jueves, 16 de octubre de 2008

Mientras en Roma se discute, Québec ya ha sido vencida

Compartimos el artículo de Sandro Magister, publicado en el sitio Chiesa, sobre la crisis que enfrenta la Iglesia en Quebec, Canadá, la baja de la práctica religiosa y la ausencia impuesta por ley de la enseñanza religiosa junto al relativo silencio de los pastores. En la entrada anterior contábamos y compartíamos silencios similares en la América Hispana frente al hecho de la migración de fieles desde la luz de la fe hacia el oscurantismo protestante a causa del liberacionismo hijo del modernismo. Actos de padres similares generan consecuencias similares. En el link que compartimos hacia el sitio del cual esta extraído el artículo, se puede encontrar un artículo de Mons. Ouellet publicado en la revista "Vita e Pensiero" dependiente de la Universidad Católica de Milán:

Era la región más católica de Norteamérica, hoy es la más secularizada. De allí viene el cardenal Ouellet, relator general en el sínodo de obispos sobre la Palabra de Dios. Y hacia allí mira también Benedicto XVI, como a una nueva tierra de misión
por Sandro Magister

ROMA, 8 de octubre del 2008 – En la homilía de la misa con la que el domingo pasado abrió el sínodo de obispos dedicado a las Sagradas Escrituras, Benedicto XVI recordó que desde el primer anuncio del Evangelio “brotaron comunidades cristianas inicialmente florecientes, que luego desaparecieron y son hoy recordadas sólo en los libros de historia”.

Y agregó:

"¿No podría ocurrir lo mismo con esta nuestra época? Naciones un tiempo ricas de fe y de vocaciones van perdiendo su propia identidad, bajo la influencia deletérea y destructiva de una cierta cultura moderna".

Se puede adivinar que, entre estas naciones una vez estrictamente cristianas y que hoy ya no lo son más, el Papa Joseph Ratzinger esté pensando en Canadá, y para ser más exactos, en Québec.
Benedicto XVI ha confiado precisamente al arzobispo de Québec, el cardenal Marc Ouellet, la tarea de introducir y cerrar los trabajos del sínodo con dos ponencias generales. Y el cardenal Ouellet está entre los testigos más conocedores y críticos de la metamorfosis que en pocos decenios ha convertido a la muy católica Québec en tierra de misión.

Québec es la provincia más extensa de Canadá, cinco veces el tamaño de Italia pero con menos de 8 millones de habitantes. Habla francés y conservaba hasta la mitad del siglo pasado una fuerte huella católica. Sus ríos y caseríos llevan nombres de santos, las iglesias son muy numerosas, las escuelas y los hospitales surgieron casi todos por iniciativa religiosa. También eran florecientes las vocaciones.

Pero a partir de los años sesenta la caída ha sido vertical Sin lamentos, una “révolution tranquille” ha transformado Québec en la punta de avanzada de la secularización. Hoy menos del 5 por ciento de los católicos van a misa los domingos. Los matrimonios religiosos son pocos, los funerales son en gran parte civiles, los bautismos cada vez más raros.

Y las leyes codifican este estado de cosas en nombre de un fundamentalismo laicista que ha llegado, este año, a imponer en todas las escuelas estatales y privadas de Québec – primer caso en todo el mundo – un curso obligatorio de "ética y cultura de las religiones” con docentes que tienen prohibido presentarse como creyentes y pertenecientes a una comunidad de fe. En el curso se dan información sobre las principales religiones del mundo y se discuten temas controversiales, como el aborto y la eutanasia, con la obligación de no tomar posición en uno u otro sentido.

“Es la dictadura del relativismo aplicada a partir de la escuela elemental”, denunció el cardenal Ouellet. Pero su voz es la única. El 80 por ciento de las familias sigue solicitando la enseñanza de la religión católica, pero una sola escuela, la Loyola High School de Montreal, ha interpuesto un recurso a la corte suprema en contra del curso obligatorio que la ley impone.

Georges Leroux, el filósofo de la Universidad de Montreal que ha proyectado el nuevo curso, sostiene que “es tiempo de pesar en la transmisión de la cultura religiosa ya no más como fe sino como historia, como patrimonio universal de la humanidad”.

Se debe resaltar que las leyes más lejanas de la doctrina de la Iglesia han sido dadas en Québec por mayorías no radicales sino moderadas. También la ley sobre la enseñanza obligatoria de “ética y cultura de las religiones” ha sido aprobada por un gobierno conservador, del cual forman parte los católicos.

Además, la revolución cultural que ha cambiado la faz de Québec, de “tranquille” que era se ha convertido últimamente en más hostil y altivo contra quien lo resiste. El cardenal Ouellet dijo en una entrevista al “Avvenire” del 3 de octubre:

“Tuve una prueba de esta aversión cuando recientemente escribí una carta abierta a los medios, en la que entre otras cosas pedía perdón a nombre de la Iglesia canadiense, por las equivocaciones del pasado. La carta suscitó una reacción de llamativa hostilidad”.

El cardenal Ouellet describió y analizó el emblemático caso de Québec en un artículo del último número de “Vita e Pensiero”, la revista de la Universidad Católica de Milán: artículo tanto más interesante en cuanto que ha sido publicado la víspera de un sínodo de obispos dedicado precisamente a “cómo hacer cada vez más eficaz el anuncio del Evangelio en este nuestro tiempo”.


  1. http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/207117?sp=y