 de enero una delegación del gobierno volvió a reunirse con el arzobispo de Hanoi. En el mismo momento, grupos de fieles penetraban en el jardín de la ex nunciatura plantando en él una cruz, antes de ser rechazados por la policía.
El jefe de la delegación del gobierno era la vicepresidente del Comité popular de la capital, Ngô Thi Thanh Hang. El motivo oficial de la reunión era el saludo por el próximo año nuevo lunar, el Tet. Al final, en un comunicado oficial, las autoridades reconocieron “la contribución ofrecida por el arzobispo Joseph Ngô y de la comunidad católica por la causa común de una sociedad de paz, igualdad, progreso y desarrollo”. Pero diez días antes la señora Ngô Thi Thanh Hang había acusado al arzobispo de “usar la libertad de religión para provocar protestas contra el gobierno” y de “dañar las relaciones entre Vietnam y el Vaticano”.
En Roma, naturalmente, las autoridades vaticanas estaban al corriente de estas fricciones. Y estaban preocupadas.
El 30 de enero el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, ha manifestado así sus preocupaciones, en una carta al arzobispo de Hanoi, Joseph Ngô Quan Kiêt:
“Como Usted puede imaginar, la secretaría de Estado sigue con gran atención y solicitud los acontecimientos de estos últimos días en Hanoi. […] Estoy muy admirado frente a los sentimientos de ferviente devoción y profunda adhesión a la Iglesia y a la Santa Sede mostrados por miles de fieles que, día tras día, se reúnen pacíficamente a rezar frente a este edificio [de la ex nunciatura], convertido en símbolo, para pedir a los responsables civiles que se hagan cargo de las necesidades de la comunidad católica. Por otro lado el hecho de que estas manifestaciones continúen no puede no suscitar algo de preocupación, porque como frecuentemente ocurre en casos similares, existe el peligro concreto de que la situación se escape de las manos y pueda degenerar en demostraciones de violencia verbal o incluso física. Por eso, a nombre del Santo Padre, que está constantemente informado de cómo evoluciona la situación, le pido que intervenga para que se eviten gestos que puedan perturbar el orden público y para que se regrese a la normalidad. Así será posible, en un clima más sereno, retomar el diálogo con las autoridades, para encontrar una solución apropiada a este delicado problema. Puedo asegurarle que la Santa Sede, por su parte, como siempre lo ha hecho, no dejará de hacerse intérprete con vuestro gobierno de las legítimas aspiraciones de los católicos vietnamitas”.
Dos días después – y después de otra reunión con las autoridades – el arzobispo de Hanoi escribió a los fieles agradeciendo a Benedicto XVI y al secretario de estado. En estos 40 días de manifestaciones – se lee en la carta – “hemos vivido un nuevo Pentecostés: hemos estado unidos y devotos en la oración, no obstante los desafíos y las dificultades”.
Pero ahora, prosigue el arzobispo, “nuestras oraciones han sido escuchadas. El restaurante [en el lugar de la ex nunciatura] ha sido cerrado, [...] y la gran cruz [llevada por los fieles al lugar de la protesta] ha sido traída de vuelta en procesión en la catedral de San José”.
En efecto, fuentes gubernamentales anunciaron la próxima restitución de la ex nunciatura a la arquidiócesis de Hanoi.
Casi un mes después, el 27 de febrero, en una reunión del Comité de unión de los católicos que hace parte del Frente patriótico, el encargado del Frente para los asuntos religiosos, Trân Dinh Phung, ha reafirmado que “el gobierno no podrá ignorar” la solicitud “legítima” de la restitución de la ex nunciatura y ha elogiado al Vaticano por haber puesto fin a las manifestaciones que “corrían el riesgo de degenerar”.
El 15 de abril las autoridades anunciaron también la restitución de otro terreno expropiado, en torno a la basílica de Le Vang, el principal santuario mariano del Vietnam. El anuncio se dio después de una reunión entre el vicepresidente del Comité del pueblo de Quang Tri, Nguyên Duc Chinh, y el arzobispo de Huê, Stephen Nguyên Nhu The.
