jueves, 20 de marzo de 2008

Meditacion sobre la Institución de la Eucaristía

Admiremos desde luego a Jesucristo arrodillado delante de sus Apóstoles, lavándoles los pies, para enseñar a todos la humildad profunda, la caridad perfecta, la pureza sin mancha que pide el sacramento que iba a instituir y que ellos iban a recibir. Se sienta en seguida a la mesa, toma el pan. lo bendice, lo parte y lo distribuye a sus discípulos, diciendo: Tomad y comed; éste es mi Cuerpo. Y, tomando el cáliz, se lo da, diciendo: Tomad y bebed; ésta es mi Sangre, la Sangre de la nueva alianza que será derramada por vosotros en remisión de vuestros pecados. ¡Oh! ¡cuan bien se conoce el amor de Jesucristo! El divino Salvador, próximo a dejarnos, no pudo resolverse a separarse de nosotros. "No os dejaré huérfanos" había dicho; mi Padre me llama; pero, al irme a El, no me separaré de vosotros; mi muerte está determinada en los decretos eternos; pero, muriendo. Yo sabré sobrevivirme para quedar con vosotros. Mi sabiduría ha ideado cómo obtenerlo y mi amor va a ejecutarlo. En consecuencia, convierte el parí en su cuerpo y el vino en su sangre, en virtud de la indisoluble unión de la persona divina con la naturaleza humana, lo que un poco antes no era sino pan y vino, es ahora la persona adorable de Jesucristo toda entera, su persona divina, tan grande, tan poderosa, como está a la diestra del Padre, gobernando todos los mundos y adorado de los mismos ángeles, que tiemblan en su presencia. A este milagro sucede otro. Lo que yo acabo de hacer, dice Jesucristo, vosotros, mis Apóstoles, lo haréis; os doy para ello el poder, no solamente a vosotros sino a todos vuestros sucesores, hasta el fin de los tiempos, puesto que la Eucaristía será el alma de toda la Religión y la esencia de su culto, y debe durar tanto como ella misma. Tal es la rica herencia que el amor de Jesucristo ha transmitido a sus hijos por toda la continuación de los siglos; tal es el testamento que este buen Padre de familia ha hecho, en el momento de su partida, en favor de sus hijos; sus manos moribundas lo escribieron, y en seguida fue sellada con su sangre; tal es la bendición que este buen Jacob dio a sus hijos reunidos en torno a El antes de dejarlos. ¡Oh preciosa herencia, querido y amable testamento, rica bendición! ¡Dios mío, Dios mío! ¿cómo agradeceros tanto amor?
  1. http://ar.geocities.com/misa_tridentina09/cuaresma/jueves_santo.htm