miércoles, 5 de marzo de 2008

La reiterada desobediencia del episcopado mundial al Santo Padre.

La expresión de Pablo VI sobre el humo del infierno que se había infiltrado en la Iglesia se manifiesta de mil maneras, pero sobre todo se manifiesta como desobediencia. Y de hecho, lo específico de Satanás es la desobediencia. Satanás desobedeció en un principio y todos sus siervos manifiestan su esclavitud desobedeciendo a Dios.
Inversamente, la salvación empezó por estas palabras:”Ecce ancilla”. Y Cristo se presenta como aquél que dice “heme aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Sal 40,7 y ss.)… Y cumplió tal voluntad hasta la muerte y una muerte de cruz (Flp 2, 8).
A partir de mediados de los años 60, el humo de Satanás se colaba en la Iglesia en forma de una desobediencia generalizada. Los sacerdotes desobedecían a sus obispos, y los obispos al Papa. Desobediencia agravada con la tolerancia de aquéllos que deberían castigar tales actitudes y las toleraban. Y la jerarquía Sagrada se convertía en lo inverso: Una pirámide de desobediencia.
El humo de la desobediencia se convirtió en una humareda espesa y acre que cortaba la respiración y “justificaba” la pérdida de fe, la apostasía y la herejía de muchos.
Es una historia de apenas cuatro décadas en la que quizás el primer hecho relevante fue la comunión en la mano: el Papa la prohibió y sin embargo se universalizó contra la voluntad expresa del Vicario de Cristo… Y nadie fue castigado. Es una historia de maldad, sacrilegio y apostasía que ha tenido los últimos y dramáticos episodios Benedicto XVI. Con el que se constata una cosa: en la Iglesia actual nadie obedece. Y nos olvidamos de cosas como las normas impartidas a los neocatecumenales y nos centramos en dos cuestiones mayores:

PRIMERO
Primero el motu proprio sobre la Santa Misa tradicional, en la que la mayoría del episcopado no ha hecho otra cosa que boicotearlo. En el mejor de los casos permitiendo una misa y en el peor de los casos se impide so pretexto de… algo. Pero en cualquier caso nadie se ha volcado a aplicarlo, nadie se ha puesto a dar clases para reciclar a sus sacerdotes para que muchos sean capaces de oficiarlas, y escasamente en algún excepcional seminario se ha empezado a hacer algo al respeto.
Es decir, el Motu proprio parece que no ha servido mucho para que los fieles puedan acceder a su derecho a la Misa tradicional. Pero ha servido para otra cosa; ha servido para mostrar hasta qué punto la mayor parte del episcopado mundial vive en una situación de cisma habitual respecto a la Santa Sede. Y algo es algo, ya que esta puesta en evidencia de la casi universal desobediencia tiene su valor positivo puesto que la verdad nos hace libres.

SEGUNDO
Pero el cisma habitual del episcopado mundial revelado por el Motu Proprio es un cisma habitual más o menos camuflado e hipócritamente disimulado por todos. Más grave es lo que ocurre y va a ocurrir con el decreto del 17 de octubre del 2006, porque en este caso la actitud malévolamente cismática de la mayor parte del episcopado mundial se va a poner en evidencia ante los ojos de todos.
Como se recordará, el decreto aprobado por el Papa Benedicto XVI el 17/10/2006, respecto a la Santa Misa y en la que se mandaba que en la parte de la Consagración donde actualmente se dice de la Sangre de Jesús que “será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”; se dirá que “será derramada por vosotros y por muchos”; en vez de “por todos”, para así reflejar mejor el original en latín que decía “Pro multis”. Y al respecto el Vaticano ha dejado muy claro la importancia de tal planteamiento que no es un simple cambio de palabras, pues la expresión “por todos” daría a entender que la Redención de Jesucristo se extiende automáticamente a todos los hombres, sin importar la cooperación humana; mientras que el original en latín evidencia que, aunque la Redención es accesible para todos los hombres, no son todos los que la acogen adecuadamente y la hacen realidad en sus vidas.
De momento estamos ya a poco más de un semestre del plazo máximo que se dio para aplicar la norma y da la impresión que nadie va a mover ni un dedo para aplicarla. Es como si toda la Jerarquía estuviera dispuesta a hacer objeción de conciencia ante el Papa, es decir ante Jesucristo.
Y esta segunda desobediencia sonada es incluso más terrible que la anterior, porque en este caso a la actitud cismática habitual se va a unir el pecado de escándalo, pues en este caso la desobediencia va ser pública y notoria.
Pero aun hay otra cosa que agrava seriamente la situación. Como en este caso no cabe disimulo y el mirar a otra parte, a los fieles se nos presentará un dilema. ¿Qué vamos a hacer cuando vayamos a Misa y al llegar a la consagración el sacerdote de turno diga “por todos” y no “por muchos” como está mandado?... ¿Acaso no seríamos cómplices de la acción cismática y claramente sacrílega si seguimos hasta el final de tal misa? Y entonces, ¿a cuántas misas podremos asistir? Ya veremos en el próximo noviembre, pero de momento la perspectiva no es nada optimista.
  1. http://www.edicionescatolicas.com/Articulo3.asp?Id=2005
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