Pero hasta hoy, a estos anuncios no han seguido los hechos. Más aún, la Iglesia budista oficial ha salido al frente para reivindicar la misma propiedad de la ex nunciatura de Hanoi, sosteniendo que allí estuvo una antigua pagoda, destruida hasta sus cimientos en el 1883 por los “colonialistas franceses”. En todo caso el gobierno mantiene el control de los terrenos y los edificios diputados. Y los católicos han vuelto a hacer manifestaciones aquí y allá.
Desde el 17 de marzo, en Hô Chi Minh Ville, cientos de religiosas y de fieles se reúnen cada día a rezar frente a un edificio quitado a las religiosas de la orden de la caridad “Vinh Son”, transformado en el pasado en un burdel y ahora en proceso de ser demolido para dar lugar a un hotel.
El 20 de mayo la protesta se extendió a otra ciudad, Vinh Long, en el sur del país. En un ex orfanato perteneciente a las hermanas de San Pablo de Chartres debería construirse un hotel de cuatro estrellas. El orfanato fue expropiado en el 1977 y ahora el arzobispo, las religiosas y los fieles de la ciudad lo quieren de vuelta.
“No podemos callar más” ha dicho el obispo de Vinh Long, Thomas Nguyên Văn Tân. “El silencio, en este momento, significaría complicidad y aceptación de la injusticia”.
martes, 3 de junio de 2008
Los mártires que occidente olvida
Raptados docenas de feligreses del obispo Aguirre; no se les rescatará como a los pescadores españoles en Somalia.
Juan José Aguirre, misionero comboniano nacido en Córdoba, es el obispo de Bangassou en Centroáfrica, una zona cercana a la frontera con Sudán y Uganda. En esta extensa diócesis rural hay unos 200.000 habitantes, uno de cada cuatro es católico.
Terroristas ugandeses del llamado "Ejército de Liberación del Señor" han secuestrado casi 70 personas de un pueblo de su diócesis. Al contrario que los atuneros españoles secuestrados en el Golfo de Adén hace unas semanas, estos secuestrados no contarán con abogados desde Londres ni el pago de un gran rescate. El texto del obispo español de Bangassou es una carta enviada a hermanos de comunidad y después publicada desde la agencia OMPRESS.
"Queridos amigos: Acabo de volver del este de la diócesis, de un viaje de 21 días y, en la última misión, llamada Obo, a 120 kilómetros de la frontera con el Sudán, os cuento lo que allí vi.
Durante esos días, en la radio escuchaba noticias de unos pescadores españoles de un atunero que habían sido apresados por piratas en el Golfo de Adén. Oía cómo se había puesto en marcha todo un engranaje político militar para negociar con los secuestradores, unos abogados desde Londres que llevaban las negociaciones, la angustia de las familias por los 6 días en que los atuneros estuvieron retenidos, aunque estaban bien, comían y dormían bien y estaban a la espera de que se pagara un rescate y se los liberara. Así fue. Se pagó mucho dinero, un barco de guerra condujo al atunero a buen puerto y los asombrados pescadores volvieron a España en avión a gastos pagados.
Oyendo todo esto, llegué a Obo y me encontré un pueblo bañado en lágrimas y en la angustia, desde hacia ya un mes y medio. En efecto, desde la noche del 6 al 7 de marzo en la que unos 150 hombres armados, del ejército rebelde ugandés de Joseph Kony, entraron en Obo y saquearon dos barrios enteros buscando tres cosas: alimentos para comer, semillas para sembrar y porteadores para que les llevaran lo robado hasta su campamento a unas 3 semanas de camino.
Eso hicieron esa noche sin dar un solo tiro, robando casa por casa, vaciando los graneros y llevándose a 69 personas, desde niñas de 12 años, hasta mujeres casadas, jóvenes y menos jóvenes, una mujer embarazada, etc.
Estos rebeldes pertenecen al RLS (Ejército de Liberación del Señor), que arrasó Uganda durante 15 años matando a 300.000 personas (entre otras a 7 misioneros combonianos). Luego se refugiaron en Sudán y posteriormente crearon su campamento en la selva tropical del norte del Congo en donde están ahora diseminados en varios campos.
Uno de los campos, el más próximo de Centroáfrica, fue quien atacó Obo, viendo que nadie guarda la frontera con el Sudán y que Obo es un pueblo casi sin gendarmería. Presa fácil si se entra sin hacer ruido.
