jueves, 20 de marzo de 2008

Meditación sobre la Institución del Sacerdocio

Parece, Señor, que habíais agotado para con nosotros todas las riquezas de vuestro amor, y, sin embargo, he aquí nuevas maravillas. No es solamente la Eucaristía lo que nos disteis en este santo día, sino también el sacerdocio, con todos los sacramentos, con la santa Iglesia, con su autoridad infalible para enseñar, el poder para gobernar, la gracia para bendecir y la sabiduría para dirigir. Porque todo esto se liga esencialmente con la Eucaristía, ya como preparación para disponer el alma para recibirla, ya como consecuencia para conservarla o para extender sus frutos. Por consiguiente, Jesucristo como Pontífice Soberano, quiso establecer, y estableció realmente, todos estos poderes a la vez con esta sola palabra: Haced esto. ¡Oh sacerdocio, que esclarecéis, purificáis y enardecéis las almas, que dispensáis sobre la tierra los misterios de Dios y que, socorriendo al alma caída como al alma justa, las riquezas de la gracia; sacerdocio que, socorriendo al alma caída como al alma justa, hacéis nacer el arrepentimiento y le abrís las puertas del cielo, acogéis a los pecadores y les volvéis la inocencia; sacerdocio, que sostenéis al alma vacilante y la hacéis avanzar en la virtud, que protegéis al mundo contra sí mismo y su corrupción, contra el cielo y sus venganzas: sacerdocio, bienhechor inefable, yo os bendigo y bendigo a Dios por habernos dado a la tierra! ¡Ah! ¿qué sería del mundo sin vos? ¡Sin vos, que sois su sol, su luz, su calor, su consuelo, su fuerza, y su apoyo! ¡Oh Jueves Santo, mil veces bendito, porque trajisteis tantas felicidades para los hijos de Adán! Jamás podremos celebraros con bastante piedad, fervor y amor.
  1. http://ar.geocities.com/misa_tridentina09/cuaresma/jueves_santo.htm