Estos criminales pasaron a 300 metros de la casa de las hermanas Franciscanas, pero tuvieron miedo de los perros y del ruido que pudieran hacer si ladraban o si había que disparar para hacerlos callar. Así que pasaron de largo y se fueron a otras casas donde robaron, se llevaron niños y mayores, violaron a algunas mujeres y dejaron Obo, antes de irse, sumido en la consternación.
A 500 metros de la casa de las religiosas, entraron en una casita donde había un matrimonio joven, sacaron al marido a empellones y tres guerrilleros violaron a la mujer por turnos en su propia cama. Hoy día, 69 personas no han vuelto y son esclavizadas en los campamentos para la cocina, los campos, la ropa, instrucción y adoctrinamiento militar y, las chicas y mujeres, para esclavas sexuales.
He hablado con las autoridades locales y todos creen que estos criminales pueden volver cuando quieran. Ahora que empieza la época de las lluvias no es probable, pero más tarde, en noviembre, cuando deje de llover, si Obo no se protege con refuerzos de gendarmería, es muy probable que vuelvan.
Los sacerdotes de Obo siguen allí y no se piensan ir. Han demostrado coraje y paciencia. ¡Pero son hombres! En un cierto momento di la orden para que las hermanas fueran acompañadas a otra misión para protegerlas.
Mons. J.J. Aguirre rodeado de niños de su diócesis; ha puesto en marcha un sistema de apadrinamiento para huérfanos del SIDA
La cocinera de los padres, Jeanine, me contaba que se llevaron a su hija de 12 años, apenas una niña, la obligaron a cargar 30 kilos en la cabeza y se la llevaron dejando a la abuela con la que vivía sumida en la amargura. Con los ojos empañados de lágrimas, Jeanine me preguntaba donde está el Congo, a donde se llevaron a su niña, y se preguntaba si esos criminales la habrían ya violado o no.
¡Sesenta y nueve personas es mucha gente! No tienen la suerte de ser españoles, ni tener un gobierno que los defienda, ni abogados que lleven las negociaciones, ni alguien que ponga el dinero del rescate ni una sola radio que hable de ellos. Son los pobres, los olvidados, los que no cuentan para nada en la decisiones del mundo, los sin voz, los parias. Para nosotros son personas llenas de dignidad pero despojadas de sus derechos fundamentales, con la única diferencia de ser un atunero español o un campesino centroafricano.
"Así es la vida", decía el Embajador portugués hablando con el Cardenal en la última secuencia de la película " La Misión ". El Cardenal se vuelve hacía la ventana y, en el espejo se mira y se dice: "No, excelencia. Así la hemos hecho". La cámara se acerca aún más a su rostro y finalmente dice: "Así la he hecho"".
Unidos en la fe en Nuestro Señor,
Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou
lunes, 2 de junio de 2008
Juventutem en Sidney 2.008
En el sitio oficial de Juventutem Australia, hemos puesto un link hacia el en nuestra sección de sitios católicos recomendados, ya se encuentra disponible la programación de "actividades litúrgicas" que comprende una semana en Melbourne y otra en Sydney, desde el 10 al 20 de julio de este año, para la Jornada Mundial de la Juventud.
Las inscripciones, detalles y demases pueden encontrarse en este sitio, en inglés, por si alguien se anima a viajar y de paso se nos ofrece como corresponsal. Y si no puede viajar, o no lo desea por considerarse sólo joven de alma pero no de cuerpo, pero desea colaborar a que otros si lo hagan, existe una sección en que indican las varias formas en que se puede ayudar para que una vez mas el mundo joven de la Tradición, representado por las distintas asociaciones nacionales de "Juventutem", este allí presente acompañando a S.S. el Papa y evangelizando con su ejemplo.
El programa del Viaje Apostólico de Benedicto XVI a Sydney para la 23 Jornada Mundial de la Juventud
El jueves 17, después de celebrar la Santa Misa en privado, por la mañana tendrá lugar la ceremonia de bienvenida en la "Government House" de Sydney. Posteriormente realizará una visita de cortesía al gobernador general y se encontrará con el primer ministro. Tras una breve acogida con danzas y cantos tradicionales por parte de aborígenes, se embarcará en la nave "Sydney 2000" para trasladarse vía mar al muelle de Barangaroo East Darling Harbour de Sydney, dónde llegará por las horas 15,30. Aquí tendrá lugar la Fiesta de acogida de los jóvenes. Al término el Papa le regresará al St. Mary's Cathedral House de Sydney.
Viernes 18 de julio, después de la Santa Misa en privado, el Santo Padre recibirá en separadas audiencias al Gobernador del New South Wales, al Primer ministro del New South Wales y el Alcalde de Sydney, con las correspondientes familias. A las 10,30 horas presidirá un Encuentro Ecuménico en la Cripta del St. Mary's Cathedral de Sydney y a las 11,20 un Encuentro con los representantes de otras religiones en la Sala Capitular. Benedicto XVI almorzará a continuación con los jóvenes y, a primera hora de la tarde, a las 15 horas, presidirá la Oración de inicio del Via Crucis en la plaza frente a la St. Mary's Cathedral. A las 18,45 horas está previsto el encuentro con un grupo de jóvenes con problemas en la Comunidad de recuperación de la universidad de Notre Dame en la Iglesia del Sagrado Corazón de la universidad de Notre Dame de Sydney.
El sábado 19 de julio el Santo Padre presidirá a las 9,30 horas, en St. Mary's Cathedral, la Concelebración de la Santa Misa participarán los Obispos australianos, seminaristas, novicios y novicias, durante la cual consagrará el nuevo altar. Después del almuerzo con los Obispos, por la tarde, a las 19,30horas, Benedicto XVI presidirá la Vigilia con los jóvenes en el hipódromo de Randwick en Sydney.
El domingo el 20 de julio de 2008, a las 10 horas, el Papa presidirá la Santa Misa de la Jornada Mundial de la Juventud en el hipódromo de Randwick en Sydney y recitará el ángelus. Por la tarde, a las 18 horas, será el Encuentro con los bienhechores y organizadores de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud.
El lunes 21 de julio, después de haber celebrado la Santa Misa en privado, el Santo Padre se despedirá de la St. Mary's Cathedral House de Sydney y saludará a los voluntarios de la Jornada mundial de la Juventud en el Domain de Sydney. A las 9,30 horas tendrá lugar la Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de Sydney, y, a las 10 horas, la salida. La llegada al aeropuerto de Ciampino está prevista para las 23horas.
(S.L)
(Agencia Fides 30/5/2008)
Los franciscanos metidos a hoteleros
Oía hoy el programa de la COPE de los capellanes. Que emitían desde Santiago. Simpático, como siempre. Y que aunque trata de fútbol tiene un notable fondo religioso.
Pronto me di cuenta que el hotel que les alojaba era el antiguo convento franciscano. El que tiene ante la fachada de la iglesia la espléndida escultura de Asorey. Nos enteramos que la instalación hotelera la administran los frailes que dedican los beneficios a necesidades de la orden.
No tengo nada que objetar a ello. No hay franciscanos y el convento está vacío. Pues a sacerle un beneficio. Capitalismo puro. Tal vez muy distante al carisma del de Asís. Y doy por hecho que las rentas se emplearán bien.
Antes había órdenes y congregaciones que con lo que sacaban de sus colegios costeaban noviciados, misiones y establecimientos benéficos. Ahora se proponen hacerlo con la hostelería.
Pues, metidos a capitalistas y empresarios supongo que no tendrán otros miembros de la orden el tupé de criticar a otros capitalistas y empresarios que busquen el beneficio sin sayal. Que seguramente tampoco llevarán estos frailes.
Y algo que me duele. Que los conventos se tengan que convertir en hoteles porque no tienen frailes ni monjas. Algo ha fallado. Y alguien tendrá responsabilidades en ese fallo. Aunque no se quieran reconocer.
Veo el futuro con España llena de ofertas hoteleras de cadenas que rivalizarán para disputarse los clientes. La benedictina, la trapense, la dominica, la franciscana, la jesuita, la clarisa, la concepcionista... Serán algo parecido, o mejor, que los paradores nacionales. Luego habrá hoteles más modestos, de tres estrellas, en manos de salesianos, maristas, marianistas, vedrunas, Sagrado Corazón...
¿Qué quieren que les diga? Estoy triste.